Fernando Estévez del Sacramento (1788-1854) (II)

         3.- "SAN PEDRO LLORANDO"

                    El beneficiado Manuel Díaz había transformado el oratorio y el retablo de San Pedro en 1817. Esta capilla, colateral del Evangelio, había sido fundada por la poderosa cofradía homónima el 7 de noviembre de 1661. El Cura Díaz sustituyó también las imágenes del "Apóstol Arrepentido" y del "Señor Maniatado" por otras que estuvieran "más acorde con el nuevo estilo del retablo neoclásico formado por dos hermosas columnas corintias que soportan un dintel triangular".

                   El sacerdote liberal sólo pagó de esta imagen el estudio de la cabeza y de las manos, "porque se pudo aprovechar el armazón de madera que constituía el cuerpo de la figura anterior". El propio Fuentes también nos informa de que las gestiones realizadas por el Cura Díaz fueron hechas a través del tesorero de la mencionada cofradía, don Cristóbal Fierro.

                   En la mencionada carta en poder de Manuel Poggio, y recogida por  Gerardo Fuentes en su obra, Estévez contesta al patricio Francisco de Lugo y Viña el 28 de julio de 1821 en los siguientes términos:

                   "Muy Sor. mio veo lo qu. Le dice su tio de V. en su carta de encargo del Sn. Pedro y mediante no quiere mas qu. la cabeza y manos, sera su costo ochenta ps. Concluido de varnis y con ojos de cristal, lo mismo importó el Señor preso qu. Vd. Vio. Creo que el Sor. su tio no podra pensar qu. dicho Sto. Siendo del mismo tamaño tenga menos qu. hacer antes puedo decir tendra mas. Quedo enterado del puesto qu. ha de ocupar esta figura qu. según dice es á la derecha del Señor por consiguiente ha de mirar a la izquierda aciarriba. La posición en qu. quieren bayan las manos, pues qu. resta saber, pues deceo queden estos Señores tan gustosos con este encargo como quedaron con el antecedente…"

                   En otra carta fechada el 28 de diciembre de 1821, el artista, que por alguna razón no pudo concluir este trabajo que había empezado en el verano, dice "procurare hacer lo mas pronto que me sea posible la cabeza y manos qu. en ella me encarga no reparando en los dies pes qu. se rebajaron del primer precio…". En el dorso de esta misiva aparecen consignados otros gastos relativos a la talla: "Por otra ps. tres y medio rrta. costo del cajon y conducción de la Villa de la Orotava a esta Ciudad… por dos ps. gastos en acomodar la nueva cabeza y manos del cuerpo antiguo … suman 5 ps. 3 rta. 3 qs. corrientes." Finalmente la bella talla pudo estar acabada para la Semana Santa del año siguiente, 1822. Así se reflejó en el Archivo Parroquial, Cofradía de San Pedro.

                   Fuentes Pérez concluye su estudio sobre esta magistral imagen, de calidad artística insuperable, exponiendo que "su cara envejecida y angustiada por haber negado a su maestro, contrasta en gran hermosura con la figura paciente y amable de Jesús. Los detalles minuciosos de la cabeza y de las manos entrecruzadas recuerdan sobremanera a las esculturas procesionales sevillanas". Un rostro en el que aparece su ya conocida melancolía.

                   El propio investigador nos informa de que los rostros estevianos, como éste de San Pedro, expresan un talante y una fuerza comparables "a los de Salzillo, llenos de esquisitez psicológica. La blandura y la espiritualidad se equiparan al arte de Antonio Dupar, o bien, al estilo de Tomás de Gargollo." Fue esculpida en la llamada "etapa de madurez" de Estévez o "segunda etapa", en la que el tinerfeño se muestra como un escultor nato y seguro de su arte, y es cuando recibe el mayor número de encargos. El período abarca desde 1819 hasta 1830 aproximadamente. 

4.- "LOS ÁNGELES"

                    También esculpió los dos ángeles turiferarios (que portan incensarios) en genuflexión a ambos lados del tabernáculo y la pareja de adorantes, también arrodillados, que coronan el retablo principal neoclásico de El Salvador. De 1836, estas bellas esculturas confeccionadas en madera policromada en blanco y de estilo clasicista, tienen una altura aproximada de 1, 05 mts.

