La objetividad es una cosa muy subjetiva

En los últimos meses venimos siendo testigos y partícipes de un prodigio (si no les importa, déjenme llamarlo así). Por iniciativa de la periodista Digna Martín, a comienzos de mayo "elapuron.com" irrumpía sin alharacas publicitarias, sin padrinos y sin rendibú, y enseguida, sobre la marcha, se convertía en todo un revulsivo social al proponer otra forma y otro fondo en la toma de contacto con la realidad, tanto la oficial como la oficiosa. Desde el primer día la gente de La Palma, tan dada al culicheo y al mismo tiempo tan reacia a comprometerse en público, parcialmente se ha involucrado en este nuevo proyecto de periodismo participativo, por lo pronto no sometido al discurso de lo "políticamente correcto", hasta impulsarlo, casi sin querer, con brío liberador. Sabíamos que los periódicos de papel adoptan el sentido unidireccional de las tribunas con el convencimiento de que la letra impresa es imperecedera e infalible por definición, pero hasta ahora no habíamos experimentado el correntazo de la información interactiva, basada en el diálogo y el debate constante, como en un gran libro abierto que minuto a minuto se hace a sí mismo.
    En el formato electrónico, dada la inmediatez del proceso en que se sostiene, no caben cortapisas para el legítimo afán de objetividad. De hecho en el caso de "elapuron.com" hemos podido comprobar que la objetividad no es una entelequia. Para alcanzarla con mínimas garantías de eficacia, lo único que hay que hacer, tal como ha sucedido aquí desde el primer momento, es propiciar una suma de subjetividades que se retroalimenten sin prisa y sin pausa. Además de la solvencia del material informativo que la propia Digna Martín desarrolla y ordena, nos encontramos con que las opiniones de los colaboradores y los lectores, por momentos al borde de la carajera, irradian un aura de autenticidad. Desde la dirección del periódico no hay consignas que seguir ni intereses ocultos que defender, así que, entre unos y otros, en el montante final de la operación, sin engolamientos de voz y con la libre opinión de cada cual surge el prodigio del que les hablaba.
    Por espontánea e instantánea, esa suma de subjetividades -a veces serenas, a veces viscerales; a veces razonables, a veces delirantes; a veces desinteresadas, a veces torticeras- no admite intromisiones del poder. Ningún presidente de cabildo, ningún alcalde, ningún potentado, ningún prelado, ningún etcétera tendrá opciones de meter cuchara en un torrente de opinión e información que no cesa de manar desde el meollo mismo de cualquier hecho constatable. He ahí la clave de esta aventura: por vertiginosa, no da lugar ni tiempo a la trama de censuras o triquiñuelas de los habituales manipuladores de datos. El caso es que todos leen y meten baza, sintonizando o contradiciéndose desde la complejidad de un entramado envolvente e insólito.
    ¿Podría decirse lo mismo de la prensa tradicional? ¿Hay objetividad al cien por cien en los diarios de toda la vida, en las emisoras de radio, en los canales de televisión? Antes de responder a la ligera, tomemos aire y pensemos en las fluctuaciones partidistas de RTVE, o en cómo se le ve el plumero a los equipos editoriales de los principales diarios nacionales (de momento dejo aparte los periódicos canarios, que dan para otro artículo). Pocas cosas hay más reveladoras que la lectura casi simultánea de las crónicas de un mismo suceso político en las páginas de uno y otro medio. Da risa y a la vez inquieta.
    Basten como doble botón de muestra, en la España de nuestros días, los ejemplos más clamorosos -clamorosos y de zafia materialización-: Zapatero siempre aparece convincente en El País y con aire de insufrible cantamañanas en El Mundo, mientras que a Rajoy, oh cielos, le ocurre justo a la inversa. Esto nos anima a buscar, no sin una sombra de escepticismo, el perfil de cada cual: ¿cómo es en verdad Zapatero?, ¿y cómo es en verdad Rajoy? ¿Son listos y guapos, ambos los dos? ¿Son tontainas y feos, ambos los dos? ¿Son listos y tontainas y guapos y feos a la vez, ambos los dos? ¿Lo son a ratos o siempre? ¿Se hacen pasar por todo eso?
    En fin, ante el riesgo de caer en el maniqueísmo, antesala del papanatismo, recomiendo frecuentar toda clase de periódicos y toda clase de emisoras de radio y televisión. La verdad, incómoda de cualquier modo, se encuentra a mitad de camino entre unos y otros. Para no perderse dando trompicones en un laberinto lleno de minotauros de medio pelo y media baba, conviene recorrer la actualidad cotidiana por varios canales paralelos, nunca por uno solo. Ahí, en la confrontación de las diversas visiones, crepita el misterio de la objetividad que tanto nos empeñamos en buscar y que un portal como este de "elapuron.com" desentraña continuamente con la confluencia de especulaciones, afirmaciones, desalientos, alegrías, esperanzas, exabruptos, peloteos, denuncias, paños calientes, dimes y diretes, patatines y patatanes. Ya digo, un prodigio. Un prodigio de la naturaleza. La naturaleza humana.

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