Blas Pérez González (IV): Ministro de la Gobernación, 1942-1957.

De 1937 a 1957, Blas Pérez González aportará su talento jurídico y su esfuerzo personal a la edificación del Franquismo. En primer lugar, contribuirá a legitimar el Régimen surgido de la rebelión. La construcción del nuevo Estado requería argumentos jurídicos que justificasen el empleo de la violencia extrema contra un gobierno nacido de la voluntad popular. Como jefe de fiscales, coordinó la elaboración de la difundida Causa General (1943). Esta investigación de la fiscalía pretendía desacreditar a la II República, demostrando "la criminalidad del Frente Popular, ante el Mundo y ante la Historia, con las máximas garantías de seriedad y certeza".[1]

En segundo lugar, desde 1937 hasta 1942, Blas Pérez González, como Segundo Jefe de la Asesoría Jurídica del Cuartel General y como Fiscal del Tribunal Supremo, intervino en la configuración de la doctrina represiva aplicada por los Consejos de Guerra y contribuyó a la elaboración de leyes de carácter punitivo, promovidas por la Dictadura: en 1939, la Ley de Responsabilidades políticas; al año siguiente, la Ley para la Represión de la Masonería y el Comunismo; y, en 1941, la Ley para la Seguridad del Estado [2]. Blas Pérez González consideraba la represión un instrumento vital para alcanzar la victoria en la guerra y afianzar el Nuevo Estado en la paz. Así que el jurista canario coadyuvó a la implantación de un sistema represivo cuya meta era destruir a las élites dirigentes progresistas y mantener bajo el orden nacional a la población de izquierdas. Blas Pérez González entendía que los "crímenes" cometidos y la "destrucción" practicada por "los dirigentes rojos y sus secuaces" probaban que estaban equivocados quienes creían en "el viejo mito de que las ideas no delinquen, sin advertir el tránsito mecánico de aquellas a vías de hecho". La "realidad trágica" de la Guerra Civil lo había evidenciado. Por eso, el Gobierno necesitaba dotarse de armas legales que penasen unas ideas tan dañinas, que evitasen su propagación y, que, finalmente, las erradicasen del País [3]. El castigo infligido, profundo y persistente, conseguiría que la maltrecha España de Izquierdas aceptase vivir bajo el techo de un Régimen construido a la medida de la España conservadora. Así, la Ley de Responsabilidades Políticas reconocía como uno de sus fines permitir convivir, "dentro de una España grande", a los españoles que habían combatido en el bando vencedor y a los derrotados, "que borren sus yerros pasados mediante el cumplimiento de sanciones justas y la firme voluntad de no volver a extraviar" [4] .

En tercer lugar, Blas Pérez González dará un paso al frente y, desde el Ministerio de la Gobernación, manejará el aparato represivo franquista, tanto para defender al Régimen del ataque de la España de izquierdas -maquis, redes clandestinas del PCE y la CNT- como para preservar la Jefatura del Estado del acoso de los sectores disconformes internos -monárquicos partidarios de don Juan de Borbón y Falange radical-. El 3 de septiembre de 1942, Blas Pérez González jura, en el Palacio de El Pardo, ante el general Francisco Franco, el cargo de Ministro de la Gobernación, puesto que no abandonará hasta el 25 de febrero de 1957. Su afán al frente del Ministerio será custodiar la Jefatura del General Francisco Franco. Esta voluntad de servicio se basaba en dos motivos. De un lado, juzgaba que su Mando era el mejor para aquella hora de España por la capacidad personal del militar y por su idoneidad como elemento aglutinante de todas las facciones del bando vencedor en la Guerra Civil. De otro lado, Blas Pérez González creía que el General apoyaba el programa nacionalsindicalista, de forma que su cometido consistiría en emplear los recursos coactivos del Ministerio a fin de proporcionar a la Jefatura del Estado el orden y la seguridad necesarios para implantar el ideario josentoniano. El Ministro recién nombrado avisaba en su toma de posesión:

Lo advierto a tiempo para que nadie se llame a engaño: toda provocación que en forma directa o indirecta pretenda atacar a nuestro movimiento nacional, será prevenida y, en su caso, reprimida con la mayor energía. Tal es la consigna que, desde este momento, reciben las autoridades y funcionarios que desde hoy han de compartir sus tareas y desvelos conmigo [5].

