Los Sonidos de Nuestras Vidas: pongamos que hablo de 5 canciones especiales (II)

Regresamos con la segunda tanda de canciones especiales. Amenazamos con volver y aquí estamos de nuevo para dejarnos llevar otro rato más con los emocionantes efluvios de la  música. Para  los que no conocieron la primera sesión, les pongo en situación. Considero canción especial esa que nos provoca un sentimiento íntimo y especial, y que con el tiempo, cada vez que la volvemos a escuchar, continua agradándonos; canciones con un poder de adicción más grande del normal.

Concretamente lo definí así: "canciones con significación importante en nuestras vidas, de la cuales nunca nos cansaremos, porque nos gustaron  tanto que, siempre nos gustarán".

Eso fue en noviembre del año pasado, tiempo suficiente para volver a rascarme los bolsillos hasta encontrar 5 monedas resplandecientes. Menos mal que las monedas de las que hablo no tienen valor físico, sino inmaterial, porque  las pecuniarias cada vez son más difíciles de localizar, por mucho que rasques. Pero estas monedas nunca nos las podrán quitar, viajan en nuestro equipaje interno y pesan lo mismo que el aire. Y bien,  un año es  tiempo prudencial para reflexionar, buscar y localizar 5 monedas musicales de una sola cara.  

Sin más dilación, las cinco canciones especiales de la segunda tanda. Aquí Miguel Galván en el sonido de nuestras vidas.

 

I – Whit Or Whithout YouU2

U2 fue mi primera gran banda. Ocurrió en mi época de mozalbete. A un amigo vecino mayor que yo, Vicente, del cual  sabía que tenía conocimientos musicales, le pregunté por tal banda llamada U2. Le dije que si eran tan buenos como decía la gente: Vicente, dice la gente… (por aquella época comenzaron a triunfar descaradamente y su poder de atracción era cuasi mesiánico). Me confirmó que eran muy buenos, es más, me dijo que él era fan (que suerte, pensé). Me grabó una cinta del último disco que habían publicado, el más reciente: Rattle and Hum. Lo escuche y fue un impacto brutal, rápidamente me hice seguidor de U2. Caí rendido al poder irresistible de su música y su mensaje. Los You Too Man (and Woman) comenzábamos a ser legión – religión. En otra de las típicas charlas en la plaza del pueblo,  me contó que el disco era un directo editado tras la gira The Joshua Tree (el disco previo, el que los catapultó definitivamente), del cual tomaron canciones más otras nuevas compuestas en la gira. Le comenté que quería más, necesitaba sobredosis a mansalva de U2 y ese disco llamado El Árbol de Joshua, el cual, por supuesto,  también me grabó. Fue otro impacto en toda regla. ¡Que pedazo de disco! U2 eran, por derecho propio, la banda con la que crecería. A ellos me entregaría en cuerpo y alma. Bono era mi nuevo mesías.

Y allí estaba, en la cara A, la tercera canción: Whit Or Whithout You. Una preciosa e íntima balada que no podía parar de escuchar. La ponía en mi habitación, por la noche, con el volumen bajo para que no supieran que estaba despierto a horas tardías, en un casete destartalado de la infancia, con algunas de sus típicas características, a saber: sin tapa para cerrar la cinta; para mantener el play pulsado tenía que insertarle un tenedor entre los botones; ese mismo tenedor hacía funciones de antena para la radio porque esta estaba partida… En aquella época el radiocasete iba a todos lados con nosotros como un fiel amigo, lo utilizábamos para ducharnos, para estudiar, para merendar… Hoy en día quedan pocas personas que recurran a él, pero por suerte todavía quedan algunos clásicos, como el caso de Capote, que  pasea inseparable por Santa Cruz de La Palma con su casete a cuestas, donde normalmente suena música reggae. Para los que no lo conozcan les diré que Capote es tan clásico como el radiocasete. También les diré que es una de esas personas que tienen la virtud de recordarnos que para ser felices no hace falta tantas posesiones materiales. Con un simple casete de toda la vida más algunos alicientes se puede serlo. Al mismo tiempo nos recuerda esos maravillosos años ochenteros cuyo ambiente y estética ya comienza a salir caracterizado en algunas películas.   

