El mejor sushi del mundo se come en el metro de Tokio

Aprovechando el tema gastronómico, y aprovechando la estancia en Japón (no es cuestión abandonar pronto un país tan lejano, que bien cuesta lo suyo llegar), también aprovechando que se acercan las entrañables fechas navideñas, hoy les vengo a ofrecer una degustación de sushi en la megalópolis de Tokio. Recuerden, el sushi es el plato gastronómico más famoso de la cocina japonesa. El fugu vendría a ser una de sus variantes. Una variante un tanto peligrosa como muchos de ustedes sabréis, porque contiene veneno y debe ser preparado por expertos cocineros para que no quede ni rastro.

Pero el sushi no es simplemente pescado crudo como a menudo se cree. También tiene sus diferentes ingredientes y preparaciones: verduras, huevo, arroz, vinagre, sal…; hervidos, fritos, marinados… E incluye el marisco.  El sushi puede ser todo un arte. O como decía Lisa, un manjar exquisito. Y como me siento generoso, y para ustedes solo les deseo lo mejor, les invitaré al que está considerado el mejor sushi del mundo, el cual se despacha en un local del suburbano de Tokio. No por ello es un tugurio cualquiera, el metro de Tokio es de los mejores del mundo. Aunque si es un cuchitril en el sentido de pequeño. Solo caben 10 personas en la barra. En Santa Cruz de la Palma existía un bar que popularmente conocían  sus clientes como  "quítate tú para ponerme yo".  No era el nombre oficial, pero casi. Pues algo parecido pero con rasgos asiáticos y cambiando pinchos de tortilla y croquetas caseras por sushi.

El restaurante se llama Sukibayashi Jiro Honten. Y su dueño Jiro Ono, un anciano cocinero de 87 años. Debido al tamaño y a su alta cotización, hay que esperar unos tres meses para poder sentarse a la barra. A menos que estés apadrinado o tengas un buen contacto. Por unos 300 euros puedes degustar unas 20 piezas de sushi. No se me asusten, sigo invitando yo. No sé cómo lo haré, pero la oferta sigue en pie. Igual ustedes regresan a sus casas y yo me tengo que quedar a lavar platos. Y puede que tarde un buen tiempo en regresar. Incluso puede que vuelva con los rasgos orientalizados. El lado bueno es que estaré bien alimentado. Una dieta sana y equilibrada.

La degustación no dura más de media hora, y durante ese rato, el propio Jiro preparará delante de ti las diferentes piezas de sushi. Será tu cocinero y camarero. El maestro de ceremonias.  Su técnica es tan antigua como simple y extraordinaria. Jiro está considerado en Japón como "tesoro nacional".  Su secreto, aparte de su arte culinario, es la materia prima: el pescado está muy fresco. La limpieza, la textura, la temperatura, todo forma un conjunto delicioso que suele impresionar a quien lo prueba. Para probar el mejor sushi peregrinan gourmets desde todos lados del mundo. Cuando le preguntan al sensei (maestro) por su secreto responde que "no hay nada especial, solo hago mi trabajo, estoy concentrado en lo que hago, que es ofrecer lo mejor". También añade "a mi edad aún no he alcanzado la perfección". Un pensamiento que hace reflexionar cuando lo dice alguien que tiene 87 años y ha alcanzado la cima de su profesión.

Para sentarse en la barra y degustar el sushi le pueden dar al enlace de la cabecera que presenta este artículo o el mismo que a continuación les sirvo. Pónganse cómodos y disfruten. Hay cosas que solo se prueban una vez.

http://www.youtube.com/watch?v=AXAjCWNpO3A

En este año 2012 se ha estrenado un revelador documental sobre la figura de Jiro Ono. En España todavía no se ha presentado. Algunos esperamos con ansia a que ello suceda, como con ansia esperamos a poder degustar tan delicioso manjar. A continuación el tráiler de dicho documental. Se llama Jiro Dreams of Sushi.

http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=M-aGPniFvS0

La cultura japonesa tiene una querencia por lo sencillo, lo sutil, lo vaporoso, lo breve… Al menos esa es mi sensación y experiencia a través de mis diferentes acercamientos virtuales y artísticos al país del sol naciente. Como acabamos de ver, la comida por lo general es sencilla y de sabores suaves. Sus poemas más famosos se llaman haikus y destacan por su brevedad. Puro arte minimalista que intenta atrapar la belleza. Son imitados en todo el mundo. En cómic son también famosos y ha creado escuela el manga. Que suelen ser sencillos y de trazos finos -no por ellos más fáciles-. En el artículo de Persepolis tuvimos un ligero acercamiento.

