Viene de Parte I:
http://www.elapuron.com/blogs/arqueta/459/el-nazareno-la-dolorosa-y-san-juan-i/
La "Magna", una de las imágenes marianas más elegantes de la espectacular Semana Santa de la capital de La Palma -y, según se dice, incluso de Canarias- desfila en dos ocasiones: en ésta, en la tarde del Miércoles Santo y en la Magna Procesión del Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo, tras el Santo Cristo del Clavo, o Cristo Yacente.
La preciosa Dolorosa (1840), obra magnífica del afamado artista tinerfeño Fernando Estévez del Sacramento, recibe culto en la iglesia de Santo Domingo desde el 7 de abril de 1841.
Esta talla de candelero de madera policromada y estilo clasicista tiene una altura de 1,60 mts. Fuentes Pérez la describía como una imagen de semblante sereno y a la vez sublime, casi despojado de dolor, que presenta potentes mejillas, rostro un tanto cuadrado, quijadas portentosas, ojos rasgados de mirada oblicua y suavidad en el cabello. Fernández García la consideraba como "talla indicadísima para acompañar el grandioso acontecimiento".
El mismo escultor orotavense la había enviado, junto con la efigie del Nazareno de Santo Domingo, el 14 enero de 1841, con dirección al muelle de la capital palmera. La carta -fechada ese día- que envió Estévez al Marqués de Guisla Guiselín, Luis Van-de-Walle y Llarena (1782-1864) con los detalles del envío, afirma que el precio al que ascendía el pedido era de "doscientos cuarenta pesos de nuestro ajuste, á quien dí el correspondiente recivo". Fuentes Pérez publica un extracto de aquella misiva. En ella, se le dice que "con esta fecha, he entregado al Sr. Dn. Antonio Ma. Lugo encargado de V. S. las efigies empaquetadas de Jesús Nazareno y Virgen de Dolores talladas en sedro menos la repisa del Señor que es del palo de Caova floja que V. S. me remitió de la cual no pude hacer toda esta obra por que después se hacerró, conocí que su dureza y mucho pero era insuficiente; mas todo lo pude remediar, y me alegré, porque sentía volver á incomodar á V. S. sobre este particular…"
Fernández García afirma, sin embargo, que fue en 1842 cuando recibió culto la imagen de la Virgen. Está inspirada en la Dolorosa de la ermita del Espíritu Santo de Las Palmas, obra exquisita de Luján Pérez, según el investigador Fuentes Pérez. Éste añade que "sin embargo, el sentimiento que en Ella se encierra, recuerda a la del mismo nombre de la parroquia de Santo Domingo de la capital grancanaria, también del maestro Luján". La cabeza de nuestra exquisita "Magna" se inclina levemente hacia la derecha en actitud meditativa, deteniendo su mirada en el pañuelo que sostiene en la mano derecha flexionada hasta la altura del pecho; la izquierda delicadamente sujeta -más que agarra o aprieta- el borde dorado del manto de terciopelo de seda negro.
El Viernes Santo es entronizada en las mismas andas doradas de estilo rococó -las mejores de La Palma- que usara el Nazareno el Miércoles Santo, a quien también acompaña. Sobre los cuatro lados del trono surgen los cuatro ángeles de la Pasión, obra de un esclavo liberto y enviada desde las Indias.
La Virgen salía desde antiguo sobre una pobre base, estrenando una nueva el Miércoles Santo de 1937, procedente de París y regalo de Dolores Van de Walle y Fierro (1874-1948), séptima Marquesa de Guisla-Ghiselin. Ese día fue la primera vez que en la isla se adornó una imagen con flores naturales. La dama había demostrado su alto valor espiritual con la fundación de un monasterio cisterciense en una finca de su propiedad llamada "La Gloria", en Buenavista (Breña Alta) en la que profesó como religiosa con el nombre de sor Teresa de Jesús. Pérez García añade que "pasó sus últimos años en austera vida de clausura. Falleció en aquel retiro el 4 de junio de 1948".
Estrenó manto y traje de terciopelo de seda negro con bordados en oro el 17 de abril de 1957, donación de la también marquesa Mercedes Sotomayor y Van de Walle. Sustituía al antiguo, muy deteriorado ya por el paso del tiempo y del uso. El original fue regalo de Dolores Santos de Duque.