Volviendo a la canción, no me gusta ser categórico, por eso no diré la mejor (aunque ganas no me faltan), pero si que Whit Or Whithout You es una de las mejores baladas de los 80.  Su título y traducción es muy significativo: con o sin ti. Se dice, aunque no está claro del todo porque  Bono siempre ha sido  ambiguo al respecto, que trata sobre la relación de Bono y su mujer, y que la compuso en el doloroso proceso de separación. Como un necesario bálsamo amoroso de resignación, triste (nadie dijo que las despedidas fueran fáciles) pero inevitable: con o sin ti… la vida sigue, tanto para el uno como para el otro.

El videoclip oficial de Whit Or Whithout You:

http://www.youtube.com/watch?v=XmSdTa9kaiQ

Para el directo voy a elegir uno que me gusta especialmente porque lo viví en su momento por la televisión. El directo de Sidney, Australia, en lo que fue su descomunal y mítica gira Zoo TV. El orden de la canción del set list fue la número 20, en la parte final del concierto, cuando solo quedaban dos canciones más. En ese momento Bono se caracterizaba de su álter ego, MacPhisto, una personalidad teatral que encarnaba al diablo. U2 en la cúspide de su carrera.

http://www.youtube.com/watch?v=-ZD6y2jwgrY&feature=related

* Recordar a los lectores que en este mismo Caleidoscopio, concretamente en el mes de diciembre de 2011, hay un concierto íntegro de U2, perteneciente a este último que acabamos de poner, Sidney 1993, diseccionado y comentado canción a canción.

 

II – La Galana y el MarMor Karbasi

Mi primera visita a la bella ciudad de Cáceres. Aproveché para conocerla entre los acordes musicales que aporta el festival internacional del Womad. Era la excusa perfecta, lo uno iba con lo otro: historia, estética, aventura y músicas del mundo. Me estaba agradando mucho, Cáceres es una de las ciudades más antiguas y de las mejores conservadas de España, su casco histórico está impoluto y ni el tráfico llega, pareciera que al pasear por sus calles retrocedes a otra época. Y la música justo en medio, como el eco de campanas de un antiguo crisol de culturas que a todos convoca. Tres escenarios montados, el principal en la Plaza Mayor, justo la antesala del casco antiguo, donde subiendo te encuentras los otros dos, uno en la Plaza de San Jorge, y el último en lo más alto de todo, en la Plaza de las Veletas.

Una tarde me encontraba en la Plaza de Las Veletas, gozando un concierto de Mor Karbasi, que es una artista israelí de origen judío; su música es tradicional y le incorpora su propia personalidad. La tarde era suave y cálida, discurría el florido mes de mayo. Así que no podía ser más ideal el entorno, resaltado por la belleza natural de Mor, que salió al escenario con un largo traje blanco y con su espectacular y negra melena suelta al viento. Por si fuera poco, las cigüeñas sobrevolaban los contornos del aire. Para un canario como yo, que nunca las había visto tan de cerca, era realmente sorprendente: las cigüeñas son enormes e impresiona verlas moverse por las alturas. El sol declinaba ofreciendo una estampa refulgente entre muros y almenas, entre cantos y melodías antiguas, entre cigüeñas y nidos, con ojos y orejas ávidos de curiosidad.

Era un momento de suma belleza, pero cuando pensaba que ya nada podía superarlo, sonaron unos acordes conocidos por mí. Mor comenzó a cantar La Galana y el Mar, una canción antigua de origen judío sefardí. ¡No me lo podía creer! Es una canción muy bonita, que me gusta mucho, y que conocía por medio de otra artista. A los que nos gustan los festivales sabemos que es gratificante descubrir grupos pero también que una canción conocida te provee de un dulzor y emoción especial. Mor la cantó con mucho sentimiento y entrega. Me dejé llevar por el momento, sin pensar, solamente sintiendo la belleza que en aquel momento se me manifestaba por medio de tantos sentidos y que por todos lados resaltaba. Mor nos hechizaba con su halo de magia. Cáceres hacía el resto. A unos amigos extremeños que estaban cerca les comenté que creía padecer un episodio del Síndrome de Stendhal. No me entendieron bien, aunque algo comprendieron. Esa experiencia la inmortalicé en mi código interno. Para regresar no hay mejor recuerdo que la propia canción, capaz de hacerte viajar hasta coincidir en espacio y tiempo.  

