El "Señor de la Caída" (I)

                   De todas las esculturas sevillanas que se custodian en los templos canarios, pocas cuentan con una historia tan curiosa y excepcional como la bella e impresionante talla del "Santísimo Cristo de las Tres Caídas", entronizada en la iglesia del extinto  Convento Real y Grande de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, hoy de San Francisco de Asís de Santa Cruz de La Palma.

 – HISTORIA DE LA IMAGEN Y DE SU ERMITA

                    En sus orígenes, la fabulosa talla de candelero del "Cristo" no pertenecía a esta  parroquia, pues tuvo antes ermita propia en la Calle Real, templo que fue víctima, a mediados del siglo XIX, de un incendio del que se logró salvar la imagen, junto a otra del "Cristo de las Siete Palabras", hoy en la iglesia de El Salvador. Tras dos siglos de existencia, la venerada capilla fue pasto de las llamas y su solar fue adquirido por el municipio. También se salvó una preciosa cruz dorada que se encuentra colgada en una de las paredes de la ermita de San Sebastián de esta ciudad. En el archivo de la Parroquia Matriz se halla el expediente de "subasta de solares que ocupaban ermitas incendiadas".

                   El visitante que recorre el tramo de Calle Real donde antaño se erigía el sagrado recinto no puede conocer lo importante que llegó a ser aquel lugar, hoy repleto de edificios. Toda la manzana ha sido urbanizada, desde El Puente hasta la Plaza Vandale, y no existe signo o letrero que informe acerca de aquella, ya, olvidada historia. Esto podría arreglarse.

 DOÑA MARÍA MASSIEU Y MONTEVERDE

                    La historia de la devota imagen del "Cristo de la Caída" y  la de su ermita está relacionada con un insólito suceso acaecido en el siglo XVII.  La conocemos por la propia pluma de su fundadora,  María Josefa Massieu y Monteverde (1670-1759), cuya instancia encabeza el legajo del patronato de la pequeña iglesia. Esta propia documentación es copiada más tarde al originarse el pleito en 1786 sobre las prerrogativas del patrono de la capilla para elevarlo al Consejo.

                   Esta dama -benefactora de obras piadosas- nació en Santa Cruz de La Palma el 22 de febrero de 1670. Fue hija de Nicolás Massieu Van Dalle y Rantz y de  Ángela de Monteverde y Ponte. El fallecido cronista de la capital palmera  Jaime Pérez García nos informaba de algunos datos biográficos: "Fue Benefactora de la confraternidad de San Pedro de la parroquia de El Salvador. Edificó en 1730, a su costa y junto a las casas de su morada, la ermita de Nuestro Señor de La Caída, a la que se concedieron varios privilegios y que no se conserva por haber sido destruida por un incendio. Contrajo matrimonio en Santa Cruz de La Palma, el 17 de junio de 1696 con don Melchor de Monteverde Salgado, Capitán de las Milicias de Canarias, hijo de Pablo de Monteverde Salgado y de María Brier y Monteverde, y falleció en la misma ciudad el 19 de agosto de 1759."

 LA BLASFEMIA

                    Parece ser que, según escribía al Vicario de La Palma  María Josefa Massieu y Monteverde, "una mujer llamada María Henríquez, pasando por su casa la procesión del Miércoles Santo, arrojó a la Imagen de Ntro. Señor Jesucristo Nazareno, un vaso de inmundicias, cuyo sacrílego atrevimiento, aunque cometido por una loca, contristó tanto al pueblo, que dio principio a la octava y fiestas que se celebran en su exaltación, concurriendo la ciudad el primero y octavo día con los ministros del Santo Tribunal a la procesión de Nuestro Señor por el lugar en que fue la injuria, en el que se hace pausa para el festejo y obsequio con que se procura el desagravio".

                   El historiador canario Viera y Clavijo mencionó en su obra, al referirse al extinto Convento Dominico de San Miguel de Las Victorias en Santa Cruz de La Palma -hoy iglesia de Santo Domingo de Guzmán- la "venerada imagen del Nazareno con la cruz a cuestas, paseada en una procesión general en el Miércoles Santo, siguiendo con una costumbre muy antigua"

                   El alcalde constitucional y cronista Juan B. Lorenzo Rodríguez narraba cómo se vivieron aquellos instantes: "Figúrense cuál sería la admiración y horror con que un pueblo eminentemente católico presenció tan abominable atentado contra la sacrosanta imagen de Cristo". La procesión continuó con su recorrido, acompañada de un silencio sepulcral, que tan sólo "interrumpían los sollozos del concurso, después de haber limpiado con lienzos la sagrada imagen".

