– RECONSTRUCCIÓN
El Cabildo no podía afrontar con sus propios recursos una obra de tal calibre, por lo que pidió ayuda al pueblo. Constituida la comisión nombrada para gestionar la suscripción popular -en la que se encontraba el Rector de la Parroquia de El Salvador, D. Gabriel Van de Walle-, ésta dio cuenta al Capitán General Juan de Balboa Mogrobejo para que informara a Su Majestad.
La violencia del mar seguía poniendo en peligro la consistencia de la fortaleza y las constantes embestidas de las temibles olas arrastraban materiales y destruía las obras que allí se acometían, "y se suele llebar el palo de la bandera y garita de donde se bejía el mar…". Por lo tanto, el Gobernador de las Armas y el Ayuntamiento finalmente decidieron que se hacía necesaria su reconstrucción en un lugar más alejado de la línea de costa.
En las instrucciones que el Cabildo dio al Lcdo. Blas Simon de Silva, Regidor, Consultor del Santo Oficio de la Inquisición y su Procurador General, acerca de lo que tenía que reclamar en la Corte de S. M. en Madrid en 1649, extraemos lo siguiente: "Y es de considerar y advertir que las fuerzas que tiene esta isla se hicieron á costa de sus vecinos y las han sustentado y sustentan de artilleros, pólvora, balas y municiones y de otros pertrechos y reparos sin que S.M. haya lastado ni laste cosa alguna de su Real Hacienda, y estan siempre prevenidos de armas y municiones para ellas, y velando ordinariamente de dia y de noche y atrincherandose como quien está en frontera para defenderse, como hasta aquí lo han hecho y haran procediendo siempre en S.M como basallos de los mas fieles y leales de sus reinos. Empero, hallándose hoy con suma miseria y cortedad que ya no pueden sustentar y procuran salir á otras partes á vuscar la vida…"
En 1676 visitó la Isla del Capitán de la Guerra y Corregidor Juan de Laredo y Pereda ante el cual se hizo oficialmente la petición de la nueva ubicación del fuerte. Todavía en 1681 seguía en ruinas "y en estado de no poderse disparar una pieza en él", y la torre deshecha, la muralla del mar desmoronada y la plataforma sin losas ni terraplén. Un desastre. Por ello se solicitó la urgente mediación de la Corona.
El ingeniero militar Miguel Tiburcio Rossell de Lugo y el sargento mayor Juan Franco de Medina levantaron los planos para la anhelada construcción. Se recogió del vecindario la cantidad de 30.000 reales de plata. Como no cubría los gastos, se acudió a tomar "remanentes de trigo de los pósitos de las Islas".
A propuesta de Nicolás de Sotomayor Topete, se acordó también suplicar al soberano se sirviese conceder al Cabildo una serie de arbitrios, recogidos en el Acta de 25 de abril de 1681, como "el de la imposición de vino que se vende acuartillado… el arbitrio del 1 por 100 de las mercaderias que entran… dar a tributo los pedazos de tierra del Mocanal… se den de su Real Hacienda para ayuda de costa de 14.000 ducados por no ser bastante para la reedificación de dichos Castillos en el breve tiempo que pide la necesidad de la defenza de esta isla…"
En enero de 1682, finalmente el Gobernador y "Capitán General de mar y tierra de estas islas de Canaria, Caballero de la Orden de Alcántara, Patrono del Colegio mayor de San Ildefonso, Universidad de Alcalá, General de la artillería, del Consejo de Guerra de S. M., etc…" Félix Nieto de Silva, confirma "que el Castillo pral. de Sta. Catalina de la isla de La Palma está de todo punto arruinado por las continuas invasiones de mar y conviene a servicio de S.M. y defensa de dicha isla el dar principio con toda brevedad á la nueva fábrica y reedificación de dicho castillo…"
– NUEVA FORTALEZA
Aquel caballero envió al Sargento Mayor Juan Franco de Medina "á delinear el Castillo para que se resuelva y determine el mejor sitio en que se dé principio á esta fabrica". El acta es de fecha 12 de abril de 1683. Como curiosidad, también se informa de cómo "a los artilleros se les bajó la mitad del sueldo hasta que se concluyera la fábrica del Castillo".
El nuevo baluarte que se diseñó fue una fortaleza similar al de San Cristóbal de Santa Cruz de Tenerife, aunque algo más pequeña. Su planta era cuadrada y sus cuatro baluartes triangulares con los ángulos en punta "de diamante". La doctora Fraga escribía que "su perfil lo caracterizan los piramidiones o puntas de diamantes que lo rematan". Estamos ante un tipo de fortaleza que incorpora las propuestas renacentistas de la ciencia militar italiana del siglo XVI, de amplia repercusión en Canarias y América. En la mitad opuesta al mar se construyó una serie de dependencias como cárcel, barracones, casa para el castellano y la guarnición, almacenes y depósitos. Cuenta también con un puente de madera sobre el foso en el muro occidental. El amplio terraplén se situó justo en la parte opuesta cercana al mar. Las obras mayores finalizaron en 1692, aunque se siguió trabajando hasta 1701.
