El Nazareno, la Dolorosa y San Juan (I)

 

"[…] Escucha con atención lo que padeció Jesús

desde el huerto hasta la cruz en su Sagrada Pasión.

Lágrimas de devoción nos dé a todos el Señor

por tu pasión Jesús mío afligido y angustiado

lo verás en la oración con la soga en la garganta,

sus ojos hechos dos fuentes, la túnica ensangrentada

sangre en la barba y cabeza, descalzo de pie y piernas,

dos ladrones por compaña […]

 

«Cristo camino del Calvario (Vía Crucis)», Celia Hernández Hernández

 

De la misma forma que solía ordenarse a los condenados a muerte cavar su propia tumba antes de su ejecución, en la crucifixión debían de llevar ellos mismos  su cruz hasta el lugar del suplicio. Réau nos indica que "los Evangelios ofrecen dos versiones diferentes de el Camino del Calvario". Según Mateo, Lucas y Marcos, un tal Simón de Cirene (Africa) fue requerido por los soldados romanos para ayudar a Cristo, agotado por la Flagelación, a llevar la pesada cruz hasta la cima del Gólgota. Estos tres Evangelistas son los llamados sinópticos, es decir, los que hacen una exposición general de esta materia y lo presentan en sus líneas esenciales. Por otro lado, para Juan, que desconoce a Simón el "Cireneo", fue Jesús solo quien la llevó hasta el final. Los exegetas (aquellos que interpretan o exponen un texto), comenzando por el famoso Orígenes, intentaron conciliar la versión de Juan con la de los sinópticos.

Orígenes había sido un famoso teólogo y comentarista bíblico. Vivió en Alejandría hasta el 231, se pasó los últimos 20 años de su vida en Cesárea del Mar, Palestina y viajando por el imperio romano. Fue el mayor maestro de la doctrina cristiana en su época y ejerció una extraordinaria influencia como intérprete de la Biblia.

Así, según estos estudiosos, Jesús habría comenzado a llevar su cruz de la misma manera que Isaac había llevado la madera de su sacrificio. Luego, al verlo en el límite de sus fuerzas, los romanos habrían requerido la ayuda de un transeúnte. De esta forma, ambos se habrían relevado. Los racionalistas cuestionaban la realidad del episodio de Simón, argumentando que los reos debían de llevar ellos mismos el patibulum. Es decir, se habría cometido una ilegalidad con Jesús. Creían que esta escena habría sido imaginada para ilustrar las palabras de Cristo: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mateo y Marcos). Estos argumentos no se sostienen, puesto que no es probable que, después de la atroz flagelación a la que fue sometido el cuerpo de Jesús, éste tuviera la suficiente fuerza para sostener el peso del madero. De esta manera, los artistas optaron por la versión de los sinópticos y por la de Juan. Si el arte bizantino adoptó la escena en la que Simón carga solo la cruz mientras que Cristo lo sigue con la soga al cuello, en el occidental, "que tiene un sentido dramático más desarrollado, representa a Cristo sufriendo en solitario bajo el peso de la cruz o ayudado por Simón el Cireneo". (Réau)

 

"…Como queda declarado iba con la cruz a cuestas

el Redentor de las almas fatigado y sin aliento,

lleno de mortales ansias y porque llegase vivo,

alquilan un Cirineo.

Con el peso de las culpas qu"en la cruz se cifraban;

falto de valor el cuerpo, las rodillas se le traban;

con la cruz dio en el suelo y a puntapiés lo levantan…".

 

La iconografía antigua muestra a Cristo con la cruz a cuestas (más bien pequeña y poco pesada), avanzando y llevando una túnica roja, con la frente ceñida por la corona de espinas y a veces precedido por los dos ladrones. Ya a finales de la Edad Media, la cruz se vuelve desmesuradamente pesada, "su carga es cada vez más aplastante, para apiadar a los fieles por los sufrimientos del Redentor". (Réau)

En La Palma, el Quinto Marqués de Guisla-Ghiselin, Luis Van de Walle y Llarena (1782-1864) -gobernador militar de la Isla- encargó en 1839 al famoso imaginero Fernando Estévez del Sacramento (1788-1854) una escultura de Jesús Nazareno (1840). Ésta vendría a sustituir la antigua imagen que se veneraba desde el siglo XVII en el convento dominico de San Miguel de Las Victorias. Tanto esta magnífica talla nueva, como la de la Virgen Dolorosa, conocida popularmente como "La Magna" (muy próxima a las maneras de su maestro Luján Pérez y cuya esbeltez y elegancia se consideran inusuales), se hallaban concluidas el 14 de enero de 1841. En esta fecha el escultor entregó en La Orotava las dos efigies empaquetadas a Antonio María de Lugo-Viña. Este caballero fue el encargado de su traslado y custodia hasta Santa Cruz de La Palma.

