Kafka y Hitchcock, dos genios vinculados

Acabo de leerme El Proceso (1925), de Franz Kafka. Es una obra absurda, perturbadora, ilógica, opresiva, aterradora… Si la literatura es imaginación, Kafka es un alumno aventajado. El Proceso narra la historia deJosef K, un tipo corriente y moliente al que un día arrestan sin que él sepa por qué y que es introducido en un extraño proceso judicial. Mientras la leía no podía dejar de pensar en Alfred Hitchcock, sobre todo en la película Con la muerte en los talones (1959). Hay mucho de Kafka en el cine de Hitchcock, y mucho de El Proceso en Con la muerte en los talones. Podríamos decir que Cary Grant es un pseudo Josef K pero en otro entorno y con otras circunstancias.

Cada uno ve el mundo desde su prisma, con una visión y conclusiones diferentes. Pero son dos genios, cada uno en lo suyo,  que están vinculados y unidos por una esencia común. Ambos sumergen a sus  personajes en un caos que no entienden, que no controlan y que les asfixia. Pero mientras Kafka es cruel con ellos y sus personajes acaban siendo sepultados por un entorno que no suelen descifrar, Hitchcock, por el contrario, hace que sus héroes pongan orden y revolucionen ese entorno. En Kafka el caos general es invencible, en Hitchcock triunfa la libertad individual.

El Proceso es una novela inconclusa, eso se dice al menos. A mí no me lo parece, cuando terminé el libro tenía la sensación que había terminado una novela. Lo publicó su amigo y editor Max Brod, póstumamente, basándose, como he dicho, en un manuscrito inconcluso. Quizás mis sensaciones de haberme terminado la obra vienen propiciadas porque el final de una pesadilla es justamente cuando termina, sin importar el momento en que ocurre.

Josef K. intenta defenderse de una acusación que desconoce pero el tribunal que lo juzga es tan especial que nunca ha oído hablar de él ni de sus funcionarios. Durante el transcurso de su proceso Josef K. tendrá algunos aliados (su tío del campo, un abogado amigo de su tío) pero la sensación es que no hay nada que hacer y que el sistema es implacable. Según avanzamos vamos comprendiendo que el propio proceso al que someten a Josef K. es su verdadera sentencia.

Hitchcock primero pensó en James Stewart para el papel principal de North by North, título original intraducible al español pero bastante más sutil que Con la muerte en los talones, pero luego cambió de opinión. Stewart (con el que había trabajado en cuatro ocasiones) le llamaba por teléfono pero Hitchcock le daba largas, hasta que se cansó. Las características del personaje principal encajaban mejor con Cary Grant, otro de sus actores favoritos (con el que había trabajado en tres ocasiones): representaba mejor el ejemplo de lo que a Hitchcock le hubiera gustado ser: un hombre apuesto, elegante y de éxito con las mujeres. Roger Thornhill, el personaje que interpreta Cary Grant, un sofisticado ejecutivo de publicidad en Manhattan,  es detenido en un hotel sin saber porqué motivo ni que está ocurriendo. A partir de ahí comienza un thriller de espías y contraespías con persecuciones, aventuras y amores. Con escenas memorables como la lucha a vida o muerte de Roger Thornhill y Eve Kendall (interpretado por Eva Marie Saint, la "rubia de hielo" que Hitchcock se inventó para esta película) en las montañas Rushmore (donde están las esfinges de Licoln, Washington, Roosevelt y Jefferson, presidentes de Estados Unidos).

Una escena donde se funde magistralmente lo kafkiano y lo hitchcockiano es la mítica escena de la avioneta. Lo kafkiano adaptado al thriller de forma sublime. Hitchcock nos atrapa en una escena absurda, delirante y extraña.  Roger Thornhill baja de una guagua en un lugar semidesértico en medio de la nada. No hay música, no hay sonido, solo el sonido o el silencio del ambiente. En un contraplano, y sin subrayar, podemos observar una avioneta fumigando a lo lejos. Pasan varios vehículos por la carretera ante la decepción de nuestro elegante protagonista. Un coche aparece tras el maizal y deja a un hombre que esperará frente a Grant.  Llevamos cuatro minutos de silencio hasta el inicio de una conversación. Un dubitativo Grant decide acercarse a esa persona que ha aparecido de repente allí, en ese paisaje inhóspito en medio de la nada. Pasa de nuevo la avioneta que casi teníamos olvidada. Hitchcock juega con nosotros,  a dos bandas, obligándonos a llevar la mirada hacia un lado y otro. El nuevo personaje le comenta que raro la avioneta que está fumigando en un sitio donde en teoría no hay cosecha. Llevamos seis minutos de secuencia y no ha pasado nada pero nuestros ojos no pueden despegarse de la pantalla. La avioneta cada vez es más amenazante… Una de las mejores escenas jamás rodadas en el cine.

