La pista me la dio mi amigo Yose Fernández, filósofo de formación y hombre renacentista de vocación. Músico, pintor, dramaturgo, editor, crítico literario… tantas cosas como quiera ser; un animador de la vida cultural de Santa Cruz de La Palma, un agitador de las conciencias sociales.
Aproveché una noche de fiesta en las últimas navidades. Al lado de la Bodeguita del Medio le abordé. Le pregunté por Aristóteles, Platón, Sócrates… recuerdo que en el instituto la filosofía fue una de las asignaturas que más me gustó, pero ya se me habían olvidado las tesis de estos insignes autores, y quería recordarlas.
Paciente y amablemente me respondió. Se puede filosofar en cualquier circunstancia, entre vinos y cervezas por supuesto que también, pero aquello ya se estaba convirtiendo en unas clases particulares nocturnas y alevosas. Así que me aconsejó, si quería profundizar más, que me leyera El Mundo de Sofía. Aquel libro que se publicó en 1991 y se convirtió en un rotundo éxito a nivel mundial. La historia de la filosofía -siempre desde el punto de vista occidental, para concretar diríamos que europeo-, novelada. Comentada muy amenamente, con un lenguaje accesible pero sin caer en el simplismo, sin perder su grado de dificultad.
Le tomé la palabra a mi amigo Yose.
El Mundo de Sofía estaba en mi biblioteca personal desde hace mucho tiempo. Calculo que desde el año 1.999 aproximadamente. Finales de milenio como decimos ahora. Ya saben el viejo proverbio hindú: "Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado un alma que perdona; destruido, un corazón que llora". En este caso, El Mundo de Sofía era una amiga paciente. Tratándose de una filósofa no es nada raro. Los filósofos son serenos, reflexivos y prudentes. Tiempo al tiempo que como la manzana de Newton, caeré del árbol e indoloramente te golpearé la cabeza. Luego me mirarás, me atraerás con la mano hacia tu boca y me morderás dulcemente.
Lo retiré de la librería, le quité el polvo que cubría sus cantos y comencé a leerlo. Sus primeras páginas me gustaron. Decidí tomarme con filosofía que mi equipo de fútbol había sido eliminado de la competición europea, ejem. Día libre y desde temprano leyendo El Mundo de Sofía. Como en los viejos tiempos. Ni nadie ni nada me molestó. Lectura y más lectura hasta perder la noción del tiempo. Del tiempo físico me refiero, ya que mi reloj interno se había sincronizado con el del libro y por lo tanto era más amplio también en espacio: me movía entre años, decenios, centurias y milenios, yendo de la antigua Grecia a Roma, o a Francia, Alemania o Gran Bretaña, con pasmosa facilidad y asombro.
El maravilloso viaje arranca con los antiguos presocráticos de Grecia (algo así como los primeros científicos de la historia). Cuna de la civilización europea y occidental. Pobre Grecia, que mal te están tratando y que poco en cuenta tienen tu aportación suprema para la humanidad.
Previamente explica que es la filosofía y su importancia. La necesidad de hacernos preguntas y reflexionar e interesarnos por la vida, los demás y nuestro sitio en el mundo.
A partir de ahí comienzan a desfilar ante nuestros ojos, cronológica, infatigable e irresistiblemente todos los grandes de la filosofía, así como los diferentes movimientos, civilizaciones y épocas.
Sócrates, Platón, Aristóteles; los cínicos, los estoicos, los epicúreos…; El judaísmo, Jesucristo, Pablo, el cristianismo…; La Edad Media, el Renacimiento, El Barroco; Descartes, Spinoza, Locke, Hume; La Ilustración; Kant; El Romanticismo; Hegel; Marx; Darwin, Freud; Sartre…
Y los mitos, que no se me olviden los mitos, ¿qué sería de nosotros sin los mitos? ¡Realmente arranca con los mitos!
Todos esos y mucho más, no solo hablando de autores sino también de ética, valores, principios, religiones… Un libro de filosofía muy completo y muy dinámico. Está escrito en forma de diálogo, a modo de los antiguos diálogos de Platón. La protagonista es una niña de 14 años, a punto de cumplir 15, Sofía Amundsen, en la que nos vemos un poco reflejados por su curiosidad innata, esa que nunca deberíamos perder al hacernos adultos y que el libro bien recalca. Ella recibe, por medio de un misterioso profesor, primero por cartas, luego en persona, unas magistrales clases de filosofía. Y siempre quiere, queremos, saber más. Desde un punto de vista reflexivo, histórico y sereno. Sin condicionar nuestra opinión (siendo filosofía no podía ser de otra forma -pero no deja de ser un mérito-).
