Altar-trono festivo de plata de Nuestra Señora de Las Nieves (I)

 

 CONSTRUCCIÓN

En la documentación que posee el Real Santuario de la flamante Patrona Insular, de fecha 3 de octubre de 1672, figura haberse fundido varias piezas de plata que tenía "La Morenita" para construir el magnífico y valioso trono del mismo metal, de estilo barroco, que hoy podemos admirar.

 Los primeros objetos que se emplearon en esta fabulosa obra, fueron donación del Conde de La Gomera Gaspar de Guzmán, de Miguel de Ceballos, de Antonio Vasconcelos, de Pedro Camacho y de Pedro Massieu Van Dalle.

 Por ejemplo, Gaspar de Guzmán Ayala y Roxas, conde de la Gomera -gravemente enfermo y desahuciado por los médicos-, había prometido enviar a la Virgen de Las Nieves "quatro candeleros de plata y unos dozeles para el culto de la iglesia si se servía su piedad darle salud". Al considerar su curación como un milagro de Nuestra Señora, le hizo una novena y mandó agradecido el tesoro desde Garachico. Así, en el inventario del Santuario de 3 de octubre de 1672 incluye, entre otras extraordinarias alhajas del rico templo, los cuatro candeleros de plata que pesan "diez y siete marcos y tres onsas y media". Pérez Morera informa también de que a principios del siglo XVIII fueron fundidos para invertir su plata en la construcción del trono de la Virgen.

 Más tarde se añadirían muchos más nombres de acaudalados caballeros y de prestigiosas familias, amén de numerosos fieles y devotos de la Virgen que, a través de los años, harían nuevas aportaciones de objetos. Estas piezas, junto con la plata adquirida con el peculio de la ermita, una vez fundidas, servirían para este trono. En este punto, Gloria Rodríguez nos informa de que "con frecuencia, los objetos de culto más numerosos (candeleros, vinajeras, cálices) se han fundido para hacerlos de nuevo o para utilizar su material en otras obras más importantes, como es el caso de Las Nieves, cuando proponen fabricar el trono de la Virgen a principios de siglo XVIII…"

 Aquel mismo día de 1672, el orfebre Diego González apreció todas las joyas de plata de la iglesia. Con ello se deduce que pudiera ser quien iniciara esta importante obra de arte.

 El trono barroco de plata repujada de la Virgen fue realizado bajo la mayordomía del Alguacil Mayor del Santo Oficio Diego de Guisla y Castilla. Este mayordomo obtuvo la licencia oportuna del prelado Juan Ruiz Simón, dada en La Laguna (Tenerife) el 13 de septiembre de 1708:

 "… se a hazer un trono de plata para el mayor Culto y Beneración (de la) Santíssima Ymagen y que tiene cantidad de plata y algunas p(ren)das que son escusables que pueden ayudar a mucha parte de dicho (trono) y aviendo pedido informe a nuestro Vicario de dicha Ysla nos dise a(ver) pasado a Yglecia de nuestra Señora y aver registrado la plata y pren(das que) son escusables y que habrá quarenta y más libras de plata que se pue(den) aplicar a dicho trono (…) y asimesmo damos licencia para que se pue(da pe)dir limosna para ayuda acavarse y perficionarse dicho trono y (con)sedemos quarenta dias de Yndulgencia acostumbrada a todas las p(erso)nas que dieren limosna para dicho fin de acavarse y perficionarse…" (Libro II de Cuentas, fol. 114)

 En las cuentas dadas en 1712 se dice que el magnífico trono "está a más de medio hacer" y en 1718 está inventariado así: "un trono que consta de quatro gradas con su sagrario todo de plata que se a hecho de nuevo y tiene cient marcos cinco onzas y ocho adarmes". En dicha fecha, el visitador José Tobar y Sotelo ordenó "que se continuase la obra del trono de plata hasta su ultima perfeccion", encargando al mayordomo del templo "que el trono de plata que se está acavando no se traiga a esta Ciudad por el perjuicio que puede recevir". En este sentido, las cuentas del 16 de julio de 1733 recogen el gasto de 5 reales correspondientes a los derechos de "un despacho del Señor Obispo Feliz Bernuy para que no se traiga el trono de plata ni el ornamento de tela a la Ciudad". Pérez Morera nos indica que, "tales precauciones nos llevan a pensar que la bajada del trono de plata en los quinientos fue costumbre posterior".

