La luz misteriosa

Hace unos días se celebró una nueva edición de la Regata Internacional de San Ginés, la LXV, una prueba de la que ya he dado referencias en un artículo que escribí hace unos años en este mismo blog, y que con su extenso palmarés continúa siendo el referente náutico de las competiciones celebradas en Canarias.

Para definir esta regata, una de las más antiguas y duras de España, bastan dos frases muy escuchadas en el ambiente náutico canario, la primera suele ser pronunciada por algún veterano: "El que no ha ido a la San Ginés no sabe lo que es una regata". La segunda puede ser escuchada al terminar la prueba, tanto en boca de un novato como del más veterano regatista: "Última vez".

Este año se cumplen 30 desde que dije por primera vez esta última frase, fue a bordo del "Andarax´, un Drac 31 de 10 metros. El dato no tiene mayor importancia -salvo para constatar el inexorable paso de los años- aunque sí para traer a colación un extraño suceso acaecido en esa regata de 1985, y que contribuye a incrementar el extenso anecdotario de la prueba lanzaroteña.  

La regata se celebró en esa ocasión en el mes de agosto, dado que un barco lanzaroteño, el "Magie II´ de Pedro de Armas, con el nombre de `Isla de Lanzarote´ participó en la III Vuelta España celebrada durante el mes de julio, obteniendo un meritorio noveno puesto -el barco, un Ron Holland, llevaba una pintura muy llamativa realizada por el artista conejero y universal, César Manrique Cabrera, lo que le hacía destacar del resto de participantes. Ese mismo año, el insigne artista creó en la isla de La Palma las Banderas del Cosmos, así como el conjunto de ambientación para la inauguración del Centro Astrofísico en el Roque de Los Muchachos. César regaló a SM el Rey Juan Carlos una de estas banderas para enarbolarla en su yate-.  

Ese año la regata era por arriba, en vez de ir a rumbo directo atravesando el estrecho de la Bocaina, se recorría el norte de Lanzarote, atravesando el Río (canal entre La Graciosa y Lanzarote), llegando finalmente a Arrecife.

Entre los barcos que partieron desde el puerto de Las Palmas en demanda del antiguo muelle comercial de Arrecife se encontraba el "Duende´ un Jeanneau Selection 37 de la familia tinerfeña Olmos, que casualmente ese mismo año había participado en la VI Regata Lustral Bajada de La Virgen, llegando el primero en tiempo real.

Tras la salida, la oscuridad de una noche sin luna se apodera del ambiente. El aliso alcanza los 35 nudos, embraveciendo la mar que golpea una y otra vez la amura de los veleros. El frio y la humedad van calando en los huesos de los regatistas que se acurrucan en la banda. Los chistes van decayendo a medida que avanzan las horas. Es la San Ginés

Cerca de la medianoche, un fallo técnico provoca que el "Duende´ se quede sin batería, apagándose las luces y todos los instrumentos de navegación. El motor no arranca… No se ve el compás… El desconcierto se apodera de la tripulación que intenta recordar las millas recorridas, en un desesperado intento de ubicarse en medio de la oscuridad.

El barco ciñe a rabiar mientras los tripulantes escudriñan la inapreciable línea del horizonte en busca de alguna referencia que les indique su situación. De pronto, en proa, aparecen unas luces, una de ellas comienza a destacar por su forma intermitente de lucir a intervalos. Inmediatamente surgen las distintas conjeturas, el faro de Tostón (norte de Fuerteventura), el de Pechiguera (sur de Lanzarote), el pueblito de La Santa (norte de Lanzarote)…

Tras continuar navegando, constatan que la luz no responde a ningún faro conocido, por tanto deciden realizar un reconocimiento de la costa, abriendo velas y poniendo rumbo hacia los destellos, cual luciérnaga desesperada.

El cambio de rumbo propicia que el barco inicie un desenfrenado galope a un descuartelar, por lo que a los quince minutos se encuentran con la abrupta costa donde, de forma siniestra, se oye romper la mar.

