10 de enero de 2013.
Querida Jane Austen, hoy puede ser un gran día, puede que me lleguen tus cartas, motivo más que suficiente para estar alegre pero también para estar nervioso. Una mezcla de ambas emociones que pujan por sobresalir y ganar la una a la otra. Según mis informaciones, y si no ocurre ninguna contrariedad, debo tenerte conmigo en cuestión de horas, quizás minutos. Él emisario ya tiene las cartas en su poder y partió guiando a los briosos caballos que transportan el carruaje en cuyo interior viajas junto a los literatos rusos. Me siento como un felino agazapado en un tupido matorral esperando que pase su necesario alimento. Porque tú eres mi pieza más codiciada, Jane. La gacela más hermosa de toda la selva. Te necesito biológicamente hablando. Como el colombófilo que espera su querida paloma mensajera de confianza, así estoy de guardia en mi casa. Mas espero que esa paloma no se pierda por el camino ya que anillada en su pata trae un mensaje sumamente importante.
Me pregunto de que estarás hablando con los rusos. Seguro que están departiendo amistosamente. Supongo que también te harás preguntas, como qué tanto interés tengo en leer tus cartas. Es algo que viene de lejos, Jane. Desde que conocí tu literatura quise saber más de ti, conocerte tan profundamente como me fuera posible. Por tu literatura te conozco algo; cierto, lo que se puede conocer a través de ella. Dicen que al escribir traslucimos parte de nuestra personalidad. Podría decir que eres ingeniosa, divertida, habladora pero comedida; o sea, puedes hablar mucho e interesante, pero siempre guardándote para ti, sabiendo medir las palabras. Y por supuesto, no hay que ser adivino, eres una observadora con gran capacidad para el análisis psíquico y espiritual: una consumada extractora de las almas humanas en los insondables pozos con estructuras de carne y hueso.
Cuando estaba inmerso en tu literatura me enteré que se conservaban algunas de tus cartas. Entonces supe que tenía que leerlas. Realmente lo sabía desde antes. Lo que comprendí fue que esa era la oportunidad que estaba esperando. Leerte directamente sin el intermediario de la ficción. Conocer tu vida diaria, tus inquietudes, tus necesidades, tus anhelos, tus bromas, tu familia y amistades Y como un círculo virtuoso volver a tu literatura conociendo el anverso y el reverso de la pluma y la mano que escribió mis sagradas escrituras.
"Importantes naderías". Sé que le escribiste esa expresión a tu hermana Cassandra en una de tus cartas. Porque eras una maestra de lo cotidiano Jane. Me encanta esa filosofía. Me encanta esa expresión. Sabías darle la justa importancia a las situaciones y costumbres que tras los días se alargan. Aún con tu grandeza eras capaz de comprender que no se puede ser trascendental todo el tiempo. Al contrario, la trascendencia es anormal y solo así puede valorarse, saborearse y sentirse. Solo personas como tú con esa capacidad para comprender lo logran (trascender). Una complicada operación matemática de un manuscrito de Leonardo Da Vinci es interrumpida con la siguiente anotación: "la sopa se enfría…". ¡Ni un genio como el gran Leonardo podía resistirse a algo tan mundano como un plato de sopa caliente! Quiero probar tu deliciosa sopa, y a cada cucharada entrar en tu reino de lo cotidiano junto contigo de la mano.
Tengo que contarte algo Jane. Una duda me carcome internamente. No sé hasta que punto lo que pretendo es honesto. Me refiero a leer tus cartas. Puede que te esté robando la intimidad. Es una situación compleja. Sé que eras consciente de tu grandeza como escritora y que no escribías para nadie en particular sino para todo el mundo en general. Pero eso era en literatura. Esto es diferente. Son tus cartas personales. Es tu intimidad. Algo me dice que lo comprenderías. Por lo menos en parte. Pero no lo puedo asegurar. Mas si eras consciente de tu grandeza como escritora, quizás fuiste consciente de que te convertirías en inmortal y que generación tras generación querríamos saber más de ti. Por lo menos en algunos de tus momentos de mágica trascendencia. Ese es uno de los motivos por los que te escribo Jane. Es una compensación moral. También es un desahogo, una necesidad emocional. Tú me vas a dar mucho más de lo que podía esperar. A cambio te envío estas humildes cartas que, aunque desiguales, corresponden a las tuyas para aproximarnos en condiciones.
"Sonidos de carruaje (suena el timbre…)…".


Don Miguel: ¿tiene usted la certidumbre que Jane recibe sus admiradoras cartas?
¿Cómo es que no le dice nada? ¿Habrá surgido algo más que literatura en su encuentro con los eminentes literatos rusos?
¿Acaso Jane es diferente, y lo mismo que escribe para todos en general, nos malquiere a todos por igual?
¿Seguro que eso que escucha es ruido del carruaje esperado… o le traicionan sus fervientes deseos?
Ya nos contará.
Ah!! Literatura al fin, Miguel, magnífico!!
Lo cierto es que no conocía la editorial que comentas, y la verdad, es que tiene muy buena pinta. Algo similar y muy recomendable es también la de "Homo Legens".
Títulos y libros exquisitamente elaborados (papel ahuesado de 80 gramos, cosidos con hilo vegetal, encuadernados en tela..). Publican 12 títulos al año y, atención al lema: "Un libro puede durar más de cien años, ser parte de la familia y pasar de padres a hijos. Un libro puede cambiar una vida".
Lo reyes magos me han dejado, de esta editorial, "Canción de Navidad" CH.Dickens, edición bilingue y prologada por G.K. Chesterton. Todos la hemos leído, pero amigos, esta edición es..vamos, que no tengo palabras…!
Ya nos contarás, qué de especial, diferente, singular, emocionante, y mil adjetivos más, encuentras en Austen. Comparto tu gusto, pero debe haber algo más, Miguel, confiesa!!
Un abrazo afectuoso.
P.D. D. Pedro Luis, a pesar de mi ausencia en estas semanas, he sido conocedor sus males físicos que espero vayan en franca recuperación. Cuídese!
Gracias D. Antonio, vamos mejorando entre "apuroncitos"… Es usted, como don Miguel, un lector envidiable. Enhorbuena.
Miguel: A través de la serie de cartas tuyas "envíadas" a Jane Austen, me has puesto en mi recuerdo más inmediato, a buen compañero, que llegó a ser casi amigo, en la persona de Andrés González. Un mitómano como tú. Llegó al Instituto de rebote. Ama la literatura con fervor religioso. Preferentemente los clásicos y de entre ellos a Tácito.¡Ahí es nada!. Cualquier libro; él los devora como el buen caviar, son la prolongación de su mano. Incluso en las guardias de patio, lo veía desde mi clase, mientras el bueno de Andrés no conseguía apartar la mirada de su lectura. Un buen día me dijo que tenía un blog en internet llamado "El desván de la ilusión", en donde vierte sus pensamientos, buena música, noticias variadas, comentarios sobre todo tipo de noticias, incluso futboleras, ya que es un culé,: me atrevería a decir: un catalán empedernido.Y reflexiones literarias. No tuvimos más que cruzar dos frases seguidas para entablar una sincera y cómplice amistad por las aficiones comunes que compartíamos.
Aquí y ahora como testimonio de nuestra amistad.
Estimado Antonio: "Christmas Carol". ¡Que recuerdos!. Y además se lee de un tirón.
Estimado y admirado amigo virtual, Pedro Luis, me congratulo de su mejoría. Como dicen los ingleses: Be calm. Take it easy.
Buenas tardes. Saludos cordiales.