              Los fieles dispusieron hacer una "función de desagravios á esta Santa Imagen el día de la Exaltación de la Cruz del mismo año, 14 de septiembre". Se celebraron los festejos con un novenario con música, fuegos artificiales y en la octava, una solemne procesión a la que asistieron "ambos cleros y todo el pueblo", haciendo una parada de penitencia en el triste lugar donde "se cometió el desacato". Allí se representó una loa con música, alusiva a aquel desgraciado suceso.

                    En la recopilación de las efemérides y noticias acaecidas en La Palma, así como "otros hechos históricos que conviene tener presentes", el alcalde Lorenzo Rodríguez nos informaba de que: "La demente Maria Ruis, muger de Pedro Henriques, al pasar pr. frente de su casa la prosecion del Miercoles Santo, arroja un vaso de inmundicias sobre la Imagen del Nazareno, en desagravio de lo cual se fabricó más tarde la Ermita del Señor de la Caída. (29 de marzo de 1679)."

                   También, como anécdota, se cuenta que la propia loca María Ruiz, la misma que había lanzado "un vaso de escremento" a la "sacrosanta imagen de Jesús Nazareno, suciandole la tunica y cayendo lo mas en las andas de dicha Ymagen" fue la misma que se había descalzado en El Salvador y había "tirado con los sapatos á un sacerdote que estaba diciendo misa, alcanzandole el golpe á la casulla". No contenta con estos hechos, y tal era su locura, que también quiso lanzar una piedra a la procesión del Santo Sepulcro y en otra ocasión "habia tirado con un palillo de un sapato al Glorioso San Sebastián".

                   Viera y Clavijo añadía que, desde aquel fatídico día que conmovió a toda la Isla,  29 de marzo de 1679, se constituyó una cofradía de Jesús Nazareno en el convento dominico a fin de desagraviar a la imagen profanada. Esta Hermandad organizaba además comedias, pronto arraigadas en las costumbres de la ciudad, hasta el punto de que llega a decir el citado historiador que se abrigaba el temor de que "en dejando de hacerlas, se hundiría la isla".

                   Acerca de la escultura mancillada, Jesús Hernández Perera escribió que "no existe hoy". Sin embargo se sabe con certeza que es la imagen que actualmente se custodia en la parroquia de la Virgen de Bonanza de El Paso. En el extinto cenobio dominico de la capital, la escultura fue sustituida por la bellísima talla del mejor Estévez del Sacramento, célebre imaginero tinerfeño, en la primera mitad del siglo XIX, que desfila procesionalmente a las cinco de la tarde del Miércoles Santo en la multitudinaria  procesión popularmente conocida como "el Punto en la Plaza".

                   Aquí transcribo literalmente un acta del Ayuntamiento fechada el 9 de septiembre de 1765: "El Sor. Don Nicolás Massieu Vandale y Salgado, dijo: Que notorio es á esta Ciudad el agravio que Maria Ruiz hizo á la Imagen d Ntro. Sr. Nazareno, el miercoles Santo del año de 1679, ostigada de algun diabólico influjo ó del furor de su demencia, porque era loca, y al transitar por su casa la procesión; con cuyo motivo habiendose resuelto hacer á la misma Santísima Imagen públicas funciones de desagravios en el Convento de Predicadores, en donde se venera, y por acuerdo del 14 de abril del mismo año… correspondiente a la Ciudad, como cabeza de la isla, y que debe con todos afectos manifestar su reverencia y devocion al culto de Dios y de sus Santas Imágenes, asistir y hacer el primero dia de la referida octava; y como la sucesion… sucede ahora que no teniendo por bastante desempeño del referido agravio de dichas anuales funciones, abrió camino el Cielo en la ocacion presente que le ha comprado la casa en donde perpetró la injuria la referida loca, por estar contigua á la de su vivienda, el Sor. Don Nicolás Massieu de Vandala y Ranst, Capitular de este Ayuntamiento y abuelo del Sor. proponente, en que sucedió la Sora. Doña María Massieu y Monteverde, su hija… de don Melchor de Monteverde y Salgado, la que dispuso erigir en el mismo sitio, Ermita dedicada al Santisimo Jesus Nazareno, en el paso de su Caida, para que el sitio de la furiosa demencia y casa en que se perpetuó la sacrílega injuria, sea de aquí adelante Templo de rendidas oraciones y cultos, que ha acabado de fabricar el Sor. proponente. Y estándose para colocar en el la Santísima Imagen de Jesus de la Caida el  domingo 22 del corriente, por la tarde, se hace procesion general por toda la ciudad en demostración de desagravio á que sigue la octava de las fiestas de la "Dedicación de dicha iglesia". (Convida al Cabildo á asistir á ella)."

