LAS HORQUILLAS.
Estas cuatro sencillas varas de plata, confeccionadas en plata en su color en La Habana hacia 1706, son configuradas por seis cañones lisos separados por arandelas salientes cuyas medidas son: 14 x 9,5 cms.; vara, 126, 5 cms. Como informaba la historiadora palmera Gloria Rodríguez, sobre la vara "se apoya un cuerpo semiesférico achatado en su parte inferior y troncónico en la parte superior, que sirve de base a la horquilla propiamente dicha. Ésta se compone de dos elementos sinuosos de carácter vegetal entre los cuales descansan los varales de las andas procesionales".
En el Archivo Parroquial del Santuario, concretamente en los Inventarios de 1697 y 1706, se recoge que fueron enviadas desde la capital cubana de limosna por el licenciado Amaro Rodríguez de Herrera.
LAS ANDAS DE BALDAQUINO
Las andas de baldaquino de plata repujada son las segundas más antiguas que se conservan en el Archipiélago. Las primeras pertenecen a la Virgen del Rosario de la iglesia de Santo Domingo de Santa Cruz de La Palma. Las de Las Nieves están decoradas con motivos barrocos, datan de 1665 y su construcción se efectuó siendo administrador de las cuentas de fábrica el Sr. Guisla Van de Walle, que hizo grabar su nombre en los espejos elípticos que aparecen en los laterales de la base. Fueron encargadas al prestigioso orfebre palmero Pedro Leonardo Santa Cruz, Capitán de las Milicias, pero falleció sin haberlas acabado. Por este motivo hubieron de ser enviadas a Tenerife donde se le dieron fin. Su costo total fue de 11.399 reales, según se detalló en las cuentas del 1 de agosto de 1698.
Tejera Grimón asegura que "las andas de la Virgen constituyen el ejemplar más antiguo que existe en Canarias salido de los talleres de la platería isleña".
Sobre la peana central de plata donde va colocada la Virgen, a sus pies, está fijada un creciente de luna, regalo de Juan de Oviedo, según la documentación de 1681. Años más tarde, en 1706, esta pieza se bañó en oro gracias a la generosidad de Ambrosio Rodríguez de La Cruz, natural del Realejo Bajo y vecino de esta ciudad.
Se contabilizan 876 reales y 12 maravedíes gastados en la plata que se empleó en los remates y perillas que se colocaron encima de la cornisa del baldaquino, donde van insertados varios ramilletes de flores blancas. La plata de la mandorla o sol que nimba a la venerada imagen la donó María de Las Nieves Pinto y Vélez de Ontanilla, y la hechura y dorado se pagó con dinero propio del Santuario. Consta en 29 de diciembre de 1768 y se realizó en Tenerife. Se compone de un óvalo dorado y repujado del que cuelgan doce estrellas , seis en cada lado, y una paloma de plata (representando al Espíritu Santo), que pende sobre la corona de la Virgen, balanceándose con el movimiento del trono.
El mencionado Arzobispo de Puebla de los Ángeles (Méjico) Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu no olvidó antes de su muerte a las iglesias y templos de su querida Isla. Fueron varias las mandas piadosas que envió a La Palma. Por ejemplo, y según las cuentas dadas en la Visita a Las Nieves en 1757, donó a la Patrona "una salvilla de plata con un vaso y una tapadera, un Cáliz con el escudo de armas al pie, platillo y vinageras y campanilla, todo de plata sobre dorado. Asi mismo remitió por mano de don Fco. del Arco y Compañía, del Comercio de Cadiz, mil duros para Ntra Sora. de las Nieves, los caules se invirtieron en adornos de la Santa Imagen, templo y sacristía, y se concluyó la obra del trono de plata y ándas de la Virgen".
El orfebre Fernández Molina hizo un jarro de plata para sustituir al de madera que tenía las andas en el centro de su techo, a petición del devoto Rafael De La Barreda y Díaz y familia.
ROMERÍA LUSTRAL DEL TRONO DE LA VIRGEN
"Aquí se vuelca el alma palmera, siempre dada a emocionarse y a mostrar sanamente esa pura emoción. Influye en esa circunstancia el medio ambiente, que nos aprisiona con su embrujo; embrujo que vierte el sugestivo panorama del pasado que, por obra y gracia de la tradición hecha arte, cobra vida. Desfilan ante nuestros ojos, nuestras danzas, nuestros trajes, nuestros decires de antaño. En este día típico en honor a la Patrona se despliega espontáneo ese abanico; las tradicionales esencias surgen impregnadas de generosa emoción. El pueblo canta y su alma aflora a sus labios en el sonido volandero… Día de colorido, contento, arte y fe, que forman la ofrenda a la Virgen, que se expande en alas del viento y trenza a la vez danzas vistosas y señoriales."
José Lozano Pérez, 1950
Dentro de los actos de la Bajada de La Virgen de Las Nieves -que tiene lugar cada cinco años a la capital de la isla-, se encuentra una de las romerías más multitudinarias que se organizan en el Archipiélago Canario. Se la considera la más antigua manifestación popular festiva de los actos tradicionales de las fiestas en honor a la "Virgen Negra de La Palma".
