Últimas Noticias del Sur.

La radio tiene mucho de magia, de hechizo, de maravilloso. Te hace compañía y no te plantea el menor esfuerzo. La tienes puesta mientras estás trabajando, o tumbado en la cama, o en el coche manejando.  Y la puedes escuchar más o menos concentrado, más o menos despistado.  Pero de pronto, surgen palabras que te golpean y te atrapan. Golpes dulces que te transportan a otros mundos.  Me sucedió anoche. Mientras cenaba y  escuchaba las ondas hertzianas, comenzó una entrevista sumamente interesante. Cada vez comía más pausado, sin apurar… saboreando la radio, la comida, ambos.  Cuando terminé de cenar no me podía levantar. Tuve que esperar hasta que acabara la entrevista. Fue como un postre inmaterial. Cuando terminó, las palabras todavía continuaban navegando dentro de mi cabeza. No me las podía quitar. Como esa tarta  que te deja un delicioso regusto. Como ese chocolate que te quita las ganas de cepillarte los dientes; al menos durante un rato. Gustosamente las dejé campando a sus anchas.

A menudo se dice que es más difícil escuchar que hablar; si eso fuera cierto: bendita radio (no te queda más remedio que escuchar). A menudo se dice que se aprende más escuchando que hablando; si eso fuera cierto: bendita radio (no te queda más remedio que aprender).

La entrevistadora fue la gran periodista Ángels Barceló, y sus entrevistados el escritor Luis Sepúlveda y el fotógrafo Daniel Mordzinski. Acaban de publicar un libro conjunto, se llama Ultimas Noticias del Sur. Un fascinante viaje a La Patagonia que realizaron juntos. El resultado es un libro de conocimiento, de aprendizaje, de anécdotas, de vivencias, de amistad,  de reencuentro con el pasado, con las personas, con la naturaleza…

 

ÚLTIMAS NOTICIAS DEL SUR.

Ángels Barceló: La crónica de un viaje, un viaje siempre hacia adelante, siempre hacia el sur. Una expedición planeada por dos amigos, desde Buenos Aires: escritor y chileno uno (Luis Sepúlveda), fotógrafo y argentino el otro (Daniel Mordzinski). Un proyecto de aventura que por su alma tan curiosa quedó reducido, porque todo lo que les surgía en el camino les iba atrapando. Más que un libro de viajes se ha convertido en el testimonio de un mundo que ya no existe: las últimas fotos y voces de un paraíso ya adulterado.

En 1996 comienza el proyecto, pero hasta 2012 no sabemos nada del libro ¿porqué?

Luis Sepúlveda: El libro tiene una historia bastante extraña, como suelen ser las historias de las cosas que ocurren en el sur. En 1996 decidimos unirnos, texto y fotografía, y hacer un viaje para ver si salía un libro. Nos decidimos por La Patagonia, y Daniel, como buen argentino, no la conocía (risas de Daniel). Yo la conocía muy bien. Decidimos lanzarnos con un plan que era el siguiente: todo el tiempo del mundo, sin pasaje de regreso, con una mirada ambiciosa de hacer miles de kilómetros. Pero la realidad nos redujo ese itinerario porque a medida que avanzábamos nos surgía gente que empezaba a contarnos la historia dramática de un sur que estaba cambiando violentamente.  Faltaba algo: era la tónica de como ser escrito. Entonces hicimos un segundo viaje y volvimos con más historias y material, y un tercero en 2001. Al regresar de ese viaje la propia historia me dijo: cuéntame de esta manera, no quiero que me cuentes como un libro de viajes, quiero que me cuentes exactamente como lo hace la gente del sur, que cuando un hombre llega a una pulpería y dice ¿puedo contar una historia?, le dicen, si, pero no la cuentes como un doctor, cuéntalo como un poeta.

A.B. Daniel, tu que no habías estado en La Patagonia, ¿Cómo es la gente del sur?

Daniel Mordzinski: No había estado porque es cierto que los porteños tenemos el síndrome ombliguista pero también llevamos en los genes esa terrible dictadura. Yo me fui muy jovencito de Argentina y solo pude regresar y conocer mi propio país después de haber vivido muchos años en Europa.