Blas Pérez González se propuso hacer de su Departamento una maquinaria poderosa que actuaría dentro del marco legal que él mismo había contribuido a forjar. A juicio del historiador Gabriel Cardona, lo consiguió y "convirtió el Ministerio en una organización eficaz y sometida a férreo control" [6].

Durante los años cuarenta, una de las principales preocupaciones de Blas Pérez González fue el Maquis, la guerrilla republicana repartida por las zonas montañosas de España. Tras el desembarco de Normandía, en junio de 1944, los guerrilleros españoles que habían integrado la Resistencia francesa y que contribuyeron a expulsar a las tropas alemanas de Francia, volvieron sus armas contra el régimen fascista que gobernaba su País. A partir de entonces, se incrementaron las infiltraciones en territorio español para enlazar con los huidos del bando republicano que, desde 1939, deambulaban por los montes, y, así, organizar un ejército guerrillero. Los maquis pensaban mantener la lucha armada hasta que la intervención de las potencias democráticas derrocase a la Dictadura franquista. Sin embargo, el apoyo internacional no se hizo efectivo. En los comienzos de la Guerra Fría contra la Unión Soviética, Estados Unidos y Gran Bretaña antepusieron la lucha contra el comunismo a la democratización de España. Prefirieron una dictadura fascista, pero aliada segura, a una transición hacia un régimen democrático de resultado incierto. La actuación de la Policía española y de la Guardia Civil fue contundente. Las continuas redadas detenían, encarcelaban y torturaban a las cúpulas dirigentes y desmantelaban la estructura clandestina de la oposición. A partir de 1947, el Ministerio de la Gobernación ordena una ofensiva que arrincona al Maquis y termina por derrotarlo. A principios de 1952, solo quedaban casos aislados, agobiados por la persecución de la Guardia civil.

Durante la II Guerra Mundial, Blas Pérez González comulga con la opción germanófila auspiciada por Falange [7]. Sus relaciones con la policía alemana, la Gestapo, incrementaron la eficacia de las Fuerzas de Seguridad. Blas Pérez González estuvo interesado en que sus cuadros superiores recibieran formación de la policía alemana y procuró que pudiesen desplazarse a Alemania para recibir cursos. Según la investigación del historiador Manuel Ros Agudo, los "intercambios de información y colaboración", entre la Policía española y la Gestapo, "siguieron practicándose sin mayor dificultad, por lo menos hasta fines de 1944" [8]. Blas Pérez González acudía con frecuencia a las ceremonias públicas que agasajaban a las autoridades alemanas, favoreció, lo que pudo, las actividades de sus servicios secretos en España y creyó, casi hasta el final, en la victoria del III Reich [9].

