LA DEVOCIÓN SEPULCRISTA
La Orden Militar y Pontificia del Santo Sepulcro, al extenderse por toda Europa
tras la expulsión de los turcos de Jerusalén, empieza a emprender un ambicioso proyecto: la fundación y la construcción de sus cenobios e iglesias por todo Aragón. Como vestigio aún podemos admirar la Real Iglesia el Santo Sepulcro de Calatayud, prueba fehaciente de ello y que aún hoy en día sigue en pleno servicio espiritual. Hay que añadir también el convento de religiosas Comendadoras del Santo Sepulcro de Jerusalén, fundado en Híjar por la Baronesa de aquella villa. Otra fundación erigida en Zaragoza fue la del monasterio de las Damas Comendadoras.
Precisamente, fue en aquellas mismas tierras aragonesas donde, según cuentan las crónicas, se funda el primer Santo Sepulcro conocido en España. Corresponde al de la iglesia de la Virgen del Carmen de Zaragoza. Allí fue donde se veneró por primera vez el cuerpo inerte de Cristo. Estaba acompañado por la Virgen, San Juan Evangelista, los Santos Varones y las Santas Mujeres. Una de ellas sujetaba un sudario entre sus manos.
La misma crónica nos dice que dicha capilla, siempre visitada por multitud de devotos feligreses y peregrinos, llegó a considerarse como el foco de la devoción pasionista por excelencia a Cristo Muerto en el Sepulcro. Allí se fundó la primera sede de la Primera y Devotísima Procesión del Entierro de Cristo Nuestro Señor. A instancias del Padre Marcos de Guadalaxara y Xavier, el Marqués de Ossera, don Juan de Funes y Villalpando fue quien materializó aquel anhelado sueño.
Tras la venerada imagen del templo carmelita, fue el espectacular Cristo Yacente de las Comendadoras, del siglo XIV y más tarde el Cristo Muerto de Valladolid. Una sorprendente efigie que fue encargado por el Rey Felipe III en 1605 para su oratorio del Palacio Real de aquella ciudad. Salió de la gubia del prestigioso artista e imaginero Gregorio Hernández (1566 ó 76-1636). Actualmente está custodiado en la iglesia del Convento de los Capuchinos, Nuestra Señora de los Ángeles de El Pardo. Luego, Sevilla, con la imagen del Señor esculpido por Juan de Mesas (1586-1627) y cuya sede es la iglesia del Santo Sepulcro y San Gregorio Magno. Este recinto sacro perteneció al colegio que los ingleses fundaron en 1592 y que duró como tal hasta 1767.
Otras ciudades andaluzas siguieron el ejemplo, y poco a poco fueron fundándose hermandades, como la de Sanlúcar de Barrameda en 1515; Jerez de la Frontera, en 1447; el Puerto de Santa María, en 1566; Cádiz, a finales del XVI, etc.
No podemos olvidar otra preciosa talla del Yacente que se venera en el madrileño convento de la Encarnación, obra de Michael Perone en 1690.
EL CRISTO DEL CLAVO
Desde 1912 ha salido la procesión del Santo Entierro ininterrumpidamente desde El Salvador, pero a raíz de los incidentes ocurridos entre los Padres Paúles y las Hermandades de la iglesia de Santo Domingo, dejaron de salir las imágenes de la Dolorosa y de San Juan Evangelista de dicho templo. Se trasladó así la organización de la procesión a la Parroquia Matriz. De nuevo estuvieron presentes en el año 1923 al ser reorganizada la Hermandad del Santísimo Rosario en el templo dominico, uniéndose a la comitiva procesional en el momento de pasar por esta iglesia. Desde 1958, tras la decisión de variar los itinerarios de los desfiles sacros, ambas imágenes son trasladadas a El Salvador, al igual que la Magdalena desde San Francisco y así salir todos los pasos conjuntamente. En los años de 1912 a 1923 las tallas que acompañaban la Magna procesión eran la Dolorosa y el San Juan del grupo escultórico del Calvario de Los Mulatos. Un año también participó la Dolorosa de la Venerable Orden Tercera, popularmente conocida como la "Virgen de la Capilla".
