EL CUADRO
En referencia a la venerada imagen de la Señora de los Volcanes, la crónica tampoco menciona si se trataba de una talla de bulto o de una pintura. Caballero nos informa de que "se acentúa el correcto criterio de que fue un cuadro de Nuestra Señora de las Angustias que existía en la entonces ermita, hoy parroquia de San Roque de Tinajo". Nos decía en 1999 que este cuadro permanecía custodiado en la sacristía vieja y única del santuario de Mancha Blanca. Concluye su estudio confirmando que "la imagen se adquirió muchos años más tarde y es la que hoy recibe culto".
Agustín De la Hoz escribía: "hasta tal punto llegó la devoción de la Virgen de los Dolores que, en 1872 vemos como doña María Rosa Valenciano, le compra un cuadro nuevo al cura de Tinajo D. Benito Parrilla, a cambio del viejo que el P. Guardián había llevado en procesión poco menos de medio siglo y medio atrás. Tal reliquia permanecería fuera de su lugar hasta 1910, año en que se descubre, arrinconado y cubierto por una tela, en el domicilio de don Esteban Velázquez y de manos de su esposa Dña. Juana Cabrera Feo. Preguntada ésta, que precisamente estaba enferma, manifestó lo antedicho respecto al trueque del viejo cuadro por otro nuevo. Como se le apremiara la entrega a la iglesia de tan preciada joya, doña Juana, ni corta ni perezosa, manifestó que no lo entregaría mientras durara su enfermedad, y que una vez sanada haría, además, una novena que tendría como imagen representativa a la del cuadro reclamado. Después de esto lo entregaría. Pero Doña Juana Cabrera cobró salud e hizo su novena, sin embargo seguía aferrada al cuadro como náufrago a tabla de salvación. Fuere como fuere, esta señora comenzó a ver claro cuando, en propia casa y familia, cayó una abalancha de malandantes sucesos (que culminaron con los pistoletazos de su marido) y que la decidió al fin, a entregar el milagroso cuadro en 1910. ¡Treinta y ocho años duró el cautiverio de la estimada reliquia!".
Delgado Gómez, en su investigación sobre el particular, ha localizado dos cuadros que están relacionados con estos sucesos. Uno de ellos es uno que se guarda en la iglesia de San Roque que lleva la siguiente inscripción: "Pertenece a Dª María Rosa Valenciano, año de 1872". El otro, de factura más moderna, es el que mandó -supuestamente- a realizar por Juana Cabrera y que se halla en un lateral de la capilla mayor de Mancha Blanca.
Otra versión que circula desde muy antiguo sería la que indica que la pintura milagrosa pertenecía a una familia de Tiagua y que ésta la había prestado para la ocasión de la rogativa y que aún la conservan sus descendientes. Delgado Gómez cita en su obra "sea de una forma u otra lo que sí parece claro es que ninguno de estos cuadros es el milagroso". Continúa recogiendo las palabras de Agustín de la Hoz, después de haber aparecido y entregado esta reliquia por parte de Juana Cabrera Feo: "fue entonces cuando Doña Rafaela Spínola, aficionada a los pinceles, recomienda dar por su revés al lienzo una mano de barniz encarnado, a fin de conservarlo mejor, ya que por falta de otra persona más experta nada se pudo hacer para restaurar los bellísimos matices de su primitiva imagen".
Delgado estudió ambos cuadros y no notó ningún deterioro en los matices, etc. De esta investigación se desprende que "es por ello por lo que suponemos que el cuadro milagroso sigue desaparecido y estos son dos originales (mandado a hacer por María Rosa Valenciano) y réplica muy parecida (de Dª Juana Cabrera". Uno de ellos está claro que fue el que se cambió al cura de Tinajo D. Benito Cabrera por el cuadro milagroso".
LA APARICIÓN DE LA VIRGEN
Los lanzaroteños, sin embargo, ya libres de peligro y relajados, olvidaron pronto su promesa a la Virgen y no llegaron a construir la ermita -a pesar de la crónica-. Consta que en 1776, cuarenta años más tarde del prodigio, sólo existía una cruz clavada en el lugar donde cesó la riada de lava en 1736.
Cuenta la leyenda que, en 1774, una pastorcita de Mancha Blanca -llamada Juana Rafaela Acosta Umpiérrez- estaba cuidando su rebaño de cabras cuando una señora vestida de negro la saludó amablemente y le dijo: "Niña, ve y dile a tus padres que cumplan los vecinos la promesa de construir la ermita, pues de lo contrario, correrá el volcán de nuevo". La pequeña, de unos siete años de edad, corrió a contárselo a sus padres. Ni Rita ni Juan Antonio prestaron mayor atención al comunicado y riñeron a su hija por embustera y por creer que se trataba de una historia inventada. Varios días más tarde, Juanita ve de nuevo a la dama enlutada y ésta le vuelve a dar el mismo recado. La niña le contó a la buena mujer lo que había sucedido en su casa y le dijo que tenía miedo de que la castigaran. La señora de negro, que no era otra que la mismísima Virgen María, le puso la mano sobre el delicado hombro de la criatura y le dijo "Ve, ahora te creerán". Cuando llegó ante sus padres, estos, anonadados, no dieron crédito lo que vieron: una sombra morada sobre los hombros de su hija en forma de perfecta y delicada mano de mujer. Quedaron atónitos y corrieron a contarlo a las autoridades del lugar. Juana Rafaela fue conducida inmediatamente a la Real Villa de Teguise "flor del espíritu religioso de la isla". Fue acompañada por una gran cantidad de fieles devotos de la Virgen y otros tantos curiosos que no querían perderse la efeméride. La pastorcilla fue examinada por doctores y religiosos. Estos la condujeron a varias ermitas y templos hasta que la niña reconoció a la señora enlutada en una imagen de la Virgen de los Dolores que se hallaba en una hornacina de uno de los altares de la parroquia.
"A partir de ahora, todos los vecinos, ricos y pobres, se afanarán por edificar la ermita prometida en aquellas casi lejanas fechas de angustia y desolación".

