La capilla de San Juan Bautista de El Salvador (II)

SAN JOSÉ Y EL NIÑO

                    La imagen barroca de San José (de 48 cms. de altura) se presenta sobre peana (de 14 cms.) y cabeza de ángeles. Se trata de una talla en madera pintada y estofada, obra del afamado y polifacético artista sevillano Benito de Hita y Castillo y de Guzmán (1714-1784). La profesora Rodríguez informa de que "sus características la sitúan dentro de la imaginería del siglo XVIII". En la documentación parroquial se nombra por primera vez en un fragmento de inventario que puede situarse entre 1832 y 1840 (Legajo "Inventarios"). La misma investigadora palmera insiste también en que posee cierta influencia italiana, "en una composición muy próxima al San José del convento de Loreto en Espartinas (Sevilla)". Ambas imágenes coinciden en el esquema de la peana dorada que lo sostiene bajo una base de nubes y angelotes. Es curiosa la forma achinada en que se representan los ojos de San José, a lo que los estudiosos denominan "nota curiosa", que se debe a "influencias que desconocemos". Galante Gómez en su obra sobre el templo, confirma la autoría del mencionado Hita y Castillo, "sin otra documentación que lo acredite".

                    En esta delicada pieza, el Niño Jesús se vuelve hacia el espectador y "el vuelo del manto se ciñe más al cuerpo de San José". Esta iconografía del "Padre con el Niño Jesús en brazos" se desarrolla a partir del siglo XVII, según modelos introducidos por Alonso Cano, "puesto que en épocas anteriores, el temor a desviaciones heréticas relacionadas con la divinidad de Cristo desaconsejaba la popularización de su culto".

SANTA GERTRUDIS DE NIVELLES

                    Nicolás de Sotomayor fue Capitán de Las Milicias pero también lo fue del navío Nuestra Señora del Rosario y El Santísimo Cristo del Planto, alias "La Paz", que, a su cargo, hacía la travesía de América. En uno de estos viajes trajo una imagen de Santa Gertrudis a la que daba culto en su casa aunque sobre ella, en su testamento, dispuso que se colocara en la ermita de San Francisco Javier en el nicho que para este fin había hecho; que se le dijera todos los años misa rezada y novena en el día de su onomástica,  a libre voluntad de sus herederos, sin gravamen ni hipoteca, para que ningún Juez eclesiástico pudiera obligarles a su cumplimiento (A.P.N. 1797).

                    Su hijo don Miguel, a su vez, en una de sus cláusulas testamentarias mandó a su hijo del mismo nombre que llevara a efecto lo dispuesto por su padre con respecto a la imagen de Santa Gertrudis que estaba en su casa porque él no lo pudo realizar, entre otras causas, por las disposiciones gubernamentales sobre ermitas y demás concernientes a asuntos eclesiásticos  (A.P.N. 1851).

                    En el siglo actual, la talla recibía culto en la iglesia que fue del convento de Santo Domingo y desde hace pocos años en la Parroquia Matriz de El Salvador de la capital palmera, donde se conserva. Actualmente está entronizada en el altar de San Juan Bautista dentro de una pequeña hornacina a los pies del retablo.

                    Se trata de una bella imagen barroca de aproximadamente un metro de altura, estofada, dorada y policromada. La larga túnica con amplias mangas está confeccionada con tela adamascada en adornos de pan de oro, simulando los hábitos de la orden benedictina, de la que llegó a ser abadesa. Tiene su mano derecha ligeramente alzada, mientras que la izquierda está prácticamente pegada al pecho y no se le aprecia ningún atributo. Lamentablemente le faltan algunos de sus dedos. Su penetrante y profunda mirada no deja impasible al observador. Sus grandes ojos oscuros y almendrados desprenden una gran dulzura. Otras características destacables son: su boca pequeña y bien perfilada, su mentón redondeado, sus finas cejas arqueadas, pequeña nariz, rostro ovalado…