Pérez Morera, en alusión a estas dos bellas tallas de Estévez, nos decía que "tanto la Virgen como la dulce y doliente figura de su Hijo se caracterizan por su fisonomía juvenil, ajenas, en el caso de la Madre, a las huellas de la edad y del paso del tiempo". Es cierto, pues más bien parecen novios de la misma edad que Madre e Hijo.
Rodríguez Lewis informaba de que "el casi impúber San Juan Evangelista (1842), de 1,57 metros, se atribuye a la gubia del escultor grancanario Manuel Hernández García, conocido como El Morenito (1802-1871), junto con Estévez, el discípulo más aventajado de Luján Pérez". Tanto es así que, a la muerte del maestro, Manuel llegó incluso a terminar alguna que otra obra inconclusa del mismo.
El escultor palmero Domingo Cabrera, en uno de sus interesantes trabajos, compara los "San Juanes" de las iglesias de San Francisco y de Santo Domingo de esta capital. Decía al referirse al primero "si uno es la quietud, la contemplación absorta de un Dios hecho hombre que cae en su camino al Calvario, o que entrega su último suspiro al ser clavado en el madero, el otro [ahora refiriéndose al que nos ocupa] es el arrojo y la valentía que sólo confiere la juventud en momentos de dificultad y zozobra".
El Morenito -sobrenombre puesto por su tez oscura- logró conseguir en la Academia de Dibujo de Las Palmas de Gran Canaria un dominio del dibujo y de las formas que le incitaría a la consagración de la escultura. Manuel lo aprendió todo de su maestro, Luján, incluso la técnica de construir retablos. En el taller del maestro grancanario de la calle de Santa Bárbara trabajaba incansablemente hasta ser considerado como uno de sus mejores discípulos. Se decía que en el arte del Morenito y en el de Luján, en ambos se encontraban las mismas soluciones y procedimientos técnicos y sentimentales. Una vez murió Luján en 1815, Manuel abre taller en Las Palmas y se desplaza a La Palma para conocer del Cura Díaz su labor como restaurador de templos.
El investigador Fernández García, en su magnífico trabajo sobre nuestra Semana Santa publicado en la prensa local, nos aclaraba que esta imagen había sido costeada por el "presbítero don Esteban Van de Walle y Llarena". La elegante talla, puesta al culto el 12 de abril de 1843, se reviste de hábito de terciopelo verde sobre el que se le coloca un manto rojo ribeteado con hilo dorado. Su interior se presenta tallado, aunque no tiene la policromía adecuada. Los brazos aparecen un tanto abiertos, en actitud de escribir. Porta un pergamino enrollado en su mano izquierda, mientras que en su mano derecha alza una pluma blanca. Ambos atributos le vienen dados desde el siglo XIV, como "auténtico notario de la Pasión".
Fuentes Pérez escribió: "se trata de una imagen de candelero, de buena talla, adquirida por la Cofradía de la Misericordia para completar los pasos de Semana Santa…" Añadía: "creemos que Manuel Hernández la talló en Las Palmas [..] En la espalda se puede leer: Princpio a dársele culto el miércoles sto. 12 de abril de 1843"
Siempre se dijo que Manuel Hernández -al ser conocedor que escultura iría junto a las otras dos de Estévez- puso todo su interés en perfeccionarla. Estaba convencido de que, de alguna manera, debía de rivalizar con el maestro de La Orotava, puesto que su ubicación sería en el retablo mayor de Santo Domingo, en una de las hornacinas laterales y se convertiría en parte inseparable del venerado conjunto. Otro de los investigadores que atribuye esta pieza de San Juan Evangelista a Manuel Hernández fue Jesús María Quintana, en una publicación en el Eco de Canarias en 1963.
Fuentes Pérez publicaba: "sin lugar a dudas, la imagen del Nazareno existente en la parroquia de Santo Domingo de Santa Cruz de La Palma, es una de las mejores y bien acabadas salidas del taller de Fernando Estévez". El investigador se confundió al nombrarla parroquia ya que es sólo iglesia. La jurisdicción parroquial a la que está adscrito este templo es El Salvador.