El "Duende´ se interna a toda velocidad en una especie de rada con un espigón que deja rápidamente a babor. Dentro de la ensenada, los tripulantes observan incrédulos como a unos doscientos metros, sobre el espigón, se encuentra un potente farol sobre una especie de poste con pescante que se enciende y apaga de forma regular. Alrededor, nada…

El inquietante espectáculo dura apenas unos instantes puesto que advierten como el barco se dirige hacia las rocas. En medio de un griterío, jalonado de tacos y blasfemias, intentan hacer virar el barco y evitar el desastre; sin motor y en la estrechez del lugar hay poco margen de maniobra. Deciden arriar la mayor y frenar así el barco. El viento había caído, por lo que finalmente consiguen virar con la ayuda del génova y poner rumbo hacia mar abierto. A medida que se alejan de aquella misteriosa luz, aumenta de nuevo el viento, por lo que izan nuevamente la mayor, huyendo de la costa como alma que lleva el diablo.

Gerardo Olmos, patrón del barco, recorrió posteriormente la costa occidental de Fuerteventura y Lanzarote buscando de forma infructuosa la misteriosa luz. Desde Jandía a Tostón, y desde Pechiguera hasta La Santa, he pateado la costa visitando todos los embarcaderos y calas, hablando y preguntando a los pescadores del lugar, y nadie, nadie hasta ahora me ha sabido dar razón o decir donde… nos metimos aquella noche[1].   

Solo Dios sabe lo que la quilla del `Duende´ contempló bajo aquellas aguas…




[1] Regata Internacional de San Ginés. 50 Aniversario (1947-1997) – Casino Club Náutico de Arrecife – Mario Alberto Perdomo.

  

 

 

 

 

COMENTARIOS (1)

  1. Fabi dice:

    Ayer fue lo escrito magistralmente por Miguel Galvan en Caleidoscopio sobre Cuentos de horrores.

    Hoy me sorprende Mario Suárez Rosa con un interesante comentario sobre el barco el Duende en la regata de San Ginés/, en ambos artículos de este periódico digital, el miedo se hace presente en el comentario, en el primero los cuentos de Edgar Allan Poe y en el segundo "la luz misteriosa" que poco falto para hacer naufragar al Duende y sus tripulantes en aguas de una noche para olvidar.

    Nos cuenta Mario Suárez Rosa que cerca de la medianoche, un "fallo técnico" provoca que el "Duende´ se quede sin batería, apagándose las luces y todos los instrumentos de navegación, hecho extraño para un equipo de personas avezados en los barcos y la mar.

    Luego Mario prosigue con el misterioso relato, indicando que
    el "Duende´ en plena oscuridad se interna a toda velocidad en una especie de rada buscando una luz misteriosa que vieron con anterioridad, ya
    dentro de la ensenada, los tripulantes observan incrédulos como a unos doscientos metros, sobre un espigón, ven un potente farol sobre una especie de poste con pescante que se enciende y apaga, alrededor, nada…
    ese nada pone nerviosos a los osados regatistas que aun cuando están con el Duende ( no es el duende de la fabula que enseña el camino) no pueden los marineros comprender lo que esta sucediendo, al tiempo que advierten como el barco se dirige hacia las rocas. rocas y golpes de mar crean un griterío, jalonado de tacos y blasfemias, intentan hacer virar el barco y evitar el desastre; barco sin motor y en la estrechez del lugar hay poco margen de maniobra, a duras penas logran salir del enredado y a medida que se alejan de aquella misteriosa luz como si las Sirenas de Ulíses fueran, por fortuna para ellos , aumenta de nuevo el viento, por lo que izan nuevamente la mayor, huyendo de la costa a toda vela como alma acosada que huye de las garras del diablo y su misteriosa luz en medio del no se donde vaya usted a saber.

    Razón tienen los regatistas al decir que del San Ginés una sola vez.

    Gracias Mario Suárez Rosa por tan interesante comentario, es para disfrutarlo y divulgarlo.

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