Blas Pérez González (y V): adiós

A pesar de salvar la comprometida etapa del aislamiento internacional, a mediados de los años 50, el Régimen franquista mostraba señales de anquilosamiento. La Dictadura no respondía a los problemas que atenazaban al País. En 1956, llegaba la independencia de Marruecos. La situación económica empeoraba y el descontento de la población se exteriorizaba en forma de conflictos sociales en algunas de las principales ciudades. Además, según las encuestas realizadas desde el colectivo universitario, un alto porcentaje de la sociedad consideraba que el régimen era incompetente y corrupto. Por último, la pugna en el seno de la coalición vencedora de la Guerra Civil se encrespaba y recordaba a los peores momentos de la Postguerra. Para solventar esta crisis de funcionamiento, se articularon varias líneas de renovación, que convirtieron aquel momento en un cruce de caminos. Un sector aperturista, que tenía a Europa como referente, parecía despuntar en las universidades, alentado por la gestión del Ministro de Educación, Joaquín Ruiz Jiménez. Por su parte, la Falange, que llevaba varios años manifestándose frustrada por su postergación dentro del Régimen, concibió un plan destinado a consumar la Revolución Pendiente y dominar el Estado. Otro sector, integrado por miembros de la cúpula del Ejército y por élites políticas civiles, insiste en la Restauración monárquica, en la persona de Don Juan de Borbón. Por último, Carrero Blanco abandera un equipo de tecnócratas que plantea enganchar España al crecimiento económico europeo y dotar a la administración de mayor racionalidad, pero, manteniendo el régimen franquista. Su modelo disponía, sin complejos, del recurso a un férreo aparato coactivo y ofrecía un futuro con desenlace monárquico.

La última etapa de Blas Pérez González como encargado del Ministerio de la Gobernación se abre con los choques violentos entre estudiantes progresistas y falangistas, en febrero de 1956. En el seno de Falange, había sectores indispuestos con la Dictadura por el retraso que acumulaba la concreción de su programa totalitario. Esta ebullición de los sectores más radicales se veía sobreexcitada por la apertura que se producía en la Universidad, impulsada desde el Ministerio de Educación. Los alborotos estudiantiles incrementaban la tensión política y el Ministro de la Gobernación ordenó varias detenciones con el propósito de separar a los contendientes. A pesar de estas disposiciones, el  9 de febrero, ocurrió el choque más violento. Esta vez el encuentro fue a tiros y un falangista resultó herido en la cabeza. Por la noche, circularon rumores de que los falangistas se estaban armando. Al parecer, habían elaborado listas negras con nombres de personas sobre las que iba a caer su venganza. Blas Pérez González moviliza a la Policía para controlar los disturbios y evitar incidentes en la Capital. Los peores momentos de las luchas entre las "familias" del Régimen parecían reeditarse. Así, el Ejército, por medio de algunos de sus militares más prestigiosos, advirtió al general Francisco Franco que intervendrían si los falangistas intentaban cumplir sus amenazas. Al cabo de las horas, el orden se recompuso. El Jefe del Estado reaccionó cesando al Ministro del Movimiento por no controlar a la Falange y al Ministro de Educación por ser el responsable de la apertura liberalizadora que, a su juicio, había provocado los incidentes universitarios. Blas Pérez González tampoco salió bien librado y fue criticado, en el Gobierno, por no resolver la situación con prontitud[1].

Descartada la opción de los aperturistas, tras el cese del Ministro de Educación, dos sectores se disputarán la preeminencia. A un lado, Falange, autorizada por el general Francisco Franco para elaborar una legislación que acrecentara su poder en el Régimen. Al otro lado, la figura de Carrero Blanco, mentor del grupo de tecnócratas, se disponía a contrarrestar la operación falangista. Ambos conjuntos coincidieron en hostigar la posición de Blas Pérez González, con el propósito de reemplazarlo[2].