 "Se principió a dárseles culto" poco después, el 7 de abril de 1841, en plena Semana Santa, concretamente en un Miércoles Santo. Así consta en las inscripciones que ambas imágenes tienen pintadas en sus espaldas. Desde entonces desfilan esa tarde en la popularmente conocida como procesión del "Punto en La Plaza".

 Posiblemente el encargo de estas dos bellísimas tallas, que presentan las mismas estaturas y medidas, obedece a la intención de escenificar con ellas la ceremonia del encuentro entre Cristo y su Madre. Es la evocación de la cuarta estación del Vía Crucis: "Jesús encuentra a su Madre"

 "…Por el rastro de la sangre venía llorando el alba,

del mejor sol de justicia, María Virgen sagrada,

pues San Juan le dio el aviso del modo que le trataban.

Por el medio de las tropas aquella paloma blanca,

aquella hermosa azucena, aquella luna eclipsada

y encontróse con su hijo y el dolor la traspasaba.

Con el corazón le dice:

-Hijo, ¿cómo no me hablas? Mi bien, ya no me conoces,

mírame rosa temprana tu madre soy ¡Jesús mío!

Vesme aquí desamparada, afligida más que todo

sin hallar alivio en nada.

Y con este sentimiento, fue siguiendo las pisadas,

del hijo la tierna madre, que fue primición divina

que todos lo veneraban […]"

 La adquisición de las fabulosas imágenes, pensándose poseerlas de la mejor calidad que las existentes en aquella época, se debió a la iniciativa de la "Venerable Hermandad de Jesús de Nazaret" (que acompañaba prácticamente desde sus orígenes, en 1667, al paso procesional del Cristo y que subsistió hasta mediados del siglo XX), para lo que se decidió la venta de unos atributos de oro que tenía el antiguo Señor. Fuentes Pérez nos dice que "La Hermandad del Nazareno, ante la mediocridad artística que la anterior imagen, decide encargar otra nueva, eligiendo a Fernando Estévez como escultor…" A esta antigua talla se le da culto actualmente en la parroquia de Nuestra Señora de Bonanza del municipio palmero de El Paso.

 Se le encomendó la misma al Hermano Mayor, el mencionado mecenas Luis Van de Walle y Llarena, quien aprovechó el viaje a Tenerife de cierto paisano para encargarle el pedido. Finalmente éste nunca cumpliría el encargo. Fernández García, sobre este percance, nos informa de que don Luis, "quien pensó que efectuándose la venta fuera de la ciudad se lograría mejor producto y por ello aprovechó el viaje de cierto paisano para este cometido el que nunca cumplió el encargo de remitir su importe…"

 Dando pruebas de su generosidad, el propio don Luis -sintiéndose culpable del incidente- informó a la Cofradía de que sería el mismo, con su propio peculio, el que sufragaría los gastos de las efigies. Pagó las del Señor y de la Virgen y su hermano, el presbítero Esteban Van de Walle y Llarena, el del Evangelista San Juan. Éste es obra del artista palmero Manuel Hernández, llamado "El Morenito" (1756-1815). La imagen de este santo también  recorre las calles conjuntamente con aquellas dos bonitas tallas y participa en la popular y multitudinaria Procesión del Encuentro.

Desde 1987 acompañan a este paso la "Cofradía titular del Santo Encuentro" -primera cofradía mixta de la capital palmera-, que se reviste con túnica blanca y, como rasgo peculiar, con capuchón y capa alternando entre el morado y el azul; esta cofradía recuperó su antiguo nombre para la edición de 2009: "Venerable Hermandad de Jesús  Nazareno". Fechado el 26 de agosto de 2008 y firmado por el hermano mayor Pedro Poggio Capote, se publicó un comunicado en el que se informaba de la aprobación por parte de la Vicaría de La Palma de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna (registro de salida 602 de 8 de agosto de 2008) de la recuperación del antiguo nombre. Decía, así mismo, que "dicho logro ha sido concedido por el vicario general […] el pasado día veintiuno de julio de dos mil ocho".