North by North (Con la muerte en los talones) – Escena avioneta (I)

https://www.youtube.com/watch?v=mEpT9QC3CNU

North by North (Con la muerte en los talones) – Escena avioneta (II)

https://www.youtube.com/watch?v=GbpUcAI86MY

 

Si fuera mercader cultural del absurdo promocionaría ambas obras como pack conjunto y divisible. En las filmotecas, llévese este libro con esta película. En las bibliotecas, llévese esta película con este libro. Da igual el orden que ejerza: puede ver primero la película y luego leerse el libro; puede leerse primero el libro y luego ver la película. Son dos obras absolutamente independientes. Dos genios, cada uno en lo suyo: Kafka en la literatura y Hitchcock en el cine; dos lenguajes diferentes. Pero están unidos por invisibles y sutiles hilos, por una esencia común; desde sus propios prismas, circunstancias y conclusiones. Asocio ambos autores, ambas obras, y me apetece ofrecértelas.

 

COMENTARIOS (14)

  1. Luis Rollán dice:

    Haciendo un feed back con tu anterior relato, Miguel, hace muchísimos años, sostuve el mismo debate sobre el “socialismo real”, con un comunista. Él hablaba de libertades individuales y libertades colectivas. En una ocasión, creo recordar que fue en el verano de 1984, cogí una guagua a coste cero en San Petersburgo; era a una hora tardía, avanzada la noche, aunque parecía de día, con el añadido del reflejo tenue del sol, en el agua del río Nevá a través de los cristales de las enormes ventanas de los edificios adyacentes, junto con otros conocidos. Además de sorprendente, mentiría si dijera que la experiencia no fue del todo gratificante. Sobre todo en aquella época. Otra cosa bien diferente eran las condiciones en que se encontraba aquel medio de transporte. Hablaban también los guías turísticos ¿comunistas? de que usar el teléfono para consumo local era igualmente gratuito. He leído a un forero con apariencia de estar documentado, que se define como comunista en estos blogs, hablando de las bendiciones de ese sistema, incluso a nivel sanitario. Un debate que resolví hace muchísimos años, constatándolo in situ.

    Seguro que su amigo israelita que le envió el email, amigo Juanf, era del partido del Likud. Tengo para mí que el odio y el uso de la tecnología puntera no hacen buenos amigos.

    Déjame decirte que has construido un post magnífico. Aun cuando se trata de una película archiconocida, no la he visto, o desde luego no la recuerdo, aunque la escena de la avioneta es tan recurrente como la de “Los Pájaros”, hablando desde la cabina telefónica, o la de la ducha en “Psicosis”.

    De Kafka a quien tan solo he leído “La metamorfosis", de la que creo recordar que hiciste un comentario hace algún tiempo en tu blog, es al igual que Hitchcock, capaz de remover hasta las mismísimas entrañas del ser humano. Como si estuvieras contemplando a Sarah Chang mientras interpreta el concierto nº 1 de Sibelius para violín, tan turbulento como dulce, pero que te atrapa como el personaje de la Metamorfosis de Kafka, Gregorio Samsa, haciéndote reflexionar sobre la grandeza y la miseria del ser humano, de la que Sibelius, queriendo emular a Tchaikowsky, hace que la profundidad de su música, con esos cambios temáticos como suceden en las escenas de las películas del genial Hitchcock te sacudan hasta el alma. Y si es interpretado con la pasión, el sentimiento y el virtuosismo de Sarah Chang, llegar a convertirse en algo conmovedor.

    Si fuera mi admirado Mario Vargas Llosa, hubiera optado por la coreana norteamericana. Junto a ella me transformaría en Aladino; frotaría la lámpara al tiempo que le pediría deseos musicales, mientras tanto me deleitaría con su arte y su sonrisa. En este caso, menos interesada que la de la otra china.

    Hasta luego.

  2. Fabi dice:

    Nuevamente Miguel nos deleita con su relato sobre Hitchcock y sus clásicas películas que dejaban siempre el suspenso en el publico de la época.
    Miguel entra primero con Franz Kalka, todo un conflicto en su cabeza, un judío que nos se sentía judío, un checo que se sentía alemán, un joven con problemas con su padre, todo un torbellino que lo llevaba a hacer lo que mas le gustaba que era escribir sus complicadas y crudas historias.
    De este hombre bien o pudo Hitchcock tomar buenos apuntes para sus buenas e interesantes películas que tanto Miguel en su articulo y Pevalqui como forero nos reseñan con maestría.

