La capilla de San Juan Bautista de El Salvador (III)

SAN LUIS, REY DE FRANCIA

                    Una Real Cédula del monarca Felipe II, fechada el 6 de septiembre de 1572, instaba a que los "caballeros principales de calidad" fundaran una especie de Orden de Caballería, bajo la advocación de algún Santo protector de la misma. "Que haya de ser debajo de la protección de Santiago, San Marcos o San Luis o lo que yo eligiese, haciendo la fiesta del Santo Patrono…"

                    La bella imagen de San Luis IX, Rey de Francia, se venera al menos desde 1599, fecha en la que se celebró su fiesta como acción de gracias por su favorable intervención ante el ataque de la escuadra del pirata holandés Pieter Van der Doez, en junio de 1599, con "la flota pirata más numerosa que han visto las islas". Así, el 25 de agosto de 1607, onomástica del Santo,  el Cabildo confirma el voto hecho a San Luis de celebrarle su fiesta anual. Consta también esta fiesta en el Libro de Mandatos de la Parroquia el 9 de septiembre de 1603. Hoy en día no hay ninguna celebración en su honor.

                    Esta talla, de 68 cms de altura,  bien pudiera haber sido donada por Luis Van de Walle Brito, mayordomo de fábrica desde 1585 o por su padre, Luis Van de Walle "el Viejo", natural de Brujas.

                    La magnífica pieza parece haber salido de los talleres de Malinas en la segunda mitad del siglo XVI, según la profesora Negrín Delgado.

                    Lleva manto azul flordelisado en oro sobre túnica del mismo color y un gran collar de la Orden de San Miguel, fundada por Luis XI en 1469. Porta los atributos reales: corona y centro, complementos imprescindibles en la indumentaria de los santos soberanos, y manto de armiño, material éste que, iconográficamente representa la pureza del gobernante. Tanto por esta iconografía como por sus características, se aparta de la imaginería española del siglo XVI, por lo que  apunta a un origen flamenco, avalado por la procedencia familiar de Diego de Monteverde. Este caballero fue el fundador de la capilla de la cabecera de la Epístola donde originariamente se encontraba la escultura y a la que en alguna época dio su nombre. Así figura en el Libro de Fábrica y Visita de 1636. Hoy la capilla está dedicada a Nuestra Señora del Carmen

                   El coronel Juan de Guisla Boot Campos y Castilla era hijo del capitán Juan de Guisla -Regidor perpetuo de La Palma- y de  Jerónima Boot y Monteverde. Esta dama mandó en su testamento que fuera enterrada en la capilla de San Luis de la parroquia de El Salvador, de la que era patrona. Su fervor religioso hizo que mandara a decir por su alma dos mil misas rezadas "para honra y gloria de Nuestro Señor, goce de los Ángeles, alegría de los Santos y provecho de los fieles vivos y difuntos y para que ayudada de ellas pueda mi ánima ver a Dios más presto" (Andrés de Chávez, 1644)

LIENZOS

                  En las paredes laterales de la histórica capilla se hallaban colgados dos lienzos:

Nuestra Señora de Arántzazu (110 x 100 cms.) con un marco dorado. La Patrona de Vizcaya se presenta sobre un árbol y sostiene al Niño Jesús y ambos están en actitud de bendecir. Es una obra popular de la que, según Gloria Rodríguez, "se ignora procedencia y autor". En 1719 se hallaba en la capilla del Carmen (primera del lado de la Epístola). Actualmente se conserva en la sacristía gótica del templo. Junto a otra pintura sobre lienzo venerada en la ermita de San Miguel de Breña Alta (172 x 129 cms.) y fechada entre 1730 y 1740, obra de Juan Manuel de Silva, son las únicas representaciones de esta advocación mariana existentes en el Archipiélago. Pérez Morera indica que "ambas presentan la aparición de Nuestra Señora de Arántzazu sobre un arbusto de espinos y cabe pensar que las dos estén relacionadas con la familia Manrique de Lara". En la inscripción que aparece en la tela de Breña Alta, dice haber sido donada por el caballero gomero Salvador José Cayetano Doménego y Martínez de Lara, sobrino del licenciado Carlos Doménego y Montañés (1661-1711), que era beneficiado de El Salvador y fundador de dicha ermita bajo la advocación del Arcángel.