La Galana y el Mar versión Mor Karbasi.

http://www.youtube.com/watch?v=s-5yC_XbHV8

Este capítulo no sería completo si no citase a la artista por la cual conocía la canción. Porque ella también es culpable del inolvidable momento que viví en Cáceres. Se llama Ana Alcaide y es una madrileña residente en Toledo. Su relación con la música es como una preciosa historia de amor, solo que en vez de ser por una persona, lo es por un instrumento. Ana estudió biología y se especializó en botánica. Desde pequeña había estudiado violín en el conservatorio. Después de licenciarse viajó a diferentes zonas del mundo para ampliar conocimientos de biología, como Baja California o Escandinavia. En un viaje a Suecia conoció un instrumento de origen medieval y sueco muy minoritario hoy en día: la viola de teclas. Rápidamente se prendó y comenzó a tocarlo de forma autodidacta en las calles de la ciudad de Toledo. Los que han tenido la suerte de presenciarla dicen que es un momento único. Caminar por una calle angosta entre gentes  y escaparates, escuchar unos acordes tan antiguos como la calle, salir a una más amplia y verla con un vestido blanco y con su curioso instrumento, ante el silencio y la admiración de otros paseantes que poco a poco a su vera se arremolinan emocionados.

Finalmente dejó la biología y se dedicó por completo a la música: a la viola de teclas, también comenzó a cantar. Se afincó en Toledo porque aparte de encontrar una inspiración especial bajo su cobijo,  tiene mejores medios y fuentes de documentación para poder estudiar  música antigua, con la cual experimenta, incorporándole nuevos sonidos y fórmulas. Como os podéis imaginar, en Suecia la adoran por tanta dedicación y por el vuelo que le ha dado a la viola de teclas. Y en Toledo claro está. Ha lanzado tres discos, el último es reciente, de este año 2012, se llama La Cantiga del Fuego. Los otros dos son: Viola de Teclas (2006) y Como la Luna y el Sol (2008), al cual pertenece La Galana y el Mar.

La Galana y el Mar versión Ana Alcaide.

http://www.youtube.com/watch?v=XMwH9KBJIWM&NR=1&feature=endscreen

 

III – Que puedo hacerLos Planetas

Cuando no tienes ni 20 años algunas bandas se convierten en amigos inseparables que te acompañan en el día a día y algunas canciones en auténticos himnos para corear por los pasillos de tu casa. Ocurre cuando solo piensas en chicas, en fiestas y en como matar las resacas.

Una de esas canciones es Que puedo hacer, de Los Planetas. Salió en su primer disco, Súper 8. Fui en guagua a Los Llanos de Aridane solamente para comprarlo. En el ambiente independiente se comenzaba a hablar de ellos. Una banda granadina que prometía. Una de esas bandas que tienes ganas de abrazar antes de conocerla, por necesidad, un amor platónico en toda regla. En el camino de vuelta miraba entusiasmado su portada, un llamativo fondo amarillo con sus cuatro componentes e instrumentos  dibujados en plan muñecos, todo llevado a la mínima expresión, panfleto interior incluido. Le quité el plástico protector, saqué el compacto, olía las hojas, lo palpaba en resumidas cuentas,  ansiaba llegar a casa y escucharlo… cuando lo hice lo puse en el equipo de música a toda potencia. Desde ahí supe que se convertiría en una de mis bandas adoradas. Una de esas bandas con las que creces paralelamente. Los Planetas es el único grupo del cual  he comprado todos los discos según los han ido publicando, hasta la fecha.  