 EXPEDIENTE DE LA PROFANACIÓN

                    El alcalde Lorenzo Rodríguez, en su ya célebres crónicas, nos indica que "habiendo encontrado el expediente original de la profanación cometida por la demente Maria Ruis en la Imagen de Jesús Nazareno, vamos á poner aquí parte de él para mas autoridad de este hecho histórico". Allí se describe con más detalles lo sucedido, como por ejemplo, que el excremento alcanzó la túnica de la imagen y su trono, pero también a "algunos de los que iban inmediatos á dicha Imagen, como lo manifestó un sombrero que trajo el Licdo. Mateo Talavera á presencia de su merced quejandose de la injuria". Este expediente fue efectuado el mismo día de la blasfemia ante el Sr. Licdo. Don Melchor Brier y Monteverde, Abogado de los Reales Consejos, Vicario y Juez de Cuatro Causas en esta Isla por el Obispo "destas islas de Canaria, del Consejo de Su Majestad".  Declararon en este expediente los Lcdos.  Pedro Pérez,  Agustín Jorge Aday, el presbítero Mateo Rguez. Talavera y las damas  Estefanía González y  María del Rosario Rodríguez, "todos de acuerdo con el auto cabeza de proceso". El notario público fue  Francisco de los Santos Almeida. El documento finaliza con esta fórmula: "Y para que conste de la verdad del hecho y conforme á él se castigue á la susodicha por todo vigor, conforme lo que pide el caso de la sacrílega injuria…".

                   La mencionada María del Rosario declaró al día siguiente que había salido de casa de su primo Juan Henríquez con María Ruiz para ir al sermón y acompañar a la procesión que tendría lugar después de la ceremonia. Informa de que la demente no quiso entrar en al iglesia pero la testigo la obligó, siendo consciente de que "muchas veces ha reconocido en ella sus locuras tienen repugnancia á las cosas sagradas". Se portó con "mucho sosiego" y quiso ir más tarde a la Plaza para poder presenciar desde un lugar privilegiado el paso de la procesión. A partir de aquellos instantes se dividieron ya que Rosario quiso acompañar al Nazareno. Más tarde la informaron del suceso y "le vino al pensamiento que había sido la dicha Maria Ruiz, y así lo dijo a las personas que venían en su compañía". Fue entonces cuando la vio en la ventana y le gritó que le abriera la puerta, que estaba cerrada. Cuando pudo entrar, la encontró "con el semblante mudado y los ojos muy inquietos y las manos sucias de escremento". Quiso saber el motivo y la loca contestó que "no sabía pero que una cosa se lo había mandado á hacer y se quedaba como boba sin hablar". Fue llevada presa por el alguacil mayor inmediatamente. Se sabía que María hablaba sola y en muchas ocasiones con lenguajes "no entendidos". La testigo también contó cuándo un día, regresando de la ermita de La Encarnación, "se despeñó de un risco de donde se pudo haber hecho pedazos, y que se tuvo por milagro de la Virgen no haberse hecho daño". En numerosas ocasiones le había contado que quería suicidarse arrojándose al mar, como hizo su madre (por eso se pensó que había heredado la locura), o ahorcándose. El propio Padre Definidor Fray Luis Felipe la llegó a exorcizar y dijo que "sino estaba endemoniada á lo menos estaba asistida de espíritu malo". Se le encontró muchas veces algunos cuchillos bajo la almohada con los que quería también acabar con su vida. Falleció el 24 de marzo de 1694 y fue sepultada en la Iglesia del Hospital. La testigo declaró tener 28 años y no firmó porque no sabía.

