LA GLORIA MUNDIALISTA

   España se alzó merecidamente como Campeona del Mundo a pesar de que yo, particularmente, tuve la impresión de que este grupo incluso podía rendir más. Las prestaciones del combinado hispano fueron in crescendo en el torneo hasta deleitarnos con un partido completísimo ante Alemania. El éxito se cimentó en un grupo muy compacto, con un buen nivel físico, con constantes ayudas entre unas líneas muy juntas y la posibilidad de ofrecer diferentes variantes en ataque. Del Bosque apostó prácticamente por un bloque de catorce jugadores que dieron un sobresaliente rendimiento- la excepción fue un Torres muy fuera de forma a quien el seleccionador dio demasiados minutos para lo que demostraba partido tras partido; en el extremo opuesto dentro de esos jugadores que apenas tuvieron minutos subrayo, especialmente, las pocas oportunidades de Silva quien en mi modesta opinión hubiera revolucionado más de un partido-. Dentro de esa evolución ascendente resalto de manera destacada a Casillas quien desde el partido de Paraguay pareció otro con una confianza que hasta ese momento no había tenido y con intervenciones superlativas que impidieron que La Roja encajase gol alguno; el puesto de guardameta es el más psicológico y nada más empezar el enfrentamiento ante los guaraníes se vio que Iker desprendía otras vibraciones. En la defensa espectacular la concentración y colocación de Puyol y Piqué, la sobriedad de Capdevila y el físico de Ramos (aunque yo sigo pensando que es un gran central y un buen lateral). En la línea de centrocampistas, por fin, encajó Busquets (tiene un porvenir enorme, aunque para mí el Senna de la Eurocopa fue superior), Xavi le dio una velocidad mayor a su juego y a sus ideas en zona de definición, Alonso abrió el campo y chutó, Iniesta le dio el toque de excelencia y Pedrito estuvo en todas partes (sigue creciendo el tinerfeño). Villa apareció arriba para definir con la precisión de un extraordinario goleador.

Ha sido un Mundial muy físico con menos partido épicos que otros y en el que además del combinado hispano muy pocas cosas de otras selecciones quedarán grabadas en la historia. Me quedo con Alemania, porque jugó de forma muy bonita, con mucha pegada, con un plantel jovencísimo y también con bastante variantes en su delantera. Brasil ha pasado de no defender a renunciar a su estilo y basar su juego en la estrategia defensiva, evidentemente tendrá que lograr un mayor equilibrio para volver a ser una selección de ensueño. Holanda creo que llegó demasiado lejos para el equipo que tenía y la dureza vecina a la violencia de sus jugadores  en la final con la permisividad arbitral se vio justamente castigada con una derrota in extremis. Argentina renunció al centro del campo y sin esta línea fundamental resulta muy complicado triunfar en un Mundial. Uruguay y Paraguay hicieron un papel magnífico para el potencial del que disponen. El fútbol africano sigue muy sobrado de físico pero sin los recursos técnicos y estratégicos que le permitan competir en la élite. Me quedo con Japón como la selección que más ha evolucionado. Las grandes decepciones fueron Italia, Francia e Inglaterra, cuyas selecciones piden una transformación radical que las revolucione desde sus bases.

  El nivel arbitral fue a menos a medida que avanzaba el campeonato: apareciendo designaciones sospechosas, errores de bulto, compensaciones y miedo a pitar lo que se veía con lo que se premiaba a tramposos y violentos.

Una de las grandes noticias ha sido que una nación africana haya organizado con bastante brillantez este evento, superando las dudas que en muchos, entre los que me incluyo, generaba su designación.

A disfrutar, pues, de un título que en los tiempos que corren suponen una alegría que no nos va a sacar de la crisis, pero si va a ayudar a que lo veamos todo desde otra óptica. Ayer en esa marea de emociones y celebraciones me decía un amigo – él mismo que comentaba que se podía ser campeón perdiendo el primer partido, yo nunca dije lo contrario sino que había que ir partido a partido y no celebrar el triunfo antes de bajarse del avión- que él nunca creyó que llegaría el día que alcanzaríamos la gloria mundialista. Esperemos que siga habiendo éxitos, porque hay potencial para repetirlos en un inmediato futuro.

Scroll al inicio