En la primavera de 1947, el Ministro de la Gobernación vuelve a entrar en escena para cumplir con creces la tarea encomendada por el Jefe del Estado. Ese año, el Gobierno aprueba la Ley para la Sucesión. A continuación, se convoca un plebiscito, para julio, a fin de que el pueblo español refrendase la Ley. El referéndum, organizado por Blas Pérez González, fue considerado un éxito por el Franquismo, al arrojar un resultado favorable a la propuesta del gobierno del 93% sobre más de 15.000.000 de votantes. Aunque la ausencia de libertad, el terror existente en el País y la persecución que sufría la oposición impedían que el referéndum fuese considerado democrático, el plebiscito tuvo una importante repercusión. En un momento en que el Régimen estaba aislado internacionalmente, el resultado fue tenido en cuenta por las potencias vencedoras de la II Guerra Mundial, que interpretaron que el Dictador, verdaderamente, controlaba el País y disfrutaba, al menos, de cierto apoyo popular [10]. Frente a la consistencia del régimen del general Francisco Franco, que el Referéndum había probado, la alternativa monárquica encabezada por don Juan de Borbón, pese a ser democrática, mostraba disensiones internas y no garantizaba una evolución clara. Estados Unidos e Inglaterra tenían, en la Dictadura franquista, un régimen consolidado y un aliado seguro de gran importancia estratégica, a no ser que, desde el exterior, se empeñasen en desestabilizarlo. En el contexto de la Guerra Fría, el referéndum organizado por Blas Pérez González contribuyó a que ambas potencias desecharan perturbar un régimen anticomunista asentado y, consecuentemente, sacrificaran la democratización de España. Dentro del País, el plebiscito, también, reforzó la posición del general Francisco Franco. Los monárquicos del interior, ante la evidencia del afianzamiento del poder del General, no quisieron forzar su derrocamiento para aupar a don Juan de Borbón al Trono, temerosos de los trastornos que pudieran provocar la ruptura de la coalición que mantenía a la España conservadora en el poder. La coronación de Don Juan de Borbón debía realizarse con el consentimiento del Dictador. Eso no ocurrió y los monárquicos pospusieron la Restauración, aunque se mantuvieron como fuerza interna.

No es extraño que, años más tarde, el general Francisco Franco reconociera la eficacia de la labor del jurista palmero y dejara un juicio elogioso: "el ministro de la Gobernación, don Blas Pérez González, me parece estupendo, es de lo más leal y vale mucho; es un abogado de primera fila…Tengo gran afecto a este ministro" [11]. El Jefe del Estado comprendía que, transcurridos veinte años desde que empezó a gobernar España, el general auditor Blas Pérez González, ministro durante quince de esos años, había sido uno de los colaboradores claves del Régimen.

 


[1] MINISTERIO DE JUSTICIA: MINISTERIO de JUSTICIA: Causa General. La dominación roja en España. Avance de la información instruida por el ministerio público, Sucesores de Rivadeneyra, Madrid, 1943, pp. XI-XII.

[2] FERRER MUÑOZ, Manuel: “Blas Pérez, Ministro de Franco”. En I Encuentro de Geografía, Historia y Arte de la Ciudad de Santa Cruz de La Palma, La Palma, Patronato de la Fundación del V Centenario de Santa Cruz de La Palma, 1993, pp. 490-491; PÉREZ GONZÁLEZ, Blas: Prólogo. En BENÍTEZ DE LUGO Y REYMUNDO, Luis: Responsabilidades civiles y políticas, Editorial Bosh, Barcelona, 1940, p. XIV.

[3] PÉREZ GONZÁLEZ, Blas: Prólogo. En BENÍTEZ DE LUGO Y REYMUNDO, Luis: 1940, op. cit., p. XIV.

[4] Ley de Responsabilidades Políticas de 9 de febrero de 1939, BOE, Madrid, 12 de febrero de 1939.

[5] Los nuevos ministros, El Día, Tenerife, 8 de septiembre de 1942.

[6] CARDONA, Gabriel: El gigante descalzo. El Ejército de Franco, Madrid, Aguilar, 2001, p. 86.

[7] RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, José Luis: Historia de Falange Española de las JONS, Madrid, Alianza Editorial, 2000, p. 468; PRESTON, Paul: Franco, Madrid, Grijalbo, 1994, p. 585.

[8] ROS AGUDO, Manuel: La guerra secreta de Franco (1939-1945), Barcelona, Crítica, 2002, p. 204.

[9] ROS AGUDO, Manuel: 2002, pp. 185 y 204-205; PRESTON, Paul: 1994, op. cit., pp. 614 y 642.

[10] PRESTON, Paul: 1994, op. cit., p. 711; DE LA CIERVA, Ricardo: Franco. La historia, Madrid, Editorial Fénix, 2000, pp. 768-769; GARRIGA, Ramón: Los validos de Franco, Barcelona, Planeta, 1981, p. 187.

[11] SALGADO ARAUJO, Francisco Franco: Mis conversaciones privadas con Franco, Barcelona, Planeta, 1976, pp. 182-183.

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