"… De un extremo al otro del barrio se abren puertas y ventanas para festejar la solemnidad, vibrando los acordes musicales y voces acompañados de representaciones plásticas sumidas en el embrujo de una bóveda celeste multicolor, mágicos destellos, fiel reflejo de bengalas y tracas. Frente al océano bogan los recuerdos e hitos históricos en torno a unas imágenes centenarias, que son tradición recobrada del compromiso a una faceta ancestral y a sentir en nuestra vida…"
Domingo Cabrera Pérez, 2008
– LA ERMITA
La preciosa ermita dedicada al dominico San Pedro González Telmo, conocido popularmente como San Telmo o "San Telmito" -Patrono de las gentes de la mar-, bautizó el barrio del extremo sur de la ciudad de Santa Cruz de La Palma. Fue construida antes de 1551 por la cofradía de mareantes sobre el risco que domina el puerto de la capital palmera. Esta confraternidad, constituida por pescadores, marinos y navegantes, se fundó en 1591 y ayudó a construir la ermita desde sus cimientos entre 1675 y 1680. Esto fue gracias a la aportación del uno y medio por ciento de lo "que ganasen en los viaxes" y en las limosnas obtenidas en los "barcos de trabiesa y de pescar".
Finalizadas las obras del nuevo templo, se construyó el magnífico retablo mayor entre 1680-1790. Su autor fue el afamado artista Andrés del Rosario. Ha sido calificado por el profesor Alonso Trujillo de "hermosa joya", obra de un maestro "poseedor de una categoría artística bien notoria (…) No tiene en todo el Archipiélago otro ejemplar que pueda comparársele". Es precisamente en este fabuloso retablo donde se encuentra el Santo Patrón San Telmo. La antigua escultura se halla custodiada actualmente en la sacristía, mientras que la nueva está ubicada más concretamente en la hornacina inferior derecha (izquierda del espectador). En el centro de este altar se halla entronizada la bella efigie de Nuestra Señora de La Luz, tallada por el ilustre palmero Juan de Silva en 1718. Se trata de un delicado candelero o talla de vestir, cuyo rostro sigue el modelo flamenco arquetípico en el taller familiar, como nos informa detalladamente el profesor palmero Pérez Morera. La hermosa imagen fue venerada anteriormente en la Parroquia Matriz de El Salvador bajo la advocación de la Virgen del Carmen.
– LAS ANTIGUAS FIESTAS
En la bella iglesia de San Telmo, Patrón de los Mareantes, "templo palmero marinero por excelencia", desde antiguo se celebraban grandes fiestas en honor a la Virgen de La Luz el día de su onomástica, el 8 de septiembre. Los festejos de los dos patronos del barrio pujaban en espectacularidad con el resto de las celebradas en la ciudad y en la isla, e incluso entre sí.
La fundación de esta festividad mariana, por cuya asistencia el Beneficiado recibía "cuatro ducados", se debió a la devoción que Ana González de Lima profesaba a la preciosa imagen de la Virgen. En su testamento, otorgado ante el escribano Andrés de Chávez el 21 de octubre de 1652, dejó un tributo de 500 reales que poseía sobre los bienes de Bartolomé Martín, en el municipio norteño de Puntallana. Puntualizaba que "si la imposición fuese redimida, se pusiera sobre bienes seguros".
– LA POLÉMICA
La costumbre de la fundadora fue continuada por su hijo político, el capitán y regidor de la Isla José de Arce y Rojas, progenitor del Venerable Padre José de Arce, misionero jesuita mártir conocido como el "Apóstol del Paraguay". El regidor cumplió con la tradición hasta 1680, fecha en la que pretendió trasladar la imagen de la Virgen de La Luz hasta la ermita de San Francisco Javier, fundada por él el 26 de febrero de 1674, en la Calle Real del Puerto de esta ciudad, hoy desaparecida.
Tanto la Cofradía de los Mareantes como las autoridades eclesiásticas se opusieron tajantemente a este traslado, por lo que la procesión no se llegó a verificar. Los vecinos del barrio de San Telmo también se habían manifestado en contra de esta decisión unilateral del ilustre caballero.
No contento con el resultado, el Sr. Arce solicitó licencia para celebrar la "Fiesta de la Luz", el mismo día 8 de septiembre, con una imagen de la Virgen que se hallaba entronizada en la ermita de su fundación. Tampoco la Iglesia estuvo conforme, aunque sí le autorizó la celebración de la octava de la fiesta, es decir, el día 15 del mismo mes.
Debido a los obstáculos a los que se enfrentó y a la unánime respuesta del vecindario y eclesiásticos, el Regidor decidió no continuar con su tradicional y heredada devoción. Los Cofrades mareantes de San Telmo determinaron entonces tomar a su cargo la fiesta mariana. Los herederos de Ana González de Lima siguieron entregando los réditos de la fundación hasta 1738, dejando de hacerlo durante cierto tiempo. Más tarde, el 17 de julio de 1750, María del Patrocinio Volcán y Medina, devota encargada de la venerada imagen, reclamó el cumplimiento de la fundación. Así fue presentado ante el escribano público Andrés de Huertas, "pidiendo ejecución contra los bienes de don Luis de Arce y Rojas".