Al terminarlo sigo sin tener respuestas para la crisis pero el libro me ha aportado mesura y reflexión (aparte de visión histórica y amplitud de miras). Reconozco que echo de menos en el mundo actual más filosofía. Seguramente nos iría un poco mejor. Porque la filosofía también es diálogo, argumentación, saber escuchar… Creo que esos atributos no son los que más brillan actualmente.
Otra virtud del libro es que, al mostrarnos este amplio surtido de ideas y filósofos, nos ofrece la oportunidad, si así lo deseamos, de profundizar más en los autores o épocas que nos hayan atraído especialmente, ya por nuestra cuenta. Una hoja de ruta bien sazonada pero que todavía puedes sazonar más. Como en México. Picante cocinado e incorporado al alimento, pero picante de mano por si todavía se que te queda corto.
El autor de El Mundo de Sofía es el noruego Jostein Gaarder. Durante once años fue profesor de filosofía, luego se dedicó a la escritura. Si su misión con el Mundo de Sofía era divulgar la filosofía, ha cumplido con creces. Un libro que se lee del tirón, como una novela, pero que también se puede utilizar de consulta. Un libro para todas las edades a partir de los 14 años. Hasta los 99. O 100 o 101 si todavía tienes la curiosidad de un niño.
Para Gaarder, enseñar filosofía a los jóvenes es una necesidad urgente porque según sus propias palabras, "filosofar significa, simplemente, tener capacidad para hacerse preguntas sobre el ser humano". Es inevitable pensar, sin riesgo a equivocarnos, que seguramente ha logrado, con su dedicación y frutos, que unos cuantos jóvenes se decidieran a estudiar filosofía.
Por cierto, Sofía es un nombre de origen griego, Σoφíα, y significa sabiduría o la que tiene sabiduría.
*
El que no sabe llevar su contabilidad
Por espacio de tres mil años
Se queda como un ignorante en la oscuridad
Y sólo vive al día.
GOETHE


Estimado Miguel, malos tiempos para sustanciar el “valor de la filosofía”. Los tiempos actuales son del “valor de los mercados”, que paradójicamente constituyen un magnífico ejemplo de lo que es el “mercado sin valores” y a poco que te descuides, te quedas sin "valor en el mercado"…
Ya lo dice Lou Marinoff: “Más Platón y menos prozac”. Pero ni siquiera el eficiente mercado americano ha logrado convencernos del asunto. O tal vez por eso, por la mayor eficiencia de las multinacionales farmacéuticas frente a las del libro.
Tomamos nota de “Sofía”, pues ya contamos con la predisposición al “Filo”. También a los de mi generación nos marcó un gran profesor de filosofía en el Instituto Alonso Pérez Díaz, José María Conejo Azcona, que captó para la “causa” a buenos discípulos entre el relativamente escaso alumnado de la época.
Hace unos años, en una referencia parecida a la tuya, cacé la recomendación de “Una pequeña historia de la filosofía” (Ramón de Irigoyen, 2008), interesante, no exenta de humor y no tan pequeña. Me pareció a mí, claro, que no soy "Sofía".
Estimado Miguel: nunca es tarde si el libro es bueno. Y éste lo es. Sin duda. Más o menos, a mí me ocurrió recientemente lo mismo con una novela que me recomendaron hace cinco años, que compré en una librería que ya no existe y que terminé recientemente: "Suite francesa", de Irène Némirovsky. Se trata de una escritora y de una obra sensacionales. Porque, a veces, en esta vida merece la pena esperar.
Un cordial saludo literario, de lector a lector.
Querido Pedro Luis, efectivamente, no son tiempos para la lírica, lo podemos ampliar a la filosofía. Quizás es uno de los pocos reductos que nos quedan, aunque sea brevemente, para salir del pragmatismo mercantil en que se/nos ha convertido la sociedad. Aunque luego la realidad nos golpee de lleno.