 El 16 de julio de 1733 se consigna haberse hecho la última grada y sus remates laterales. Así se confirma que el fabuloso trono fue realizado en un largo período de tiempo y, en consecuencia, trabajado por diferentes orfebres insulares. Se configuró como un verdadero testimonio de piedad, devoción y arte, aportado por numerosas generaciones que han querido rendir honor y tributo a la Patrona de La Palma y de los Palmeros.

 La grada superior, la más alta de todas, se construyó en 1967 y fue sufragada por José Duque y Martínez y familia. Se sustituyó así una de madera tallada. Fue realizada en La Laguna por César Fernández Molina. Se forma así una especie de pirámide de plata en cuya cúspide se sitúa el trono de baldaquino de la venerada imagen. Sobre los peldaños se colocan numerosos búcaros de plata y candeleros con velas para adornar el altar. Coincidiendo con el color de los diferentes trajes de la Virgen, así serán las flores empleadas en la exquisita decoración.

 Por las fechas en las que el trono fue construido destacaban entre los artífices palmeros afincados en la capital los orfebres Diego Viñoly -hijo del también platero Silvestre Viñoly-, Antonio Fernández Romero y Diego Sánchez de la Torre, alguno de los cuales pudo haber sido el realizador de la obra.

 El altar-trono festivo completo tan sólo se arma una vez al año, para las celebraciones de las fiestas de la Patrona insular durante todo el mes de agosto. Cada cinco años tiene lugar la Bajada, por lo que éste es trasladado a El Salvador en romería, dentro de los importantes actos del amplio programa. Allí queda expuesto todo el mes de julio. Más tarde se vuelve a colocar en el Santuario durante todo el mes de agosto. El día 5 de este mes -Onomástica de la Virgen y día fijado para su retorno, conocido como la Subida-, será nuevamente entronizada en él. Muchos curiosos no quieren perderse el emotivo momento en el que las andas de baldaquino descienden lenta y majestuosamente por detrás del trono mediante un mecanismo invisible y silencioso, unos momentos antes de la procesión de la Virgen de Las Nieves, y cuando se produce el momento de elevación, tras su entrada y recolocación.

 Se recoge en el libro de gasto del Convento de Santa Catalina de Siena los diversos gastos del recibimiento de la Virgen en febrero de 1765. En uno de ellos se dice que "dimos dos Reales y medio al Peón que ayudó a Armar el trono y desarmarlo".

 EL SAGRARIO

 El sagrario fue hecho en 1713, perfeccionándose en 1720. Sobre él se sitúa un magnífico "Stabat Mater" pequeño, en el que destaca la Dolorosa, nimbada por un sol de plata, de estilo flamenco y que fue donación de Álvaro Rodríguez Fernández. Se sitúa a los pies de un magnífico crucificado cuya cruz de madera noble está adornada por embellecedores de plata repujada en forma de coronas. Todo este conjunto también está nimbado, nuevamente, por un gran sol de plata de veintiún rayos. La puerta del bello sagrario tiene tallada la figura de un "Agnus Dei" o Cordero de Dios flanqueado por un banderín y en el centro de una mandorla.

 EL FRONTAL

 La donación del frontal de plata del trono de la Virgen consta ante el escribano  Antonio Vázquez el 5 de junio de 1714. En este mismo día el Capitán "de a Caballo"  Francisco Ignacio Fierro de Espinosa, Sargento Mayor de La Palma, compareció ante dicho fedatario. Declaró que su cuñado, Juan Vicente de Torres Ayala y Santa Cruz, presbítero palmero y vecino de la ciudad cubana de Villa de Guanabacoa, le había enviado dicha pieza para Nuestra Señora de Las Nieves, la que fue entregada a su Mayordomo. En carta fechada por el señor Torres en La Habana, a 19 de enero de ese año, había dispuesto que sólo se usara en las festividades de La Virgen, y "cada quando que saliere de su Yglesia la santa Ymagen de Nuestra Señora de Las Nieves a esta Ciudad a la Parrochia o Conventos o otra qualquiera Yglecia de esta Ciudad e Ysla por pedimento del Pueblo o sigún la costumbre de cada sinco años se ha de usar de dicho frontal sirviendo sólo a el altar en donde se colocare dicha santa Ymagen". (Archivo Parroquial de Las Nieves, Legajo "Documentos", nº 49)