 También acompaña al Señor desde 1993, la "Cofradía de Cargadores de Cristo Preso y Las Lágrimas de San Pedro", única  en España que es, simultáneamente, masa coral, costaleros, cofrades y banda de cornetas y tambores.

 Algunas imágenes fotográficas, como una estereoscópica tomada hacia 1860, recogen la escena tal y como se hacía después del estreno de las nuevas esculturas.

 La piadosa ceremonia del "Punto en la Plaza" escenifica -como vimos- el momento del encuentro entre Jesús, con la cruz a cuestas camino del Calvario, y su Madre. San "Juanito el Alcahuete", como popularmente se conoce a este San Juan Evangelista, sirve de enlace entre ambos.

 En el cortejo toman parte las tres imágenes que, para asemejarse en lo posible a las Sagradas Escrituras, se ven obligadas a seguir recorridos diferentes para, sobre las seis de la tarde, "encontrarse" en el citado "Punto".

 El Nazareno, después de descender lentamente por las escalinatas de su templo, desde la plaza de Santo Domingo asciende la calle de San Telmo, baja la del Sol y luego las empinadas escaleras de la callejuela de Blas Simón o "Cuesta de Matías" (que lleva el nombre del médico Matías de Sáseta, quien durante el siglo XIX ocupara la casona de Blas Simón, sita en dicho lugar) y continúa por la Calle O"Daly hasta la Plaza de España, donde aguarda unos instantes. Minutos más tarde de hacerlo el Señor, salen las otras dos imágenes y bajan por las calles de La Luz, San Sebastián, Vandewalle y Pérez Volcán rodeando la zona trasera de la parroquia de El Salvador, hasta llegar a la Avenida de El Puente. Allí se detienen.

 San Juan se adelanta y llega hasta la Plaza, donde avista y saluda al Nazareno con tres reverencias (los porteadores delanteros se inclinan al mismo tiempo para simular una genuflexión de la imagen). Entonces, su trono es girado sobre sí mismo, dando la espalda al Cristo y, de repente, es llevado con paso muy rápido -corriendo-  al encuentro de la Dolorosa, que espera en la mencionada avenida. En cierta ocasión ha perdido hasta la corona o aureola en la rápida carrera. Una vez que San Juan "informa" a la Virgen de que ha visto a su Hijo, ambos acuden al encuentro del Nazareno entre un pasillo formado por todos los cofrades y monaguillos, con sus cruces y estandartes. Se producen unos instantes cargados de gran emoción. El conmovedor encuentro se produce entre la Madre y el Hijo y se saludan inclinándose, simulando un abrazo. Los tronos se mecen al compás de la música de las bandas y del tañido triste de las solemnes campanas de la torre de la parroquia matriz.

 Hay que recordar que esta entrañable ceremonia del Encuentro se realizaba antes de 1994 en la misma calle Real, frente a las Casas Consistoriales, y no como ahora, en el interior de la Plaza de España.

 Tras la tierna representación en el Punto en la Plaza, el trío de imágenes entra al interior del templo, donde un grupo de voces masculinas entonaba el motete O Vos Omnes, pieza anónima probablemente portuguesa, tal y como informaba Fernando Leopold, a pesar que se creía obra del Cura Díaz, beneficiado de la parroquia. Cobiella Cuevas apostaba también por la autoría de Manuel Díaz. Años más tarde, la pieza se interpretaba al aire libre, lo que imprimía aún más solemnidad y conmoción al acto del encuentro entre Madre e Hijo en la Plaza. Fue reforzado con los cánticos mixtos de la Masa Coral, y,  tal vez por ello, es el que más ha perdurado.

 Su "anónimo" creador lo pensó para dos voces dialogantes: "¡O Vos omnes qui transitis per viam, atendite et videte si es dolor sicut dolor meus!" ("¡Oh todos vosotros que pasáis por el camino, atended y ved si hay dolor como el dolor mío!").

Después de varios años que no se representaban los motetes, se han recuperado estas valiosas piezas que tanto dignificaban y dignifican nuestra Semana Santa y la hacen tan especial, tan auténtica. En el Miércoles Santo de 2009 se interpretó por un coro de voces masculinas en el interior del templo donde las tres imágenes hicieron una breve estación de penitencia.

