EL ANTIGUO CONVENTO
Esta magnífica escultura de madera se ubica actualmente en el retablo colateral del Evangelio de la nueva iglesia parroquial de Nuestra Señora de Montserrat, en el municipio norteño de San Andrés y Sauces (Isla de La Palma). Antiguamente recibía la veneración de los fieles en la primitiva ermita de su advocación erigida por los propietarios del ingenio azucarero de Los Sauces. Estaba enclavada sobre la orilla del mar, junto al muelle del Guindaste, "puerto donde cargan los azúcares para Flandes o España", paraje situado en el camino real que iba de la Villa de San Andrés al Puerto Espíndola. Éste se ha conservado en la memoria de los vecinos con el nombre de "La Ermita", en recuerdo de aquel desaparecido templo. De las mandas testamentarias de los vecinos de toda la comarca, se desprende que estamos ante una devoción que se ha mantenido viva hasta nuestros días en el pueblo de San Andrés y Sauces, "que siempre consideró a la imagen como muy milagrosa". La ubicación del convento respondió a que estaba "en medio de los pueblos donde ay más concurso de gente". Así, en zona neutral, se minimizaban los inevitables conflictos derivados entre ambos vecindarios sobre la posesión del monasterio.
Allí se fundaba el domingo 20 de noviembre de 1611 el convento franciscano del mismo título: "Nuestra Señora de La Piedad"y con posterioridad, también bajo la advocación de "La Caridad". Más tarde, concretamente tres años después de la fundación del decimocuarto cenobio de la provincia de San Diego de Canarias, los religiosos de dicha comunidad pedirían un lugar más adecuado para su establecimiento. Así, le fueron donados unos terrenos más al sur, en la Villa de San Andrés en 1614 por Pablo de Monteverde Van Dalle y su esposa María Salgado de Guisla, el capitán Diego de Guisla Van de Valle y Margarita Bellid. Una vez construidos la nueva Casa y su correspondiente templo trasladaron la bella escultura de la Piedad y se procedió a la demolición del antiguo recinto. El nuevo emplazamiento fue situado frente a la Villa, al otro lado del Barranco del Agua y bajo la protección de los poderosos dueños de la Hacienda de los Señores, desde entonces, patronos del convento y sus frailes. Allí la adornaron con peana, corona y cruz de plata, cuyos remates fueron costeados con el legado de Fray Sebastián de Monterrey en 1752.
Durante los siglos XVII y XVIII, el número de moradores en el convento fue de unos ocho frailes, para pasar a casi catorce religiosos de comunidad. Pero ya a finales del XVII comienza a declinar paulatinamente y, en 1821 fue suprimido por el Estado. Reestablecido en 1827, fue suprimido definitivamente en 1835 en virtud de la ley de desamortización eclesiástica promulgada por Mendizábal, quedando la iglesia el convento como ermita.
Constanza Negrín nos informa de que "después de la supresión del Monasterio (1835) permaneció en la antigua iglesia conventual hasta su ruina, pasando entonces provisionalmente a la de San Andrés (1854) y por último a la de N. S. de Montserrat, donde se colocó en el altar del Rosario en 1855 y más tarde se le dedicó una capilla en el lado del Evangelio".
Efectivamente, fue en 1854 cuando el desplome del techo aceleró su clausura definitiva. Todas sus imágenes y otras piezas como la pila, el púlpito, las campanas o el ajuar de plata fueron repartidos entre los templos de San Andrés y de Montserrat (Los Sauces) así como del resto de iglesias de La Palma. Afortunadamente sí se conserva en excelente estado las puertas pintadas del tabernáculo en el que se veneraba la imagen. Han sido identificadas por la doctora Negrín con las dos tablas flamencas de Santa Catalina y Santa Bárbara que hoy se conservan en el Museo Insular de La Palma, en su capital, y que han sido adscritas al pincel del polifacético Pieter Coecke van Aelst.