En el primer domingo de julio de los años terminados en 0 o en 5 comienza la "Semana Chica" de las Fiestas Lustrales. Es uno de los grandes días para muchos palmeros, el más íntimo, local y propio. En ese ansiado día tiene lugar, por la mañana, la procesión de la "Subida de la Bandera de María" desde las Casas Consistoriales hasta el Castillo de la Virgen. Es el pistoletazo de salida de las impresionantes Fiestas de la Bajada. Por la tarde, y tras la Misa de Romeros en el Real Santuario ante la "Morenita", se inicia la festiva y colorista romería de la "Bajada del Trono de Plata", por los Caminos Reales de la Dehesa, del Planto y de la Encarnación hasta la Plaza de España de la capital palmera.
A pesar de que aún no se ha producido la avalancha de visitantes que lo hará en los siguientes días y que, los que han llegado en su mayor número "son miembros de la diáspora, palmeros que han salido bien rumbo a otras islas o a la península, bien a hacer las Américas, o incluso descendientes de éstos, que sienten la misma devoción que sus progenitores por la Patrona palmera y por estas fiestas tan especiales". (Mirador Canario, 2005)
Los miles de romeros, ataviados con indumentaria tradicional, rondallas, parrandas y grupos llegados desde los confines de Canarias, descienden -entre lágrimas, cánticos, danzas y vítores a la Virgen- desde el Santuario del Monte hasta la Alameda, donde se concentra una "marea humana". Es un hecho inimaginable en cualquier lugar de nuestro entorno, puesto que es el pueblo el que recibe y porta en sus manos un tesoro de incalculable valor hasta depositarlo en su destino.
Uno de los programas de estas señaladas festividades más antiguos que se conservan es el de la Bajada de 1860. Su encabezado dice "Por acuerdo de la Asociación Palmense de María, se fija al público el orden de las funciones civiles y religiosas que han de tener lugar en la bajada de Nuestra Señora de Las Nieves á esta Ciudad, y son las contenidas en el siguiente Programa…". Está escrito a mano y firmado por "el presidente J. Miguel Pereyra y el secretario José Lorenzo Ferrer". Allí se lee: "Lunes 9 de Abril, la orquesta se apostará en la Alameda, tocando varias piezas y a la parada del Trono de la Santa Imagen, frente al Castillo de la misma, le hará un saludo (esto será por la tarde)".
En el Programa de las Fiestas Lustrales de 1870, se aclaraba que "desde este año, estando el Arcipreste de la Isla don José Agustín Hernández, que al no ser festivo ya el Lunes y Martes de Pascua, se bajase el trono el Domingo primero de "Cuasimodo", día en que se fijaría la Bandera".
En los programas sucesivos, por ejemplo los correspondientes a las Bajadas de 1885 (domingo 5 de abril) y 1890 (domingo 6 de abril), se lee exactamente lo mismo: "Por la tarde se traeran del Santuario de las Nieves á la parroquia matriz de esta ciudad el trono de plata que ha de preparse para colocar dicha Santa Imagen".
Así mismo, en el Programa de las Fiestas del domingo 19 de junio de 1955, se leía: "A las 6, traslado del Trono: saldrá de la Plaza de Las Nieves la Romería que conducirá el Trono de la Santísima Virgen desde su Santuario hasta la Parroquia Matriz de El Salvador. A su paso por la Cuesta de La Encarnación el "castillo" y la "Nave" de María harán salvas. En la Plaza de España recibirán los romeros los premios del concurso y continuarán haciendo sus exhibiciones hasta altas horas de la madrugada. Se entregará un premio a la rondalla más numerosa y bien ataviada que se presente en la Plaza de Las Nieves y a la mejor pareja regional…"
Afortunadamente, que se sepa, jamás ha habido problemas en el traslado y en la entrega del fabuloso trono, auténtica joya de orfebrería. Todas las piezas han salido y llegado a su destino sin incidentes. Sin embargo, en el programa de los festejos de 1890 se lee: "Anécdota: el trono no lo dejaron bajar el día correspondiente".
El palmero, orgulloso de sus tradiciones y enamorado de su Patrona, es consciente de la importancia y valor del tesoro que lleva entre sus manos. En algunas ocasiones, se ha visto cómo alguna señora, cansada pero feliz, porta un trozo de trono con el hábito de la Virgen de Las Nieves, "señal inequívoca de que cumple una promesa".
"Antes de que el folclore fuera uso obligado de las fiestas isleñas, la traída del trono era cosa propia de los lugareños que, desde la víspera y a su modo, celebraron los prólogos de la Bajada. En la noche del sábado una gala con grupos isleños, peninsulares, europeos, americanos, ambienta unas horas de exaltación folclórica que, al día siguiente, tienen por protagonista a un altar de plata".