Allí estaba, el segundo corte, Que puedo hacer, que era la canción que conocía y funcionó de reclamo (aparte de los comentarios suburbanos). La escuchaba una y otra vez, sin dejar de escuchar el resto del disco. La cantaba a pleno pulmón, identificándome con la letra, esa historia de desamor en la cual buscabas sentir la proximidad de tu propia historia, retocando las conexiones. Funcionaba como un bálsamo para curar heridas, para sentirte vivo y gritar tu libertad a los cuatro vientos. La vida era agridulce, la tristeza de los amores perdidos, pero la alegría de saber que la vida continuaba y te depararía maravillosas experiencias aún desconocidas.

Era una etapa en que Los Planetas eran odiados o amados, no había término medio; seguramente ocurre igual hoy en día, pero aquello era el comienzo, se estaban sentando las bases. Quienes los amábamos éramos como una secta. Una noche me encontré con una chica que llevaba una camiseta de Los Planetas y me levanté a su paso y le dije: "¡Hey, yo también soy planetario!". Nos miramos sonrientes. Así éramos en aquella época, nos sentíamos diferentes y felices de compartir algo más que un grupo musical, nos sentíamos orgullosos  de compartir una experiencia. Que puedo hacer fue la canción que se convirtió en nuestro escudo. El Emblema del nacimiento de los planetarios tiene hora y fecha.

http://www.youtube.com/watch?v=2yJj-FAEx88

 

IV – DivenireLudovico Einaudi

Tres y pico de la tarde, bajo la Cumbre en mi coche escuchando la radio, el programa es Diálogos 3 de Ramón Trecet, y unos suaves y cálidos violines, más un elegante piano,  flotan en el interior de mi carro,  dibujando esquemas mentales in crescendo que diría un italiano. El aire de mis pulmones  se oprime, acorde al ritmo de los acordes que condensan el aire interior del habitáculo. Vuelve a bajar el ritmo y también mis pulsaciones, me relajo… ¡Pero el in crescendo vuelve a la carga! Me exalto. Ya no me puedo concentrar en la conducción, así que paro el coche en un cómodo lugar y, mientras disfruto  la música, tomo lápiz y papel dispuesto a apuntar el nombre del autor. Por suerte Ramón es detallista y los  suele citar a posteriori. El artista es un italiano llamado Ludovico Einaudi, un pianista clásico y compositor contemporáneo, y la canción se titula Divenire. Lo apunté como buenamente pude, ya luego San Youtube se encargaría por aproximación de mostrármelo.

Aprovecho para romper una lanza a favor de los trabajadores mayores. Me explico. Ramón Trecet era uno de los locutores más experimentados de Radio 3, y su programa, Diálogos 3, llevaba mucho recorrido. Se emitía de 14 a 15 horas (horario canario) y estaba dedicado a la música étnica y de nueva era. En Radio 3 se produjo un cambio de política y se comenzó a despedir a los periodistas más veteranos. Uno de los primeros en caer fue Ramón Trecet. Me mantuve a la expectativa pero con el paso del tiempo, y con tristeza, comprobé que no se esperaba nada parecido en la parrilla radiofónica. Inocentemente pensé que habría relevo. Descubrí que  son programas de autor y sus vacíos son imposibles de llenar. Ramón Trecet está sano y de hecho ha tenido una reciente aparición televisiva al formar parte del equipo que retransmitió el último europeo de baloncesto en la Sexta. El caso es que todavía muchos añoramos un programa como Diálogos 3. Tanto su música como la forma de conducirlo.  Resumiendo, estoy en contra de esta nueva moda que aparta a los mayores de la escena sin atender a su rendimiento ni a las necesidades de la sociedad. Hay mayores que quieren y pueden trabajar, y tienen muchos conocimientos que aportar todavía.