                   Rematan el retablo que acoge el hermoso cuadro de la "Transfiguración del Señor" del prestigioso artista Antonio María Esquivel. Los primeros dos ángeles, en posturas de sumisión y trabajados en cedro y pintados totalmente de blanco por Estévez, llegaron en 1836. Así consta en el acta del 11 de septiembre de ese año custodiada en el archivo de la Hermandad del Santísimo de El Salvador. En 1843 llegó la pareja restante. Fuentes Pérez nos informa de que dicha Hermandad costeó las imágenes pagando "416 pesos y 5 reales de plata al escultor D. Fernando Esteves vecino de la Villa de la Orotava". El mismo historiador nos cuenta cómo "vienen a ser la transposición de los homónimos que se hallan en el tabernáculo de la iglesia de la Concepción de La Orotava, obra de Giuseppe Gaggini (1823)". Probablemente  Estévez quiso imitar a los bellos y estilizados ángeles adoradores de su ciudad natal, si bien con algunas variaciones, haciendo un alarde de un magnífico estudio anatómico. Sigue Fuentes: "… ya que entre las ondulantes túnicas se dejan ver los cuerpos desnudos, tallados con gran realismo". 

5.- "EL NAZARENO"

                    La adquisición de la magnífica "doliente y sufrida escultura de Jesús subiendo al Calvario fue lograda con toda perfección" (en palabras de Fernández García) por el escultor orotavense. Su adquisición, al igual que la preciosa efigie de la "Dolorosa" que lo acompaña en la tarde del Miércoles Santo en el largo itinerario procesional, se debió a la iniciativa de la Hermandad del Nazareno, "ante la mediocridad artística de la anterior imagen". Para esto fue preciso vender algunas joyas y atributos de oro que tenía la antigua imagen. Se pensó en poseer estas tallas de "mejor calidad que las existentes en aquella época".

                   Una vez en la capital palmera, comenzó a dársele culto al Señor el 7 de abril de 1841 (como  reza la inscripción de su espalda). El Miércoles Santo del año siguiente ocurría lo mismo con la mencionada "Virgen" -conocida como "La Magna"-  y al "San Juan Evangelista" -del palmero Manuel Hernández "el Morenito" (1756-1815). Las tres efigies aún continúan formando parte en la teatral escena del "Punto en la Plaza". Así es como se conoce el encuentro de las imágenes en la Plaza de España. Se interpretaba en esos emotivos instantes el motete, según Fernández García, portugués de 1600 titulado "O Vos Omnes" y de autor desconocido. Sin embargo, el querido Luis Cobiella, el que fuera Primer Diputado del Común de Canarias, atribuye su autoría al Cura Díaz.

                   No obstante, en un archivo privado de la capital palmera y según Fuentes Pérez, parece que ambas imágenes llegaron en 1841. Así, en una carta enviada por Estévez a Luis Van-de-Walle Llarena (1782-1864), Marqués de Guisla- Guiselin, el 14 de enero de 1841, el maestro dice que "con esta fecha he entregado al Sr. D. Antonio Ma. Lugo encargado de V.S., las efigies empaquetadas de Jesús Nazareno y Virgen de Dolores talladas en sedro…" El artista informa, sin embargo, de que la repisa del Señor es "del palo de Caova floja" y que ésta había sido remitida por aquel caballero para la total confección de la talla, pero "no puede hacer toda esta obra por que después se hacerró, conosí que su dureza y mucho pero era insuficiente; mas todo lo puede remediar, y me alegré, por que sentía volver á incomodar á V. S. sobre este particular". En esta misiva, publicada por el mismo investigador, el escultor orotavense confirma que "el Sr. Dn. Francisco de Lugo me entregó los doscientos y cuarenta pesos de nuestro ajuste, á quien dí el correspondiente recivo". En cuanto al precio de la corona de espinas del Señor, "y medio cuerpo de la Virgen, me parese regular, el de medio osna por ambas cosas". Concluye la carta diciendo: "tendré mucha satisfacción de que estas Ymagenes puedan llenar los deseos y gustos de V.S.; nada he homitido  para conseguirlo, pero el acierto no depende muchas veces de la voluntad sino de la suerte; y entretanto se sirva V.S. decirme si esta me ha cavido, mande en todo, cuanto sea de su agrado a su afmo. Atento Sr."     

                   Sin lugar a dudas, esta imagen es una de las mejores y bien acabadas salidas de la gubia de Estévez. En ello coinciden los expertos unánimemente.

                   La figura tiene 1, 60 mts de altura y está realizada en madera de cedro. Inclina su cabeza hacia su izquierda y soporta de pie el peso de una cruz a la que parece  abrazar. Tan sólo aparecen tallados la cabeza, los pies y las manos, aunque el cuerpo, oculto bajo la lujosa túnica de brocados, "recibió modelación, a pesar de estar pintado en color azul" (Fuentes, 1990).

                   Como también se le ha llamado, el "Gran Señor Rico de La Palma", tiene una cabeza exquisitamente esculpida, "muy superior a los realizados por Luján para los templos de Gran Canaria". Es más, también se considera que "incluso de mejor calidad que muchos de los ejecutados por maestros peninsulares del siglo XVIII", como también reconoce Fuentes en su obra. El mismo historiador nos lo describe: "en el semblante de esta figura de Jesús, el dolor se ha transformado en una poderosa calma. Su modelado dibujo un rostro cuadrado, clasicista, de nariz helénica y de ojos grandes y rayados, de los que una mirada infinita señorea todo su entorno".

