Nuestra Señora de Los Ángeles o de La Rosa (I)

Durante la segunda mitad el siglo XV y a lo largo del XVI, el arte flamenco experimentó un enorme florecimiento que determinó su influencia en todos los países europeos de la época. La incorporación de las Canarias a la Corona de Castilla coincide con esta etapa de esplendor y de auge que, unida a la destacada presencia de población del Norte en las islas, explica la recurrente importación de piezas desde Amberes, Bruselas y Malinas por parte de los primeros templos y ermitas y de sus moradores cristianos. La isla de San Miguel de La Palma es, sin duda alguna, la isla que más estrechos vínculos con los Países Bajos mantuvo; el cultivo de la caña de azúcar, cuyos ingenios poseían linajes como los Monteverde o los Van Dalle, abrió una corriente comercial por medio de la cual llegó tan importante nómina de esculturas, además de otras importantes y bellas obras suntuarias, devocionales o de uso litúrgico.

Los afamados talleres de escultura que florecieron en los confines del antiguo ducado de Brabante, cuya producción alcanzó fama y prestigio internacional, están representados por las imágenes gótico-renacentistas de, entre otras muy importantes en la Ciudad de Santa Cruz de La Palma,  Nuestra Señora de Los Ángeles o de La Rosa, de origen bruselense del primer cuarto del siglo XVI (hacia 1500-1510), así como también las tallas igualmente brabanzonas de San Miguel Arcángel y las que componen el extraordinario Calvario del Amparo, todas ellas en el Real Santuario Insular de la Patrona de La Palma.

La hermosa imagen mariana se nombra por primera vez en el inventario del 2 de octubre de 1532, si bien hay otras fuentes que hablan del año 1531 como el primero en el que aparece la talla en la primitiva ermita de la Patrona Palmera. En 1576 se la denomina Virgen de la Asunción y como tal, recibía culto en el altar mayor rodeada de ángeles, debajo de la imagen titular, Nuestra Señora de Las Nieves, hasta 1625. Con posterioridad -debido a que el santuario sufre varias reconstrucciones aproximadamente hasta 1666- fue colocada en diversos lugares del templo y se la denominaba, ya en 1637 en adelante, Nuestra Señora de Los Ángeles. Sin embargo también llegó a denominarse en el siglo XVIII Nuestra Señora de La Caridad, como nos recuerda De Coone.

El altar donde recibe culto la imagen, de estilo barroco, fue obra de Francisco Arnau Martínez, profesor de la Escuela de Artes y Oficios de la capital palmera, a donde vino en 1936. Se compone de una única hornacina central y amplia, con un pedestal interior que regula la altura de la efigie sobre el nicho y protegido con un cristal siempre limpio y transparente a modo de gran urna que impide que le llegue a la imagen un exceso de humedad o de polvo.

En el actual retablo de la Virgen de Los Ángeles, el segundo colateral de la Epístola,  se hallaba una partícula del Santo Madero -"Lignum Crucis"-, donada en 1915 por Emilia Morales Gónzalez de Pinto de La Rosa, Presidenta de la Junta encargada para llevar a cabo la Coronación Canónica de la Virgen de Las Nieves, así como también de su "auténtica" expedida en Roma el 5 de febrero de 1847. Esta reliquia -actualmente custodiada en la sacristía- había pertenecido al presbítero Juan José González Pérez, párroco de Cabairien, en Cuba. Le fue entregado como regalo por el Arzobispo de Guatemala para agradecerle las atenciones que tuvo aquél durante su exilio por razones políticas. Por eso pidió a S.S. León XIII le concediese la sagrada partícula.  Está circundada por 365 reliquias de santos que se veneran cada día, y debajo aparece una talla de Santa Filomena en miniatura que porta en la mano un trocito de sus dientes, siendo ejecutada en Roma por Cardenales revestidos y utilizando unas pinzas de plata.

 

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