La gente del sur es como el territorio, es gente generosa, hospitalaria, tienen algo del cactus que pincha por fuera y es muy dulce por dentro. Es gente que sabe contar historias porque las ha vivido, pero sobre todo sabe escuchar. Una de las cosas más bonitas que nos han pasado es ser recibidos por una señora con una bellísima bienvenida, nos dijo: "los estaba esperando". Y la segunda pregunta fue: "¿tienen tiempo?".

A.B. ¿Es verdad esa sensación de que se vive como emparedado entre la tierra y el cielo en esa zona del planeta?

L.S.  Es absolutamente riguroso. Primero hay que decir que La Patagonia está dividida por un accidente geográfico que es la cordillera de  Los Andes, que es muy baja en esa región. Digamos que la parte del oeste, la parte chilena, son fiordos y bosques naturales y lagos y ríos y mar e islas; y la parte argentina es una gigantesca estepa. Y en la estepa el cielo siempre se ve tan bajo que tu tienes la sensación que puedes tocarlo con las manos. Pero no te oprime, por el contrario te da esa sensación de que estás en un confín, que hay un momento determinado en que el horizonte es el lugar donde el cielo y la tierra se encuentran. Pero no te da miedo, sino que te dan ganas de seguir avanzando.

A.B. ¿Te permite ver las cosas con mayor claridad?

L.S. Todo destaca con una nitidez mucho mayor. Justamente en la estepa solo hay un hierbajo de tal manera que cualquier cosa que exista destaca de una manera muy curiosa y te enseña todos sus matices. Por eso, y por algunas casualidades, llegamos un día a una casa que nos llamó la atención. Nos llamó la atenciòn porque en la estepa no crecen los árboles que dan frutos: un viento gélido y cruel, que viene del Polo Sur, lo impide. Pero esta casa estaba rodeada de manzanos que tenían manzanas, y perales que tenían peras, y había hortalizas y fresas a ras del suelo. Encontramos a una anciana,  llegamos justo el día que cumplía 96 años de edad. Vivía sola y nos dijo con total naturalidad: "hoy es mi cumpleaños, quédense". Y nos quedamos con ella a celebrarlo. Y mientras Daniel le tomaba unos fotos yo salí revisar aquella huerta y me di cuenta que quizás las rosas tenían los mismos colores que tienen las rosas en otros lugares, pero ahí destacaban de una forma muy singular: todo crecía de una manera  sufrida, se notaba que les había costado mucho, pero algo te indicaba que en nada de lo que había crecido había rencor, era la vida simplemente.

D.M. Quiero confesar que con Doña Delia no solo pasamos su cumpleaños sino que humildemente le hicimos un regalo porque nos contó que hacía 50 años que no iba a la ciudad donde nació, a Bariloche, y claro, teníamos un coche, y la llevamos. Ese fue nuestro regalo.  

A.B. Si no fuera por las fotografías yo pensaría que muchos personajes son inventados… Como la historia de Tano.

L.S. A Tano lo encontramos en la carretera. Íbamos por una pista de tierra de la estepa por la que vas lento si no quieres destrozar el coche. De pronto, destacando con esa maravillosa posibilidad que da la luz y la proximidad del cielo,  apareció un hombre caminando en la misma dirección. Lo saludamos. Y Daniel le preguntó si estaba buscando algo. Le contestó que estaba buscando un violín. Le dijimos que cuando lo perdió. Y nos contestó: "¿quien dijo que lo había perdido? dije que lo estaba buscando, no lo puedo perder si todavía no lo encuentro" (una lógica aplastante). Y lo acompañamos. Vimos que buscaba madera.  Encontramos un cúmulo de la misma y sacó un diminuto martillo de plata que nos desconcertó totalmente. Empezó a tocar la madera y se puso a saltar de alegría. Y dijo: "aquí está". Luego nos contó la historia de como se había construido el mítico Patagonia Express. Como había llegado madera de la China, de La India, desde otros lugares para las traviesas, y como una vez muerto el ferrocarril habían quedado simplemente amontonadas esas maderas en diferentes lugares. Madera finísima,  y como él decía: "apta para la música".

A.B. Tengo la sensación leyendo el libro que habéis escuchado mucho más de que habéis hablado ¿no?