La imagen del Nazareno, escultura en madera policromada de 164 cm de altura, sale procesionalmente sobre una magnífica base o trono de estilo rococó, en madera sobredorada y calada con decoración de rocallas asimétricas, la mejor que se encuentra en la isla, rematando su conjunto cuatro preciosos ángeles, esculpidos por un esclavo negro cubano que, en la búsqueda de efectos realistas, les había colocado unos ojos de cristal. Se muestran vestidos "a la romana" y coronados por bellas guirnaldas de flores artificiales. "Como símbolos de los poderes que vencieron al demonio, estos espíritus celestiales llevan los instrumentos de la pasión de Cristo", como los clavos, unas escaleras y una bien trenzada corona de espinas. También sujetan las cuerdas doradas que atan la imagen de Cristo subiendo al Calvario. Estas piezas fueron donación del rico comerciante palmero Cristóbal Pérez Volcán (1725-1790) y enviado desde La Habana. Son los llamados Ángeles de la Pasión, descritos por Pérez Moreras como "figuras afeminadas, efébicas y delicadas, que posan con gracia rococó. Su pequeño tamaño y las carnaciones brillantes les dan una apariencia de porcelana…" El mismo investigador palmero continúa informando de que "estas figuras angelicales, vestidas a lo romano, pusieron de moda en La Palma un tipo de ángel decimonónico y clasicista, de expresión candorosa y risueña y blancos hábitos inmaculados (el color predilecto del neoclasicismo)…" De esta manera, el máximo representante de este nuevo arte en la Isla, el escultor Aurelio Carmona (1826-1901), se inspiró en estas bellas piezas pasionarias para ejecutar los cuatro ángeles que custodian las veneradas imágenes de San Sebastián, en la ermita homónima de la ciudad, y en las del Gran Poder de Dios en el templo parroquial de la Villa de San Andrés (Fernández García).
Desfila con una maravillosa túnica bordada en oro sobre terciopelo rojo -la mejor pieza de su género existente en Canarias-, un exquisito trabajo procedente de los talleres de bordado gaditanos o sevillanos de hacia 1771. Fue regalada por el mismo mecenas a la antigua efigie del Nazareno. La actual imagen sigue siendo vestida con esta misma alhaja. Fernández García, sobre este tesoro, añadía que "esta pieza, conjunto con los cuatro ángeles se guardó durante muchísimo tiempo en la casa de García de Aguilar y Carballo, familia descendiente de las sobrinas del donante hasta que por sus miembros se decidió dejarla definitivamente en la iglesia".
En la carta fechada el 14 de enero de 1841 Estévez continúa informando al marqués de Guisla Guiselin de que "en cuanto al precio de la corona de espinas del Señor y medio cuerpo de la Virgen, me parese regular, el de medio osna por ambas cosas. He visto el dibujo de potencias que V.S. me incluye: me parese bueno si se le quita de largo lo que demarca la curva, desde e numo. 1º asta el 2º, mas dudo que estas puedan colocarse con propiedad á causa de la corona por lo que seria mejor que sele puciese al Señor solio…" La misiva, en poder de un archivo privado de Santa Cruz de Tenerife, continúa: "tendré mucha satisfacción de que estas Ymagenes puedan llenar los deseos y gustos de V.S.: nada he homitido para conseguirlo, pero el acierto no depende muchas veces de la voluntad sino de la suerte; y entretanto se sirva V.S. decirme si esta me ha cavido, mande en todo, cuando sea de su agrado a su afmo. atento Sr."