                    Santa Gertrudis de Nivelles llegó a ser en el año 652 la segunda abadesa del monasterio de dicha localidad belga -Nivelles- de la provincia de Brabante en la región de Valonia. Presidió sabiamente el cenobio femenino que había sido construido por su madre (ésta también erigió otro masculino) y fue asidua lectora de las Sagradas Escrituras. Consumió su vida con la austeridad de vigilias y ayunos. Hija del alcalde de palacio Pipino de Landen y de Santa Itte, nació en 626 y, según su hagiografía, huyó para escapar de un pretendiente que deseaba obligarla a casarse. Recibió de manos de San Amadeo el sagrado velo de las vírgenes. Etimológicamente significa "virgen de la lanza". Murió en 659 a los treinta y tres años de edad. Es patrona de los hospitales, de los viajeros y de los peregrinos. Sobre todo se la invocaba contra las plagas de ratas y ratones (pestis murium), ratones de campo y otros roedores y, como contrapartida, es protectora de los gatos. Como atributo personal, suele llevar un grupo de ratones que trepan por su vestido y por el báculo. Para librarse de estas repelentes especies bastaba pregar y recitar en su honor un Pater Noster y un Ave María. El día de su fiesta, el 17 de marzo (también el 26 de mayo), era necesario abstenerse de hilar, de lo contrario, los ratones roían ruecas y  madejas. Su culto ha perdido fuerza por el empleo de los matarratas y otros eficaces procedimientos raticidas.

SAN JUAN NEPOMUCENO

                    En el inventario de 1757 (adiciones al de 1719) se incluye la fabulosa talla barroca de San Juan Nepomuceno, del siglo XVIII, en madera estofada,  que utiliza tela engomada para algunos tejidos, concebida dentro del naturalismo un poco insulso de la imaginería de la época que sigue manteniendo los valores tradicionales frente a las innovaciones académicas que se inician. Tiene de 68 cms de altura y descansa sobre una magnífica peana rococó de 23 cms. Viste ropas sacerdotales con manto de armiño y crucifijo en la mano, al que mira inclinando su cuerpo, en postura de sumisión, adoración y rezo. Su semblante y expresión y boca entreabierta así lo sugiere. Atributo éste que portan los santos de vida meditativa y los penitentes. Por el movimiento de pliegues se asemeja a las obras de Salvador Carmona (San Francisco Javier en San Fermín de los Navarros, Madrid, hoy destruida), no así por la expresión que se acerca más a la dulzura de las imágenes andaluzas. Lleva una magnífica aureola con estrellas y bonete recubierto en plata que se cita por primera vez en el Inventario de 1757 donde figura como donación del beneficiado Francisco Ignacio Fierro y Torres (1721-1789), cuñado de Felipe Manuel Massieu. Este poderoso patricio fue quién realizó numerosos encargos al taller de Hita y Castillo.

                    Su sobrino, José María Fierro de Santa Cruz y Brito no pudo cumplir los deseos del otorgante porque el Obispo Antonio Tavira y Almazán no tuvo a bien conceder la oportuna licencia; por su decreto de 14 de agosto de 1794 dispuso que la imagen se colocara en la capilla de San Juan Bautista, a un lateral de ésta "en un nicho de buen gusto y bien decente",  y que los costos que habían de producirse con la hechura del nuevo altar se invirtieran en el aseo y reedificación de la citada capilla "por ser contrario a la disciplina eclesiástica la fábrica de más altares en dicha parroquia donde hay sobras de ellos".

                    En cumplimiento a lo ordenado por el Diocesano, se colocó la imagen en la capilla mencionada y se invirtió en su aseo y reedificación, 12.750 reales. Así consta en el Archivo de Protocolos Notariales (Manuel Antonio de Salazar, 1789. José Manuel Salazar, 1816).

                    La talla se encontraba "almacenada" dentro de su urna situada en el lateral derecho del magnífico bajo coro, justo  frente a otra idéntica donde se halla la preciosa talla flamenca del siglo XVI de San Luis, Rey de Francia. Este cambio de ubicación había hecho muy difícil su contemplación. En enero de 2010, afortunadamente, las dos magníficas efigies se han colocado nuevamente en su primitivo emplazamiento, a ambos lados del retablo neoclásico de San Juan Bautista, en la capilla colateral del Evangelio y de mismo nombre. Una loable actuación del párroco don José Checa. Ahora sí pueden ser admiradas, estudiadas y veneradas

 

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