                   Estos dos autos fueron enviados al Obispo Bartolomé García Jiménez el 6 de abril de 1679.

 FUNDACIÓN DE LA ERMITA

                    La fundación de la ermita del "Cristo de La Caída" obedeció, por tanto, al deseo de santificar la misma casa en la que la demente cometió su inconsciente blasfemia.

                   La Sra. Massieu y Monteverde -propietaria con sus hermanos, el deán don Manuel y el oidor don Pedro, de un décimo de cañas en el ingenio de Tazacorte- lo explicaba con estas palabras: "Y habiendo corrido los años compró mi padre la casa de esta mujer, que está contigua a la suya, y en la partición de sus bienes me tocó entre otras dicha casa. Quiero fabricar en ella Templo dedicado al Señor, y entre las obras pías tengo deliberada la manda de dicha y ermita y que se ejecute con todo aseo, para que en el mismo lugar en que se cometió la injuria, sea el Señor continuamente glorificado y alabado. Y para ello tengo encargado a mi hermano D. Pedro, oidor decano en la Real Audiencia de Sevilla una escultura de Nuestro Señor Jesús Nazareno hecha por el más diestro artífice y que mueva a la mayor devoción. Y deseando dar principio en mi vida a tan santa obra, que me parece que la ha dilatado Su Majestad a este fin".  Por todo ello suplica al Vicario la licencia oportuna para edificar el pequeño santuario. Finalmente le fue concedida en la Villa de La Orotava el 20 de octubre de 1750 por el Obispo de Canaria Juan Francisco Guillén. Fue ratificada en Santa Cruz de Tenerife el 4 de febrero de 1751.

                   Se le concedió autorización para fabricar una ermita contigua a las casas de su habitación, en sitio propio suyo, con el derecho de patronato para sí y facultad de poderlo subrogar, dejar, traspasar y transferir a sus herederos o la persona o personas que nombrase. El cronista  Pérez García añadía que "realizada la obra, el sucesor de la sede episcopal Fray Valentín Morán, por su despacho dado en Canaria el 3 de marzo de 1752, dio comisión al Beneficiado Rector del Salvador y Vicario de La Palma para que bendijese el sitio al propio tiempo que interesó del patrono la dotación de la ermita con bienes suficientes para sus reparos, conservación y servicio".

                   Doña María Josefa, en reconocimiento a que su hermano el Coronel  Nicolás José Massieu Vandale y Monteverde, Gobernador de Armas de La Palma y Regidor Perpetuo de dicha Isla, había erigido la fábrica con particular celo, devoción y cuidado, ayudando también a su costo, le nombró patrono y, por su falta, a su descendencia, a modo de vinculación con preferencia del mayor al menor y del varón a la hembra. Así consta en el Archivo de Protocolos Notariales por Andrés de Huerta Perdomo en 1752. El Coronel Massieu, en cumplimiento a lo ordenado por su hermana, se obligó a pagar cada año 50 reales a favor de dicha ermita y sus patronos que impuso y fundó por especial hipoteca sobre unas tierras de pan sembrar llamadas de Matos, en la Cruz de Calcinas.

                   Continúa don Jaime informándonos de que, "terminada la ermita, que ostentó en su fachada el escudo de la familia Massieu, presidió su altar la bellísima imagen del Señor de la Caída (…) Los patronos obtuvieron licencia para colocar asientos, recibir la Paz, fabricar tribuna, abrir puerta de comunicación entre la vivienda y el coro de la iglesia y ser enterrados en ella. El templo contó con el privilegio de recibir y guardar al Santísimo durante la octava de Corpus".

 LA IMAGEN DEL CRISTO

                    El historiador palmero Fernández García consideraba a esta escultura del Señor como una de las mejores que salen procesionalmente en la Semana Santa capitalina y de las más importantes de Canarias; destaca de la imagen la anatomía perfecta de sus miembros que quedan al descubierto así como el rostro jadeante, expresión del máximo dolor. Sin embargo, confundió -como nos recuerda Pérez García-, la situación del templo, que ubicó en lo que hoy es Plazoleta Vandale y antaño otro inmueble de la fundadora. En realidad ocupaba el solar de la casa señalada actualmente con el número 12 de la Calle Pérez de Brito.