Por la asistencia que con él había tenido en sus enfermedades y achaques, Francisco Tomás Vandeval gratificó a María de los Santos con una colcha de damasco carmesí de la cual "los aforros los compre yo que el damasco era suyo". La colocaba delante del trono del Nazareno en al celebración de la octava que se celebraba a cabo en esta iglesia y la donataria quedaba obligaba a cederla para la festividad. (A.P.N. 1715)
El acaudalado isleño Cristóbal Pérez Volcán (1725-1790) había dirigido una carta a Domingo Van de Walle de Cervellón, fechada en Cádiz el 13 de mayo de 1771 con motivo de su viaje por Europa, donde le dice que "bien que sólo el amor al Señor Nazareno vale su túnica". También: "pienso si el Señor Nazareno me dá salud el pasar por esa en todo el mes de Mayo próximo y tener el gusto de darle a Vmd un abrazo… Los cristales para el altar del Sor no sé si habrán venido que están encargados… con mi enfermedad no he podido ni salir a la calle… pues el amor del Señor de Nazareno y verle su túnica y ver mi familia y amigos…"
El insigne palmero dejó en su testamento -fechado en La Habana el 5 de enero de 1790 ante el escribano Nicolás de Frías- la cantidad de 6.000 pesos fuertes de oro para que con sus réditos se pagasen los gastos de las fiestas del Cristo y en resto se invirtiera en el cuidado de la imagen de la que se sentía muy devoto. Esta imposición fue "manzana de discordia" entre la Hermandad del Nazareno y el Convento de Dominicos.
José Vandewalle y Cervellón, como patrono de la capilla donde se encontraba la imagen y como mayordomo de la cofradía, reclamó ante el Obispo Antonio Tavira que la fiesta principal del Nazareno, a la que estaba obligada la hermandad, se hiciese con el producto de aquella manda, a lo que se negaban los frailes. Estos pretendían hacer otra en la Octava. El obispo accedió a lo solicitado por el mayordomo en auto de 17 de agosto de 1794, "reservando el derecho a las partes para que lo dedujesen donde tuvieran por conveniente". Mucha más polémica arrojó este asunto. Tanto es así que, el resultado de la contienda fue que todo el dinero se perdió sin beneficio para ambas partes, llevándoselo en su totalidad los censatarios.
En aquel curioso testamento, redactado en tres documentos, aparecían los extractos siguientes: "Para los 500 pobres que habian de asistir á su entierro… 100 pesos fuertes; a la Imagen de Jesús Nazareno… 6000 pesos fuertes; al Negro Salvador, en la Habana…200; a Ntra Sora de Las Nieves en esta isla… 1.500, etc"
Lo único que se adquirió con los productos de la manda fue una preciosa corona de oro para el Cristo, los cuatro angelitos, la túnica y el trono. A la maravillosa toga, le fue robado en el año 1801 un valioso broche de perlas, al mismo tiempo que fue sustraída de la iglesia de Santo Domingo una lámpara de plata. Se cree que fue obra del mismo ladrón.
El estandarte que abre la procesión es de terciopelo violeta con rico bordado de oro, siendo adquirido por la Hermandad con el importe de la venta de una cajita de plata y una bandeja del mismo material, así como varios donativos. El acuerdo se tomó en noviembre de 1870.
Las antiguas imágenes se encontraban entronizadas en los bajos del magnífico coro de la iglesia, donde también se depositaron las nuevas, pasando más tarde a ser veneradas en el suntuoso y barroco altar mayor (obra de Juan Lorenzo, 1703-1705). En este espectacular retablo también trabajaría el itinerante fraile dominico fray Marcos Gil. Concretamente hizo las esculturas de angelotes entre 1702 y 1706. Al describir esta obra de arte, el doctor Trujillo Rodríguez la definió como "el más bello, completo y barroco ejemplo" de los retablos de columnas salomónicas pareadas y dos cuerpos existentes en Canarias.
Los Santos Píos I y V, que se hallaban en las dos hornacinas laterales, fueron sustituidos por las imágenes de la Virgen y San Juan. En la central se ubicó el bello Nazareno que hoy contemplamos. El acabado de su cabello largo que cae sobre sus robustos hombros y bajo una perfecta corona de espinas, así como una bien "aseada y corta barba" y bigote, han tenido elogiosas críticas. Pero lo que, más se destaca, sin lugar a dudas, son sus dulces y grandes ojos rasgados de donde emana una mirada magnética y cautivadora.
Esta capilla mayor fue fundada por el licenciado Juan de Santa Cruz y Gómez, teniente general de La Palma y gobernador de la de Tenerife. En el retablo se encontraban sus armas y su retrato.
