– LA VIRGEN Y LOS VOLCANES
Recordemos que, en la Bajada motivada por la erupción del volcán de San Martín de Tigalate en 1646, "con grandes terremotos, temblores de tierra y truenos, que se oyeron en todas las islas…Los vecinos truxeron en procesión a Nuestra Señora de las Nieves, imagen muy milagrosa; y al otro día, caso admirable, amaneció el bolcán cubierto de nieue con que cessó, auviendo durado algunos días". Así lo explicó el racionero de la Catedral el doctor don Francisco Fernández Franco. En palabras del alcalde constitucional Juan Bautista Lorenzo: "… fue cosa pública y notoria que la Gloriosísima Señora de las Nieves con su rocío favorable nevó en el volcán…". También el capitán Andrés de Valcárcel y Lugo en su obra Cosas notables: volcanes, expone: "… hubo muchos temblores de tierra en todos estos días y los edificios parecía venían al suelo… pero hubo rocío pequeño, que tanto como esto puede la Reina de los Ángeles, Nuestra Señora de Las Nieves. En esta ocasión estaban los vecinos desta isla tan devotos frecuentadores de los templos que no salían de ellos." También Félix Duarte nos narra: "… los más ancianos vierten sus lágrimas furtivas en sus humildes aposentos (…) tienen fe en la Virgen de Las Nieves. Invocan su protección pensando en ser por Ella favorecidos (…) Es conducida a la capital, en fervorosa rogativa pública. Muchedumbres de fieles la siguen, reflejando en sus rostros la ternura que su presencia les inspira (…) hasta que nieva copiosamente en las cumbres, cesa la actividad del volcán y los campesinos, contemplando la sierra salpicada de nieve que se bifurca con los rayos del sol, exclaman: «¡El rocío de la Virgen!, ¡estamos salvados!». Cuando se arrodillan ante sus plantas, en señal de gratitud, les parece oír un himno de amor cantado por los ángeles, para conmemorar las bodas del cielo y de la Tierra". Fray Diego Henríquez lo narraba así en 1714: "acordó luego la ciudad se tárese la sagrada protectora como en tales ocasiones se hazía. Tráxose con la solemnidad y devoción que siempre y prosiguiendo las devotas suplicaciones y fervorosos ruegos a esta milagrosa señora de Las Nieves, fue tan copiosa la que mandó sobre el bolcán que lo extinguió su abundancia totalmente, sin dexar viva sentella de aquel voraz elemento, cediendo por entonces su furiosa sobervia a la mansedumbre de los nevados copos. Hizo más admirable el prodigio aver sido la brecha que abrió aquel horrendo fuego en parte en que nunca antes avía caido nieve, ni después se ha visto caer en aquel sitio, para que lo raro desta circunstancia hiciese a todos visible lo singular del beneficio".
Las erupciones volcánicas y la antiquísima y querida imagen de la Patrona Palmera sostienen una estrecha relación histórica, social, cultural y espiritual. Así, como recuerdo perpetuo de estos prodigios, existen dos cuadros en su Real Santuario, en los que su autor, en su ánimo, quiso parangonar los dos hechos milagrosos de la nieve de Nuestra Señora: el del Monte Esquilino de Roma y el del Volcán de La Palma. En los cuadros aparecen las siguientes inscripciones: "Refugium Pecatorum. Venció al tiempo tu clemencia y para refugio nuestro delineaste con tu Nieve en el Esquilino un templo", "Consolactrix Aflictorum: a tu presencia nevado el Mongibelo palmense celos le dio al Esquilino, nuevas glorias a Tu Nieve".
Un testigo de la erupción de otro volcán, el de San Antonio, ocurrida en 1677, el Visitador Don Juan Pinto de Guisla, rememora el de 1646, cuando el 18 de diciembre, día de la Expectación de la Virgen: "…día que amaneció de nieve la boca del volcán, con universal aclamación de milagro de Nuestra Señora de Las Nieves, cuya santa imagen se venera como Patrona de esta isla y a cuyo patrocinio se recurre en sus mayores aflicciones y necesidades". En esta ocasión, los temblores de tierra han continuado causando gran temor entre la población. El peor tuvo lugar a las nueve de la mañana del 9 de enero de 1677, "de manera que el Clero se juntó a aquella hora en la parroquia donde está Nuestra Señora de Las Nieves a implorar su Patrocinio… conmovió al pueblo a muchas lágrimas". La imagen de Asieta fue llevada hasta el Convento de las Monjas Claras "hasta que Nuestro Señor se acuerde de usar con nosotros la misericordia, librándonos de esta tribulación"
En octubre de 1712, el volcán del Charco azota, con sus candentes lavas, al Valle de Aridane. Es implorada la protección de la Virgen, y las proporciones del fenómeno disminuyen hasta su total extinción. Fray Diego Henríquez narraba cómo "recurrió apresurada a su valerosa protectora para que, con el poder e irrefragable virtud de sus nieves, matara segunda vez tanto incendio y les librara de tan cruel enemigo. Traxeron a la santa imagen a la ciudad con la devoción y fervor acostumbrado, claro es que en esta ocasión fue mayor, quando mayor el conflicto y más a la vista del peligro. Hiziéronle solemnísimas rogativas, celebrárosle generales procesiones, ofreciéronle repetidos clamores, consagrárosle aventajados cultos, manifestárosle sus cordiales y crecidas ancias, pusiéronle como asylo tan valiente a la vista del adversario y no tardó la poderosa reyna en mostrar su imperio sobre todo lo criado. Obedeció el fuego a esta superior virtud, abatieron su sobervia las empinadas y arrogantes llamas, temploce el viento, expeliose de los corazones el susto, y aumentó en todos la fe de su benigno amparo, con que creció en ellos la obligación a más subidos cultos, más continuas veneraciones y más exacto conocimiento de su deuda".
La erupción del Volcán de San Juan, acaecida en junio y julio de 1949, fue motivo para que, nuevamente, el pueblo palmero acudiera a su milagrosa "Morenita" en busca de auxilio espiritual ante las furias desatadas de la naturaleza y a pedir a que apagaran las iras del volcán. El 24 de julio la multitudinaria procesión con la Virgen salió a las siete y media de la mañana hacia Breña Alta. Después de la Santa Misa en la ermita de La Concepción, la talla fue girada hacia el volcán. Se cuenta de que, a partir de aquel instante, fue apagándose lentamente. Así, el 26 de julio, encontrándose la efigie en la capital palmera, la actividad del volcán decreció considerablemente. "Otra vez se produce la desaparición del monstruo". El periodista palmero don Juan Carlos Díaz Lorenzo, concluye su artículo sobre la intercesión de la Virgen de Las Nieves ante las furias de la Naturaleza: "en los días posteriores y a excepción del día 30 de julio, en el que se produjo el derrame de lava por el barranco de La Jurada, en la vertiente oriental de la Isla, la erupción cesó en su furia. ¿Milagro?. La devoción de la Isla así lo creyó".