Socialmente, una de sus celebraciones más populares es la de la flor del cerezo (Hanami o "fiesta de la observación de las flores"). Marca el comienzo de la primavera y las familias japonesas se sientan bajo los árboles a comer y festejar. En invierno los cerezos son esqueletos grises pero con la llegada de la primavera se vuelven muy hermosos. Aunque su flor no dura más de una semana. Así que celebran lo efímero de la belleza mayormente. Juntos de picnic  pasan horas observando las flores volar. Todo plagado de delicadas flores de cerezos que caen sobre el tapete campestre. Incluso se quedan hasta por la noche y encienden luces que hacen diferentes contrastes de colores.  

Esta celebración la descubrí en una película, que precisamente se llama así: Las flores del cerezo. Es una película alemana de 2008 dirigida por la germana Doris Dörrie. Cuenta el otoño de un matrimonio y la relación con sus independientes y egoístas hijos. Es una película agridulce, habla sobre la soledad y la tristeza pero también sobre la esperanza. La primera mitad se desarrolla en Alemania y la segunda mitad en Japón. Es una de las películas en que más me he sentido viajero. Paseas por las calles de Berlín para después subirte a  un avión y hacerlo por diferentes parajes japoneses. Todo resulta nuevo y diferente y tus ojos se vuelven curiosos como un niño. Sientes avidez por descubrir y experimentar. La película la vi en el multicine de Los Llanos de Aridane. En un ciclo especial de cine independiente. La proyectaron en versión original con subtítulos en español. Era de los pocos espectadores isleños. Casi todos eran alemanes. En algunos pasajes del transcurso de la historia en Alemania ellos se reían, pero yo no porque no comprendía su humor. Creo recordar alguna escena con salchichas y cerveza. Pero hasta ese detalle me pareció gracioso y me gustó. Yo era viajero y extraño por partida doble. Luego todos fuimos a Japón y nos maravillamos ante lo que vimos.

A continuación les dejo el enlace del tráiler de la película.

http://www.youtube.com/watch?v=5cuC-OyairE

Intentando hacer honor a Japón, aquí termino este artículo. Porque quiero que sea breve y sencillo. Como sus palabras, su comida, su arte, sus celebraciones. Seguramente estoy lejos de conseguirlo, porque a veces lo más difícil es lo más sencillo. Aunque en España tenemos un dicho que apunta directamente sobre el asunto. "Lo bueno, si breve, doblemente bueno". En el fondo todos lo sabemos, de donde quiera que seas, da igual tu cultura, tu religión o tu credo, pero algunos lo maman desde la cuna y por eso les resulta  más natural tanto comprenderlo como aplicarlo.

 

COMENTARIOS (8)

  1. Queen dice:

    Don Miguel, con “sutil y vaporosa” brevedad, ha conseguido captar nuestra atención con los exquisitos “montaditos de sushi” del “sensei del Metro de Tokio”. También con el trailer de "los cerezos en flor", que como los almendros, son espectaculares pero fugaces… como la felicidad que llevamos dentro.

    Pocas cosas marcan tanto la cultura de un pueblo, como sus apetencias, gustos y formas de comer… Yo llego a un “chiringuito de 300 euros /cubierto”, me ponen un filetito de atún crudo o una ostra revirándose sobre un “masapé de arroz”, lo soban (delicadamente, eso sí) con las manos y le dan un brochazo con barniz de “finas hierbas”… y paso el primero, por cortesía. Al segundo, seguro que ya estoy mirando para el cuartito de “al fondo, a la derecha”… y ante el espejito, alumbrado con tulipas a modo de flores de cerezo, recordaría los 300 euritos y me diría: ¡Menos mal que invita Miguel!

    Me imagino, que algo parecido le debe suceder al maestro Jiro, si viene a La Palma y le invitamos a comer un buen “sobado de gofio con mojo verde y cebollas”, y después de amasarlo un rato en un zurrón sobajado, con las manos ennegrecidas de labrar y desturronar la tierra, hacemos un buen peloto y se lo ofrecemos como una exquisitez autóctona de nuestra querida tierra…

    Gracias, como siempre, por pasearnos por el mundo y enseñarnos a ver y saborear algo distinto a los “chicharrones con gofio”… que siempre llevo en la maleta cuando voy de viaje, por si acaso… me pierda en el metro de Tokio.

    Saludos.