                   El nombre del "más diestro artífice" sevillano que esculpió el precioso "Cristo de la Caída" pudo ser conocido por la firma que tiene grabada en su espalda: "D. BENITO DE HITA I CA/STILLO  Fesit / SEVILLA/1752". El profesor Hernández Perera dice que conoció esta transcripción gracias a "mi maestro don Juan Álvarez Delgado, catedrático de la Univesidad de La Laguna". Se trata, por tanto, de una obra firmada y fechada del excelente imaginero sevillano Benito de Hita y Castillo y de Guzmán (1714-1784) -conocido también como Hita del Castillo-, a quien también se le atribuía erróneamente la célebre imagen de "La Macarena" de Sevilla en la Iglesia de San Gil.  A este respecto, Pérez Morera nos informa de que en octubre del mismo año, Felipe Manuel Massieu de Vandala, sobrino de María Massieu, daba orden desde La Palma a los señores  Juan Fragela y  Pablo Capitanachi, comerciantes sevillanos, para que en esa ciudad abonasen a  Pedro Massieu la cantidad de 200 pesos, de a 15 reales, "los mismos que me ha entregado aquí mi señora y tía doña María Massieu y Monteverde", dinero destinado, posiblemente, al pago de la imagen del "Cristo".

                   El "Señor de La Caída", como también se le conoce cariñosa y respetuosamente en La Palma, tiene tan sólo tallados cabeza, pies y manos, a parte de la cruz, como era frecuente en el siglo XVIII. La expresión dolorida de su rostro, la actitud humillada de su cuerpo, con la mano izquierda apoyada en el suelo, y los hombros cargados con el peso de la cruz, acreditan un hábil imaginero que todavía en el siglo XVIII parece militar en la estela de Pedro Roldán, con bastantes recuerdos de Juan de Mesa. La cruz original que portaba la imagen fue sustituida por otra nueva, más grande, con unos remates dorados, elaborada por artesanos palmeros. La primigenia aún se conserva colgada de una de las paredes laterales de la capilla de San Nicolás de Bari.

                   Según la intención de su donante, la escultura debía mover "a la mayor devoción". Pérez Morera nos informa de que, para lograr ese deseo, el imaginero intensificó "los efectos realistas, mediante la utilización de postizos, como ojos de cristal, vestidos y cuerdas, corona de espinas natural… El resultado es la sensación de que la imagen está viva y que se dirige al fiel. La boca entreabierta, exhalando un quejido, los ojos pronunciados, los pómulos salientes y el entrecejo marcado expresando fuerte dolor", son algunas de sus más importantes características que lo acreditan como un "hábil imaginero". En palabras de otro imaginero, esta vez palmero, Pedro M. Rodríguez Perdomo, en un artículo de Semana Santa, nos dice que la efigie tiene "una mano, manteniendo la cruz firme sobre su hombro, la otra, apoyándose en una piedra para mantener el equilibrio. Su cabeza gira hacia la izquierda buscando la mirada de todos los que le acompañamos…". El catedrático y cofrade Facundo Daranas, al referirse al "Cristo", lo describe "de anatomía perfecta y su rostro, jadeante, expresa el máximo dolor, tristeza y patetismo (…) y es una de las imágenes más importantes con que cuenta la Semana Santa en Canarias".

                   El profesor e historiador Pérez Morera también nos informa detalladamente de que la llegada de la imagen al puerto de Santa Cruz de La Palma se debe a "los estrechos vínculos que unieron a la poderosa familia Massieu con la capital andaluza". Recordemos las palabras de doña Josefa al hablar de su hermano, Pedro Massieu y Monteverde, que fue oidor y más tarde Presidente de la Real Audiencia de Sevilla. Tras su muerte, acaecida en 1755, fue enterrado en la capilla del Nazareno que había edificado en el claustro del convento hispalense de San Francisco el Grande. Este mecenas había enviado a La Palma una de las mejores embajadas del barroco sevillano, compuesta por las esculturas de los mejores imagineros del momento, así como un largo catálogo de ornamentos para el culto, azulejos, placas de cerámica con el escudo familiar, valiosas piezas de orfebrería, tejidos, etc. El panteón funerario de la saga Massieu se ubicó en la capilla de "San Nicolás de Bari" de la iglesia de San Francisco, junto a la hornacina donde actualmente se ubica el "Cristo de la Caída". En el magnífico retablo se encuentran cinco esculturas, enviadas por don Pedro desde Sevilla en 1724.             