Desde esos lamentables hechos, en el frontal del altar de San Juan Bautista, en una vitrina confeccionada al efecto, se aloja el "Señor Difunto".
Actualmente sirve de sepulcro al impresionante Cristo yacente. Esta imponente efigie del Señor Difunto -iconografía surgida en el Barroco- es obra del magistral artista malagueño Francisco Palma Burgos (1918-1985). Su primera salida procesional fue el 5 de abril de 1985, acompañado por su artífice en el mismo año de su repentina muerte.
No es que "Paco" Palma -como era conocido por sus allegados- tuviera excesivos deseos de volver a esculpir más tallas para la Semana Santa, pero ante el compromiso y su amistad con José María Gallo Moya, militar destinado en Santa Cruz de La Palma, "y la mediación que éste tuvo para trabajar tanto y bien en Torredonjimeno, no se pudo negar al ofrecimiento de realizar esta imagen" (Toral Valero). Otros dos amigos del artista -también peninsulares- que por aquella época se encontraban destinados en la Isla junto con el mentado José María -Andrés Moreno Siles, ingeniero técnico de Obras Públicas en el puerto de Santa Cruz y Alberto Pérez Benítez, gerente del Parador Nacional de Turismo- conocían el firme deseo y la ilusión que tenía el párroco don Manuel González Méndez de contar con una nueva imagen del "Señor Muertito". Por este motivo, los tres caballeros solicitaron a su amigo en común -el célebre imaginero malagueño- la hechura de la imagen.
El escultor tuvo problemas para acabar su antepenúltima obra y la parroquia, dificultades para sacarla de Italia. Finalmente el maletero de una guagua fue la solución. La parte de la imagen que descansa sobre la espalda y el paño de pureza figuran totalmente lisos. La denominación de la talla se debe a que sus pies desnudos continúan unidos por un clavo, como si el escultor quisiera indicar "la permanencia de Cristo en la Tierra". Como dato curioso, digamos que esta tacha pertenecía a una puerta del Castillo de los Borgia.
El popularmente conocido como "Señor Muertito" ha tenido otras imágenes, como la de pasta de papel atribuida al Cura Díaz, ahora venerada en La Gomera y otra obra seriada hecha en pasta de madera en la ciudad gerundense de Olot, hoy en Garafía. Esta última -donada por Antonio Lugo y Massieu- desfiló procesionalmente en Santa Cruz de La Palma desde 1948 hasta 1984. La idea que fuera Ezequiel de León el autor de otra talla no prosperó. En su lugar se eligió a Paco Palma.
Precede a las preciosas y pesadas andas de alpaca repujada y plateada del Señor (del orfebre lagunero César Fernández Molina y estrenadas en 1957) la Cofradía del Santo Sepulcro. Se trata de una Hermandad masculina de penitencia que engrandece el instante en el que el Cristo Muerto pasa lenta y majestuosamente ante la triste y respetuosa mirada de la muchedumbre cada Viernes Santo por la tarde. Son instantes cargados de profunda emoción. Las lágrimas apenas se pueden contener.
COFRADÍA
La Cofradía del Santo Sepulcro se fundó en abril de 1957. Su promotor fue el sacerdote palmero don José Blas Vandewalle y Hernández (n. 1926), que había heredado la devoción de su abuela doña Rafaela Álvarez por el Cristo Difunto.
Uno de los principales fines de la actual Cofradía del Santo Sepulcro es el de promover y fomentar el culto a su Imagen Titular. Así se desprende de sus primeras reglas estatutarias, que fueron aprobadas el 29 de diciembre de 1959 por el entonces obispo Domingo Pérez Cáceres.
