El hombre siempre ha vivido a merced del caprichoso ciclo del agua, así muchas civilizaciones (prácticamente en todos los continentes) han desaparecido por la sobreexplotación de sus acuíferos.
Desde la llegada de los primeros colonizadores a nuestras islas el agua ha sido un bien escaso que hacía que los auaritas se arriesgasen incluso a entrar en cavidades profundas en busca de este elemento. El canario siempre ha entendido su importancia y ha luchado por conseguirla y controlarla. Por eso llevamos muchos años, quizás muchísimos, oyendo la necesidad de fiscalizar su consumo y la obligatoriedad de lograr el equilibrio hidrológico que asegure el abasto suficiente de agua a la población; pero todavía no nos hemos enterado de que esto sólo se logrará armonizando la disponibilidad natural con las sustracciones del recurso mediante el uso eficiente del agua en nuestras islas. Ante este panorama nuestro archipiélago sigue forzando la situación respondiendo a los problemas de disponibilidad, desperdicio y contaminación del agua que hemos practicado, con una mayor extracción subterránea.
Nuestra tierra es un territorio pobre en recursos naturales y obtiene el agua que consume la población de los acuíferos del subsuelo que se recargan de forma natural en época de lluvias, tan escasas que en algunas islas a duras penas permite satisfacer de agua a los diferentes sectores de la población: el agrícola, el industrial, el doméstico, de servicios y el de generación de energía eléctrica, entre otros. Por eso, cuando el otro día saltaba la noticia de que el nivel de los acuíferos de Tenerife, en un futuro próximo, no dejará de caer aunque disminuyan las extracciones por existir hoy en día una clara desproporción entre la cantidad de agua que se capta -por la corta y escasa temporada de precipitaciones- y los desaguados, no he llegado a sorprenderme: se trata, al menos para mí, de una crónica anunciada, de la que el propio canario tiene toda la culpa entre otras cosas porque ha dado la sensación de que le "resbalaba" (nunca mejor dicho).
Ahora resulta que se quiere reducir el consumo de las aguas subterráneas (escasean y están contaminadas) y se quiere apostar por las desaladoras como proyecto de futuro ya que es más económico que la construcción de balsas (personalmente me parece una mejor opción aunque sea más cara). El problema estriba en que, al no existir en muchos de nuestros municipios alcantarillados, ha favorecido la proliferación de los pozos negros y de fosas sépticas, o, lo que es peor, un alcantarillado deficiente, en el que el 40% de las aguas residuales son vertidas sin tratar (contaminando nuestras aguas superficiales costeras). Por eso, en este momento se mira con urgencia hacia el castigado mar con la firme intención de aumentar el número de depuradoras y por lo tanto la obligación de sanear nuestras costas de bacterias y sustancias peligrosas. Otro inconveniente es la inadecuada utilización de fertilizantes en la agricultura y la existencia de construcciones humanas por encima de los 600 m s.n.m. que están emponzoñando las aguas subterráneas. Todo esto repercutirá en los costes de la factura de los usuarios al aumentar el reciclado y los tratamientos adicionales para hacerla potable, pero sobre todo afectará a la calidad del agua.
Por eso, utilizando el refranero, diremos aquello de que "cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar", partiendo de la evidencia de que nuestros pecados son prácticamente los mismos y la penitencia será igual o peor, pues nosotros, los palmeros, tenemos menos recursos y dinero.
Creo que deberíamos de cuidarnos mucho de seguir cometiendo los mismos errores de otras islas, así que quisiera instar a nuestras autoridades y responsables del Plan Hidrológico en adelantarnos a los acontecimientos y programar planes de futuros con respecto a la gestión de los recursos hídricos. Por eso creo que (seguro que a ustedes se les ocurren muchas más) se debería, entre otras, adoptar algunas medidas básicas:
-Intentar evitar que el agua en invierno se siga tirando por los barrancos, por eso habría que cerrar las galerías y poner llaves que permitan el control del caudal.
-Construir balsas en todos los municipios y en las cotas adecuadas, donde se puedan recoger nuestros excedentes invernales.
-Intentar eliminar las dulas y sustituirlas por un sistema de riego por contadores.
-Construir alcantarillado en todos los municipios que permitan poner en marcha sistemas eficaces de recogida y depuración de las aguas residuales vertidas al mar.
-Favorecer la reutilización del agua depurada en las labores de limpieza o en los regadíos de cultivos y jardines
-Evitar la construcción de viviendas y zonas urbanas por encima de los 600 m s.n.m.
-Apoyar la formación de los agricultores y personal cualificado para realizar una buena praxis con todos los productos químicos que manipulan.
-Concienciar a la población y a los constructores de la necesaria utilización de estructuras y mecanismos que permitan ahorrar en el consumo doméstico.
-Obligar a las mega-obras (hoteles, aeropuerto, golf…) la construcción de sus propias desaladoras y depuradoras.
-Empezar a ahorrar para construir en el futuro, si hacemos todos los proyectos que tenemos propuestos, una o varias desaladoras.
Recuerden que nuestro destino está unido al agua. Aún así nunca deberíamos olvidar el deseado encanto del discurrir del agua libre por nuestros barrancos, que modela, renueva y nutre nuestros ecosistemas.