El enlace de Divenire de Ludovico Eunaidi. Además, esta versión de un usuario de YouTube aporta una sesión fotográfica de la naturaleza que bien vale la pena. Parece muy moderno, pero en el fondo es como las antiguas sesiones de diapositivas, cuando le incorporabas de fondo y  ambiente tu música favorita. ¿Lo recuerdan?

http://www.youtube.com/watch?v=9qvglWAHDak

 

V – Midnight CityM83

Esta última canción es la de más rabiosa actualidad. El momento musical sucedió este último verano. Me encontraba en una fiesta, en medio de un césped donde un disc jockey pinchaba buena música mientras unos pocos cientos de personas nos dejábamos llevar animadamente. La música era variada, pop, rock, tanto actual como del pasado. Transcurrían altas horas de la madrugada y en el momento álgido escuché unos sonidos electrónicos. La canción la conocía, estaba pegando en los círculos modernos. Había leído que es una canción futurista, que evoca una mega ciudad de luces de neón, donde la música son estados emocionales.  Tal cual llegó me envolvió en su aura electromagnética.

Durante un rato sentí que viajaba al futuro, comprendí que lo que ahora nos parece tan actual y contemporáneo dentro de muchos años será un breve registro en los libros de historia, algo totalmente anticuado y desfasado. Sentía que estaba allí y que no estaba. Era una sensación extraña y eufórica. Me tele transporté a un futuro lejano, un mundo que ni siquiera alcanzo a imaginar, del que solo puedo atisbar que estará poblado de humanos que tendrán las mismas carencias y necesidades que nosotros, y cuya música será muy diferente a la que conocemos.  Ante todo fue un estado emocional, una ilusión, un sueño, pero por unos breves instantes pude sentir la quimérica experiencia de la inmortalidad. Somos hijos de nuestro tiempo. Quizás uno de los mayores dones y privilegios de la inmortalidad fuese esa, trascender nuestra época y vislumbrar el futuro que se nos escapa por naturaleza.

Cuando terminó, el disc jockey pinchó una canción de rock clásico, y comprendí que mi viaje al futuro había terminado. Era una buena canción, pero no pude evitar cierta tristeza al comprobar que había regresado el presente.

M83 es un grupo de electrónica francés, un dúo fundado en 2001. En 2004 se incorporó un nuevo integrante pasando a ser un trío. Su canción Midnight City ha sido de las más exitosas del pasado año 2011.

El videoclip oficial de Midnigth City de M83

http://www.youtube.com/watch?v=dX3k_QDnzHE

 

Hasta aquí  la segunda lista de canciones especiales en el sonido de nuestras vidas. Después de un año ¿eres capaz de rascarte los bolsillos a ver si aparecen algunas monedas musicales del recuerdo? En mi caso han aparecido algunas antiguas que ya estaban ahí, incorporando otras más recientes.

Quizás dentro de un año juntemos las suficientes para hacer la tercera lista. Buscaremos en el baúl de los recuerdos, ¡también aparecerán buenas nuevas!

Aquí Miguel Galván en el sonido de nuestras vidas.  

 

COMENTARIOS (6)

  1. Luis Rollán dice:

    Excelente trabajo, Miguel. Tan diferente en los protagonistas como en las modalidades de canciones que nos has regalado.

    Si la chica sefardí canta como los ángeles, tu amiga tampoco le desmerece. La canción ya la he oído cinco veces.

    La descripción de Cáceres y los prolegómenos que ambientaban el festival, magnífica. Me trasladaste allí.

    ¿ Y cómo olvidarnos del Achtung baby? de U2 y del concierto que nos desgranaste pieza a pieza desde Australia. Probablemente tu mejor post, sin desmerecer los demás.

    Las canciones, como las películas, suelen estar relacionadas con momentos, sentimientos, historias puntuales, que al oirlas nuevamente, nos devuelven a nuestra mente y hasta nuestro corazón, aquellas sensaciones, aquel olor, aquellas vivencias, aquellos lugares… De ahí la forma tan particular y personal de gustarnos, de llegarnos.

    Cuando pienso en baladas, me traslado inconscientemente hasta Irlanda, país que he tenido la suerte de visitar en varias ocasiones, y de recorrer de Norte a Sur, de Este a Oeste. Precioso, con una gente igualmente maravillosa.

    Así pues, citaría varias baladas, sin determinarme en exclusiva por ninguna.