La fundación de la ermita del Señor de la Caída, hoy inexistente, tuvo que ver con la antigua imagen del Nazareno. Durante su procesión, el 29 de marzo de 1679, una demente llamada María Ruiz le lanzó por encima un vaso de inmundicia a su paso por la calle Real del Puente del Medio (hoy Pérez de Brito). Esta profanación causó una gran consternación entre los fieles. Estos, con el paso de los años, construirían la ermita en el mismo sitio del incidente para "perpetuar la memoria de aquel atentado y desagravio". Fernández García confundió la situación del oratorio, que lo ubicó en lo que hoy es plazoleta Vandale y antaño otro inmueble de la fundadora; en realidad ocupaba el solar de la casa señalada actualmente con el número 12. Escribía lo siguiente: "durante el año esta imagen tenía otra celebración el día 21 de octubre, ordenada por el Vicario según normas dadas el 12 de noviembre de 1775, como desagravio que se hacía al Nazareno por el acto cometido por una demente, llegando en procesión hasta la ermita del Señor de La Caída y subiendo por la calle del Estanco (hoy Vandale, donde también se encontraba la ermita)".
Tallada en madera de cedro y de caoba "floja" -utilizada en la peana-, el Nazareno es una escultura vestidera, cuyo candelero, completamente modelado, pone de relieve el interés por el desnudo del escultor orotavense, así como el cuidado y esmero puesto en complacer al comitente. Por este motivo, tan sólo están esculpidas las partes visibles, es decir, la cabeza, los pies y las manos, aunque el resto del cuerpo, "oculto bajo la lujosa túnica de brocados, recibió modelación, a pesar de estar pintado en color azul" (Fuentes Pérez)
Es una obra de la etapa final del imaginero en la que Estévez alcanzó el punto más alto de su producción. Parece que en lugar de soportar la pesada cruz (por cierto sobre el hombro derecho, al contrario que en los Cristos de Andalucía, que lo suelen hacer sobre el izquierdo), lo que hace es acariciarla sin casi esfuerzo, con sus manos magníficamente talladas. "Las manos, de hombre fuerte pero a la vez cultivado, expresan la tensión producida por el peso de la cruz". Cristo aparece de pie, inclinando la cabeza hacia su izquierda para no ser molestada por la cruz que descansa sobre el hombro derecho.
Los investigadores están de acuerdo: la cabeza es un trabajo exquisito, muy superior a aquellos realizados por Luján para los templos de Gran Canaria. Consideran que incluso "de mejor calidad que muchos de los ejecutados por maestros peninsulares del siglo XVIII, ente ellos Juan Salvador Carmona (1708-1767), que esculpió el Cristo recogiendo las Vestiduras, venerado en la Catedral de Salamanca".
Así, Delgado Campos -miembro de la Real Academia Canaria de Bellas Artes-, a propósito de esta imagen, ha dicho que "el escultor consigue materializar toda la serenidad de su temperamento clasicista, huyendo de toda tensión dramática (se diría que más que cargar, abraza la cruz)". Pérez Morera añade que "el imaginero orotavense dejó lo mejor de su arte en el Nazareno […] que representa un sublime ideal de perfección, trasunto de la belleza divina".
Amador Marrero, restaurador del Nazareno, opinaba que en esta pieza irrepetible se advierten algunas semejanzas con el venerado Cristo de la Columna de la iglesia orotavense de San Juan Bautista, obra del afamado imaginero sevillano Pedro Roldán.
En el semblante de la escultura cristológica, el terror y el dolor se han transformado en absoluta calma y sosiego. "Su modelado dibujo un rostro cuadrado, clasicista, de nariz helénica y de ojos grandes y rayados, de los que una mirada infinita señorea todo su entorno". Es cierto, ante esta penetrante y dulce mirada se decía que el pueblo quedaba extasiado. En cuanto a su cabello, éste está trabajado con ritmo naturalista, sin abusar demasiado de los volúmenes espesos que afean la composición.
Está concebido según los cánones griegos ideales, representando a un joven atleta de 33 años, en toda su plenitud y belleza física que interpreta la profecía de la Pasión de Jesús: "Como manso cordero llevado al matadero" (Isaías, 53,7).