Nuestra Señora de Las Nieves (100 x 80 cms.) con marco dorado del siglo XVIII. Fue depositado en la iglesia por la prestigiosa Sociedad La Cosmológica, propietaria de este cuadro. Cada cinco de agosto, onomástica de la Patrona Insular, se coloca en un atril en lugar preferente en la capilla mayor, donde recibe la veneración de los feligreses. Después de trasladarse a la sacristía y a la sala capitular, hoy se muestra en el testero del templo. Esta Vera Efigie de nuestra "Morenita" nos recuerda las formas de las dos pinturas sobre lienzo que el mencionado pintor palmero, Juan Manuel de Silva (1687-1751) ejecutó y se conservan en las iglesias de San Blas de Villa de Mazo y del Hospital de Dolores de la capital palmera.  Se la representa tal y como quedó expuesta a la veneración del Pueblo Palmero desde el último tercio del siglo XVI. La milagrosa imagen oculta bajo una campana textil, embutida en una percha triangular de corte barroco. La representación de la Virgen "más antigua y rica de Canarias", aparece con el característico rostrillo de pedrería y enjoyada con medallones,  broches y alhajas de oro, esmaltes, perlas y esmeraldas.

                    En la actualidad, ambos cuadros fueron sustituidos por dos lienzos del Via Crucis que cuelgan a lo largo de las naves de la Epístola y del Evangelio. Concretamente, los que aquí se han colgado tienen que ver con la Cruz de Cristo: "El encuentro de las Santas Mujeres con el Nazareno" y "el Señor de la Caída".

SAN JUAN BAUTISTA

                  España fue una de las bases más importantes de la Contrarreforma Católica. Tanto la lucha de los jesuitas españoles en Trento para defender la indiscutibilidad del dogma como el poder de la Iglesia, marcarían las más notorias características de nuestro barroco.

              Entre otras muchas características del Barroco, corriente artística surgida en 1600 hasta 1750,  destacamos: el carácter religioso de la temática plástica, la utilización del arte como argumento convincente del poder católico y la dirección artística hacia la sensación antes que a la razón.

              Se erige como una poderosa mezcla de ornamentación; de rica policromía en su escultura (no consiste en copiar la realidad sino en hacer eterno lo efímero); de un atormentado movimiento de las mismas; de la utilización casi exclusiva de la madera – de honda tradición castellana-; del desarrollo del sentido realista (las imágenes aparecen con ricas vestiduras, más color y pliegues, rostros expresivos… cuya finalidad primordial es sugerir una profunda emoción religiosa en el espectador, enternecer la sensibilidad de los fieles, excitar la devoción…);de un amor por lo recargado y lo fastuoso, frente a la severidad y desnudez de la Reforma, etc.

              La imagen nace procesional o se la educa para que así sea.

              Dos escuelas destacadas surgen de esta nueva corriente en España: la castellana y la andaluza.

              Durante el Barroco, impulsados por la fuerte demanda religiosa, florecieron los talleres isleños que, hasta entonces, habían permanecido en el anonimato. Santa Cruz de La Palma, junto con La Laguna, Garachico y Las Palmas, se erige en uno de los principales centros artísticos de las Islas. A nivel insular, en la capital palmera quedan establecidos los talleres, de tal manera, que la ciudad aglutina y centra toda la actividad artística.

              Así, dentro del panorama escultórico canario, también es La Palma con "mayor porcentaje de barroco propiamente sevillano".

             Una de sus importantes muestras dentro de la suntuosa Parroquia Matriz de El Salvador de la capital palmera es el magnífico "San Juan Bautista" que preside la capilla de su nombre. Su expresión serena y su actitud reposada y majestuosa (que recuerda  un idealismo de origen clásico), la bien acabada anatomía de las partes visibles y el magnífico tratamiento de los ropajes (búsqueda del realismo), etc., reflejan las características de la escuela sevillana de la primer cuarto del siglo XVII, formada en torno al maestro imaginero Martínez Montañés, denominado "padre de la estatuaria barroca andaluza".

              El santo mártir se presenta como un hombre maduro, de pie, que mira al frente orgulloso mientras señala al Cordero que porta sobre un libro en su brazo izquierdo. Estos -junto con la larga cruz que sostiene- son sus atributos más habituales. Se trata de una talla en madera de 110 cms. de altura, estofada y pintada, cuyas vestiduras fueron restauradas en los años 80 por el desaparecido artista orotavense Ezequiel de León en su taller de Tenerife. Es una obra del siglo XVII de escuela sevillana que se cita por primera vez en el Inventario del 7 de mayo de 1637. La diadema de plata que lucía -ahora no la lleva- figura entre las adiciones al Inventario hecha en la visita de 1768.

