Nuevo retablo mayor de Santo Domingo (I)

Uno de los períodos de máximo esplendor del arte en Canarias fue, sin lugar a dudas, el Barroco. Entre muchas de sus magníficas manifestaciones que, afortunadamente han perdurado hasta nuestros días, sobresalen la pintura, la escultura y la arquitectura. En La Palma, y más concretamente en las iglesias de su capital, tenemos numerosos ejemplos de ello.

El retablo mayor de la actual iglesia de Santo Domingo de Guzmán, templo del extinto convento dominico de San Miguel de Las Victorias de  Santa Cruz de La Palma, ha sido calificado por el experto profesor Alfonso Trujillo como "el más bello, completo y barroco ejemplo" de los retablos de columnas salomónicas pareadas y dos cuerpos existentes en el Archipiélago.

La capilla mayor situada en el testero del cenobio, había sido edificada a expensas del Licenciado Juan de Santa Cruz, Teniente General de La Palma y Teniente de Gobernador de Tenerife. También fue el máximo confidente del segundo Adelantado,  Pedro Fernández de Lugo y, a su vez, conquistador de la provincia de Malabueys y Gobernador de Cartagena de Indias.  Bajo los nichos laterales del primer cuerpo del retablo, aún se conservan las armas de la familia Santa Cruz, en el lado del Evangelio.

El antiguo retablo de pincel de la capilla mayor, cuyas pinturas son (afortunadamente en presente) representativas del arte manierista de la escuela de Brujas y atribuidas a Pierre Pourbus el Viejo, había sido encargado como un perpetuo monumento de fama y victoria, amén de mausoleo de enterramiento familiar. Estas pinturas fueron desmembradas de su marco originario en 1703 cuando se construyó el fastuoso retablo barroco. Olvidadas por todos, se dice que llegaron a servir de techo para un gallinero. Afortunadamente no se perdieron.

El maestro pintor, fallecido en Brujas en 1584, fue el artista más importante de esta ciudad en la segunda mitad del siglo XVI. Fue pintor de la Corte de la Princesa Margarita, una de las más refinadas de Europa. Tras su muerte, se marca la decadencia de la Escuela de Brujas.

En el hermoso retablo pictórico  aparecían los retratos de su mujer, doña Juana Luisa de Cervellón, hija del conquistador Hernando de Alcocer, y el suyo, al igual que el escudo de armas familiar.

Hacia los primeros años del siglo XVIII se había iniciado un ambicioso proyecto de renovación con el objeto de realzar y dar más importancia al convento, mediante la creación de un símbolo de poder de la Orden Dominica, distinguida particularmente en el campo de las artes.

Numerosos frailes artistas, escultores y pintores tuvieron un papel destacado en esta empresa. Se afanaron por decorar la iglesia y el resto del monasterio. Su misión consistía la glorificación del triunfo de la Iglesia y de la Orden de Predicadores – el retablo está rematado por su escudo-, encontrando por este motivo muchos detractores y rivales, tanto entre el clero seglar, como en la Orden Franciscana e incluso entre los Beneficiados Parroquiales. Uno de los asuntos polémicos que los enfrentaban era el delicado tema de los "derechos y preferencias en los entierros".

El nuevo retablo mayor que nos ocupa, construido entre 1703 y 1705 por el maestro Juan Lorenzo García (1649-1738), y dorado en 1751, sigue ostentando, como símbolo inequívoco de patronato, las armas de Santa Cruz, como nos indica el profesor Jesús Pérez Morera, "en el lado preferente del Evangelio, y las de Cervellón, en el de la Epístola – labradas con gruesa y abultada talla barroca". Aparece aquí por primera vez la columna salomónica en La Palma. Posee un total de doce.

En el Libro de Cuentas de la Cofradía del Rosario de 1700, consta que el mayordomo Fray Andrés Perera había dado "ducientos setenta y cinco Rs." (275 reales), que el Padre Prior del monasterio destinaba para ayuda de la madera del retablo del altar mayor.

La renovación y el engrandecimiento de la bella iglesia dominica, transformó el templo y el claustro en la más importante y completa muestra del barroco isleño. Un ejemplo de su esplendor es el nuevo púlpito, mejor de la isla y uno de los más bellos de Canarias, de gran riqueza decorativa y de cuidada ejecución. En él trabajó el célebre imaginero dominico itinerante Fray Marcos Gil entre 1702 y 1706.

En 1709 visitó el hermoso monasterio el Prior Provincial Fray José Guillén, habiendo constancia que ya estaba concluido el retablo de la capilla mayor.

En la misma visita, determinó que "cien libros de oro, cincuenta de plata y 400 pesos escudos que había quedado a la muerte de Fray Andrés Perera en 1708 – aclara el profesor Jesús Pérez Morera-, adquiridos siendo mayordomo de la cofradía del Rosario, se distribuyesen de la siguiente manera: los libros de oro y plata para dar principio al dorado del retablo".

Continúa en el Libro de Visitas: "… en atensión a la nesesidad presente que tenía el dho convento y los pocos medios para dorar el Retablo…".  El mayordomo se negó a entregar el oro y la plata, ya que no estaba de acuerdo con dicha disposición.

Finalmente, el domingo 2 de febrero de 1710 concluyó el litigio con la comunidad de dominicos, bajo la condición de que estuvieran los libros de plata y oro en poder del Alférez Pedro Hernández de Paz, mayordomo de la Hermandad, hasta que dorase el retablo, "… por Constarles a todos los cortos medios del combto. Y hallarse actualmente con la Obra del techo de la Ygleçia que estava amanasando una gran Ruina…". (Libro de Esclavos. Fragmento recogido por el profesor Morera).

 

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