¿Por qué?

No he leído mucha prensa en estos días ya que estoy de comunión con el campo palmero y le dedico muchas horas a mi huerto. Pero sí he estado pendiente de este puñetero incendio y tengo muy claro que hace unos días la fortuna le hizo un guiño a La Palma; lo más importante, por pura suerte, es que no ha habido muertes de seres humanos, lo segundo, por destino y evolución, muchas de nuestras plantas a lo largo de años de fuegos volcánicos, de alguna manera y en algún aspecto de su biología, se han hecho resistentes a él y son, por decirlo con una sola palabra, pirófilas. Así que probablemente en unos pocos meses, después de las primeras lluvias, nuestros campos estarán de nuevo espléndidos, si no más hermosos.

            Me imagino que habrán sido muchas las personas que han elogiado el trabajo llevado a cabo por todos los grupos profesionales y voluntarios que han intervenido en las labores de extinción de este fuego. Parece indiscutible su entrega y arrojo; lo he visto con mis propios ojos. Desde aquí mi agradecimiento por velar por nuestro paraíso. Sospecho que se habrán contado muchas historias dramáticas -realmente pudo haber sido una verdadera tragedia-, hermosos pasajes de solidaridad, y recibido incontables promesas y muestras de apoyo. Es lo que procede y a ello me adhiero. Asimismo, supongo que nuestros políticos de turno habrán aplicado todos los protocolos a seguir en estas ocasiones, para espantar el desaliento de los grupos de acción, eliminar el temor de los ciudadanos a la pérdida de sus bienes materiales y lavar en lo posible su decadente imagen.

             Igualmente, podríamos increpar a los locos "fogateros" de la pólvora festiva, a la furtiva chispa de una desgraciada perdigonada y a los insolidarios "fumadores desaprensivos", responsables de muchos de los fuegos que han devorado nuestros bosques, pero creo que son, en suma, hechos circunstanciales, pues realmente pienso que el problema es otro. El problema suscita una casi infinita lista de preguntas imposible de abordar en un solo artículo, aunque algunas sí podemos plantearlas aquí.

            La realidad es que si el clima sigue cambiando deberíamos irnos acostumbrando a acontecimientos de este tipo. ¿Por qué? Las lluvias de este año han sido mucho más frecuentes aunque menos copiosas, esto ha favorecido el crecimiento de hierbas y arbustos. ¿En qué nos afecta? Pues en que nuestros campos se han llenado de helecheras, chícharos y tederas, entre otras muchas plantas. ¿Y? Que el abandono de las medianías ha permitido que nuestras huertas sean prados de combustible. Si además añadimos que nos afectan olas de calor como las que hemos pasado estos días atrás -nuestros campos amarillean por la sequedad extrema de nuestras plantas-, se produce una convergencia fatal cuyo final es el que hemos tenido. ¿Por qué? El mero hecho de permitir construir en zonas boscosas (por esta y otras razones no se debería permitir edificar por encima de los 600 m s.n.m.) nos obliga luego a tener que realizar labores de extinción que ponen en peligro la vida de muchas personas y agotan nuestros recursos… Tendríamos que seguir haciéndonos muchas más preguntas: ¿Por qué se abandonan las medianías? ¿Existe una verdadera política de recuperación? ¿A qué habrá que esperar?

Mientras tanto los helicópteros vuelan sobre mi cabeza llevando ese aliento de frescura a nuestras chamuscadas medianías. Y quiero dejar bien claro, por lo que he leído, que no es el PINALEJO quien se adentra en el pueblo, somos nosotros los que nos adentramos en el bosque. Por eso creo que deberíamos prepararnos para afrontar esta posible futura realidad. Y dejo constancia de que estoy cabreado, algo así como "contenido pero no controlado".

Scroll al inicio