EL GRUPO ESCULTÓRICO
La preciosa imagen sedente y sedante de la Virgen, esculpida en los Países Bajos meridionales en el segundo tercio del siglo XVI, es fiel reflejo de mansedumbre y ternura, y de bondadosa y absorta expresión -alejada de la amargura física de otras "Dolorosas" de nuestra imaginería palmera-. Se trata de una escultura en madera policromada, cuyas medidas son: 90 x 75 cms. Se contorsiona e inclina levemente hacia delante para acoger dulcemente sobre su regazo el cadáver desplomado de su Hijo, según Negrín Delgado, "arropándose en un amplio manto que le cubre la cabeza sobre la toca y se adapta al volumen de su figura describiendo sutiles pliegues curvilíneos e insinuando su recia complexión interior".
Si se compara esta pieza con la de Las Angustias del Santuario de Los Llanos de Aridane, es un "claro exponente de la evolución sufrida en los Países Bajos por un tema de raíz medieval que, traducido al lenguaje renacentista, sigue conservando su originaria esencia gótica". La misma profesora publica en su obra sobre arte flamenco que "conforme a los nuevos ideales propugnados por el arte italiano, los dos personajes se articulan con mayor dinamismo y naturalidad en una composición piramidal regida por el equilibrio de las proporciones, la blandura de las formas, la elegancia de las actitudes y la belleza ideal de los rostros".
Negrín Delgado informa de que el grupo de Nuestra Señora de Los Dolores -de la iglesia capitalina del Hospital homónimo- "responde al nuevo modelo iconográfico impuesto a partir del Renacimiento: la Virgen arrodillada sostiene el cuerpo muerto de su Hijo, arropándolo con su manto, como si lo hiciera en su infancia". Continúa comparando al Cristo, "de rígida postura", se aleja de aquél que parecía "resbalar del regazo materno" -como se aprecia en la Virgen de Las Angustias-, "o de aquel otro, pesado y lánguido, mecido dulcemente por la Virgen, en el ejemplo de Los Sauces".
De Coone también define esta delicada pieza: "se puede observar el abandono definitivo de las composiciones clásicas del gótico tardío y del renacimiento inicial. La Virgen es ahora una mujer de formas corpulentas, algo que se advierte en su atavío". Continúa informando de que "su postura con los pies cruzados y las piernas abiertas es también diferente a la de los períodos anteriores". En cuanto a una de las curiosidades que destaca, es "la forma redondeada de la rodilla sobre al que descansa su hijo". No olvida también que "la caída en pliegues ha dejado tras de sí los esquemas tradicionales de la última fase de la Edad Media".
Según una piadosa y romántica tradición, la llegada de la Virgen de La Piedad, a la que se ha llamado "la Gran Señora del Norte", a las costas de Los Sauces se debe a los ingleses, quienes la depositaron allí cuando estos se separaron de la Iglesia Romana durante el llamado Cisma de Inglaterra. El profesor palmero Pérez Morera, en su trabajo publicado acerca de este convento, también nos informa de que se edificó en el sitio de su hallazgo, una ermita en su honor, "fundada en los primeros decenios del siglo XVI, bien por los primeros vecinos del término o bien por los dueños de la llamada Hacienda de Abajo o Heredamiento de los Catalanes dentro de sus tierras". La también llamada "Hacienda de los Señores" fue propiedad de los Guisla-Boot, Guisla Pinto y Monteverde, luego Valcárcel, para distinguirla de la "Hacienda de los Príncipes", perteneciente a los Adelantados de Canarias. De esta misma vía, llegarían a nuestras costas las imágenes flamencas de Nuestra Señora de La Piedad a Santa Cruz de La Palma y la de Nuestra Señora de Las Angustias a Tazacorte. Así lo reseña en 1854 Félix Poggio y Alfaro.
En palabras del profesor Pérez Morera, "la expresión de dolor está ausente del rostro abstraído de la Virgen y la insinuada y grácil sonrisa aumenta su emotividad. El grupo adopta la configuración piramidal del Renacimiento".