    Aludiendo a lo antedicho me quedaría muy especialmente con "The dimming of the day" (El ocaso del día). Creo haberla citado en alguna ocasión anterior. Recuerdo haberla oído por vez primera, durante una clase práctica en la UCD de Dublín, con apoyo videográfico incluido. A través de los ventanales de la pequeña clase, cielo gris y drizzle (llovizna), tenaz que caía sobre el Campus de la Universidad Católica de Dublín; Mary Slaughtery, nuestra teacher, levitaba, al tiempo que las diapositivas se sucedían en la pantalla, mientras escuchábamos la canción. El balandro se alejaba y los reflejos del Sol se desvanecían cuando la cálida y hermosísima voz de Mary Black versionaba su "Dimming of the day". Éramos unas diez personas en la clase y puedo testificar que al término de la canción, parecía que habíamos salido de una sesión de masaje con aromaterapia incluida.

    Sally Olfield es otra exponente irlandesa de la canción. Su "Mirrors", es para mi una canción preciosa, llena de dulzura como ella misma, y una inagotable energía positiva. Su hermano menor Mike, ya me había "vuelto loco", con su "Tubular bells", que musicó la película que tanto éxito tuvo a mediados de los 70, "el Exorcista", película que además, también me trae muy buenos recuerdos.

    Finalmente, y para estar en consonancia con el espíritu del blog y su autor, vamos a nominar también a "Angie", preciosa balada de los Rolling Stones.

    Buenas noches. Saludos cordiales.

  2. Juan Perez Gonzalez dice:

    Enhorabuena Miguel Galvan, todo lo que nos traes es siempre muy bueno. A mi me apetece recordar a alguien fallecido recientemente, aunque no es de mi epoca, pero cierto es que la buena musica no tiene edad. Andy Williams y The impossible dream (o la cancion de Don Quijote, como me gusta recordarla)

  3. Luis Rollán dice:

    Uy Celia, permítame que le diga que ha hecho usted una referencia de diamantes, con la mención hecha para Andy Williams. Su voz traspasaba el umbral de los corazones. Todo un referente baladista. Su "Love story", "Moon river", "Days of wine and roses", "The godfather" e incluso "Put your hands on my shoulders", ésta última inconfundible en la voz de Paul Anka, títulos de películas o canciones que dieron más lustre a esas peliculas como "Moon river", que hasta ¿cantada? por Audrey Hepburn ya era una maravilla.

    Buena parte de todas estas versiones, junto con "Charade", "Sabrina", "The pink panther", y algunas otras, las recopiló Henry Mancini y su orquesta en un LP que conservo como oro en blanco, superando en mi opinión, otras versiones como las de las de las orquestas de James Last y Paul Mauriat. No es menos cierto que algunas son autenticamente originales.

    Sirva como homenaje por su reciente fallecimiento.

    Enhorabuena doña Celia.

    Buenos días. Saludos cordiales.

  4. Juan Perez Gonzalez dice:

    Gracias Pevalqui, ud. siempre tan amable.

  5. Queen dice:

    Gracias Miguel por estimularnos a conocer, al menos a explorar, mundos que no conocemos y que por tanto no disfrutamos con la intensidad que se merecen y saben hacerlo quienes bien los conocen, y aquí lo acreditan con sus soberbios comentarios.

    Enhorabuena para todos, hasta ahora, Pevalqui y Celia: ¡Bien conocen cositas buenas, bandid@s!
    Creo haberlo escrito muchas veces: la cultura, como el saber, no ocupa lugar, pero sí exige mucho tiempo para cultivarla. La cultura es tan diversa como cada minuto de las veinticuatro horas del día. Horas, que duran lo mismo para todos, aunque leyéndoles y aprendiendo de ustedes, llego a la conclusión de que las mías son "más chiquitas"… No las horas, claro, sino las capacidades para rentabilizarlas.

    Un abrazo para todos.

    P.D.- Ya oí las dos primeras (U2 en laboratorio y en directo); luego me faltan tres, que escucharé después. Ahora tengo otra tarea: ¡qué lástima!

  6. Cruz dice:

    With Or Without You: Creo que se escribe así… ¡Gran tema!.

Los comentarios están cerrados.

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