Usted lo ha explicado perfectamente con su ingenioso juego de palabras con la palabra “valor”. Poco puedo añadir. Solo aplaudir. Permítame que le diga que si hubiese sido mujer se podía haber llamado Sofía. Si algo me ha quedado claro tras leer este libro es que, más sabio es el que más escucha. Sócrates, por ejemplo, escuchaba más que hablaba. Usted habla, por supuesto, pero escucha, todo en su justa medida. Usted está más cerca de la sabiduría.
He mirado reseñas del libro que comenta, Pequeña historia de la filosofía. Justamente dicen eso, que no es tan pequeño. Pinta muy bien. Por lo que veo sigue la misma línea que El mundo de Sofía, que básicamente es historia de la filosofía. Tiene una frase Ramón Irigoyen que me gusta: “Quien no es feminista es un peligro”. Me ha ganado. Creo que lo voy a poner en mi lista de libros pendientes. Gracias por el aporte.
Por cierto, hay una ciudad que se llama Sofía. La capital de Bulgaria. Ahora me la imagino como una ciudad sabia. Tengo más ganas de visitarla hoy que ayer.
Gracias por sus palabras, José Amaro, que siendo de lector a lector siempre son reconfortantes. Conozco a Iréne Némirovsky. Su Suite Francesa es una maravilla. Justamente la semana pasada me compré dos novelas suyas que vi en una tienda. Una escritora irresistible y un talento precoz. En este caso, compartimos amor literario. Todo un lujo y un placer. Otro cordial saludo lleno de páginas blancas sobre tinta negra.
Buenas noches y felicidades de nuevo,Miguel, por la aportación, que dicho sea de paso, conocía y comparto tus apreciaciones.
Gracias Pedro Luis por la evocación al Alonso Pérez Díaz, donde también yo estudié el bachillerato (aún recuerdo el himno:"Gloria sin par para nuestro instituto..") y cuyos profesores marcaron definitivamente mi vocación (el excelso latín de D.Juan Fierro, la Química "mágica" de D.Denis, las Matemáticas "comprensibles" de Dñº Lidia Galván, la Filosofía "racional" de Dña MªCarmen Ayudarte y más…)
Oh Tempora!!
Yo, en estos tiempos de tribulaciones, donde trabajar en una firma multinacional es el más corto y rápido camino al infarto de miocardio, busco como siempre refugio en los libros y encuentro, oh maravilla! oh bálsamo! las "Meditaciones" de Marco Aurelio. Increíble, como casi siempre, que este clásico estoico sea tan actual.
Diría que es recomendable, pero cambiaré el tono y os diré que es "obligatorio".
Un abrazo fuerte,
Antonio.
Muchas gracias estimado Antonio por sus palabras y aprovecho para saludarle y desearle suerte.
Que buenos recuerdos de estudiante los que comentas. Yo también recuerdo a esos profesores/as que conseguían inculcarte amor por la asignatura y que acudieras dichoso al aula.
En ese sentido, unos de los que con más cariño recuerdo es Luis Robles, profesor de historia e historia del arte. Para mi sus clases no eran simples clases, eran conferencias en toda regla. De tan bien preparadas, estructuradas y profundizadas que traía las lecciones. Aprendí a amar la historia con él.
Sobre el libro que comentas, Las meditaciones de Marco Aurelio, juraría que hace poco leí una referencia sobre él. Puede que haya sido en El Mundo de Sofía, pero claro, son 650 páginas y si fue un breve comentario… no es tan fácil ubicarlo, ¡buscarlo ya ni te digo! En todo caso, razón suficiente para apuntarlo a la saca de libros pendientes y más con el énfasis con que lo has recalcado.
Así si da gusto, llenando esa hipotética saca virtual de libros que según se crucen en tu camino, van cayendo (como insectos en una tela de araña)
Pequeña historia de la filosofía; Iréne Némirovsky; Meditaciones de Marco Aurelio… mi lápiz garabatea…
Cálidos saludos para todos.
Casualmente, Miguel, el libro que descansa hace algo más de un año en mi mesa de noche lleva por título: "Diccionario de Sofía". Escrito por Otto A. Böhmer y publicado por Ediciones Zeta. Lo rescaté aún no sé cómo, de entre otros tantos. Y me lo llevé para darle lectura un fin de semana a Taurito. Tengo la impresión que lo adquirí con el periódico El País; ese tipo de libros que por un par de euros más el costo del periódico, lo dejas en cualquier sitio y pa casita. Se trata más bien de un manual para iniciados. Casi para estudiantes. Lo leí de atrás para alante y de alante para atrás. Entre otras cosas porque no tenía nada mejor a mano. Y allí permanece durmiendo sobre mi mesa de noche.