Luis Ortega Abraham, «El Motivo», 1995
Desde que el obispo García Jiménez instaurara en 1676 la Bajada de La Virgen cada lustro y ordenara que la Santísima Virgen fuera colocada en "trono decente", se inició esta piadosa y festiva costumbre que ha llegado hasta nuestros días. El fallecido cronista de la capital palmera, Jaime Pérez García, publicó una detallada y minuciosa crónica de lo vivido en la Bajada de 1815: "…llegó por fin el rancho de trono, sagrario, andas, barandas, perillas, gigantes, clarín, banderas, tambores, ramos, etc. El Castillo hizo saludo real y el Barco, lo mismo, todo ello acompañado de vivas y tanta algazada que parecían los moros… y dio de refrescar a todos aquellos que habían venido cargando dichas piezas…". En este manuscrito, reproducido y enriquecido por las notas a pie de página de Pérez García, se desprende que, con mucha antelación del comienzo de los festejos, se adecentaba el entorno del Barranco de Las Nieves y la Plaza de La Alameda, donde había "gran concurso de gentes" que participaban en cuatro bailes "tres de marineros (folías), y uno de campo (tajaraste)", además de gigantes, preparación del barco y el castillo que hacían demostraciones "varias evoluciones con las velas y el Castillo hizo también mucho fuego…"
Existe un manuscrito firmado por Domingo Hernández y Carmona, Regidor de Fiestas en 1805, que se conserva en el Legado Antonio Pestana del Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria. En él consta la ordenanza a seguir por parte del Ayuntamiento capitalino en la actuación que era de su competencia en cuanto a la Bajada del Trono (entre otros muchos aspectos). Pérez García lo recoge en la prensa local en 2000. Textualmente:
"Primeramente es del cargo de Regidor, acompañado de su compañero el Diputado, darle parte al mayordomo para que prevenga lo siguiente: […] Que prevenga 4 almudes de rosquetes y medio barril de vino para cuando baje el trono, que se debe llevar al frontón para que refresquen los que lo traen, llevando vasos para este fin… […] Id. el mayordomo de Cabildo, tres o cuatro días antes que baje dicho trono, pasa a la casa del mayordomo de la Santísima Virgen y le pasa recado de parte del Regidor y Diputado de Fiestas, que el domingo inmediato se va por el trono, para que dicho mayordomo esté prevenido y mande a quien lo dé…"
Un extracto del diálogo que se celebraba ante el avistamiento del Trono de Las Nieves es el que se custodia en la Sociedad La Cosmológica de esta ciudad. Se trata de un manuscrito firmado por José Pinto y Guisla:
CASTILLO: ¡¡Ah del Navío, ah !!
NAVÍO: ¿Qué dirá, qué dirá?
CASTILLO: "Alistarse y ponerse
en batería
Pues ya llega
el trono de MARIA
Al cual va a saludar
mi artillería
Celebrando en su día
con respeto
La importante visita
de este objeto"
NAVÍO: "Enhorabuena sea tu llegada
Y su pase también por esta rada:
Venga el trofeo de tan gran portento
Mi artillería está pronta, y al intento
Aprueba de este Fuerte el pensamiento".
(Aquí comienzan las salvas reales en honor al trono de la Virgen)
Se la ha definido como "la romería más divertida y singular de las que se convocan por estas latitudes". Divertida en cuanto convoca a palmeros de dentro y fuera y canarios de todos los rincones de las islas que aportan sus variados atuendos y folklore; y singular, como dice el periodista Luis Ortega Abraham: "porque es el único evento romero, que se sepa, donde ni va ni cuenta el santo".
"Los magos, con mochila y guitarreo
versiadores de fiestas
peregrinos de la Virgen.
Llevan cada trozo del trono
por la Dehesa.
Bajando por el camino Romeros
cantando y alegres
En La Encarnación llegan
carretas y ¡adelante!.
En la Calle Real
espera todo un pueblo,
para ver llegar los trozos de plata y
repiques de campanadas llenos de
fuego y calor, el pueblo sabe que
se vive del vino y del folklore…"
José Juan Pérez Morera, «Bajada del Trono», Achaman, 1980.
Y así es. La interminable muchedumbre de romeros ataviados con los "trajes típicos", transporta lo que también se llama el "Equipaje de La Virgen", es decir, el trono despiezado en cuarenta y dos partes y las andas de plata, o llamado también "trono chico". En la edición de 2005 participaron entre 60.000 y 70.000 romeros según datos ofrecidos por la prensa local y la Policía Municipal. En el año 2000, la prensa hablaba de unos 30.000 participantes.
La Bajada del Trono ha multiplicado en las últimas ediciones la presencia de romeros de todas las Islas que, frente a la tentación del tipismo, acuden con un objetivo concreto: cargar el trono de la Virgen, como los padres y los abuelos, por promesa o alegría, o por los dos casos a la vez.
"La irrupción en la ciudad de la ola de romeros, entre los que se transportaban las piezas del Trono, abría el camino por el que quince días después pasará la Virgen de Las Nieves. La fiesta y la devoción se daban la mano en este inicio por todo lo alto de la Bajada de la Virgen 2005, donde el corazón de La Palma se desborda de generosidad y de alegría para preparar la bienvenida de su Patrona".
César Borja, Diario de Avisos, (4 de julio de 2005)