  2. Luis Rollán dice:

    Estimados amigos, estimado Pedro Luis, acabo de levantarme de la cama con un ataque de tos seca, consecuencia de un resfriado que no me abandona desde el pasado Sábado, al que acompaño en estos momentos, otro ataque, pero de risa. Y es que su comentario tan talentoso como de costumbre, y en este caso, no menos jocoso, me ha producido semejante espasmo, aparte de la tos que me atormenta. Y eso que por ende, el Sr vestido con su terno que se está dando una buena zampada de montaditos de sushi de manos del sensei Juri, en una expresión placentera, llega a decir: "Im ready to die" (me voy a morir), como consecuencia de semejantes placeres gastronómicos.

    Muchas gracias, nuevamente, Miguel, por abrirnos, si quiera algo más, nuestra mente hacia "otros planetas", otras civilizaciones, en este caso gastronómicas.

    Mi relación con el Japón, por otro lado siempre fue efímera y a distancia. Comenzó en los albores de los años 70, cuando una vecina me trajo una medallita de regalo que aún conservo, de la "Expo 70" de Osaka.
    Poco después, cayó en mis manos un librito de estos de bolsillo que con tanta asiduidad solía obsequiarnos Alianza Editorial, por un coste de 50 pesetillas del momento. Su autor era José María Gironella, y en dicho libro nos narraba su memorias de un viaje que había hecho al país del Sol naciente. Me llamó muchísimo la atención por aquel entonces, muy especialmente su narración acerca del mundo de las geishas. Nada contó del sushi, que yo recuerde. Con posterioridad, mi hermana Rosario, tuvo la ocasión de darle unas clases particulares a unos señores o señoras, japonesas, motivo por el cual le obsequiaron en alguna ocasión, con unas urnas en cuyo interior se encontraban unas hermosas geishas con todas sus vestimentas. Y por último, mi padre, estuvo un tiempo trabajando, como algo extraordinario, para una empresa de exportación japonesa. Le solían regalar cervezas de allí, cuya marca era "Sapporo", de mayor contenido en alcohol, que hacía las delicias de mis amigos, por aquel entonces adolescentes, sake y pescado en grandes cantidades.

    Siempre he sentido no obstante, mayor curiosidad por la China, país que casi estuve en un tris de visitar el verano pasado. Siempre me ha parecido más enigmática, de mayor riqueza cultural, sin desmerecer en absoluto al Japón.

    En fin, todo un conglomerado de recuerdos, que me has hecho revivir, estimado Miguel, con el grato acompañamiento de la buena gracia y socarronería canario-palmera de nuestro entrañable amigo Pedro Luis.

    Ya lo he dicho en alguna ocasión: prefiero pasar hambre, a comerme el pescado crudo, marinado o como quiera que se llame. Entre tantas ofertas culinarias que nos has ofrecido, querido Miguel, vamos a quedarnos con una buena "diabla" venezolana, o una allaca, y con tan sólo una, nos dá para el día completo.

    Un abrazo y saludos especialmente cordiales. Buenos ¿días?.

  3. Peter Pfenninger dice:

    Queridos amigos, adoro el Japón!!, y sería demasiado prolijo contarles en este espacio el por qué, pero resumiendo diría, con independencia del buen recuerdo que guardo de Takako Nonaka que fué novia de mi hermano mayor y la mujer más elegante que he conocido jamás, la belleza de las islas, su cultura, la educación personal y con el prójimo rayando la exquisitez en las formas, las estética de su arte, el espeto, o mejor, la veneración a sus ancianos, el sushi (estoy de enhorabuena ya que acaban de abrir un restaurante japonés aquí, en Valladolid, justo al lado de la Catedral) y sobre todo, Mishima, Yukio Misima!!

    Cualquiera de sus obras!. "Métanse" en ellas!! no se arrepentirán.

    Aprovecho para trasladarles en estas fechas, mis mejores deseos para ustedes y los suyos y que tengan un próspero año.

    Un abrazo fuerte,

    Antonio.

  4. Queen dice:

    Amigos, no creo que haya sido el sushi, pero también llevo unos días de "gripe con tos". Estimado "pevalqui" cuídese, que esos golpes de tos acabado de levantarse no pueden ser buenos…
    Un fuerte abrazo para todos.

  5. Juan C. Bartolomé dice:

    Estimados camaradas, ahora que es un hecho que el fin del mundo no se ha producido el 21 de diciembre, me dispongo a escribirles.