    Valiente el amigo Pevalqui viajando a San Petersburgo y en horas de la noche comunista, su experiencia no fue nada grata nos deja saber, sobre los ochenta ni regalado hubiera ido al país comunista, ello me hubiera dejado mal parado, eso de libertad individual y colectiva fue realmente pura fantasía para que unos pocos de arriba vivieran y los demás a pelar patatas con títulos universitario, aquí entre Franz Kafka,
    Hitchcock, San Petersburgo y la avioneta de fumigación les recuerdo mi anécdota con el taxista catalán (allá por los ochenta) que me preguntó mientras me llevaba de la central de trenes a una dirección que le di; Dígame, me dice, que opina usted del comunismo?, a lo cual rápidamente le respondí, el capitalismo es una gripe de la cual usted se cura, el comunismo es un cáncer del cual usted muere!, de inmediato el buen hombre me dice, hemos llegado, baje le pague al tiempo que me di cuenta que me había dejado en otro lugar al cual yo iba, de inmediato viendo otro taxi que transita, lo paro al tiempo que me decía en voz baja, el capitalismo siempre ganará al comunismo.
    Rusia ni antes ni ahora, existen muchos países para visitar y disfrutarlos pero no es el tema de ahora.
    Gracias Miguel por dejarnos un buen rato de ocio con estos buenos relatos que inspiran la lectura y el cine.
    Sigo pensando que el arte es universal y podemos admirarlo en todos los ámbitos que la vida nos deja ver, para concluir felicito tu buen blog y al amigo forero Pevalqui que de seguro lo disfruta como yo, termino recordando que dentro de tanto drama también podemos incluir a nuestro buen Benny Hills con humor y como paisano del misterioso Hitchcock y sus películas de terror.

  3. Juan C. Bartolomé dice:

    Gracias camarada Pevalqui por sus comentarios adornados e ilustrados con interesante música.

    San Petesburgo es una de esas ciudades que tengo marcadas en la lista de ciudades a visitar. En un top ten entra seguro, y en un top five seguro que también.

    Efectivamente, en mayo de 2013 publiqué un artículo titulado “A comer insectos con Franz Kafka”. A colación de la recomendación de la FAO (organización de Naciones Unidas para la alimentación y agricultura) sobre comer insectos. A partir de ahí comenzaba un largo desvarío.

    Mi primera publicación en El Apurón fue sobre Hitchcock. El 28 de julio de 2011 publiqué un mini cuento llamado “Yo confieso y la anécdota”.

    Supongo que era cuestión de tiempo, cuestión de 2 años siguiendo la proporción, que ambos genios se encontraran y coincidieran en un mismo artículo.

    Estimado JuanF, gracias por comentar y contarnos su visión del mundo. Pero no crea, Kafka y Hitchcock también tienen humor.

    El Proceso contiene humor: un humor tremebundo, también absurdo, o humor negro, pero si que tiene sus toques de humor; me reí en unos cuantos momentos.

    El personaje principal de Con la muerte en los talones, Cary Grant, es un personaje simpático e ingenioso, así que un ligero toque de comedia sobrevuela la película. Y si no recordemos cuando le obligan a emborracharse y se escapa conduciendo peligrosamente un coche. Su detención por la policía y su paso por la comisaría borracho perdido no tiene desperdicio. Realmente la película está llena de toques de humor.

    Gracias y saludos.

  4. Juan C. Bartolomé dice:

    Aprovechemos el momento para contar algunas curiosidades de la película que creo pueden ser interesantes.

    * Cary Grant tenía un apartamento fijo en el Hotel Plaza de Nueva York. Hitchcock decidió no dirigirlo en la secuencia en que entra al hotel. Pensó con humor que “ya sabía hacer perfectamente que hacer en ese trayecto”. Tiempo después el director recordaría con satisfacción que cuando llevaban ya varias semanas de rodaje el actor le había dicho que seguía sin entender una palabra de lo que estaba pasando, utilizando la misma expresión que el personaje dice en la película: “I don´t know what you´re talking about”.

