La Virgen de los Volcanes (y III)

LA ERMITA Y LA IMAGEN

La ermita fue fabricada en torno a 1780 y fue bendecida al año siguiente. La bella imagen mariana de la Señora de los Volcanes había llegado y había sido solemnemente entronizada en su capilla mayor. Se cree que es una exquisita obra de la escuela granadina de finales del siglo XVIII. Recubierta con gran manto de terciopelo negro bordado en hilos dorados, sobre su pecho tiene colocado un gran corazón -lo tiene plateado y dorado-  en el que lleva clavados siete puñales. Debajo de él, sus manos están entrelazadas y éstas sostienen un pañuelo de encajes. La corona imperial plateada es nimbada por un halo de ráfagas del mismo material y coronado éste por una cruz. Su rostro bañado en lágrimas conmueve al visitante y sus ojos tristes han hipnotizado a varias generaciones de lanzaroteños.

A la ermita también se la dotó de sacristía, casa de peregrinos y del santero. Estas obras estaban ya finalizadas en 1800. La ermita es de una sola nave de cañón, separada del presbiterio por un arco de medio punto.

"… Posee el presbiterio una linterna gótica de singular prestancia. Los muros exteriores del conjunto del santuario se apoyan en sólidos contrafuertes que le ofrecen singular belleza en su sencillez…".

SEGUNDA ERUPCIÓN Y SEGUNDO MILAGRO

  "El 31 de julio de 1824, a las siete de la mañana, eructó el volcán de la Capellanía del Clérico Duarte, entre Tao y Tiagua, cuyas explosiones y gran aparato de gases aterrorizaron a todos los vecinos de los pueblos circundantes, que constituidos en fervorosa procesión encaminaron sus pasos hacia el Santuario de Nuestra Señora de loso Dolores, y ante Ella postrados invocaban su auxilio. Cargaron la imagen e iniciaron una marcha de rogativas por el camino de Guigan hacia la Vegueta, y a cuyo cortejo se unían labradores y pastores de Tinajo, Tajaste, Mancha Blanca, Tinguatón y La Vegueta. Sin embargo, sin considerar lo apremiante del tiempo, ciertos señores de Tinajo hicieron detener a la solemne procesión, so pretexto de correr el riesgo de estropear a la magnífica escultura de Nuestra Señora. Estas discusiones tuvieron su lugar en la palma de Yuco, donde se personaron tres individuos de los más acaudalados de Tiagua (don Juan Gil, don Marcial Acuña y el señor Mena), que se hicieron responsables con todos sus bienes de cualquier daño que ocurrirle pudiera a la sagrada imagen. Llegó al cabo, el religioso y popular cortejo a las faldas de Tamia, por el caminillo viejo de Tiagua a Tao, y a la vista del trepidante volcán colocaron la faz de la Virgen de tal manera que sus ojos también vieran la envergadura de las explosiones. Todos los concurrentes, rodilla en tierra, imploraron a Nuestra Señora que no permitiera que las tierras fueran de nuevo desoladas y sus bienes malparados. Al poco, ante el frenético gentío que gritaban "¡milagro, milagro!", el volcán dejó de vomitar lava para expeler columnas de humo. Horas después de este nuevo milagro de la Virgen de los Dolores, el volcán retembló fuertemente, aunque en vez de escorias incandescentes soltó un verdadero río de fétidas aguas".

 Otras crónicas cuentan -además- que, un individuo que acompañó a la Virgen abrazado a una cruz de tea, decidido, se adelantó a la comitiva y se acercó cuanto pudo a las hirvientes lavas y clavó la cruz delante de las mismas. Es entonces cuando empezaron a oírse las voces de "¡milagro, milagro!". El terrible y desolador brazo de magma se había detenido en aquel preciso lugar, a los pies de la cruz y ante la presencia de la Virgen y todo el pueblo arrodillado. En los días siguientes se desvió de su curso, para cesar definitivamente el 16 de abril de 1736.

 Ésta es la crónica del acontecimiento. Desde entonces, Nuestra Señora de los Dolores pasó a ser popularmente conocida como la "Señora de los Volcanes".

La conocida y ya olvidada "fiesta del fuego", alusiva a este último portento, se celebraba, como dijimos, cada 31 de julio a partir de 1824. Sí se ha reactivado y reforzado la festividad del 15 de septiembre, onomástica de los Dolores, día fijado para celebrar una multitudinaria romería "rica en devoción y tipismo porque aún late en los corazones de los lanzaroteños el recuerdo de los favores recibidos de la Madre de Dios en su advocación de los Dolores, compartidos por aquella isla que sabe de transformaciones geológicas llenas de tragedias profundamente humanas que la condujeron a la protección esperanzada, nunca defraudada, de la Virgen de sus Volcanes, expresión gráfica de su crucifixión".

               RESTAURACIONES DEL SANTUARIO

 Inexplicablemente, en 1850 el pequeño santuario amenazaba ruina y el obispo Buenaventura Codina y Anguerolas (1847-1857) ordenó que la imagen de la Virgen fuera trasladada hasta la parroquia de Tinajo mientras duraran las reparaciones. A finales de 1861 -una vez concluidas las obras- se trajo en solemne y multitudinaria procesión desde la iglesia de San Roque hasta su santuario, quedando abierto desde entonces al culto público.

"Desde el milagroso acontecimiento que corrió de boca en boca por toda la isla, la devoción hacia la Virgen de los Dolores mostraba a vecinos aportando limosnas para el culto y conservación de la ermita, bien en dinero, productos del país o cesión de terrenos."

En 1988 hubo que hacer otra restauración por culpa del deterioro. El 18 de Junio de este año se trasladaron los objetos a la parroquia de Tinajo. Sobre la 1 del mediodía fue cuando sacaron la imagen de la Virgen y dos horas después se derrumbó la cúpula de la ermita,  "como si hubiera estado esperando a que se marcharse".

 Actualmente, los lanzaroteños continúan fomentando su fervor y devoción a su Patrona, y cada mes de septiembre miles de devotos con sus familiares acuden caminando en peregrinación desde todos los rincones de la Isla, esperando que la Señora escuche y satisfaga sus peticiones. Ante su venerada imagen ruegan y suplican por ellos mismos o por algún amigo o familiar que necesita algún favor.

"A los que le ha sido cumplido vuelven todos los años como agradecimiento, los que están esperando regresan con la esperanza de que este año sea el suyo, y a los que no se le han cumplido regresan buscando consuelo, y ánimo para seguir adelante"

BIBLIOGRAFÍA:

ABREU GALINDO, Fray Juan de. Historia de la conquista de las Islas de Canaria, Santa Cruz de Tenerife, 1977

ALVAREZ DELGADO, Juan. "El Rubicón de Lanzarote", Anuario de Estudios Atlánticos, Madrid-Las Palmas, 1957.

CABALLERO MÚJICA, Francisco; RIQUELME PÉREZ, María Jesús. Guía para visitar los Santuarios Marianos de Canarias,  Encuentro Ediciones, Madrid, 1999.

DELGADO GÓMEZ, Juan Francisco. Canarias. Viaje a lo desconocido, Santa Cruz de Tenerife, 2008

DEL ROSARIO LEÓN, María Teresa. «Teguise. Capital histórica», Patrimonio Histórico de Canarias, Gobierno de Canarias, Las Palmas de Gran Canaria, 1998

VIERA Y CLAVIJO, José. Noticias de la Historia General de las Islas Canarias, Santa Cruz de Tenerife, 1971

 

 

 

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