L.S. Evidentemente, porque en el sur del mundo, en el mundo austral, como en otras regiones… yo he estado en los campamentos del Tindur, con los saharauis, que practican una oralidad maravillosa, y es casi similar a la que encuentras en el sur del mundo, donde la gente lo primero que te pregunta es si tienes tiempo, tiempo para hablar, porque quieren contarte cosas. Y es una oralidad que tiene un origen muy comprensible porque en esa región del mundo el castellano es una especie de  lengua franca que fue empezada a hablar a trompicones por los croatas, los serbios, los polacos, los judíos, los ucranianos, los galeses… todos los que llegaron a esa región del mundo tenían que entenderse de alguna manera, y eso les dio un hablar que es más lento, más ceremonioso, más pausado, en el cual no hay lugar a equívocos, con una enorme capacidad para ir desgranando sus historias de una manera muy peculiar para hacerlas comprensibles.

A.B. Evocan a Cortázar en el libro, como decía el, las historias están agazapadas, esperando para saltar.

L.S. Yo soy un convencido de ello, es un error romperse la cabeza buscando un tema,  los temas están ahí, están esperando al escritor, que puede ser este u otro, y van a decidir. Yo quiero que el o ella me cuente, y esa decisión es inapelable.

D.M. Quiero contar una historia sobre Julio Cortázar. Yo llegué muy jovencito a París, apenas había cumplido 19 años. A los pocos meses me proponen hacer una exposición fotográfica. Era imágenes muy inocentes, de contrastes fáciles. Pero el día antes de la inauguración me doy cuenta que me faltaba invitar a la persona que más había contado en el hecho de que yo me hubiese ido a París. Esa persona era Julio Cortázar. Y tal vez gracias a esa inocencia de la edad se me ocurrió hacer algo que hoy sería imposible:  busqué su número en la guía telefónica. Y este tipo era tan grande, tan generoso, que estaba. Entonces marqué y me atendió un contestador y me dio cosita y corté. Y bien corté pensé cuan solo estaba y que lejos estaba de mi gente y volví a marcar. Y le dejé grabado un mensaje que decía: Hola Julio, me llamo Daniel, no soy nadie, nunca hice nada, pero mañana inauguro la primera exposición de mi vida y sería el pibe más feliz del mundo si vinieras. Y Julio vino, y así nos hicimos amigos. Mira lo que era este tipo.

L.S. Julio Cortázar era enorme. Yo tuve la fortuna de conocerlo. Fuimos amigos hasta el 12 de febrero de 1984 que fue cuando se nos fue. En una ocasión estábamos en su casa de París tomando unos mates, y de pronto,  del edificio de enfrente, apareció una señora de casa sacudiendo un edredón. Julio me llamó y me dijo ¿estás mirando lo mismo que yo? Yo le dije que si. Él me dijo: ¿Qué ves? Una señora sacudiendo un edredón le contesté.  ¿Y que cae? Me preguntó. Yo le dije, bueno, pelos. Si, me dijo Julio, caen pelos, restos de piel, yo me he documentado y perdemos aproximadamente 30 gramos de piel a diario, pero, caen también trozos de sueño que si vos y yo bajamos y los juntamos lo podremos armar de nuevo. Esa era la forma de Julio de ver la vida.

A.B. El libro es un reflejo de las cosas que se están perdiendo en La Patagonia y lo podemos extender al mundo. Una de las cosa que vamos perdiendo no es el tiempo, porque el tiempo existe,  pero si es  la concepción del tiempo. Las prisas, como vivimos, es lo que nos impide reflejar lo que vosotros habéis reflejado en el libro. Y yo comprendo que es un lujo tener tiempo para que las historias agazapadas salten.

L.S. Supongo que si, que tienes razón y es un lujo.  Y parte ese lujo es que el libro tardó 10 años en escribirse. Es curioso, porque Daniel que es el fotógrafo y coautor, jamás insistió ni me hizo preguntas de como iba el libro.

D.M. Yo no me olvidaba, me moría por ver el libro. Pero siempre pensé que yo no soy ni su agente ni su editor, y si de algo sirve vender libros y recibir derechos de autor es para comprarte la libertad de publicar cuando sientes que el libro está listo. Pero en el fondo me moría de ganas de verlo porque me decía ¿cómo va a hacer mi pinche hermano para traducir todo aquello tan bonito que hemos vivido? Y cuantos más años pasaba ¡más me preocupaba de que se olvide!

L.S. No me olvidaba. Es que  la escritura del libro fue muy placentera. Lo escribía con mucho amor. Y solo avanzaba cuando me sentía muy bien. Uno suele tener refugios para cuando está mal. Este era mi refugio para cuando estaba bien. Cuando era intensamente feliz me iba a ganar unas páginas más. Y así fue avanzando.