    * La secuencia en el monte Rushmore sufrió un contratiempo. La idea de que se cometiera allí un asesinato y que dos personajes huyeran entre las esfinges de Lincoln, Washington, Roosevelt y Jefferson en un monumento que simboliza la democracia no gustó al Departamento de Interior, que prohibió no solo el rodaje in situ, sino hasta que se filmara una reproducción. La polémica trascendió a la prensa y alguien sugirió que “el señor Hitchcock podía volver a su casa de Inglaterra y dibujar gente trepando por el rostro de la reina”. Ni que decir tiene que la idea de que Cary Grant se escondiera en las fosas nasales de Lincoln y que un estornudo le delatara quedó descartada, así como el posible título “The man in the Lincoln nose”. El director se desquitó incorporando su propia esfinge a la de los cuatro presidentes en un cartel publicitario de la película y retirando de los agradecimientos a las instituciones correspondientes.

    * Una de censura. Los personajes que interpretaban Cary Grant y Eva Marie Saint se sienten sexualmente atraídos pero la censura española se encargó de rebajar esa tensión sexual. Algunos de sus diálogos fueron alterados en el doblaje. Así por ejemplo, en la escena de la subasta, Cary Grant alude a que Eve “pone los cinco sentidos en el trabajo, en realidad todo su cuerpo”; mientras que en el doblaje español la frase quedó como “pone en el trabajo sus cinco sentidos, pone su corazón; o en la conversación con el profesor, Grant dice que desaprueba a Eve por “utilizar el sexo como otros usan un matamoscas”, lo que en castellano quedó en “por utilizar su atractivo con premeditación y alevosía”. A eso hay que añadir que algunas secuencias posteriormente fueron repuestas pero no con las voces de los dobladores originales, quedando así como vergonzoso testimonio de los disparates de la comisión de censura.

    Me he evitado problemas en mi revisión al verla en versión original con subtítulos. Es la mejor forma de ver el cine. Siempre que puedo las veo así sin importarme el idioma, me da igual que sea inglés, japonés, ruso o esperanto.

    * Otro detalle de humor es el siguiente diálogo, no todo el mundo podría pillarlo, es casi una broma privada: En la escena de la subasta, James Mason replica a Cary Grant: “¿Nadie le ha dicho que sobreactúa en sus distintos papeles…? Debería recibir menos entrenamiento del FBI y más lecciones del Actor´s Studio”, en presencia de Eva Marie Saint, entonces alumna aventajada de la famosa escuela de actores.

    * Hitchcock fue un director estrella y el público esperaba ansioso toda nueva producción suya. Su figura oronda era reconocida y buscada por los espectadores dada la afición del director a aparecer fugazmente en las películas. Para no distraer al público, fue adelantando cada vez más su aparición en la pantalla. En Con la muerte en los talones lo hace en la primera secuencia cuando está a punto de tomar una guagua pero esta cierra la puerta en sus narices dejándole en tierra.

  5. Fabi dice:

    Miguel son interesantes tus anotaciones sobre las películas de Hitchcock, aqui cabe aquello de cada uno ve desde el angulo que ocupa, el tuyo certero y cuidadoso da detalles hasta de donde vivía Gary Grant en Nueva York, tuve la oportunidad siempre que he podido visitar esa ciudad de quedarme en el Hotel Plaza que esta ubicado frente al celebre Central Park, hotel que me demostraba la mayor seguridad pues pude observar como en todos los corredores del mismo siempre había vigilantes que cuidaban de "sus huéspedes" y por lo que se deja ver en tus escrito Gary Grant era uno de ellos, que pena no haberle visto, le hubiera pedido un autógrafo, así como poder charlar con el, pude hacerlo con Mario Moreno "Cantinflas", te cuento que caminaba yo cerca de las Cortes en Madrid cuando vi salir al celebre mejicano al cual le dije; Don Mario! y este me rápidamente contesto, Guate!..cosas del pasado me digo yo.

    Me "horroriza" cuando llamas al amigo Pevalqui camarada….palabra esta que deja mal olor si de comunismo se trata, me agrada la democracia participativa, he tenido oportunidad de estar en la Camara de los Lores en Londres, en las Cortes de España, así como en el Congreso americano y es divertido observar como se comportan los demócratas en sus discursos y los colegas escuchando al tiempo que dan sus comentarios, si comparemos nuestra libertad con la llevada por los comunistas de la vieja guardia así como la de ahora escondida detrás de Putin y sus malas mañas, hay mucha distancia, la libertad es vida, la tiranía nos debe de recordar la película del El Tercer Hombre con Joseph Cotton y Orson Welles, una trama en la Viena de los cuarenta divida en cuatro partes, ciudad esta muy interesante y a la cual he tenido la oportunidad de visitar varias veces y de seguro que no se deja ver como otras ciudades que cambian de hoy para mañana, sus trenes de ciudad en vías locales, su parques donde se puede escuchar música de Strauss al caminar entre sus arboles.