BIBLIOGRAFÍA
AMADOR MARRERO, Pablo; PÉREZ MORERA, Jesús. «El Cristo de la Caída de Santa Cruz de La Palma: recuperación del legado andaluz en Canarias (IV)», Revista de Imaginería, Año VII, nº 25, 2000
Archivos de Protocolos Notariales de Santa Cruz de La Palma (A.P.N.) Andrés de Huertas Perdomo, 1715.
CABRERA, Domingo. «Imágenes secundarias», En: [Programa] Semana Santa 2004, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma; Cabildo Insular de La Palma, 2004.
COBIELLA CUEVAS, Luis. Motetes de Semana Santa, Escuela Insular de Música, Santa Cruz de La Palma, 2001
«Cultos que se han de celebrar en los próximos días de la Semana Santa», Diario de Avisos, Santa Cruz de La Palma, (30 de marzo de 1928)
DELGADO CAMPOS, Sebastián. «En torno a la exposición de Estévez, ausencias no deseadas», El Día, Santa Cruz de Tenerife, (29 de enero de 1989)
FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José. «Notas históricas de la Semana Santa en Santa Cruz de La Palma». Diario de Avisos, (30 marzo de 1963).
– Idem. «Semana Santa en la villa de San Andrés», Diario de Avisos, Santa Cruz de La Palma (20 de marzo de 1967)
FUENTES PÉREZ, G. Canarias: el Clasicismo en la Escultura, Santa Cruz de Tenerife, 1990
HERNÁNDEZ Y HERNÁNDEZ, Cecilia. «Cristo camino del Calvario (Vía Crucis)», Romances Sacros y Oraciones Antiguas de La Palma, C.C.P.C., Excmo. Cabildo Insular de La Palma, 2006
LORENZO RODRÍGUEZ, Juan B. Noticias para la Historia de La Palma. Tomos I y II, La Laguna- Santa Cruz de La Palma, 1975 – 1997.
PADRÓN ACOSTA, S. El escultor canario Fernando Estévez, 1788-1854, Imprenta Católica, Santa Cruz de Tenerife, 1943
– Idem. «Vida y obra del escultor orotavense Don Fernando Estévez», La Tarde, Santa Cruz de Tenerife, (22 de abril de 1943)
PÉREZ GARCÍA, Jaime. Casas y Familias de una Ciudad Histórica: la Calle Real de Santa Cruz de La Palma, Excmo. Cabildo de La Palma, Colegio de Arquitectos de Canarias, 1995
– Idem. Fastos Biográficos de La Palma, Sociedad La Cosmológica, CajaCanarias, 2009
PÉREZ MORERA, Jesús. Magna Palmensis. Retrato de una Ciudad, CajaCanarias, 2000
– Idem. «Nazareno», Arte en Canarias – Siglos XV-XIX. Una mirada retrospectiva. Gobierno de Canarias, 2001.
– Idem. Ángeles y Arcángeles. Cinco Siglos de Arte en La Palma, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, 1995
POGGIO CAPOTE, Pedro. [comunicado], Santa Cruz de La Palma, (26 de agosto de 2008)
RÉAU, Louis. Iconographie de l"Art Chrétien, P.U.F., París, 1957
RODRÍGUEZ ESCUDERO, José Guillermo. «El Nazareno», El Día/La Prensa, (10 de enero de 2004).
– Idem. – «Semana Santa en Santa Cruz de La Palma», Diario de Avisos, (4 de abril de 2006)
– Idem. «La Venerable Hermandad de Jesús de Nazareth», En: [Programa] Semana Santa 2008, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma; Cabildo Insular de La Palma, 2008.
RODRÍGUEZ LEWIS, J. J. Apuntes sobre la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma, Mas Canarias, Seguimiento de Medios y Comunicación, 2005
QUINTANA, Jesús María. «Manuel Hernández y su obra», El Eco de Canarias, (16 de abril de 1963)
VAN-DE-WALLE Y CARBALLO, Luis. «Nuestros motetes de Semana Santa», Diario de Avisos, Santa Cruz de La Palma, (26 de marzo de 1959)