 Cobiella Cuevas nos informaba también de que "ha sido el motete que más ha perdurado, tal vez porque le afectó el fenómeno de la coralización, entonces incipiente y hoy generalizado. El autor de su música, creo que el señor Díaz, lo pensó para dos voces dialogantes […]. Diálogo difícil, porque cuando alguien pregunta si existe dolor como el suyo, el que responde cuenta su propio dolor y pregunta, a su vez, dudando de que el ajeno sea mayor. Tal vez por esta ingrata coherencia el motete no cumple la coherencia de concluir en al tónica inicial sino en la del relativo mayor de un motete que se había iniciado en re menor".

 Luis Van de Walle escribía en la prensa local: "No dudamos en darle toda esta gloria al Sr. Díaz,  pues, aunque no compusiese más que cuatro, el «Oh Vos Omnes» del Miércoles Santo, de autor desconocido pero de origen portugués, lo hizo tan suyo que, a su inspiración, allá por el año de 1839, plasmó en el pentagrama las notas melodiosas de sus sencillos, y a la vez,  grandiosos motetes de Semana Santa. Lamentable sería que una tradición tan bella, como nuestra, se perdiese."

 Una vez introducidas las efigies en la Parroquia y tras celebrarse una solemne Misa -en 2009 tuvo lugar en Santo Domingo a las 5 de la tarde, como sucedía en sus orígenes- de nuevo arranca la procesión a través de la portada trasera. Su extenso recorrido -de casi cinco horas- permite conservar una costumbre que tradicionalmente regía en todas ellas: la visita a los distintos templos de la capital. Muy emotiva es la visita a la iglesia del Hospital de Dolores, donde los enfermos rezan y lloran ante los tronos. No hace estación de penitencia -desde los años sesenta- en la iglesia de San Francisco, pues intramuros de este templo se realizan los actos litúrgicos y los preparativos de la posterior procesión del Cristo de la Caída, unas horas más tarde.

 En el Diario de Avisos, en marzo de 1928, se leía: "Miércoles Santo. En la parroquia, función a las nueve con vestuario y terminada ésta, se cantará misa a Jesús Nazareno en la iglesia de Santo Domingo, a las 11 víspera y última seña en la parroquia. A las cinco saldrá de la iglesia de Santo Domingo la procesión de Jesús Nazareno y a su regreso habrá sermón, a las nueve de la noche dará comienzo en la parroquia la función de tinieblas terminadas las cuales se cantará el Miserere de Bordess a varias voces y orquesta…" 

 El capitán y alguacil mayor del Santo Oficio de la Inquisición, Gaspar de Olivares y Maldonado, y su esposa Inés de Brito y Lara, costearon las antiguas imágenes del Miércoles Santo. Recibieron el Patronato del altar de Jesús Nazareno en el Convento de Predicadores. Aparte de esa procesión, se veían también obligados a hacer la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz cada 14 de septiembre y una misa cantada todos los viernes del año. Según la escritura que pasó ante Blas González Ximénez el 6 de julio de 1666, los patronos se obligaron a pagar anualmente 351 reales, una fanega de trigo y un barril de vino dicho día, señalando 50 reales para la procesión del Miércoles Santo -de la que fueron inciadores-, 26 reales para la fiesta del Triunfo de la Cruz y 6 reales por cada una de las misas de los viernes; el convento dominico ponía la cera y el incienso.

 También sus herederos costearon la procesión y la memoria de una misa "perpetua y cantada de pasión" en el altar de su Patrón. Había perpetuado también en su testamento la procesión del Miércoles Santo con advertencia de que no saliera a la calle con menos de cincuenta hachas encendidas. Dejó el patronato, a falta de herederos si no viviera el hijo póstumo que esperaba, a su sobrino Gaspar Vandeval después de los días de Laura de Torres Ayala, hermana del primer Marqués de la Casa Torres. Ésta era su segunda esposa, viuda en anterior matrimonio de Juan de Mesa. En una pieza de su casa guardaban el palio, el estandarte, el guión, el cordón y las borlas que se usaban  en la procesión.

 La Cofradía de Jesús Nazareno quedó establecida en 1667 en la iglesia del Convento de Frailes Dominicos. Varios vecinos pidieron su creación ante el Juez Eclesiástico, para lo que se hizo necesario pagar unas contribuciones. Es una de las cofradías que más tiempo ha perdurado. Se rige por unas nuevas instituciones que fueron aprobadas por Real Orden de 27 de junio de 1864. Sus estatutos habían sido aceptados por la Reina Isabel II.

 "Por tanto, he resuelto espedir este mi real despacho por el cual apruebo los estatutos formados para el regimen y gobierno de la indicada Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesus de Nazareth, en los terminos que van insertos…    Yo, la Reina".

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