    http://www.youtube.com/watch%3Fv%3Dh0ARhcCnjQo

    Visita obligada a St Stephens Cathedal, esta deja al visitante el silencio allí convertido en oración, sus retablos y en especial El Jardín de las Delicias del Bosco, para no aburrir concluyo amigo Miguel dejandote la banda sonora del El Tercer Hombre, y gracias por dejarme entrar y compartir comentarios en tu Blog por seguro podemos esculpir como el final de la película Casablanca, cuando se deja escuchar; Miguel, este puede ser el inicio de una gran amistad..
    al tiempo que pevalqui camina cubriendo nuestras espaldas, toma notas para el siguiente comentario.

    http://www.youtube.com
    /watch%3Fv%3DxQ78QYVnPpY

    Le recuerdo a Pevalqui que no se deje intimidar y que se sacude de arriba eso de "camarada"…..algo así como tener un escorpión arriba listo para picar! y es susto mayúsculo.

  6. Juan C. Bartolomé dice:

    Juanf yo también me he quedado en el Hotel Plaza… de Santa Cruz de Tenerife. No he visto ningún famoso aparte de Manolo Vieira. Más allá de la broma, gracias por sus comentarios y referencias, todas muy provechosas. Quizás coincidió con el gran Cary Grant, quien sabe. Quizás en el ascensor como en la escena en que la madre de Grant le dice a los gánsteres que no estarían pensando matar a su hijo mientras, a continuación, todo el ascensor ríe a carcajada limpia (estaba lleno de gente) incluida la propia madre.

    Por cierto, otro detalle curioso, la que hace de madre de Grant, la actriz Jessie Royce Landis, en la vida real apenas tenía apenas un año más.

    No tenía en mi lista Viena, aunque conocerla es muy apetecible y más asistiendo a algún concierto de música clásica.

    Curiosa su anécdota con Cantinflas.

    La única connotación que tiene la palabra camarada es de amistad. Pevalqui es el contertulio más veterano y fiel en mi blog. De hecho, comentó dándome la bienvenida en la primera publicación que realicé en este medio y que referencié en el anterior comentario. Y hasta la fecha. Así que como es lógico hay camaradería entre nosotros.

    Comenta la película Casablanca. Grandes frases tiene para la historia, tantas dichas como no dichas (algunas son leyenda). Es curioso, al revisar ahora la película Con la muerte en los talones, la parte final me ha recordado Casablanca. Quizás son imaginaciones mías, mi mente tiene tendencia a recordar y descubrir influencias, a veces con más o menos acierto. Pero la parte final tiene cierta reminiscencia al otro final. Llega el avión, la chica que se tiene que subir con su hombre, el héroe que tiene que tomar decisiones… Por lo menos no he podido evitar recordar a Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. Son muy diferentes pero hay un momento en que tiene un aroma similar.

    Sobre El Bosco leí ayer, casualmente, un artículo sobre El jardín de las delicias (1500-1505). Decía el autor que hay más información, personajes, simbolismo y detalles delirantes en un solo centímetro cuadrado de El Bosco que en la obra contemporánea de muchos otros artistas (contemporáneos y no contemporáneos).

    Saludos cordiales.

  7. Eduardo Cabrera Capote dice:

    Buena asociación entre literatura y cine, dos genios: cada uno en lo suyo

  8. José Amaro Carrillo Rodríguez dice:

    Estupenda asociación, Miguel, como la recomendación que hiciste de "Nido de pesadillas", de Lisa Tuttle, cuya lectura me ha proporcionado momentos de placer terroríficamente inolvidables.

  9. Luis Rollán dice:

    Estimado Juanf, la primera vez que vi la foto del perfil de Miguel, aprecié en él esa energía y determinación de la persona dispuesta a ofrecer, a regalar sus conocimientos, sus vivencias, con sencillez y con mucha honestidad, como en él es habitual, proponiendo una diversidad de temas, muchos de ellos absolutamente impensables de ser comentados, al menos según mi racionalidad, hechos de una forma lúdica, con imágenes de apoyo y hasta con sentido del humor. Me gustó su propuesta. Tal y como él lo ha relatado; no sé si soy el más veterano de los foreros de su blog, algo de lo que me siento profundamente orgulloso, pero probablemente sea uno de ellos, junto con nuestro admirado y añorado Pedro Luis.