DEVOCIÓN

                    La familia de  Nicolás Massieu y Salgado y él mismo tuvieron mucha devoción por el precioso Cristo. Un ejemplo de ello es que, el 23 de julio de 1767, una de sus hijas,  María de la Luz Massieu y Sotomayor que entró en clausura en el convento de Santa Catalina de Sena, "a la hora de su exploración religiosa por parte del Vicario, suplicó que para este requisito fuera llevada a la ermita de "Nuestro Jesús de las Tres Caídas". Esto le fue concedido.

                   El fallecido cronista oficial de la capital también nos narraba que, al salir la novicia por la puerta reglar del convento, se inició la comitiva presidida por dicha autoridad eclesiástica, "en cuyo tránsito acompañaron por casual encuentro los M.M.R.R.P.P…. Fray Domingo de Paz Prior Provincial de esta Provincia de Sr. San Diego de Alcalá que se hallan en las visitas de sus conventos y otras más personas de la mayor distinción y calidad de esta ciudad hasta la llegada a dicha ermita". En ella se verificó el acto de exploración y en el mismo declaró doña María de La Luz no haber sido violentada, persuadida, amenazada, atraída, forzada o inducida a su ingreso sino que lo hizo por libre voluntad; que "suplico a Su Merced le explorase su voluntad en esta iglesia de Nuestro Señor Jesús de las Tres Caídas de quien es y ha sido especialísima devota y esclava desde sus primeros años por tenerlo todos días a su vista". Una vez terminó el juramento, fue restituida a la clausura.

 CURIOSIDAD

                    El 24 de septiembre de 1765 Pedro Vélez y Pinto -Comisario del Santo Oficio- y  Francisco Ignacio Fierro -Calificador del mismo-, Venerables beneficiados propios de la Parroquial de la ciudad, se personaron ante el escribano público Bernabé José Romero, para denunciar un hecho sin precedentes. Cuando el día anterior se llegaron a la ermita, comprobaron atónitos cómo Nicolás Massieu y Salgado, "del Orden de Santiago", había ocupado "una silla de brazos cubierta con moscovia y clavazón de metal puesta en el lugar preminente de dicha capilla al lado del Evangelio". A este inaudito proceder se unió el que el Vicario Alejandro Fajardo dispusiese y ordenase que se le "diese la paz por un Mozo de Coro de la Iglesia Parroquial…". Recordemos que tan sólo a la "Real Persona ó quien la represente ó por derecho ó costumbre la tenga adquirida" se es obligado a dar la paz. Los molestos otorgantes no habían dado licencia ni consentimiento, y tampoco les constaba el por qué de tal proceder, contraviniendo las órdenes reales dadas por don Carlos III el 3 de diciembre de 1764 y cuya copia había llegado a La Palma por mediación del Obispo, "prohibiendo semejantes distinciones y novedades en las iglesias". Para los mencionados Curas Beneficiados de El Salvador era inadmisible el proceder del "vanidoso" Patrono de la Santa Ermita del Señor de la Caída. Sus abusos y novedades llegaban, no sólo a lo expuesto, sino también a la preeminencia sin real facultad de haber puesto en la capilla mayor de aquella Parroquia Matriz de una lápida con dos escudos gentilicios y corona que son las únicas que hay en dicha Iglesia. A estos escritos les siguen otros más extensos, pero no se encuentra la resolución definitiva a estas amonestaciones. El alcalde Lorenzo Rodríguez nos informa de que "nos inclinamos á creer que en caso de haberse dado sentencia, fue favorable al don Nicolás Massieu, por la sencilla razón de conservarse aun en la Capilla mayor de la Parroquia del Salvador la loza sepulcral con los dos escudos gentilicios".

