A Coetzee lo descubrí en el año 2003 después de ganar el Premio Nobel de Literatura. No es que me interese siempre por los ganadores, no tanto como para leerlos a todos; si que me intereso por conocer sus vidas y sus obras, saber un poco de que tratan, pero al hacer eso mismo con Coetzee me di cuenta que era un escritor especial y diferente, un autor de novelas luminosas y desconcertantes.
Toda la obra de Coetzee merece ser leída, ningún libro está de más, desde sus primeros pasos en el mundo de las letras hasta sus últimas obras ya en el crepúsculo de su vida. Todas tienen algo que contar, todas dejan poso y todas son sorprendentes. Pero yo me voy a centrar en lo que se conoce como su biografía novelada, que está compuesta por una triología: Infancia, Juventud y Verano. Como los propios títulos indican, tratan sobre diferentes etapas de su vida.
El primero en caer en mis manos fue Verano, allá por el año 2010. Cronológicamente es el último que ha escrito pero pueden leerse independientemente sin ningún tipo de problema. Fue uno de los libros mas valorados ese año, la crítica lo elevaba a las nubes y alguien que sabía de mi admiración por el escritor sudafricano, me lo regaló. Mi sonrisa ese día no pudo ser mayor. Además, coincidió con que recién comenzaba el verano y puedo decir sin ningún género de dudas que Verano fue mi libro del verano (y de todo el año). Lo que me encontré en sus páginas me fascinó como pocas veces lo ha hecho un escritor contemporáneo. Me pareció tal ejercicio de imaginación y originalidad, más técnica y depuración, que lo leía más rápido de lo deseaba. ¿Recuerdan cuando éramos niños y comíamos despacio, o al menos lo intentábamos, para que nos durara más la comida que en esa época considerábamos deliciosa y así saborearla al máximo? Pues un ejercicio parecido de contención hacía yo con el libro, aunque el resultado final, como cuando era niño, distaba del éxito.
Coetzee revienta el concepto de autobiografía en Verano. Nos cuenta su vida de treintañero en Ciudad del Cabo, en la Sudáfrica del apartheid, tras regresar de un largo periodo en el extranjero, una época en la que vivía con su padre viudo en una destartalada casa (años 70). Pero no lo cuenta él sino un joven biógrafo inglés que prepara un libro sobre el difunto escritor John Coetzee. O sea, ¡Coetzee está muerto! ¿Pero no tenía que estar vivo un escritor para escribir sobre si mismo?
Para tal propósito el biógrafo, que no conoció personalmente a Coetzee, se embarca en una serie de entrevistas con personas que fueron importantes en su vida, al menos eso se supone. Así están divididos los capítulos y la estructura del libro: Julia, una mujer casada con la que tuvo una aventura amorosa; Margot, la prima con la que mantuvo una relación más allegada en la familia; Adriana, una bailarina brasileña a cuya hija le dio clases de inglés; Martin, compañero laboral en la Universidad de Ciudad del Cabo y Sophie, una profesora de francés con quien mantuvo una relación. Por medio de sus testimonios vamos componiendo el retrato del joven Coetzee. Una persona algo torpe, rodeado de libros, con poca facilidad para abrirse a los demás y entregado a su imperiosa necesidad de escribir.
El autor no suele salir bien parado del escrutinio de los demás. Hablan con una lucidez que llega a hacer sangre. Es otra cosa que me impactó, la impersonalidad con que se analiza el propio autor; aunque lo hace por medio de otros, no lo olvidemos. Sorprende la capacidad para alejarse de si mismo tirando toda vanidad humana posible. Cualquiera de nosotros, aunque intentáramos evitarlo, tendríamos, como mecanismo de protección, una propensión al autoelogio y a tirarnos flores. Incluso a costa de engañarnos. Verano parece que lo escribió otro escritor ajeno a Coetzee que no tuvo compasión en ese sentido. Bueno, realmente no lo escribió Coetzee, él estaba muerto y lo escribió un biógrafo inglés. Así que por ese lado se comprende.
Mientras vas conociendo sobre Coetzee también vas sabiendo sobre esos personajes que hablan, hasta tal punto que incluso el autor pasa a un segundo plano en diferentes fases, convirtiéndose en anécdota. Entonces te adentras en sus vidas y quieres saber más y te preguntas ¿estoy leyendo una biografía o una novela? Si la misión de un escritor, de un novelista, es fabular, inventar, no hay duda de que Coetzee lo ha conseguido ya que en este libro nada es cierto pero tampoco nada es falso, no sabes donde está el límite entre la ficción y la realidad. Al principio desconcierta pero cuando somos conscientes de la magia que destila, nos dejamos llevar y no entregamos sin ningún tipo de prejuicio a sus páginas. A fin de cuentas la vida es parecida: la construcción de nuestro propio pasado no es estrictamente real, es una composición que nos hacemos con nuestra propia imaginación, incluyendo la de los demás.
Después de leer semejante obra de arte comprendí que tenía que leer las otras dos partes; era algo tan inevitable como la lluvia otoñal en este terruño desde el que escribo. Así que encargué ambos en una librería. Al poco los tenía en mi poder y presurosamente pasé a leer Infancia.
