Bajo la Hipotética Aurora

Siempre me ha parecido que las canciones más plácidas y frágiles son las más difíciles de rescatar de las profundidades de la inspiración. Al menos aquellas que por arte de magia transcienden, sugieren, motivan e inspiran. Siempre han existido minimalismos musicales más o menos interesantes, más o menos sublimes, más o menos contrastados que intentan una lucha desigual con grandes producciones repletas de música, de músicos y de instrumentos. Enormes partituras y melodías intrincadas que rebosan minutos y minutos de sonido y silencio. Y lo cierto es que ambas me parecen válidas y complementarias, pero, no sé por qué, siempre me congratulo de encontrar nuevas experiencias que redundan en lo simple, en lo más elemental, en la desnudez total de las guitarras y las voces.

Y lo cierto es que la historia de la música popular está llena de pequeñas joyas indescriptibles. Momentos únicos capturados como por casualidad en el repleto mar del insultante término medio: For Emily whenever I may find her o Cathy´s Song de Simon & Garfunkel, Peace of Train  de Cat Stevens, Beautiful Child o Storms de Fleetwood Mac, Blackbird, Good Night o treinta más de The Beatles, Angie de Rolling Stones, Redemption Song de Bob Marley, Guinevere de Crosby, Stills & Nash, Longer de Dan Fogelberg, Both Sides Now de Joni Mitchell y un etcétera interminable.

Sin embargo no quiero irme tan lejos por los caminos del tiempo. Porque ahora existen joyas tranquilas de tantos quilates como aquellas. Susurros y leves caricias a cuerdas de metal que agradan tanto en las tardes solitarias, las de contemplación, las de viento y arboledas.

Kings of Convenience, por ejemplo, son un dúo noruego. Podría parecer raro pero suenan a cantautores de culto de las vías neoyorquinas, a banda sonora íntima de viajes en los trenes de Boston o New Jersey, con un paisaje urbano en sepia de fondo y frío, siempre frío, aunque se empeñen en ocultar su impronta boreal tras la bossanova y las fibras calientes de ritmos tropicales.

Porque así son las pequeñas joyas ya invocadas, ubicuas y resbaladizas. Perecederas a veces, frágiles en el exterior pero robustas una vez han penetrado y se han instalado en nuestro subconsciente.

Los dos chicos noruegos, por ello, rezuman casi de todo: simplicidad, belleza, tristeza, soledad, alegría contenida, ritmo, paz y junto a todo ello la capacidad terrible de forzarnos a viajar, a salir al exterior helado prácticamente desnudos, a caminar en silencio, a rememorar otros tiempos, otras voces, otras músicas y a sentarnos junto a la hoguera, bajo la hipotética aurora.

 

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