OBJETOS DE CULTO

                   Doña María Josefa Massieu había destinado para la ermita en su testamento "una cruz de un santo Cristo que estaba en su oratorio, una pieza de ara que asimismo estaba en dicho oratorio encajonada y guarnecida de madera de cedro, una imagen de Nuestra Señora del Rosario con su Niño con sus coronas de plata y una luna de lo mismo, sus zarcillos de oro y perlas, su gargantilla de perlas, el cáliz mayor de los dos que tenía con su patena cucharita vinageras con su platito todo de plata, un Señor San José que trajo de Sevilla con su varita de plata, la casulla de damasco blanco guarnecida de cuchillo fino, paño de caliz y bolsa con sus corporales de holán y buen encaje y de los purificadores que hubiere se eligiese el mejor; un alba la más fina y el mejor encaje que tenia con su amito y cíngulo, el misal y su atril, el escritorio de espejos del norte para guardar los ornamentos y aseos de dicha ermita y el tapete grande". (A.P.N. Bernardo José Romero, 1778)

 EL ENCARGO DE LA IMAGEN

                    El mismo historiador palmero nos desvela nuevos e interesantes detalles acerca del encargo del "Cristo de la Caída". Inicialmente se había pensado en otro escultor,  Pedro Duque y Cornejo (1678-1757), "brillante epígono del linaje de pedro Roldán y contemporáneo de don Pedro Massieu y Monteverde (1673-1755), lo que no tuvo efecto por causa de la vejez del imaginero". Así pues, en una carta fechada en la capital palmera el 6 de febrero de 1753, María Josefa Massieu y Monteverde, contestando a una misiva de su hermano, escribía a éste: "Veo que auiéndose dilatado el maestro Cornejo y en attención á su vexés, se encargó a otro la ymagen del Señor, que se queda haciendo con todo cuidado, que estimo a mi hermano el desvelo que tiene en ello y deceo tener el gusto de que venga luego para el consuelo de dexarlo en mis dias colocado en su hermita". A este maestro doña Josefa le había encargado la imagen de "Santa Teresa de Jesús", a la que llamaba "mi devota", solicitada a su hermano en junio de 1733 y que mide "una vara de alto". Después de ocupar la pequeña hornacina del ático del retablo del "Sagrado Corazón", en la capilla de la Plata, ha sido colocada recientemente en la vecina capilla de San Nicolás sobre una ménsula, también en la iglesia de San Francisco de esta ciudad. Del mismo modo, consta, del propio puño y letra del oidor de Sevilla, que el 15 de junio de 1724 Pedro Massieu había dado al maestro Cornejo 20 pesos a cuenta de "tres santos que tengo ajustados en 84 pesos".

                   En otra carta, fechada el 10 de agosto de 1751, doña María Massieu reitera a su hermano que la imagen del Señor "sea de lo mexor, y como ha de ser de vestir no tendrá tanto que haser y deceo que quede lo más deuoto que pueda ser, porque en esso y en el adorno del templo suele motiuar el mayor culto y deuoción y yo en lo possible lo he de procurar". Doña María, enferma, un año después, el 28 de octubre de 1752, envía nuevamente otra carta a su hermano donde le dice que "no omita ocación  de escribirme, pues en ello tengo mucho consuelo y me avize de la ymaxen de nuestro señor, la que deceo con gran ansia, pues con su santísima presencia quedará este corazón fuera de amarguras y agonías". El 30 de octubre de 1753 expresaba el "desconsuelo de la tardanza y el disgusto que me causa el que no aya llegado nuestro Señor". Pérez Morera incluye también la gratitud de la dama a su hermano por el cuidado "desuelo y expreciones en los encargos de la hermita que con tan buena dirección, bien me persuado, será la ymagen de nuestro Señor como mi hermano me expresa, peregrina y que conmueba a tanta deboción".

 EL IMAGINERO HITA Y CASTILLO

                    De todos los datos biográficos reunidos por Heliodoro Sancho Gorbacho, que rectifican y amplían los aportados por Ceán Bermúdez y Gestoso, se sabe que Hita y Castillo nació en Sevilla en 1714 y vivió en la feligresía de San Juan de La Palma (es curioso), frente a cuyo templo residió. Se casó con Beatriz Gutiérrez y, en segundas nupcias con doña Josefa García de Marta.