En Infancia Coetzee nos narra su día a día en Worcester, una pequeña localidad situada en el norte de Ciudad del Cabo. Está narrado en tercera persona, como si fuera una novela. La historia discurre en la década de los 50, cuando Coetzee tenía entre 10 y 13 años. Pero Coetzee no es un niño normal: vive con su madre, a la que no sabe si odia o quiere; con su padre, por el que no siente absolutamente nada, y con su hermano pequeño, al que ignora continuamente.
El pequeño Coetzee vive atormentado y atrapado por una doble vida que ha ido tejiendo a su alrededor. En el colegio se esfuerza por ser el número uno, sacar las mejores notas y pasar desapercibido para no convertirse en el blanco de los insultos, las palizas y la humillaciones de sus compañeros y profesores. Pero en su casa es el niño mimado, el único importante, el protagonista, y se aprovecha de ello convirtiéndose en un déspota y un tirano. El protagonista está obsesionado con encontrar su lugar en el mundo y sobre todo, con saber quien es.
Como telón de fondo la problemática Sudáfrica de los años cincuenta. Como lectores nos vemos envueltos en la tensión de la época. Una interminable guerra en la que las burlas, los maltratos y los desprecios son causa común. La novela recrea la difícil convivencia entre blancos y negros, ingleses y afrikaners, ricos y pobres, protestantes, católicos y judíos.
Sus 191 páginas se leen con una facilidad pasmosa. Después de hacerlo pasé al segundo en cuestión: Juventud.
En la segunda parte de sus memorias Coetzee es un estudiante de la Sudáfrica de finales de los años 50 que lleva tiempo planeando escapar de sus país natal: del sofocante amor de su madre, de un padre cuyos errores lo persiguen y de lo que parece ser una revolución inminente en el país.
Estudia matemáticas, lee poesía y ahorra dinero para asegurarse poder enfrentarse a la vida cuando se enfrente al mundo real, y para experimentar una intensidad tal que pueda transformarlo en arte verdadero.
Emigra a Londres pero lo que se encuentra no es ni poesía ni bohemia. Justamente le pasa lo contrario: sucumbe a la monotonía de una vida como programador informático, en la cual las aventuras esporádicas y carentes de amor no ofrecen consuelo alguno. Lejos de encontrar la inspiración, deja de escribir.
Es otro libro del cual se lee con facilidad sus 167 páginas. Al terminarlo sentí la irrefrenable necesidad de releer Verano. Acaso para continuar con la cronología (aunque como dije se pueden leer independientemente). Había leído al niño, al veinteañero y quería encontrarme de nuevo con el hombre treintañero. Y así hice. Seguí recreándome con un escritor de escritores que tiene facilidad para combinar diferentes géneros y llevar la novela a otros necesarios horizontes, todo ello sin perder por el camino ni la invención, ni la magia, ni la capacidad de adicción; en resumidas cuentas, sin perder el aura de lo verdadero. Se supone que los relatos biográficos forman parte de la no ficción, al menos se suponía hasta que Coetzee nos sacó de nuestro error indicándonos un nuevo camino.


Gracias Miguel, por descubrirnos a este genio que escribe muerto, que siendo niño ya es mayor, y que estando especialmente dotado para la escritura se dedica a la informática.
No he leído nada de Coetzee, y va a ser difícil resistirse depues de leerte a ti. Las biografías, quizás más las autobiografías, casi todas, de una u otra forma terminan por ser medio novelas… No sé si será porque leo en estos días "Una página difícil de arrancar" de don Alfosonso Guerra… Está bien escrita, me parece a mí, que malamente empato una palabra con otra.
Reitero, gracias.
Extraordinario novelista es Coetzee y casi genial la obra que aquí comenta el compañero
Conozco a Coetzee desde hace algún tiempo. He leído acerca de él, en blogs, comentarios… Hace bien poco nuevamente en El País.
Hay incluso un libro suyo en una carpeta que tengo con "mis libros pendientes".
Las dos últimas biografías que he leído fueron las de Séneca y la de Neruda. A Coetzee, como al alemán Gunter Grass, también Nóbel, honestamente, no los he leído. Pero caerán.
Gracias Miguel.
Buenas tardes. Saludos cordiales.
En efecto, tu contagioso entusiasmo nos obliga a buscar estas obras de Coetzee. Gracias.
Por cierto, recomiendo su novela "Desgracia". Impresionante.
Gracias por el articulo Jose, anoto a Coetzee en mi lista de pendientes, que no para de crecer. No conozco su obra, aunque si recuerdo leer algo sobre ella tiempo atrás.
Siempre he mirado con perplejidad la realidad sudafricana. Tengo un recuerdo muy nítido de los informativos de finales de los 80s con los disturbios (autenticas masacres) en Johannesburg (Soweto) y otras zonas del país. En especial, se me grabaron los linchamientos de la población negra sobre los colaboradores del régimen (negros también). Jamas olvidare aquellos cuerpos ardiendo en la carretera, atrapados dentro de neumáticos de coche. Después en Londres conocí a John, expatriado sudafricano negro (gran tipo) y vecino de unos amigos. En varias conversaciones me confirmo lo que sospechaba,"its a tough place kid", y no eran solo sus palabras sino su mirada cuando hablaba de su país.
Hace pocas semanas, el suceso de la mina de Marikana, también me confirmaba otra sospecha, las cosas no han cambiado tanto como algunos se esfuerzan en hacernos creer.
http://www.bbc.co.uk/news/world-africa-19304664
http://www.bbc.co.uk/news/world-africa-19355293
http://www.bbc.co.uk/news/world-africa-19295203