              El afamado artista palmero Bernardo Manuel de Silva reprodujo, con ligeras variantes, la imagen del mismo tema para la iglesia de San Blas de la Villa de Mazo. Tanto la actitud como la posición de las manos y la caída del plegado es la misma en ambos casos.

              Unas características que presentan semejanzas con obras de afamados imagineros barrocos como Francisco de Ocampo,  Jacinto Pimentel e incluso Martín de Andújar, por lo que nuestra talla podría muy bien haber salido de la gubia de cualquiera de estos maestros.

              La investigadora Gloria Rodríguez describía así la magnífica talla: "sobre la túnica de piel cuyo pelo asoma por los bordes lleva siempre un manto que parte del hombro izquierdo y se recoge en la cintura después de pasar por la espalda bajo el otro brazo. Hernández Díaz continuaba: "Es peculiar la forma de la cabellera que se proyecta verticalmente por un mechón frontal compensado hacia abajo por la barba, mientras que el resto se recorta en mechones que se unen a la barba y caen por detrás de las orejas".

              El origen sevillano de esta efigie viene avalado por la intención del comitente y fundador de la capilla del santo (la colateral del lado del Evangelio) el Capitán Juan de Valle, que  lo exige en su testamento de 19 de febrero de 1606 ante el escribano Tomás González. Este mandato no fue cumplido inmediatamente, pues no consta en la iglesia hasta el inventario de 1637. Ha quedado registrada  también la fecha de 13 de febrero de 1609 en la que se  ordena que se traiga "una imagen de San Juan Bautista de buen tamaño" para colocar en su capilla. Sería un sobrino, heredero del fundador, también el capitán Sebastián Martínez del Valle -Castellano de las Fuerzas en 1626- quien manifestase en una de sus cláusulas testamentarias ante Andrés de Chávez en 1627, "que la hechura de bulto de San Juan Bautista que el Capitán Pedro de las Muñecas Helguera vecino de la ciudad de Sevilla me remitió a esta isla para la capilla el Capitan Juan del Valle mi tio le debo cierto resto como parecera por la cuenta que me envio".

              Esta talla presenta similitudes con la obra de Francisco de Ocampo, imaginero montañesino y colaborador de Martínez Montañés, que también ejecutó varios encargos para La Palma (como un San Francisco, en 1616 y un Santo Domingo penitente para el convento dominico, en 1637) y para Tenerife. Concretamente hizo en 1608 un San Juan Bautista "bestido de honbre penitente de estatura de una bara de alto sin la peana que representa honbre con su barba y su cordero sobre la peana que mire al santo y el santo que señale con el dedo al cordero". Esta imagen parece corresponderse con la existente en el Convento tinerfeño de Santa Catalina de La Laguna. Para Gloria Rodríguez, nuestro San Juan también tiene características en común con la obra de Jacinto Pimentel (discípulo de Ocampo) u otras "clasificadas como de taller montañesino (San José en Aldea de Aras, Sevilla)". Es probable que cualquiera de los citados artistas fuese el autor de esta magnífica pieza, incluso el propio maestro Martín de Andújar, que se encontraba en Tenerife en 1637 y quien había traído varias imágenes desde la ciudad hispalense, como el Nazareno venerado en la iglesia de Santiago en el Realejo Alto. Precisamente es en ese año cuando aparece por primera vez en el inventario de El Salvador. Gloria Rodríguez añadía en su magnífico estudio que, "el origen sevillano de la imagen viene además avalado por la intención del comitente que así lo exige en testamento de 19 de febrero de 1606". Por lo que hemos dicho de la aparición de la pieza en el tesoro del templo en el catálogo de 1637 parece que el mandato de Valle debió de cumplirse con retraso.

               La Cofradía de San Juan Bautista se fundó en 1640 y, curiosamente, uno de los primeros artículos de las constituciones que la regían era, precisamente, que los cofrades fueran hidalgos solteros en el momento del ingreso. Después podían casarse. Su objeto principal era la fiesta del Santo Precursor, su patrono (cada 24 de junio), y un aniversario que se le hacía anualmente por los hermanos difuntos.

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