    Estaba recordando en estos días, con el tema de la cocina y las modas, un restaurante que ya no se oye tanto, quizás porque ahora está más en boga la cocina de vanguardia. Casa Lucio, en Madrid. Especialidad: huevos estrellados. Para poder comer tenías que hacer una reserva con meses de antelación. Una vez tuve curiosidad por el tema y pregunté porque no sabía bien de que iba el tema. -¿Qué son huevos estrellados? -Pues unos huevos que tiran y rompen contra la plancha. -¿Y por eso reservan con tanta antelación? -Pues sí, incluso ha ido a comer el Rey y más famosos. Y también te ponen papas fritas, que es diferente a los papas fritas que van. – Ah, pues vale. –El mismo asombro que me causaba a mí, seguro que le causa a algunos de ustedes el tema del sushi. Eso no quita que unos buenos huevos fritos, o estrellados, o como sea que los abran, con un buen cardumen de papas fritas, sea algo realmente delicioso. Los franceses, por ejemplo, cuando descubrieron las papas fritas hace varios siglos, lo consideraban todo un manjar.

    Lo que más siento es que el sushi no es la comida predilecta de Camarada Pevalqui e Insigne Pedro Luis (permítame que le llame así). Pero me queda el consuelo de que por esta humilde cocina, que no cocina nada pero si aprovecha lo bueno de las demás, han desfilado otros platos que si han sido de su agrado. Deliciosos tacos mexicanos, elotes a la brasa, hamburguesas diablas, sabrosas sopas, comidas canarias cuando han surgido en las conversaciones gastronómicas… Pedro Luis por lo menos probó el sushi. Pevalqui no pudo hacerlo. Aunque lo comprendo. Hay comidas que no gustan y ya está (yo también tengo algunas). Por suerte tienen la cocina del Maestro Pedro Abreu al lado, que siempre está abierta, que es generosa, y que es de calidad suprema. Sé que cuando aquí no les gusta lo que hay, acuden a su mesa por la trastienda. Es lógico, es cocina de autor. La mía a veces ni se sabe lo que es. Me recuerda a un niño cuya abuela vivía en el piso de debajo de su hogar, y que cuando no le convencía la comida de su casa, bajaba a ver que había preparado dicha abuela, para llegado el caso, comer con ella. Me recuerda tanto a ese niño, que creo que se está quemando los dedos al apretar las teclas que escriben estas líneas, como alguna vez se ha quemado por apurado y no esperar a que se enfríe un poco la comida.

    Estimado Antonio, estoy de acuerdo con lo que dices. Hablo de memoria, pero creo que Japón tiene un índice de robos bajísimo, casi no existe. Suena imposible pero así es. Es una cultura muy respetuosa, algunos la consideran excesiva, pero no creo que el respeto sea nunca excesivo. Si tuviste la suerte de admirar la belleza y la elegancia de una japonesa, pues te puedo comprender más. Yo no he tenido esa suerte. Bueno, una vez sí, pequeña vez pero sí. Estaba en Madrid, de fiesta, con unos amigos palmeros, en un garito multirracial (Pub La Comedia, zona Sol), buena música y buen rollo. De pronto llega una joven mujer oriental, guapísima y con una clase descomunal, rodeada de dos gorilas -a saber a qué extracto social pertenecía- y se puso a bailar en medio de la pista. Nadie se le acercaba, básicamente por la presencia intimidante de los dos gorilas, pero que clase en su vestimenta, en sus bailes y en su actitud. Un sueño inalcanzable. Después de un rato se marchó. Como una especie de ciclón oriental que cuando se va deja todo alterado.

    Espero que disfrutes ese nuevo restaurante japonés en Valladolid (antigua capital del reino). Si te parece, cuando lo hagas, puedes meter una cuña por aquí y nos cuentas que tal. Puedes aprovechar cualquier momento gastronómico, o como quien no quiere la cosa, buscas un pretexto y ya. Estás en tu casa. Y ya sabes que somos de buena boca.

    Estamos a escasas horas de una cena donde las familias engalanan la mesa más que nunca y preparan los mejores alimentos: la cena de nochebuena. Seguro que ahora mismo hay una actividad frenética e ilusionante para ofrecer lo que humildemente se pueda a pesar de la situación. Les deseo a todos una feliz navidad y un próspero año nuevo, a los aquí presentes ya saludados, a los que otras veces se han asomado a esta ventana, y a los que simplemente nos leen (tengo que decirlo así porque aquí hay colaboraciones muy jugosas), en definitiva, a todos los lectores de El Apurón en general. Quiero hacer un recordatorio especial a Mary Nieves, que hace tiempo que no la veo. Le deseo lo mejor. Recuerdo el episodio de las mariposas como una de los momentos cumbres de esta ventana bloguera. También un recordatorio para Atila, que lo vemos más a menudo.