José Luis Arrese había contribuido, en 1942, al nombramiento del jurista canario como  Ministro de la Gobernación. Ahora, casi quince años más tarde, maniobra para deshacerse de su presencia en el Gabinete. La razón estribaba en que Blas Pérez González discutía las intenciones falangistas de hacerse con el control del Estado. José Luis Arrese procuró convencer al general Francisco Franco para que prescindiera del fiel Blas Pérez González, aduciendo el desgaste que suponía llevar quince años al frente de una Cartera tan complicada[3]. Por otra parte, Blas Pérez González contaba con la animosidad del Ministro de la Presidencia, Luis Carrero Blanco. El marino reconocía que el jurista canario tenía importantes cualidades: era leal al Jefe del Estado y poseía una gran formación jurídica. Pero, existían razones para desplazarlo del Gobierno[4]. Primero, Carrero Blanco, en la órbita del Opus Dei, era profundamente católico y recelaba de las rumoreadas vinculaciones de Blas Pérez González con la masonería que, a su juicio, se transparentaban en su mano blanda: "hasta la fecha la policía no ha sido capaz de señalar ninguna actividad masónica, y las ha habido"[5]. El general Francisco Franco se hacía eco de estas acusaciones cuando comentaba a su primo, el general Salgado Araujo, que, aunque Blas Pérez González "fue pasante del señor Sánchez Román en Barcelona; esto no quiere decir que sea de izquierdas ni que proteja a los masones, como algunos creen"[6]. Segundo, Carrero Blanco acusaba al Ministro de la Gobernación de no tener la suficiente energía para manejar la represión con la contundencia requerida cuando se producían disturbios graves en el País y aportaba como ejemplo los sucesos de Barcelona de 1951: "ni la policía gubernativa supo prevenir, ni la policía armada reprimió a tiempo y con la debida energía", hasta el punto de que "si el enemigo hubiera estado mejor preparado nos hubiera dado un serio disgusto"[7]. Carrero Blanco comprendía que su plan de renovación para el Régimen se iniciaba con una batería de medidas económicas impopulares, susceptibles de levantar protestas en algunos sectores sociales. Era, pues, necesario guardar el orden público con energía durante los primeros pasos de las reformas que iban a emprender los tecnócratas del Opus Dei y, para ello, había puesto sus ojos en el Director General de la Guardia Civil, Camilo Alonso Vega, hombre al que el propio general Francisco Franco consideraba "demasiado duro", sin "la flexibilidad suficiente para la cartera de Gobernación"[8]. Tercero, Carrero Blanco quería deshacerse de Blas Pérez González, simplemente, porque se oponía al proyecto que auspiciaba. El ministro canario estaba de acuerdo con que el Régimen debía evolucionar y despersonalizarse, pero no con la línea de los tecnócratas de Carrero Blanco, su antagonista desde los años cuarenta[9].

El proyecto de Carrero Blanco aunaba la superación económica, la pervivencia del régimen franquista y el futuro monárquico. Será el escogido para protagonizar la siguiente etapa del Franquismo. La Dictadura abandonaba, definitivamente, la autarquía al incorporar a los primeros integrantes del equipo de tecnócratas, encabezado por Laureano López Rodó. La adopción, en 1957, de esta alternativa para sacar del atasco a la Dictadura supondrá la salida de Blas Pérez González del Ministerio de la Gobernación. El jurista canario no había cumplido con las expectativas del Caudillo en los últimos contenciosos serios que había vivido el Régimen. Carrero Blanco aprovechó estos deslices para lograr su reemplazo en el Departamento. Como diría el historiador Gabriel Cardona, "Blas Pérez había sido victima de los enredos y habladurías de Carrero, que lo consideraba débil para la subversión"[10]. En efecto, el 25 de febrero de 1957, Blas Pérez González es sustituido por el general Camilo Alonso Vega. El relevo de Blas Pérez González se produjo como Carrero Blanco ya había propuesto, sin éxito, en el año 1951: reemplazo por el más duro general Camilo Alonso Vega, creación del Ministerio de la Vivienda -desgajado del Ministerio de la Gobernación- y ofrecimiento a Blas Pérez González para que lo desempeñase.

La fe que el general Francisco Franco mantenía en Blas Pérez González, sumada al valor que concedía a sus conocimientos jurídicos, explican que le ofreciera el recién creado Ministerio de la Vivienda y Previsión Social. Sorprendentemente, Blas Pérez González lo rechaza. Carrero Blanco falló en su último cálculo: el jurista canario prefiere ocuparse de su carrera académica y de sus negocios privados[11]. El general Salgado Araujo, secretario del Jefe del Estado, lo anotaba, así:

Resuelta la crisis en la forma anunciada por Franco, si se exceptúa al ministro Blas Pérez González, que no ha querido aceptar ningún puesto en el nuevo Gobierno, a pesar de habérsele ofrecido de un modo insistente el Ministerio de Sanidad; rasgo que le honra, por haber demostrado con ello que es digno y con amor propio, al no conformarse con la cuarta parte del Ministerio que ha regentado durante muchos años[12].

