Percibiendo los tiempos que corren para los ecosistemas, observando la desidia social hacia ellos y presintiendo el desconocimiento que se tiene del medio por parte de nuestros convecinos, creo conveniente -quizás habría que decir necesario- el ir descubriéndoles también algunas de las especies de invertebrados palmeros que están protegidas por ley para que el ciudadano de a pie sea capaz de reconocerlas y apreciarlas. Pues no me cabe la menor duda de que la labor de concienciación ciudadana es fundamental para que la conservación sea eficaz. Siempre he sido de la opinión de que solo se valora y ama lo que se conoce y aprecia. Asimismo, pienso que es innegable que este desconocimiento y apatía general es lo que le sirve de coartada a nuestros políticos para implantar sus interesadas hipocresías. Creo firmemente que todos, empezando por mí, debemos hacer un esfuerzo para cambiar esa conducta.
Por eso quisiera aprovechar esta modesta "tarima" para realizar algunos artículos sobre especies que lamentablemente (salvo honrosas excepciones) no cuentan con el apoyo de la opinión pública y de los colectivos -insisto: fruto del desconocimiento- para fomentar su conservación, pues realmente tiene poca trascendencia social -al fin y al cabo son insectos- y no ofrecen el atractivo de un vertebrado o de una planta que nos sorprenden -al atraparnos por los ojos- como taxones agradables, aunque se podrían dar muchísimas razones para llevar a cabo múltiples acciones de protección. Hemos de insistir al recordar que estos otros seres son imprescindibles para nuestro medio ambiente y por lo tanto para nuestras vidas.
Nuestro invitado de hoy es el Rhopalomesites euphorbiae (Wollaston, 1854), conocido vulgarmente como picudo de la adelfa de monte. Se trata de un escarabajo que, aunque puede ser localmente abundante, apenas se deja encontrar. De tamaño mediano (aproximadamente 10 mm) y de coloración general del cuerpo marrón-rojiza, presenta la cabeza algo más oscura y el rostro alargado a modo de "trompa rígida". Es endémico de la región macaronésica, con una distribución mundial que abarca Madeira, La Palma, La Gomera y Tenerife. Pero, a pesar de esta corología, su actual estatus de conservación es preocupante porque se trata de una especie con una regresión provocada por su íntima relación con la también muy amenazada Euphorbia mellifera (adelfa de monte, filga, tabaiba de monte), propia de los bosques de laurisilva. Por lo tanto, las amenazas que inciden sobre su planta huésped lo hacen también sobre el insecto, cuyas larvas xilófagas se desarrollan en sus tallos muertos.
Esta precariedad de sus poblaciones le ha acarreado el estar considerada como especie en peligro de extinción, tanto en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas (CNEA) como en el Catálogo de Especies Amenazadas de Canarias (CEAC), al igual que lo está su planta nutricia, igualmente incluida en la categoría "Crítica" según la UICN para España. Esta circunstancia le ha llevado a ocupar el más que dudoso honor de estar calificado como un taxón prioritario de gestión en el archipiélago canario.
Pero no se pueden entender las dificultades de nuestro gorgojo sin entender los problemas de la adelfa de monte, que presenta poco más de una docena de poblaciones en Canarias y está escasamente representada en cuanto al número de individuos, con un total aproximado de 100 ejemplares (el censo de La Palma es de unos 46 individuos). De forma que la regresión de la población canaria de tabaiba de monte y su escasa regeneración natural suponen potencialmente una limitación a la disponibilidad de hábitat para el insecto.
Con estos antecedentes, parece claro que la defensa de la especie no solo pasa por la protección efectiva del hábitat. Ineludiblemente hay que considerar todas las medidas que podamos tomar a favor de la propia Euphorbia, ya que estas favorecerán también al gorgojo. Es por lo que pienso que urge la recuperación de la planta. Esta mejoría llevará inexorablemente aparejado el resurgir de las poblaciones de nuestro insecto, prolífico -no lo olvidemos- cuando su planta huésped es abundante.