    Un brindis con música salsera de fondo. Porque después de la cena, viene la fiesta, el baile, y las chicas con los zapatos de tacón en la mano ya de día. Ah no, eso es en fin de año. ¿O también en navidad?

  6. Queen dice:

    Estimado Miguel, con que fina elegancia nos "estrallas" los huevos en la cara:

    "Insigne" del latín "insignis-ne" = insignificante, que quiere o pone empeño, pero no sabe.

    Insignes son los recuerdos para "la abuela del piso de abajo"… Eso sí, y no los "montaditos sobajados" de 300 euros por barba…, que también, si nos invitan con tu habitual generosidad.

    Nos colgamos de tus deseos: A los presentes y a los/las ausentes un fuerte abrazo. Es Navidad.

  7. Luis Rollán dice:

    Mi rechazo por el pescado, querido Miguel, se remonta al tiempo en que mi dentadura aún "de leche", comenzaba a acostumbrarse al bizcocho. Eran tiempos en los que en las relaciones filio-parentales no exitían "los por qués". De modo que teníamos que aceptar lo impuesto sin más. y ¡Créeme! que todavía mantengo en la retina el suplicio que me costó, por otra parte de por vida, tragarme aquel caldo de pescado que con tanto cariño y esmero mi madre me puso en la mesa. Poco después, aquella intolerancia se tornaría en indulgencia, concendiéndome el traslado voluntario a casa de mi abuelo, cada vez que en casa tocaba sancocho, cuyo olor (hedor en mi diccionario), traspasaba el umbral de la cocina hasta llegar al patio de la entrada.

    Eso si, al llegar a casa de mi abuelo, debía llevarme mi "Baya Baya", refresco por antonomasia de los años 60 en Las Palmas. Al Baya Baya, le continuó el "Orange Crush" y posteriormente el "Clipper", que ya era la repera. Tenía el Baya Baya, un sabor parecido a un vaso de "Mirinda", pero mezclado con un sobre de Redoxón de naranja. ¡Cómo sabía!. Nada ver que con la "Milagrosa" que te vendían por aquella época en la terracita del casino del Los Llanos, con reminiscencias al refresco portugués, "Maracuyá".

    Ciertamente, para comer en Lucio, había que reservarlo con meses de antelación. Decían quienes lo frecuentaban, que aparte de ser un buen lugar para todo buen gourmet que se preciase, huevos estrellados incluidos, tenía Lucio la sana costumbre de cuidar extremadamente de su clientela, obsequiándote en los postres, con la mejor de sus sonrisas, algo que muchas veces iba en consonancia con la generosidad de las propinas que le acompañaban.

    En mi caso particular tuve a bien conformarme con el bodegón de Cándido, en Segovia, donte te servían la famosa tarrina de barro con sopita de ajos o cebollas y el pan mojadito en el caldo. De segundo, el inconfundible cochinillo o el lechazo. ¡Qué no fue poco!, dado que venía incluido en el precio de la excursión.

    Y un saludo igualmente a d. Antonio que tanto nos ilustra igualmente con sus comentarios.

    Lamentablemente, y aunque las mujeres me comenzaron a querer bien pronto, nunca tuve una japonesita a quien darle mi mano.

    Tan sólo recuerdo a un chaval convecino de habitación en una casa familiar de las afueras de Dublín. Ejercía de japonés: educado hasta cualquier extremo. Hacía de su habitación un bunker, y de su bunker su habitación. Tan solo le llegué a entender que su padre estaba por visitarle, que vivía en Tokio en apenas 30 metros cuadrados, y que a pesar de su esforzada voluntad nipona, llevaba tres meses estudiando en la UCD de Dublín, sin que apenas le diera para hacerse entender.

    Hasta luego. Feliz Navidad.

  8. Peter Pfenninger dice:

    Queridos amigos; agradezco su mención en los comentarios, pero (conviene volver a aclararlo) la japonesa de la que hablo era la novia de mi hermano mayor y claro, yo solo me quedé en la contemplación de su rostro y sus exquisitos modales…

    Respecto al restaurante, he de decirte Miguel, que aprovecharé alguno de "tus espacios" y les contaré. Precisamente hace un par de semanas venía una crítica el un suplemento gastronómico dominical (La Posada) y lo ponían francamente bien. Veremos.

    Insisto en lo de Mishima, no lo olviden…….!

    Saludos afectuosos,

    Antonio.

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