La Cofradía se compromete a mantener una serie de cultos durante el año, comenzando este calendario el 14 de septiembre, importante celebración de la Exaltación de la Santa Cruz. Este día es el elegido para la celebración de la Función Religiosa Principal de la Cofradía.
Además, tiene lugar una Misa mensual en Honor y Gloria al Titular (el penúltimo viernes) y un Solemne Triduo (comenzando el cuarto viernes de cuaresma). En los tres días, la ceremonia se compone del rezo del Santo Rosario y una solemne Misa, tras la cual tiene lugar el Besapiés del Señor.
En cuanto al esperado Viernes Santo, se celebra un Vía Crucis Penitencial por la mañana con la imagen del Santísimo Cristo de las Siete Palabras (sin trono). Ya por la tarde, la Cofradía toma parte activa en los Santos Oficios y en la posterior Estación de Penitencia, conocida popularmente como la Magna Procesión del Santo Entierro, escoltando al Santo Cristo del Clavo.
Así mismo, la Cofradía participa en la Misa por el alma y eterno descanso de cualquier Hermano que fallezca.
BIBLIOGRAFÍA:
Archivo de Protocolos Notariales de Santa Cruz de La Palma (A.P.N.) José María Salazar, 1851; Bernardo José Romero 1797.
FERRANDO ROIG, Juan. Iconografía de los Santos, Ediciones Omega, Barcelona, 1960.
GALANTE GÓMEZ, Francisco José. «La iglesia matriz de El Salvador, en Santa Cruz de La Palma», Arguayro, nº 115, 1979
GÓMEZ MORENO, M.E. Escultura del siglo XVII, Madrid, 1963
HERNÁNDEZ DÍAZ, J. «Una escultura sevillana en Santiago de Chile», Arte en América y Filipinas, Madrid, 1935
HERNÁNDEZ PERERA, J. «Esculturas genovesas en Tenerife», Anuario de Estudios Atlánticos, nº 7, 1961
LÓPEZ MARTÍNEZ, C. Retablos y esculturas de traza sevillana, Sevilla, 1928
– Idem. Notas para la historia del Arte. De Martínez Montañés a Pedro Roldán, Sevilla, 1932
LORENZO RODRÍGUEZ, Juan Bautista. Noticias para la Historia de La Palma. La Laguna y Santa Cruz de La Palma, t. I y II, 1975 y 1997.
MARTÍNEZ DE LA PEÑA, D. El escultor Martín de Andújar y Cantos, A.E.A., 1961
PÉREZ GARCÍA, Jaime. Fastos Biográficos de La Palma, Sociedad Cosmológica, CajaCanarias, 2009.
– Idem. Santa Cruz de La Palma, recorrido histórico-social a través de su arquitectura doméstica. Santa Cruz de La Palma, 2004
– Idem. Casas y familias de una ciudad histórica. La Calle Real de Santa Cruz de La Palma. Madrid, 1995
PÉREZ MORERA, Jesús. "Parroquia Matriz de El Salvador" en Magna Palmensis. Retrato de una Ciudad, CajaCanarias, 2000
– Idem. Silva. Bernardo Manuel de Silva, Biblioteca de Artistas Canarios, Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, 1994
– Idem. Magna Palmensis. Retrato de una ciudad. CajaCanarias, 2000
PÉREZ MORERA, Jesús; RODRÍGUEZ MORALES, Carlos. Arte en Canarias. Del Gótico al Manierismo, Viceconsejería de Cultura y Deportes, Gobierno de Canarias, 2008
RÉAU, Louis. Iconographie de l"Art Chrétien, P.U.F., Paris, 1957
RODRÍGUEZ, Gloria. La Iglesia de El Salvador de Santa Cruz de La Palma, Madrid, 1985
SÁNCHEZ CANTÓN, J.L. Escultura y pintura del siglo XVIII. Madrid, 1965.
TORAL VALERO, Felipe. Vida y obra de Palma Burgos. El Olivo, Jaén, 2004.