    Con y gracias a Miguel, he aprendido muchas cosas. Enumerarlas tan sólo nos llevaría mucho tiempo. A través de él regresé casi a mi niñez; una infancia muy feliz, por cierto. Ese mundo en donde las experiencias están mayormente gobernadas por el placer y los sentimientos. Me involucró más si cabe en el mundo de la música, a través de artistas, muchos de ellos ajenos a mi conocimiento, así como a entender mejor el rock and roll. Todo ello, de una forma didáctica e imaginativa. Recuerdos para completar toda una vida. De tal manera, que se fue generando, como bien dice Miguel, un espíritu de camaradería entre ambos, que se ha puesto de manifiesto hasta el momento presente. Los términos que en su acepción lata y cuando detrás de los mismos, esconden sombras en forma de malos sentimientos, en ocasiones, nos pueden jugar malas pasadas, cuando se sacan del contexto que los motiva. Yo también he empleado esa misma terminología para dirigirme a su persona. Nada tiene que ver con el comunismo. Y fíjese que una vez me dirigía a él llamándole incluso “tovarich”.

    Hace años estuve 5 días en Viena. Una de las películas favoritas de mi padre era “El Tercer hombre”. Me la explicó la primera vez que la visionamos, con la pasión de un niño, intentando involucrarme no solo en la temática, pero también en su música tan intrigante como envolvente. Desde luego que lo consiguió. Por aquel entonces, Viena era una ciudad con pocos jóvenes transitando por la calle. Hoy día, es una ciudad mucho más vibrante. Recuerdo la cara de mi padre el día que lo llevé al Prater y vio la noria tal y como salía en la película. No pudo evitar las lágrimas. Como nadie nos perseguía como sucedió en la película con el protagonista, Harry Lane; nos dedicamos a ver junto con mi madre, lo que me inculcó y lo que nos gustaba: buena música de Strauss desde el Kursalon, parque donde se puede escuchar y disfrutar de los valses; una performance magnífica con protagonistas bailando en el escenario, un magnífico concierto de la sinfónica vienesa desde el interior del patio de un palacio vienés. Y otras muchas cosas. La iglesia votiva de San Esteban que usted nombra, es otro de los spots interesantes, al igual que el Palacio de Schombrunn, la casa museo de Sigmund Freud, el teatro de la ópera, o deleitarse con un buen pastel en Demmels; arte e historia, aparte de calidad dulcera. Y pasear por la Ring Strasse.

    Hasta luego.

    PD.- Remix de envío tras uno fallido hace días por imposibilidad o mal encaje con la wi fi, desde donde me encontraba.

  10. Sara Gonzalez dice:

    Lei "La Metamorfosis" para distraerme de los examenes de fin de Curso,en 4o de Derecho: Me acuerdo perfectamente porque me ayudo a distraerme del temario,y cuando volvía a estudiar el Derecho Financiero y Tributario,Parte I,que era mi nemesis,pues,en serio,le veía mas sentido a todo…

    "El Proceso" ya lo leí,curiosamente,ejerciendo La Abogacia;pero muy joven,de pasante en La Laguna…Llegue a lo conclusión que esa es la sensación,magistralmente expuesta por Kafka,que siente cualquier procesado,en mayor o menor medida…En Juzgados,los encartados se encuentran con un mundo distinto.Es normal…Si el Juicio versa sobre un delito grave,o sobre un derecho real complejo,en el entorno de un Foro,con gente togada,pues,el lego en derecho lo vera como una operación de neurocirugía probatoria de cargo y descargo,con unas Conclusiones llenas de recursos y excepciones,con lenguaje tecnico,dentro de un itinere procesal complejo…Y el tema de esas fases,y sus suspensiones,dejan a Josef K. al borde de la paranoia…

    Después de dieciocho años en esto,creía que cambiaría de idea:Pues no,hay muchos Josef K. extraviados en Los Palacios de Justicia…

    Saludos…

  11. Fabi dice:

    Me complace estar de vuelta después de unos días largos de hospital, así son las cosas en el ser humano, hoy bien y mañana quien sabe.