A.B. ¿Ha cambiado mucho La Patagonia? ¿Ha cambiado mucho el sur?

L.S. Ha cambiado mucho el sur a partir de que cambia el mundo y se nos intenta  hacer entender que  hay un solo modelo posible de sociedad y de economía y de relaciones entre los seres humanos. Nosotros fuimos testigos de lo que fue la privatización de los ferrocarriles argentinos. La muerte, por ejemplo, de ese mítico tren: El Patagonia Express. Simplemente una región del tamaño de la Península Ibérica se quedó sin el único medio de transporte público que tenían. Es decir, el viejo trencito que avanzaba a 35 km/h. pero llevaba a la gente al médico, a los agricultores a comprar vacunas para los animales, a los estudiantes al internado, etc… era lo que articulaba una región y de pronto lo privatizan y lo convierten en un objeto de atracción turística: para turistas que lo pueden alquilar. Incluso inventaron un verbo siniestro: chartear, para ese ferrocarril.

Luego el cambio terrible que significó cuando aparece el concepto más grotesco de lo que es la propiedad privada. Que es cuando Ted Turner, o Los Benetton, compran millones de hectáreas en La Patagonia y llevan algo que era desconocido: el alambre espinado; que interrumpe la trashumancia, el movimiento. Antes de eso un habitante patagón, que vive en la isla de Chiloé, en el Pacífico, sabía que tenía que ir en el mes de agosto a la esquila (trasquilado para aprovecharla lana de los animales), a la costa Atlántica, y hacía esos 1.500 Km. en línea recta sin tener ningún problema. Aparece el alambre espinado y descubre que tiene que hacer un rodeo de 3.000 Km. para poder llegar. Se interrumpe un trabajo, una cultura, una relación cultural. El mundo empieza a cambiar violentamente.

Incluso hubo un proyecto que gracias a una denuncia que hizo el periódico francés Le Monde no llegó a practicarse. Que era entregar La Patagonia argentina como pago de su deuda a EEUU. Iba a se la estrellita 52 de la bandera. Había muchos planes para hacer parques temáticos allí. Sylvester Stallone es propietario de medio millón de hectáreas y tenía pensado hacer un Far West, una especie de Terra Mítica en La Patagonia.

A.B. Daniel, las fotografías son en blanco y negro pero ¿de qué color es La Patagonia?

D.M. Tal vez porque el negro es la ausencia de todos los colores.  Hablamos mucho sobre como soñábamos la forma final de este libro. Y llegamos a la conclusión de que para esa Patagonia que vivimos en plena transformación, para esos cambios de los que éramos testigos, lo mejor era retratarlo en blanco y negro. Porque el color tenía la trampa de caer en la carta postal, en el lugar común. Por cierto, en eso tan bello de esos territorios. No hay nada más fotogénico que lo bonito. Y esa era la trampa. Y como a nosotros nos interesaba contar historias de mujeres  y hombres de esas tierras, nos pareció que el blanco y negro se prestaba más.

A.B. Yo me estoy leyendo el libro y les recomiendo una cosa (a nosotros), que cuando lo lean lo hagan con el tiempo que ellos han necesitado para hacerlo, con el tiempo que les pedían los personajes que se iban encontrando para contar sus historias.  Porque es un libro para disfrutarlo, con el tiempo, sin prisa.

Últimas Noticias del Sur ha sido publicado por la Editorial Espasa el 12 de enero de 2012.

 

COMENTARIOS (10)

  1. Luis Rollán dice:

    Caramba no será por pura casualidad que a mi me sucedió exactamente los mismo, Miguel . En mi caso venía en el coche de regreso a casa. Quedé tan gratamente confortado, lleno de lo que había escuchado que aún reduciendo considerablemente la marcha (la conversación duraría unos 20 minutos, hasta las 9 de la noche), cuando llegué a mi domicilio, detuve el coche permaneciendo dentro como quince minutos pensando en la nada, o quizá en la autocomplecencia del relato tan hermoso que había oído del escritor chileno, con acento argentino y del fotógrafo argentino, que no tenía mucho acento criollo. Angels Barceló, sensacional como de costumbre.

    Gracias por recordarme los autores, los nombres , los apellidos si que los tenía claros.

    Toda una experiencia vital hermosa, tierna y llena de sabias experiencias.