                   Participó del apogeo del barroco en el siglo XVII con el taller de Pedro Roldán, donde su hija, María Luisa Roldán -"La Roldana"- destacó sobremanera. También se conoce que fue discípulo del imaginero gaditano José Montes de Oca. Aunque se perdieron los ángeles que contrató en 1763 para el paso del "Cristo del Silencio" y el grupo de "La Virgen de las Maravillas con el Niño Jesús y San Juanito", quemado en 1936, la iglesia hispalense de San Juan de La Palma custodia algunas de sus obras. Así, salidas de su gubia son, por ejemplo, el candelero (no el rostro) de la "Virgen de la Amargura" (1763) y el "San Juan Evangelista" (c. 1760). En la capilla sacramental de la iglesia de Santa Catalina, son también suyas la "Inmaculada Concepción", el "San Juan Nepomuceno", el "Santo Tomás de Aquino" y "los cuatro Evangelistas", contrastadas en 1748 junto con el retablo, original del ensamblador y escultor Felipe del Castillo. Como hemos dicho, también se le atribuye la venerada y querida talla de "Nuestra Señora de La Esperanza Macarena", que también ha sido creída obra de Pedro Roldán. El que llegó a ser conocido como "el mejor imaginero de Sevilla" falleció en 1784. 

                   La familia Massieu, agradecida y admirada por la obra del maestro sevillano, no dudó en realizarle más encargos. Así, entre estos cabe destacar las esculturas del oratorio familiar de los Massieu: "San José con el Niño" y "La Inmaculada" (ambos de 1758), y un "Niño Triunfante sobre el Mundo" (1759). La primera se conserva en el Museo de Arte Sacro de Los Llanos de Aridane y las otras dos en Santa Cruz de Tenerife. Gracias a la generosidad de Felipe Manuel Massieu, podemos contemplar las impresionantes esculturas de "San Miguel Arcángel" y "San Antonio de Papua" que se encuentran entronizadas en el fabuloso retablo mayor de la parroquial de San Juan Bautista del municipio palmero de Puntallana. Ambas tienen la firma de Hita y Castillo bajo la peana y la fecha de 1773. También es autor de la preciosa "Virgen del Carmen" de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Barlovento. En la Parroquia Matriz de El Salvador se hallan otras dos imágenes: "San Juan Nepomuceno" actualmente en una urna en el bajo coro y el "San José y el Niño", actualmente en la sacristía gótica. El pequeño "San Miguel batiendo al Demonio"-en la Parroquia de San José de Breña Baja-  y otro "San José"-propiedad particular de la familia Castillo Olivares y Sotomayor (Argual)- son también obras suyas.

 LA TÚNICA

                    La magnífica escultura está vestida con una fabulosa túnica de terciopelo rojo bordada en oro, "obra de los talleres de bordado sevillanos del momento" y lleva en su cabeza incrustadas tres grandes potencias de plata exquisitamente labradas, también procedentes de atelieres de orfebrería hispalenses.

                   Doña María manifestó en una carta también su complacencia a su hermano en lo "que vuestra merced me dize de ser lo mejor de tercipelo, bordada o galoneada, que de tela de lampazo (tejido labrado en sedas y metales preciosos con flores y dibujos) la túnica del Señor Nazareno y me sienta mejor por ser más particular del pazo, más graue y propia. Y assí puede disponerla mi hermano como mejor le paresca, que siempre llegará a tiempo de la primera función, según lo que lleuo expresado. Y quiera Dios que no traigan auería los cajones, especialmente el de nuestro Señor, con cuio cuidado estoi por resultas de tanta tardanza y considerar a S. M. sobre aguas del mar tanto tiempo y en una embarcación ingleses. Dios me dé el consuelo de que venga breue y a mi hermano me de vida y guardo como desseo…"

                   Esta túnica aún se conserva guardada en las dependencias parroquiales. Es la misma pieza que vestía la imagen cuando llegó a La Palma y es de gran calidad, tanto el terciopelo como los bordados de oro que incorpora. Se hace necesaria su restauración.

(sigue parte II)

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