La mencionada mecenas falleció en la capital palmera el 1 de diciembre de 1766. Su testamento fue otorgado ante Miguel de Acosta el 15 de noviembre anterior. Allí consta que poseía varias cantidades de dinero en las "Indias de Su Majestad" y era su deseo de que se invirtieran en "retocar y componer la imagen de la Santísima Virgen de La Luz".
– LAS FIESTAS ACTUALES
"Su fiesta de septiembre es un acontecer repleto de entusiasmo, trabajo, colaboración y de tantas manifestaciones por sus calles y rincones, quedándonos atónitos ante el derroche de muchos sacrificios convertidos en auténticos vítores a la Madre de Dios". A modo de pregón, el querido vecino del barrio, Domingo Cabrera, sintetizaba así una de las fiestas más importantes de la ciudad en el programa de anteriores ediciones.
Cuando otras han decaído, ésta se ha logrado mantener incluso en tiempos difíciles, tanto por razones económicas como devocionales. Aún más, ha ido creciendo en espectacularidad, y cada año surgen nuevos actos. Algo de lo que debieran aprender el resto de los barrios.
Durante estas festividades, el vecindario recuerda a todas aquellas personas, muchas anónimas, pero otras cuyos nombres han perdurado a través de los tiempos y a las que el pueblo hace público homenaje en agradecimiento por engrandecer las fiestas y la devoción a sus patrones: Gabriel Gómez, Josefa (Morita), Lola de las Casas Pérez, Félix Hernández, Felipe López, Manuel Pérez Páiz, Domingo Cabrera -padre e hijo-, Pedro M. de Las Casas -actual rector del Santuario de Las Nieves-, sus capellanes, mayordomos, cofrades mareantes, devotos vecinos… y, por supuesto, el actual cuidador de la ermita, Félix Rodríguez González. Sin ellos, y sin tantos otros personajes, sería imposible llevar adelante una tarea tan ardua y, a veces, tan ingrata. Todo se olvida tras comprobar el exitoso resultado.
En sus fiestas, La Virgen luce sus mejores galas: arropada por un ampuloso manto de brocado en oro de valioso rostrillo, lleva en su mano derecha la larga candela y la rosa, ambas de plata; en la izquierda, el Niño Jesús con gran corona imperial de plata como su Madre; gran cantidad de joyas en el pecho y otras que penden desde las manos del Niño, como collares, rosarios, anillos, etc. Una mandorla barroca y dorada que nimba toda la imagen y otra con siete estrellas doradas que circunda su cabeza, imprime aun más espectacularidad a la estampa.
– ARTES SUNTUARIAS Y JOYERO DE LA VIRGEN
Benito Cortés de Estupiñán, en su testamento que otorgó cerrado el 1 de agosto de 1616, mandó a su heredera que, por su devoción, ordenara la hechura de un tabernáculo para poner la imagen de la Virgen de La Luz "para que alli este con mas decencia" por estar imperfecto el que tenía. Se pintó en la parte interior de sus dos puertas, a la mano derecha, Santa Ana, y en la otra, San José. También dispuso que la imagen se colocara en él después de quitársele lo que alguna devota le puso en contra a lo dispuesto por el Licenciado Saravia, Visitador General del Obispado. Se refería al manto, saya y otras ropas "con las que estaba afeada especialmente"; que quedara en bulto, dorada y pintada perfectamente, con su corona y diadema de plata (A.P.N. Tomás González, 1620)
Otra gran devota de esta Virgen, Margarita de la Ascensión, legó en su testamento -de 16 de enero de 1706- una casa que poseía en el barrio para así contribuir a su fiesta anual. Siguiendo con los donativos hechos a la imagen, también Manuel Crisanto Cabezola y Volcán dejó en testamento "el farolito de cristal engastado en oro y esmaltes, con pendientes perlas" que siempre ha lucido el Niño. Una magnífica bandeja de plata le fue regalada por el Mayordomo Diego Méndez en 1652.
Una valiosa lámpara de plata fue un obsequio entregado al templo bajo la mayordomía de Gabriel Hernández y que cuelga del arco toral, con la siguiente inscripción: "Esta lanpara se jiso el año 1664 siendo maiordomo Gabriel Hernándes". Lo más viejos del lugar la llaman "la lámpara de la Virgen", como nos recuerda el querido Rector del Santuario de Ntra. Sra. de Las Nieves en su documentadísimo artículo en la prensa local en 1970.
María Nieves Herrera donó un "buen rosario de oro y corales". Un sagrario de metal dorado barroco, haciendo juego con el magnífico retablo de la ermita, obsequiado por "un grupo de señoritas del barrio, residentes en Venezuela". Precisamente un grupo de mujeres, con lo que ganaron en un partido de fútbol entre "casadas y solteras", compraron en la famosa Casa de Santa Rufina en Madrid y regalaron a la Virgen la magnífica vela de plata que porta en su mano derecha. La rosa del mismo material, confeccionada por el orfebre Manuel Hernández Martín, fue donada por Pilar Nola Pérez del Amo; un juego de lavabo aparece fechado en 1652…Los vecinos de Timibúcar le regalaron un rosario de perlas y plata y una cruz verde de oro, etc.
