Cartas a Jane Austen (II)

04 de enero de 2013

Querida Jane, hoy me he levantado pensando en ti, juraría que soñé contigo, pero no puedo asegurarlo, ya sabes que los sueños son vaporosos y difíciles de agarrar. Aunque tú en eso eras una maestra. Los atrapabas y los aislabas en un papel, dándoles libertad para crecer y volar, pero siempre teniéndolos a mano, como quien juega con una cometa a la que de darle tanta cuerda llega a creer que nació independiente y que su única misión en esta vida es descubrir si el firmamento es infinito o no. Los de la editorial me contestaron: muy amables ellos, me daban algunas pistas. Comprendí que tenía que ponerme manos a la obra. Ir a por tus cartas fervorosamente. Así que le di preponderancia a lo que más me interesaba y dejé todo lo demás para después. Los impulsos vitales son guías espirituales: cuando los latidos del corazón vibran y resuenan con fuerza, es fácil seguir su ritmo: solo hay que dejarse llevar. Como esas personas que bailan samba, lo hacen con tal naturalidad, con tal armonía, que no parece que bailen sino que  caminan así por la vida.  Hice algunas gestiones, algunas llamadas, y no te lo vas a creer, en una buena librería de la isla vecina, ¡tenían tu libro! Fue emocionante. Porque al principio el librero me decía que no, pero yo seguí dándole referencias (a instancias suyas), hasta que al final comentó jubiloso: "¡aquí está; lo tenemos!". Que alegría Jane.  Ya estás más cerca, a dos pasos, pero separados por la procelosa mar: tan cerca y tan lejos a la vez. Que daría por tenerte entre mis manos para poderte acariciar, pero tengo que esperar. Dicen que lo bueno se hace derogar. ¡Vaya verdad más universal! Reservé tus cartas. Eso fue lo primero que hice. Y ya dejé todo lo demás para después.

No quiero que hagas el viaje sola, te mereces todos los honores, y un viaje solitario para una dama como vos no es lo aconsejable, además, no lo consiento, y no aceptaré tus negativas (por un momento pensé que eras Elizabeth Bennet al ver esa expresión tan pícara y rebelde). Así que te he buscado dos compañeros de aventuras que te arropen y protejan. Como cuando tus personajes, y tú misma, hacían esos emocionantes viajes en carruaje, entre varios pasajeros, con diferentes postas y hospedajes. Creo que no los conoces, son escritores posteriores a ti. Y un tanto especiales. Pero te encantarán. Son grandes también. Tenéis muchas cosas que contaros. Seguro que será un viaje provechoso.

Pero eso mejor te lo cuento mañana Jane, que ahora no puedo seguir escribiendo. Esto me ha recordado una anécdota tuya. Cuando escribías en la casa de tu hermano -donde estuviste un tiempo alojándote-, chirriaba la puerta de la habitación que usabas, entonces los anfitriones dijeron que habría que arreglarla, pero tú dijiste que no hacía falta tomarse esa molestia, que no querías ocasionar gastos innecesarios -en verdad no te interesaba porque el ruido te ponía en sobre aviso cuando alguien entraba y así te daba tiempo para esconder tus escritos-. Ay Jane, que graciosa, que escritora más compulsiva tenías que ser, pero también que íntima, y que tenaz. Luego, más tarde, llegó Virginia Woolf con el ensayo Una Habitación Propia y las reivindicaciones y los consejos a las mujeres para poder escribir. A ti te tocó otra época donde era impensable siquiera manifestarlo. Te buscaste la vida. Muchas veces escribiendo en condiciones no idóneas. Aún así, vaya obra monumental nos legaste. Te admiro si cabe más por ello.

Ahora si, me despido, hoy me acostaré con menos incertidumbre que ayer, pero con más ansias.

Siempre tuyo, Miguel

Pd. No pude evitarlo y llamé a la librería a última hora, necesitaba saber si tus cartas estaban a buen recaudo. Me dijeron que no me preocupara, que están guardadas solo para mí, bajo siete llaves en la caja de caudales. Me quedo más tranquilo, de eso se trataba.

 

COMENTARIOS (3)

  1. Filiberto Lorenzo Leal Triana dice:

    Espero que sea una edición en inglés…

  2. Queen dice:

    Querida Jane, no pienses que mi ausencia es indolencia o, peor, olvido… Sencillamente, me he dado un lomazo en la escalera de mi casa. La de siempre y que tan bien conoces. El asunto sin ser grave, si condiciona mi posición de sentado y modera la capacidad de mis pulmones que cada inspiración resienten la costilla fracturada… Soy tenaz, como tú, ya haora más íntimo si cabe, pero he perdido la gracia y esa inspiración compulsiva que tanto te alimenta…

    "Hoy me acostaré con menos incertidumbre que ayer, pero con más ansias"… y menos dolorido, espero.

    Abrazos.

  3. Juan C. Bartolomé dice:

    Vaya, un percance no deseado. Como lo sentimos. Estimado Pedro Luis, Jane y yo le deseamos una pronta recuperación. También queremos agradecerle que en esas condiciones aún desfavorables haya tenido ánimo y presencia para visitar nuestra humilde morada. Siempre será bien recibido. Y permítanos que dada la situación nos preocupemos más de lo normal y se lo pongamos fácil. A la hora del té, usted solo tendrá que sorber.

    Déjeme que le cuente, Pedro Luis, que Jane podría hacer una increíble estampa literaria con su caída. Pero con tal sensibilidad, con tal ingenio, y con tal gracia, que le haría reír sin sentirse ofendido lo más mínimo. Y con su alegría nos contagiaría a todos para reírnos abiertamente y sentirnos más distendidos. Y con ese clima como que las ayudas parecen más sinceras. La pluma de Jane Austen vuela, y sobre ella volamos nosotros.

    Un abrazo, tanto de Jane como mío. Sincero pero suave ya que no podemos crujirle el esqueleto lo más mínimo.

    Slobo, en la carta I, la que abre esta relación epistolar (justo la anterior, en la hemeroteca la podrás encontrar), comento sobre la editorial. Gracias por el interés.

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