¿Qué es Wikileakes?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¡Qué es Wikileakes! ¿Y tú me lo preguntas? Wikileakes… eres tú. ¿O no? Todos aspiramos a tirar de la manta, la que sea, siquiera por una sola vez, con tal de desentrañar alguno de los misterios de novela de intriga que salpimentan los trapicheos inconfesables de quienes nos gobiernan, así que da igual que los grandes poderes intenten -y consigan- cerrar con doble tranca el portal Wikileakes. Para ellos, el problema no radica tanto en la fuerza desestabilizadora de Wikileakes como en la polivalencia, el largo alcance, la rapidez y la objetividad de la red globalizadota en que surge. Los usuarios de internet, unos más y otros menos, unos a conciencia y otros no, poco a poco han ido convirtiendo ese "nuevo" medio en una improvisada plataforma de contacto e intercambio de información que sobrepasa fronteras y leyes como nunca hasta ahora se había visto. Y no me refiero sólo al fenómeno de las descargas, que por sí solo ha tumbado auténticos emporios de la industria audiovisual.
No me negarán que en el modo en que los gobernantes de medio planeta se llevan las manos a la cabeza cuando leen las filtraciones de Wikileakes hay un punto de hipocresía, fallida en tanto que se nota a la legua: en el juego de la política y la diplomacia, todos saben que todos saben; en el fondo no hay tantos secretos porque las filias y las fobias borbotean a flor de piel y no siempre se canalizan con la debida discreción. Gran parte del ingente material que ofrece Wikileakes atañe a asuntos de dominio público cuyo intríngulis reconoce con cierta perspicacia cualquier lector habitual de periódicos. Un ejemplo: que los americanos consideren a Zapatero un sujeto poco fiable y un político "cortoplacista" no es ninguna primicia, desde luego (otra cosa es que lo consideren, como ha desvelado El País, "astuto como felino en la jungla" -je, je, perdonen que me ría-).
Pero, aparte de la caja de los truenos de Wikileakes, la red de redes ofrece otras formas de airear secretos a voces o de informar sobre hechos ocultos o semiocultos. De la misma manera que circulan power-points con chistes, reflexiones de autoayuda e imágenes de bellos parajes, a cada rato llegan sin avisar correos electrónicos con documentos adjuntos tan jugosos como copias en pdf de disposiciones parlamentarias que se aprueban de tapadillo bajo la confusión de una sobredosis de burocracia oficial (desde ayudas a proyectos delirantes hasta subvenciones a extrañísimas asociaciones culturales extranjeras). Incluso en un sistema democrático como el nuestro puede ser complicado el acceso directo a cada uno de los datos que arrojan las actividades de la Administración. Con frecuencia se tramitan por lo bajinis asuntos más que discutibles, y por ello tardamos en asimilarlos como se merecen -si no se nos escapan del todo-. El otro día un buen amigo me enviaba la documentación oficial que registra un alud de asignaciones presupuestarias de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, esa que escatima dinero al proceso educativo de nuestros estudiantes (los de peor nivel en matemáticas y en comprensión lectora, según informes recientemente publicados). Mejor no les describo el picor que me entró por todo el cuerpo al repasar el desglose de las partidas y sus laberínticos derroteros, algunos tan enigmáticos y recónditos que despiden olor a cerrado, a cuarto oscuro donde se amontona lo que no sirve.
También nos asisten los periódicos digitales, capaces de responder con inmediatez en situaciones inesperadas que requieren una aclaración, un apunte, un contrapeso a las medias tintas de la oficialidad. No hace muchos meses nuestros conspicuos representantes autonómicos proclamaron casi a gritos que se habían rebajado el sueldo para dar ejemplo frente a la crisis, y sin embargo al mismo tiempo la prensa digital nos recordaba que en enero se lo habían subido -con la boca cerrada, eso sí-. Este tipo de zorrerías, consustanciales al maquiavelismo de las trastiendas parlamentarias, han conseguido que la mayoría de pringados y pardillos de este país nos hayamos mantenido durante años en el limbo del anonadamiento (no todos leemos por gusto, ni de coña, la letra pequeña de los boletines oficiales); ahora, en parte gracias a un permanente e incontrolable trasiego de internautas que están "al loro", tarde o temprano se descubren las farfullerías, si las hay, con que los mecanismos de gestión, crípticos y complejos como ecuaciones de segundo grado, ayudan a algunos gobernantes a despegarse definitivamente de la realidad.
Assange, fundador de Wikileakes, no es ninguna excepción. Se puede o no estar de acuerdo con su plan de choque que tantos quebraderos de cabeza ha producido en "las más altas esferas", pero ese afán suyo por hacer ver la suciedad de la peor politiquería, foco de gérmenes que se comen literalmente al mundo, responde a una necesidad colectiva de acceder a la verdad, aunque ya se intuya de lejos, y de exigir sinceridad, cordura y mejores intenciones en el puente de mando de la nave, vaya a donde vaya.