 Este frontal está formado por una chapa de plata recubierta de abundante decoración relevada que se distribuye en siete paneles verticales bajo una ancha banda longitudinal de la que los separa una moldura de perfil sinuoso. Sus medidas son 340 x 106 cms. El pormenorizado estudio efectuado por la querida y desaparecida profesora palmera Gloria Rodríguez sobre la platería americana en La Palma, y más concretamente sobre este frontal,  ha sido una obligada e indiscutible referencia. Siguiendo con éste, allí se nos describe que los paneles rectangulares (68 x 45 cms) van bordeados por una moldura en la que se repiten motivos florales en torno a un marco de pequeñas bolas; dentro de ellos se han representado alegorías marianas tomadas de los textos del Antiguo Testamento: una palma, una fuente, un ciprés, una torre, un olivo, un pozo y otra palma. La ornamentación también incluye cabezas humanas de facciones indígenas muy marcadas, pájaros saliendo de flores, roleos vegetales, etc. Todo el conjunto toma un significado que va más allá de lo puramente decorativo y expresa plásticamente un cántico a la Virgen de Las Nieves.

 LOS FAROLES

 Los seis magníficos faroles ochavados de plata repujada, que acompañan escoltando a la Virgen en sus Bajadas y Subidas a Santa Cruz de La Palma, fueron mandados a construir en 1768. En su interior se colocan encendidas las llamadas "Velas de la Piedad", iluminando simbólicamente el camino de la Virgen. Cuatro de ellos fueron sufragados por el caudal de la imagen y los dos restantes por la Hermandad del Santísimo de aquella parroquia. El 30 de diciembre de 1778 la citada Hermandad se descarga con 2.250 reales, importe de dichas dos piezas. Si no se celebra la "Bajada", ese año se colocan simétricamente en torno al trono y también sobre las dos barandillas de plata del presbiterio con luz artificial en su interior para un mayor realce de la magnífica decoración del altar.

 LAS ARAÑAS

 Se trata de una pareja de arañas de dos cuerpos, con una altura total de 56 cms, con tres brazos cada uno y que cuelgan a ambos lados del altar-trono. Toman la forma de esferas achatadas con decoración superpuesta y van separados entre sí por un elemento cilíndrico con asas adosadas que se repiten en el perillón del remate inferior. El cuerpo mayor se decora con tres espejos circulares, bordeados por unas hojas de acanto caladas. Mediante un juego de cartelas se sirve de enlace a unos querubines donde se apoyan los tres mecheros. El cuerpo superior es más pequeño con la misma decoración y elementos vegetales y mismos angelotes que sirven de base a otros tres mecheros. Se cree que su donante, Felipe Lazcano y Gordejuela (1658-1715), cuyo nombre está inscrito en el cuerpo inferior, las trajo de las Indias aproximadamente hacia 1692.

 LAS BARANDAS

 Las barandas de plata que están a los lados del presbiterio fueron abonadas por varios devotos el 10 de septiembre de 1757. Se trabajó primero la situada en el lado del Evangelio, y en ella se invirtió parte del legado de mil pesos fuertes dejados por Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu, Arzobispo de Puebla de Los Ángeles y natural de esta isla. También se sumó, para la conclusión de la obra, el donativo de 50 onzas de plata efectuado por el teniente coronel Juan Vélez de Ontanilla y Guisla. El sargento mayor de las milicias, Santiago Fierro Santa Cruz, casi simultáneamente, prometió cubrir de ese mismo metal la segunda barandilla. Al no encontrarse ningún gasto sobre el particular en los archivos parroquiales, se supone que el caballero cumplió su ofrecimiento.

 LOS BLANDONCILLOS

 Se trata de un conjunto de seis candeleros o blandoncillos, cuya altura es de 65 cms, de los cuales cuatro fueron enviados de Indias y otros se hicieron en La Palma, copiando el mismo modelo. Tienen desarrollada la parte superior, formada por un cuerpo troncocónico invertido entre dos cuerpos bulbosos y achatados. Su diámetro en el pie circular es de 22 cms. La decoración en la base, gollete y copa superior repite temas característicos del siglo XVIII: gallones, espejos ovales y cartelas en forma de "ces". Fueron enviados de Las Indias por Diego de Monteverde antes de 1681, según el Archivo Parroquial e Inventario de ese año. Estos candeleros tuvieron gran influencia en  La Palma, pues se tomaron como modelo para los de la parroquia de El Salvador, que se hicieron en 1688.

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