    Aprendo con ustedes que ven enfoques que dan luz al tema, Miguel y Pevalqui amigos inseparables son ahora los que dan la oportunidad a Galva quien siendo hombre de leyes enfoca como es natural todo por los juzgados de turno y en especial el de este Blog de Miguel llenos de personajes interesantes, sin dejar de comentar que me agrada el Blog de Luis León que enseña un mundo de lo que esta pasando por esos lugares de dios, no puedo dejar de mencionar a jacarrillo el cual recuerda el miedo en su piel con el Nido de pesadilla que Miguel dejo en su Blog en algún momento del pasado.
    Para resumir este pequeño comentario quiero felicitar a todos los que intervienen dando cátedra del buen decir que ennoblece a todos los que por aquí andamos por la buena fortuna de lo que leemos.
    Gracias amigos ustedes son geniales.

  12. Luis Rollán dice:

    Estimado amigo Juanf, celebro que esté usted de regreso del hospital, al tiempo que espero y deseo que se encuentre plenamente restablecido de la dolencia que hasta allí le llevó.

    Afortunadamente, por causas personales aun no me he visto en ese trance, pero si por otras familiares, en las que me ha tocado vivir esa experiencia hospitalaria, a la que usted hace referencia; nada grata por otra parte.

    Galva es una persona muy documentada, ofrece conocimiento y saber. Muchas veces expuesto desde su ámbito vital más próximo. En muchas ocasiones, tengo la impresión de que es mal interpretado, sobre todo porque tal y como opinaba el biólogo marino, Ed Ricketts, muy amigo del escritor John Steinbeck, en quien influyó notablemente; cuando las opiniones o comportamientos, salen del “común del ámbito” al que se pertenece, más que un outsider, se acaba convirtiendo para el resto de los integrantes del grupo, como alguien “peligroso” para la identidad y mantenimiento de dicho grupo. Esto lo desarrolla Steinbeck a través del comportamiento del joven Kino, en su libro “La perla”. Aprecio mucho algunas de sus opiniones; otras no tanto, ni las comparta en toda su extensión. Algunas de ellas con otras motivaciones subliminales. En el área deportiva, brilla mucho en el tenis. Le tengo por inteligente y hábil polemista, o “librepensador”, como a él le gusta definirse. Tampoco le conozco personalmente. Yo mismo al leerle en alguna ocasión, y aun confundiéndole con nuestro “Miguel”, le estimulé para que participara en el blog deportivo de Ibrahim.

    Respecto de los blogs de Luis León y José Amaro (Jacarrillo), destila usted muy buen gusto. Sin desmerecer al resto de blogueros.

    Salud, y Saludos para todos.

    Hasta luego.

  13. Sara Gonzalez dice:

    Gracias Pevalqui,por sus palabras;bueno,en eso esta parte del encanto de la vida:El disenso,con respeto al projimo…

    Doble agradecimiento:"La Perla";no la he leido…Pues habra que hacerlo:Steinbeck son palbras mayores…

    Los Blogs de este digital los encuentro de GRAN calidad intelectual,y humana…Sin duda…

  14. Fabi dice:

    Nuestro buen amigo Miguel nos dejó entrar en el mundo de Franz Kafka y hoy dejo aquí para nuestros buenos foreros y para el, este interesante relato que enseña mucho de lo poco que Kafka quería estar en activo pero también disfrutaba en el pasivo de su trapecio.