    Lo de Doña Delia fue impresionante. La llevaron posteriomente a Variloche.

    Observo que lo grabaste

    Definitivamente Miguel, me voy pal Sur. Y como decían nuestros amigos, con tiempo…

    Saludos cordiales…

  2. José Amaro Carrillo Rodríguez dice:

    Gracias, Miguel. Por recordarnos que todavía existen historias que merecen ser contadas. Por recordarnos que aún quedan poetas dispuestos a escucharlas y a perpetuarlas en el tiempo. Por recordarnos que todavía se puede hacer periodismo de calidad y que hay gente dispuesta a ejercerlo, si les dejan. Y, sobre todo, por traernos dos anécdotas preciosas que no hacen sino engrandecer la sombra inmensa, enorme, de Julio Cortázar, que es como un árbol altísimo y frondoso, bajo el que uno puede buscar cobijo sin miedo a que lo parta un rayo.

  3. gregorio hernandez perez dice:

    Gracias, gracias, gracias por muchas cosas: en primer lugar por ser capaz de emocionarte y transmitir belleza y serenidad, y también por ser aficionado a la radio ya que es algo que comparto contigo.

  4. Queen dice:

    Pues sí, vaya que sí… Fantástico, don Miguel. Una batucada de buen gusto, de bien hacer y de bien recomendar. Tomamos nota. Gracias.
    Esto es un bálsamo para “turismo del alma”. Qué absurdo, otros perdemos el alma haciendo turismo en el “kiosco de la plaza” o en la “plaza del kiosco”. Porque cuando perdemos el alma, ya da lo mismo decir las cosas al derecho que al revés. Nos convertimos en “locos desalmados”.
    Di que sí:
    "Cuéntalo como un poeta"… y nos harás pasear bajo ese cielo raso y generoso que acariciamos con las manos.
    Lo hemos vallado todo con alambre de espino para ¿salvarlo?
    Hemos cerrado todas las ventanas, para impedir la polución de los sueños.
    Vamos al supermercado comprar peras y manzanas, para no disfrutar del doloroso placer de cultivarlas. Para no ver ni oler sus flores. Se nos ha olvidado cómo huelen, porque ya únicamente reconocemos el olor a moho de cuando están podridas o maceradas por las cámaras de frío.
    Porque no sabemos hacer violines, ni tocarlos, ni escucharlos, ni venderlos, ni comprarlos… Porque “no queremos tiempo” y el que no quiere, no tiene… y se muere.

  5. Luis Rollán dice:

    Anoche, pasadas las diez de la noche y haciendo zapping a modo de dormileno, tuve la fortuna-aún quedan pocos- pero si algunos, buenos programas en la TV. En la cuatro estaban dando "Callejeros Viajeros", en donde no sólo ves sino que con protagonistas, a pie de calle, te cuentan y añaden de lo que ves. Casualmente trataba de La Patagononia argentina. Previamente fue el paso por Iguazú, frontera entre Barasil y Paraguay. Bueno para no enrollarnos mucho: Puerto Valdez y las ballenas, Perito Moreno y sus glaciares, los paisajes tal y como nos lo narraba Luis Sepúlveda: impresionante.

    Por si lo repiten en estos días.

    Saludos cordiales…

  6. Queen dice:

    Gracias, estimado "Pevalqui". Esas tierras tienen magia. Probablemente, el duende de la soledad, de lo que está al alcance de pocos. El encanto de donde, si vas, te puedes perder. Quizás el mito del "finisterre" que todos llevamos dentro. Tal vez el sentimiento de presentir cerca el Cielo, que lo podemos acariciar en cada momento. O que un sitio tan frío, tranquilo y solitario no cabe el infierno…
    Bueno, bueno, bueno… No me está gustando nada tanta reflexión.

    Por cierto, admirado amigo, cambiando de tema: ¿En el Cielo se habla sólo el inglés?

    A ver si voy a tener que empezar a pensar en ir a otra parte que no sea la Patagonia.

    Un fuerte abrazo.

  7. Luis Rollán dice:

    Si si,categóricamente, estimado Pedro Luis; se habla sobre todo el Inglés, aunque San Pedro que es español, en lugar de Saint Peter, a veces evita la entrada de algún "hooligan" o de un peligroso "broker" de Wall St.