                   La maravillosa túnica de terciopelo rojo bordada en oro -la mejor pieza en su género existente en el Archipiélago- que perteneció al antiguo Señor, también se utiliza para sobrevestir al actual "Nazareno". Fue una dádiva del insigne palmero Cristóbal Pérez Volcán. En su testamento, fechado en La Habana el 20 de enero de 1790, otorgado ante el escribano Nicolás Frías Magdaleno, "dejó al Nazareno la cantidad de 6.000 pesos fuertes de oro para que con sus réditos se pagaran los gastos de las fiestas, manifestando además el sobrante de dicho legado se invirtiera en la referida imagen". Fernández García también nos indica que el propio mecenas había dejado igual cantidad "para celebrar misa de una ante su altar todos los domingos y días festivos del año".

                   El antiguo Cristo, que se veneraba en su altar situado debajo del coro de Santo Domingo, pasó a venerarse en la Parroquia de Bonanza de El Paso a la llegada del nuevo. Fuentes, por el contrario, decía que fue enviado al templo de Los Remedios de Los Llanos de Aridane.

                   En 1863 había pasado a ocupar la hornacina central del fabuloso retablo de la iglesia dominica, donde se encontraba el expositor central. También las tallas de "San Juan" y "La Dolorosa" se ubicaron en los nichos laterales, donde se hallaban las ya deterioradas efigies de los "Santos Píos I y V" (según Fernández García).

                   Aunque de acusadas reminiscencias sevillanas, esta preciosa imagen sigue la tradición canaria de cargar la cruz al lado derecho, mientras que en Andalucía es más frecuente hacerlo a la izquierda. "Las manos, de hombre fuerte pero a la vez cultivado, expresan la tensión producida por el peso de la cruz".

 6.- "NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES", "LA MAGNA"

                    La bellísima talla de la "Dolorosa", que "refleja el dolor más intenso, pero sereno, en su rostro y en la laxitud de sus miembros" desfila también en la "Magna Procesión del Santo Entierro", cada Viernes Santo por la tarde. Para ello es entronizada en las fabulosas andas sobredoradas de estilo rococó, las mejores que se encuentran en la Isla, utilizada dos días antes por el "Nazareno". Previamente lo hacía en otra base donada por Dolores Van de Walle Fierro, VII Marquesa de Guisla-Guiselin, procedente de París en 1937 que sustituía a otra anterior. Remata el conjunto los mismos cuatro preciosos ángeles, vestidos "a la romana" que también acompañan al Señor y que fueron esculpidos por un esclavo negro en América, otra donación del mecenas palmero Pérez  Volcán. Es Fernández García el que nos informa de que, tanto estos angelitos como la túnica del Nazareno, fueron custodiados en la casa de García de Aguilar y Carballo, "familia descendiente de las sobrinas del donante hasta que sus miembros se decidió dejarla definitivamente en la iglesia".

                   Esta querida y venerada imagen, de 1, 60 mts de altura, es de una esbeltez y elegancia inusual. La Virgen se "muestra desprovista totalmente de efectismo y de tensión". En 1957 estrenó un magnífico traje y manto de terciopelo de seda bordado en oro, donación de Mercedes Sotomayor, VIII Marquesa del mismo título, supliendo, como nos informa Fernández García, "el que poseía que había sido obsequio de doña Dolores Santo de Duque". El mismo historiador nos sigue detallando que "el día en que la Dolorosa estrenó su base fue la primera vez que en Santa Cruz de La Palma se adornó una imagen con flores naturales".  

                   Algunos estudiosos, entre los que se encuentran Gerardo Fuentes, nos informan de que la imagen mariana está inspirada en su homónima de la ermita del Espíritu Santo de Las Palmas, una bella obra del grancanario Luján Pérez. También nos recuerda a la del mismo nombre de la parroquia de Santo Domingo de aquella ciudad, imagen también del mismo maestro.

                   Este mismo historiador concluye su estudio con esta descripción de la Virgen: "su cabeza se inclina hacia la derecha en actitud meditativa, deteniendo su mirada en el blanco pañuelo que sostiene la mano derecha flexionada hasta la altura del pecho; la izquierda, en cambio, intenta apretar el borde del manto". Continúa diciendo que "el rostro, un tanto cuadrado, sostiene un semblante sereno y a la vez sublime. En él ha desaparecido el dolor y sólo queda la tranquilidad del espíritu. Es una obra típicamente esteviana por sus potentes mejillas, ojos rasgados y de mirada oblicua, quijadas portentosas y suavidad en el cabello".                   

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