Y así un largo catálogo de regalos: alfombras, lámparas, alhajas, colgaduras, vasos sagrados, mantos (tiene uno azul, otro verde, otro de brocado en oro: "el bueno", etc.). Han sido infinitas las dádivas, valiosas unas, más modestas otras, con las que todas las familias del sector han ofrendado a su patrona. Incluso pequeñas cuotas semanales de todos los vecinos han servido para hacer realidad la hermosa y acogedora ermita que aun hoy tenemos la suerte de contemplar. Afortunadamente, permanece abierta con regularidad y sus tesoros pueden ser admirados por propios y extraños. Incluso, durante la mayor parte del tiempo que está cerrada, se puede ver su interior a través de un postigo de cristal colocado en la cancela de la entrada que está bajo la espadaña. Por desgracia, no ocurre lo mismo con otros templos de la ciudad y de la isla.
En los años 70 también gracias a la generosidad e interés de las gentes del sector de San Telmo, pudo llevarse a cabo la reparación, el embellecimiento y dotación del templo: nuevos bancos, cancel de entrada, acondicionamiento del presbiterio…
- – LAS DOS IMÁGENES MARIANAS
El desaparecido historiador palmero Alberto José Fernández García confirmaba -creemos que algo apesadumbrado- que "no hemos podido localizar el lugar donde pudiera localizarse la primitiva imagen de Nuestra Señora de La Luz que en aquel tiempo recibía culto". En cambio, el profesor Jesús Pérez Morera nos informa: "Por lo que respecta a la antigua Virgen de La Luz que existía en la ermita desde principios del siglo XVIII, fue cedida en 1873 a la parroquia de Mazo con el fin de celebrar con ella la procesión que la Hermandad del Rosario hacía todos los primeros domingos." Sin embargo, otras crónicas confirman que la actual imagen del Rosario de Villa de Mazo es la antigua efigie de la iglesia de Santo Domingo de Guzmán de esta capital.
Lo que sí afirmaba este experto en arte, Alberto José, es que, la que actualmente se venera, fue entronizada allí en 1863. Procede de la Parroquia Matriz de El Salvador de esta ciudad, donde recibía culto bajo una diferente advocación: Nuestra Señora del Carmen. Esta imagen fue esculpida en 1718 por otro prestigioso imaginero de la saga de los Silva, Juan Manuel de Silva Vizcaíno (1687-1751). La efigie se encuentra entronizada en la hornacina central del retablo mayor del testero de la ermita, una obra maestra, "una preciosa joya, dorada y policromada", cuya decoración se basa en temas platerescos con una técnica intensamente barroca, rematado con una gran venera o concha.
En el antiguo retablo construido antes de 1717, la Virgen se situaba en un nicho lateral mientras que el Crucificado que actualmente se venera en el coro, estaba entronizado en el centro del altar. Al otro lado, en otra hornacina se hallaba San Telmo.
- – SAN "TELMITO"
Las brillantes fiestas anuales en honor a la Virgen de La Luz absorbieron finalmente las de "San Telmito", como aún se conoce popularmente al Santo dominico en su barrio. Tal fue la devoción a la nueva talla, que los vecinos bautizaron a la ermita con el nombre de la Virgen. Tanto es así, que el sello oficial del templo dice: "Ermita de Nuestra Señora de La Luz". El original fue aprobado por el Obispado de Tenerife y se encuentra clasificado en el Archivo Diocesano Nivariense.
Como nota curiosa sobre este tema, recogiendo la información publicada por el rector Pedro M. Francisco de Las Casas, diremos que, a principios del siglo XX, un libro-guía impreso en inglés, en Londres, titulado "Brown"s Madeire, Canary Islands and Azores", en su título "Churches" (iglesias), relacionaba los templos de la capital: "La Virgen de Las Nieves, San Salvador, San Francisco, Santo Domingo, San Francisco Javier, Iglesia (escrita en español) de La Luz…". (En lugar de San Telmo).
Para la procesión, el Santo se entroniza en su magnífico galeón del siglo XVII. Es una excepcional representación de una nave procesional, artillada con catorce cañones en cada lado, realizado en madera sobredorada y lienzo. Reproduce un galeón español de aquella época y le sirve de andas a la imagen del mártir dominico, que es colocado en el puente. Se supone que el Visitador Pinto de Guisla mandó hacer este trono en 1681 como ingeniosa idea para hacer los recorridos procesionales, tomando como modelo las andas de la Virgen del Buen Viaje del Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves. Una maqueta de gran precisión que fue reproducida en 1934 para el Museo Naval de Madrid y que tiene una pintura de la Virgen y los cuatro Evangelistas en la popa y una serie de pequeños tripulantes de madera, todos ellos ocupados en distintos trabajos.

