En las cartelas laterales del banco del retablo, se halla escrito en letras doradas: "Año", en el lado derecho, y "1751", en el izquierdo. Indudablemente se trata de la fecha de su magnífico dorado, como así nos lo comunica el mencionado investigador palmero. El largo período de tiempo transcurrido entre que se ejecutó el retablo hasta el inicio y finalización de su policromía se explica por el elevado costo de la misma, sobre todo teniendo en cuenta que el convento se veía involucrado en numerosas obras y otras necesidades más acuciantes, como por ejemplo la reparación de las armaduras. Caso semejante lo podemos constatar en el retablo mayor de San Francisco de Asís de esta ciudad, que se estaba construyendo en 1717 y aún en 1745 seguía sin ser dorado.
El bello frontal tallado del retablo mayor "del conbento del patriarca santo domingo desta ciudad", perteneció al trono de la venerada imagen de Nuestra Señora del Rosario, custodiada en otro espléndido altar barroco del templo, el más antiguo, realizado por Andrés del Rosario y su hijo Lorenzo de Campos en 1660, y por el que recibieron 5.000 reales. Fue donado por el capitán Juan Pérez Pintado, Piloto de la Carrera de "Yndias de Su Majestad" en 1694. Para perpetuar esta ofrenda, hizo grabar una inscripción con su nombre.
En el momento en el que se produce la desamortización de Mendizábal, y más concretamente, cuando se efectúa el inventario con motivo de la supresión del convento dominico, el 28 de abril de 1836, se sabe qué imágenes se hallaban entronizadas en el retablo.
En el ático superior del retablo, distribuidos en dos pares, se encuentran cuatro angelotes, rollizos, desnudos y de cuerpo entero, dos de ellos en las esquinas, "sosteniendo" con sus hombros las techumbres del templo, mientras que los otros dos, en las bases de la gran hornacina de San Miguel, mirando hacia el techo, y a ambos lados de la figura de Dios Padre que surge sobre aquél, bendiciendo con su mano derecha, mientras sostiene la bola dorada del mundo en la otra. Este busto, sobre el que se sitúa una venera dorada, está rodeado de cuatro animales dorados y alados. Seis "putti" o angelitos también salpican la mitad del retablo, sobre los seis capiteles de las columnas salomónicas doradas de la parte inferior. Otros dos se hallan en los laterales del segundo cuerpo formando parte de unas columnas entre hojas de acanto doradas.
La magnífica talla barroca del siglo XVIII de "San Miguel Triunfante", patrón del cenobio, se situaba en la hornacina central de segundo cuerpo, al igual que hoy en día. Es obra del imaginero dominico grancanario Fray Marcos Gil. Obras suyas también son: el púlpito, los angelotes del retablo, el Santo Domingo de la iglesia de San Francisco de la capital palmera, San Miguel de la ermita homónima de Breña Alta, San José y el Niño de la iglesia de Breña Baja, San Vicente Ferrer del oratorio de Velhoco, etc.
En los nichos laterales se encontraba la imagen de vestir realizada por Orbarán en 1651, de Santo Domingo de Guzmán y el delicado candelero de 1779, procedente de La Habana, Santa Catalina de Sien", patrona del extinto y vecino convento de las monjas dominicas. En el primer cuerpo se hallaba el sagrario, y sobre él, el expositor, y a sus lados las tallas de los Papas San Pío V y San Benedicto XI. Según Fernández García, los Papas corresponderían a los nombres de los "Santos Pío I y V".
Señala Gaspar Frutuoso que el retablo del altar mayor fue donado por el mencionado Juan de Santa Cruz después de la invasión de los calvinistas franceses bajo el mando del despreciable hugonote François Le Clerc "Pie de Palo" el 21 de julio de 1553, quienes pusieron especial énfasis en incendiar y saquear el cenobio dominico, a quienes veían a sus más encarnizados enemigos. Polémica sigue siendo la relación de edificios incendiados, pues, si hay unanimidad en algunos -el Cabildo y su archivo, el Hospital, numerosas casas…-, existe división de opiniones en otros significativos: parroquia Matriz de El Salvador, convento de Santo Domingo, iglesia de San Francisco…
Frutuoso compara a este pirata con Nerón, que con igual crueldad mandó quemar a Roma: "Esta ciudad tan vana y soberbia, tan lozana y pomposa, tan rica y bien provista… por lo cual mereció ser cauterizada en su vana presunción y descuido". La ciudad, conocida en el extranjero por su boyante nivel económico, atrae lógicamente el interés de los corsarios.
Añade el mismo autor que en diez años, Santa Cruz de La Palma se restauró tanto que ganó en espectacularidad. Sus edificios más ricos y suntuosos, casas más altas, valiosas y hermosas, "el convento de Santo Domingo mucho mejor que estaba antes; la capilla mayor la ha mandado hacer de sus bienes, muy alta y costosa, el licenciado de Santa Cruz, dandole también rico retablo y ornamentos…"
Abandonando momentáneamente el pasado, en nuestros días se encuentra entronizada en la hornacina principal del fabuloso retablo barroco, la magnífica escultura de tamaño natural del Nazaren" (1841), del brillante imaginero orotavense Fernando Estévez del Sacramento, "un sublime ideal de perfección, trasunto de la belleza divina".
Actualmente desfila procesionalmente a las cinco de la tarde del Miércoles Santo, en la popularmente conocida como procesión del "Punto en la Plaza", con una túnica bordada en oro sobre terciopelo rojo -la mejor pieza de su género en Canarias-, exquisito trabajo de los talleres de bordado gaditanos o sevillanos del siglo XVIII. Fue regalo del mecenas palmero Cristóbal Pérez Volcán, que decía en una carta fechada en Cádiz en 1771 dirigida a Domingo Van de Walle de Cervellón: "Bien que sólo el amor al Señor Nazareno vale su túnica".