    Un artista del trapecio

    Un artista del trapecio —como todos sabemos, este arte que se practica en lo más alto de las cúpulas de los grandes circos, es uno de los más difíciles entre los accesibles al hombre— había organizado su vida de manera tal —primero por un afán de perfección profesional y luego por costumbre, una costumbre que se había vuelto tiránica— que mientras trabajaba en la misma empresa, permanecía día y noche en su trapecio. Todas sus necesidades, por cierto muy moderadas, eran satisfechas por criados que se turnaban y aguardaban abajo. En cestos especiales para ese fin, subían y bajaban cuanto se necesitaba allí arriba.
    Esta manera de vivir del trapecista no creaba demasiado problema a quienes lo rodeaban. Su permanencia arriba sólo resultaba un poco molesta mientras se desarrollaban los demás números del programa, porque como no se la podía disimular, aunque estuviera sin moverse, nunca faltaba alguien en el público que desviara la mirada hacia él. Pero los directores se lo perdonaban, porque era un artista extraordinario, insustituible. Por otra parte, se sabía que él no vivía así por simple capricho y que sólo viviendo así podía mantenerse siempre entrenado y conservar la extrema perfección de su arte.
    Además, allá arriba el ambiente era saludable y cuando en la época de calor se abrían las ventanas laterales que rodeaban la cúpula y el sol y el aire inundaban el salón en penumbras, la vista era hermosa.
    Por supuesto, el trato humano de aquel trapecista estaba muy limitado. De tanto en tanto trepaba por la escalerilla de cuerdas algún colega y se sentaba a su lado en el trapecio. Uno se apoyaba en la cuerda de la derecha, otro en la de la izquierda, y así conversaban durante un buen rato. Otras veces eran los obreros que reparaban el techo, los que cambiaban algunas palabras con él, por una de las claraboyas o el electricista que revisaba las conexiones de luz en la galería más alta, que le gritaba alguna palabra respetuosa aunque no demasiado inteligible.
    Fuera de eso, siempre estaba solo. Alguna vez un empleado que vagaba por la sala vacía en las primeras horas de la tarde, levantaba los ojos hacia aquella altura casi aislada del mundo, en la cual el trapecista descansaba o practicaba su arte sin saber que lo observaban.
    El artista del trapecio podría haber seguido viviendo así con toda la tranquilidad, a no ser por los inevitables viajes de pueblo en pueblo, que le resultaban en extremo molestos. Es cierto que el empresario se encargaba de que esa mortificación no se prolongara innecesariamente. Para ir a la estación el trapecista utilizaba un automóvil de carrera que recorría a toda velocidad las calles desiertas. Pero aquella velocidad era siempre demasiado lenta para su nostalgia del trapecio. En el tren se reservaba siempre un compartimiento para él solo, en el que encontraba, arriba en la red de los equipajes, una sustitución aunque pobre, de su habitual manera de vivir.
    En el lugar de destino se había izado el trapecio mucho antes de su llegada, y se mantenían las puertas abiertas de par en par y los corredores despejados. Pero el instante más feliz en la vida del empresario era aquel en que el trapecista apoyaba el pie en la escalerilla de cuerdas y trepaba a su trapecio, en un abrir y cerrar de ojos.
    Por muchas ventajas económicas que le brindaran, el empresario sufría con cada nuevo viaje, porque —a pesar de todas las precauciones tomadas— el traslado siempre irritaba seriamente los nervios del trapecista.
    En una oportunidad en que viajaban, el artista tendido en la red, sumido en sus ensueños, y el empresario sentado junto a la ventanilla, leyendo un libro, el trapecista comenzó a hablarle en voz apenas audible. Mordiéndose los labios, dijo que en adelante necesitaría para vivir dos trapecios, en lugar de uno como hasta entonces. Dos trapecios, uno frente a otro.
    El empresario accedió sin vacilaciones. Pero como si quisiera demostrar que la aceptación del empresario era tan intrascendente como su oposición, el trapecista añadió que nunca más, bajo ninguna circunstancia, volverla a trabajar con un solo trapecio. Parecía estremecerse ante la idea de tener que hacerlo en alguna ocasión. El empresario vaciló, observó al artista y una vez más le aseguró que estaba dispuesto a satisfacerlo. Sin duda, dos trapecios serían mejor que uno solo. Por otra parte la nueva instalación ofrecía grandes ventajas, el número resultaría más variado y vistoso.
    Pero, de pronto, el trapecista rompió a llorar. Profundamente conmovido, el empresario se levantó de un salto y quiso conocer el motivo de aquel llanto. Como no recibiera respuesta, trepó al asiento, lo acarició y apoyó el rostro contra la mejilla del atribulado artista, cuyas lágrimas humedecieron su piel.
    —¡Cómo es posible vivir con una sola barra en las manos! —sollozó el trapecista, después de escuchar las preguntas y las palabras afectuosas del empresario.
    Al empresario le resultó ahora más fácil consolarlo. Le prometió que en la primera estación de parada telegrafiaría al lugar de destino para que instalaran inmediatamente el segundo trapecio y se reprochó duramente su desconsideración por haberlo dejado trabajar durante tanto tiempo, en un solo trapecio. Luego le agradeció el haberle hecho advertir aquella imperdonable omisión. Así pudo el empresario tranquilizar al artista e instalarse nuevamente en su rincón.
    Pero él no había conseguido tranquilizarse. Muy preocupado estaba, a hurtadillas y por encima del libro, miraba al trapecista. Si por causas tan pequeñas se deprimía tanto, ¿desaparecerían sus tormentos? ¿No existía la posibilidad de que fueran aumentando día a día? ¿No acabarían por poner en peligro su vida? Y el empresario creyó distinguir —en aquel sueño aparentemente tranquilo en el que había desembocado el llanto— las primeras arrugas que comenzaban a insinuarse en la frente infantil y tersa del artista del trapecio.
    Franz Kafka

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