Por lo tanto nada tiene que ver en calidad literaria con los libros aquí citados.
Respecto del tema que traes a colación, comentar que la mejor Filosofía, es aquella que te permite vivir lo más libremente posible, con las lógicas ataduras de la vida.
En mi etapa lagunera, recuerdo que las clases magistrales de Filosofía se daban en el Aula Magna. Los alumnos eran unos tipos muy especiales, diferentes. Casi como si formaran parte de un ghetto.
Hace muchos años estuve un par de días en Sofía, previa escala a un generoso viaje que luego se prolongó por Leningrado, Moscú, Kiev y acabo en Varna, localidad costera búlgara abrazada por el Mar Negro, cuyos turistas eran mayormente turcos. Y con unas ciudad próxima, a la que llegabas en hidrofoil a través del Mar Negro, de la que tengo unas diapositivas memorables. Parecía casi fenicia. No te pierdes mucho Miguel, al menos de lo que recuerdo de aquella época. Bien es cierto que Sofía (Allí la pronuncian como si de una palabra esdrújula se tratase), vivía por aquel entonces bajo el influjo comunista. Capital con calles anchas llenas de espacios libres., y carente de las estatuas y monumentos de otras ciudades cercanas al entorno comunista. Si me llamó la atención la catedral y un monasterio alejado de la ciudad, creo recordar que era el de Rila. Precioso. Enclave incluido. Eso si, si quieres tomarte un buen yogur o comprarte una hermosa rosa, no te pierdas Bulgaria.
Un placer siempre emborronar, salpicar algunas letras en tu blog, tan diverso, y lleno de todas las cosas que te dá la vida. A veces más intimista, otras más urbanita, otras deportivo, otras musical y otras hasta bordeando el mundo de la infancia.
Buenas tardes y Saludos cordiales para tod@s y todas las personas que se acercan a leerte.
Oh, como siempre un placer leerle camarada Pevalqui. Un honor que pinte con su fino pincel mi humilde blog.
Pues ahora que lo dice, si es verdad que los estudiantes de filosofía siempre se les ha visto como un mundo aparte. Y porque no decirlo, como personas que están un poco piradas. Más para allá que para acá. Como si jugaran y experimentaran con conocimientos a los que los demás no tenemos acceso Yo no digo que sea así, tengo amigos filósofos que no creo que estén pirados. Pero… esa fama la he escuchado. Como todo tendrá parte de leyenda y parte de realidad. Se decía sobre todo en la época juvenil. Que ya sabemos que es una época más loca.
Todos esos países y ciudades que ha nombrado me gustaría conocerlos. La Europa del Este. Leningrado y Moscú me encantarían especialmente. Sofía he visto que está situada en el valle más grande de Bulgaria, rodeada de montañas por todos lados. Comprendo que con el influjo comunista puede que no sea una ciudad tan estética. Quizás sea más bello el entorno. Eso de calles tan anchas y espaciosas no me gusta tanto. Prefiero las callejuelas. Pero debía ser parte del urbanismo comunista. Que te sintieras poca cosa. Lo digo sin tener ni idea pero oliéndome la canela.
El día grande de Bulgaria creo que es cuando se liberaron del dominio turco. Pero no se han librado del todo porque les llegan en hordas de turistas. Que paradojas te da la vida. De todas formas, no me gustan esas celebraciones. ¿Se imaginan que el día grande en España fuera cuando echamos a los árabes? No le encontraría sentido.
Lo que me cuenta del libro es curioso. A veces pasa. Que no sabes bien que leer y estás un tiempo dando tumbos con un libro en concreto. Hasta que finalmente vuelves a retomar el ritmo normal de lectura. Mientras, te entretienes con ese comodín vamos a llamarlo.
Lo dicho, un placer que se asome por esta ventana y nos esparza su afabilidad y conocimientos. Un auténtico lujo.
Por cierto, hablando de música, estoy preparando una entrada musical, un variado cancionero. Está al caer. Creo que hay alguna cosita que le puede gustar.
Un abrazo.