    Y con respecto a la Patagonia, segun el acervo popular de aquella zona, lo único que se percibe desde aquel cielo-techo, son unos sonidos guturales parecidos a los de las ballenas que suelen anidar una temporadita por aquellos lares.

    Saludos cordiales…

  8. Queen dice:

    … Pues "la jodimos"… Ya me parecía a mí, que tanta reflexión y tanto duende, no me iban a llevar a ninguna parte.

    Estimado "Pevalqui": Está claro, la ventaja de hablar idiomas es definitiva: primero se entiende con los "animales" de la Tierra; y luego goza de libre acceso y circulación en el Cielo.

    Mientras tanto:

    San Pedro, el pobre, siempre tan despistado…

    Y yo, pa la Patagonia. Toca seguir haciendo gárgaras a ver si conseguimos entendernos con las ballenas y, con buena suerte, con alguna pingüina despistada: ¡me encanta su caminar coqueto y resultan tan entrañables haciedo piquitos!

    Eso, si don Miguel no me manda definitivamente antes al Infierno, por pesado.

  9. Nieves Hernandez dice:

    Ah Migue, que bonito que hables del Sur. Y bueno, me recordó el viaje de otro chileno, de Neruda en el Canto General. Y no sé si ya leíste su discurso cuando aceptó el Nobel, fue maravilloso, hizo otro viaje por el Sur. Ya sabés como amo eso.
    Un abrazo, gracias por ese regalo en el día de la amistad.

  10. Juan C. Bartolomé dice:

    Estimado Pedro Luis, siempre es un placer leerle, al único infierno que le enviaría sería al Cabo de Hornos, así aprovecharía para acompañarle ya que siempre me ha atraído ese paso de mar (por mítico y peligroso), y ya que estamos en la zona, atracaríamos para dar un paseo por el sur. Quizás se nos una Pevalqui, que también quiere ir, pero con tiempo. Mejor planear la expedición e ir bien provistos. Con tiempo, por supuesto.

    Camarada Pevalqui, gustosamente veo que coincidimos en la escucha de la entrevista. Es parte de la magia de la radio, la enciendes y nunca sabes que sorpresa te deparará. Tuvimos sensaciones parecidas, uno en el coche, el otro cenando. Realmente fue una entrevista emocionante e interesante, aparte de embaucadora y envolvente. Había que escucharla con tiempo y eso hicimos: tomarnos el nuestro, también para digerirla (le imagino tomando un mate en ese momento -durante la entrevista-, seguido de un buen asado -después).

    Sobre Viajeros Callejeros, busqué en San YouTube y di con una emisión del año pasado (quizás era una reposición). Comienza en Paraguay, casi en Brasil, y luego salta hasta La Patagonia, donde visita todos esos lugares que como bien comentas salen en la entrevista. Algunos de los personajes recuerdan a los del libro, aunque por desgracia no sale ni Doña Delia ni Tano el del violín.

    Lo estuve viendo, buen complemento. Gracias.

    Me fijé en como hablaban los que llevaban varias generaciones en el lugar, y es cierto que hablan más pausados, más serenos, y al mismo tiempo con una exactitud notable, diciendo lo que quieren decir, tal como nos recuerda Sepúlveda en lo que fue el origen del castellano en esa región: una lengua franca, una lengua con la que cualquier persona, llegase de donde llegase, tenía que hacerse entender. Realmente portentoso y natural. Un gusto poder escucharlos.

    Por si alguien quiere ver dicho reportaje, aquí lo expongo. Lo encontré desglosado en tres extractos. Ya saben, copiar y pegar.

    http://www.youtube.com/watch?v=S7OBfpDALcc

    http://www.youtube.com/watch?v=IpgL5JPALMg&feature=related

    http://www.youtube.com/watch?v=8OsPAu6P8R4&feature=related

    May, no conozco el Canto General de ese chileno ilustre que es Pablo Neruda. Tampoco conozco su discurso del Premio Nóbel. Pero lo tendré en cuenta y me interesaré por ambos. Con suerte su discurso estará en Internet. Gracias.

    Jose, me alegro de que te haya gustado la entrevista. Estoy de acuerdo en que todavía se puede hacer periodismo de calidad. También en que Julio Cortázar es un gran árbol cuya sombra perdura y nos da cobijo a todos. Sabía que Cortázar era grande, pero reconozco que después de la entrevista, su sombra es más grande de lo que imaginaba.

    Burra Cargada, gracias a ti por escuchar la radio.

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