Francisco Franco, desconfiado ante el disgusto que mostraba el exministro por su cese y consciente de los secretos que guardaba, ordenó un dispositivo de vigilancia, que incluía escuchas telefónicas[13]. La prevención del General carecía de sentido. La aspiración del jurista canario era volver a la Universidad y labrarse una buena posición económica, a través de su bufete. Años más tarde, el propio General lo reconocerá:

Nos vamos a quedar sin ministro de Hacienda, pues Navarro tiene once hijos y necesita ganar más dinero para sostenerlos y educarlos. El cargo de ministro no es rentable y un hombre como él gana mucho con su bufete. Le sucede lo mismo que a Blas Pérez, que siempre estaba deseando recuperar su bufete[14].

Blas Pérez González conservará su relación con la política a través del escaño de Procurador en Cortes que retenía desde 1943. Pero, sus dedicaciones principales serán la abogacía y el asesoramiento de empresas pertenecientes al grupo March. Concretamente, fue consejero del Patronato de la Fundación Juan March, presidente de Nora ibérica SA, vocal de la Compañía Transmediterránea, de Levante SA, de la Compañía de Seguros Generales, de La Auxiliar de la Construcción SA, etc.[15].

Blas Pérez González falleció el 7 de febrero de 1978, de una dolencia cardiaca, tres años después de la desaparición del general Francisco Franco. El diario El País glosaba su perfil, casi a modo de epitafio: Blas Pérez González había sido "un hombre de confianza de Franco"[16].

 


[1] ARRESE MAGRA, José Luis: Una etapa constituyente, Planeta, Barcelona, 1982, pp. 8, 23 y 30; CARDONA, Gabriel: Franco y sus generales. La manicura del tigre, Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 2001, p. 160; PRESTON, Paul: Franco, Grijalbo, Madrid, 1994, pp. 806-807.

[2] ARRESE MAGRA, José Luis: 1982, op. cit. DE LA CIERVA, Ricardo: Franco. La historia, Editorial Fénix, Madrid, 2000, pp. 830-833; PRESTON, Paul: 1994, op. cit., pp. 806-810.

[3] ARRESE MAGRA, José Luis: 1982, op. cit., pp. 86-87 y 149.

[4] TUSELL, Javier: Carrero. La eminencia gris del régimen de Franco. Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1993, p. 196.

[5] TUSELL, Javier: 1993, op. cit. p. 201; FERRER MUÑOZ, Manuel: "Blas Pérez, Ministro de Franco". En I Encuentro de Geografía, Historia y Arte de la Ciudad de Santa Cruz de La Palma, Patronato de la Fundación del V Centenario de Santa Cruz de La Palma, La Palma, 1993, p. 486.

[6] SALGADO ARAUJO, Francisco Franco: Mis conversaciones privadas con Franco, Planeta, Barcelona, 1976, pp. 182-183.

[7] TUSELL, Javier: 1993, op. cit. p. 201.

[8] SALGADO ARAUJO, Francisco Franco: 1976, op. cit., p. 201; PRESTON, Paul: 1994, op. cit., p. 830.

[9] FERRER MUÑOZ, Manuel: 1993, op. cit., p. 486; TUSELL, Javier: 1993, op. cit. pp. 230 y 232.

[10] CARDONA, Gabriel: 2001, op. cit., p. 181; PRESTON, Paul: 1994, op. cit., p. 830; RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, José Luis: Historia de Falange Española de las JONS, Alianza Editorial, Madrid, 2000, pp. 501-502.

[11] CARDONA, Gabriel: 2001, op. cit., p. 181; GARRIGA, Ramón, 1981, op. cit., pp. 205-208.

[12] SALGADO ARAUJO, Francisco Franco: 1976, op. cit., p. 201.

[13] GARRIGA, Ramón, Los validos de Franco, Planeta, Barcelona, 1981., pp. 205-208; PRESTON, Paul: 1994, op. cit., p. 830.

[14] SALGADO ARAUJO, Francisco Franco: 1976, op. cit., p. 271 (La negrita es nuestra).

[15]CARDONA, Gabriel: 2001, op. cit., p. 181; GARRIGA, Ramón, 1981, op. cit., p. 208; EQUIPO MUNDO: Los 90 ministros de Franco, Barcelona, Dopesa, 1971, p. 112.

[16] GARCÍA HERNÁNDEZ, José: Un hombre de confianza de Franco, El País, Madrid, 8 de febrero de 1978.

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