La preocupación del Cabildo desde que se supo la declaración de guerra con Gran Bretaña se hizo patente. En 1741 llegó el ingeniero Manuel Hernández para iniciar la reparación de los desperfectos que ya eran considerables, así como la construcción de un subterráneo para la pólvora, "intentando respetar los planos elaborados por Leonardo Torriani en 1585". Éste ingeniero italiano había sido el primero en llegar a La Palma en 1584, enviado por el monarca Felipe II para fabricar el puerto y para confeccionar un plano "que ay en el no subjeto a padrastro un torreon desde donde con poca artilleria se defendiese un solo desenbarcadero de que se teme la dicha ysla". Así se desprende del despacho del Rey a Torriani de 18 de marzo de 1584.
El ilustre visitante había abandonado La Palma en el verano de 1586. Al año siguiente regresará enviado por el soberano con una misión más amplia e insólita en la historia de Canarias hasta entonces: "nada menos que la visita y estudio de todas ellas y la realización de un proyecto de fortificación global que tanto necesitaba". Este viaje se inició en la capital palmera a finales de agosto de 1587. Para este célebre personaje, el castillo de Santa Catalina le parecía suficientemente dotado y práctico, y su preocupación principal es el atrincheramiento de la ciudad en los sitios oportunos y frente a las calles que salen al mar.
Debido a los deterioros ocasionados por las avenidas del barranco, en 1742 el baluarte norte no estaba finalizado, así como el del oeste, y los del sur y este "no podían hacer fuego por su pequeñez". Desde mucho antes, así consta en el acta de 30 de agosto de 1726, la obra no "estaba bastantemente perfeccionada". Se informa de que se necesitó 2.000 quintales de piedra de cal, "madera para traviar y soallar con tablones gruesos; y que el tejado que está sobre el alojamiento del Castellano y el de los soldados se quite y se haga de azotea". Así podrá pasar la infantería libremente por encima para el resguardo y defensa.
Nuevas avenidas llenaron de consternación al vecindario. Otro ejemplo fue la que acaeció el 9 de octubre de 1783, "entre once y una del día". En palabras del alcalde y cronista Don Juan Bautista Lorenzo Rodríguez: "corrió el barranco de Santa Catalina con tanta abundancia de agua y tan fuertes estragos, que serán memorables por muchos años". Arrastró siete casas y arruinó numerosas edificaciones de sus inmediaciones. "Llevóse la Cruz del Tercero y la de las Damas con sus respectivas plazas; perecieron dos hombres y una niña, y muchos se libraron de milagro". Se trataba de la misma Cruz que el Adelantado Fernández de Lugo había colocado en aquel lugar el 3 de mayo de 1493, terminándose la Conquista de La Palma. Tras la riada, se colocó una nueva que es la que actualmente se encuentra en la Alameda.
En el documento firmado por el ingeniero Fausto Cavallero en 1788, se dice que el castillo se halla a 1552 mts del fuerte de San Miguel, y que "es un cuadrado abaluartada de 52 mts de alto con explanada de losa corrida por las caras, flancos y cortinas de los tres frentes que miran al mar y a la playa; el otro frente mira a la población y tiene adosados los edificios necesarios para alojamiento de la guarnición, cuerpo de guardia, almacenes y repuesto de pólvora. Es susceptible de contener 12 piezas bien servidas y se encuentra artillado con 2 cañones de 15 cm, 2 de 12 cm y 3 de 10 cm. Sus fábricas se encuentran también en mal estado, siendo necesario proceder a un estudio para su reparación. No hay nada consignado en presupuesto con este objeto ni es posible repararlo con cargo a entretenimiento corriente."
Volviendo a las reformas, éstas continuaron hasta 1789, año en que aun continuaban los problemas económicos. Así se desprende de un informe elaborado por un diputado del Cabildo, en el que, el 20 de agosto de 1790, escribía"… que por lo respectivo a los pequeños reparos que propone dho. Sr. D. Luis al citado Castillo cuyo cálculo gradua en 1200 rs…"
En el inventario de las partes del Castillo realizado el 24 de noviembre de 1843, ejecutado por el cuerpo de Ingenieros de La Palma, se verifica que la puerta y entrada principal, la cual "se verifica por un puente que atraviesa el foso fijo de 7 varas de largo y 2 ½ de ancho, con sus pasamanos y balaustres, que todo se halla en buen estado. Dá á la puerta principal de dos hojas de madera de tea en mediano estado con cerradura, llave, llamador de bronce con tirador por dentro y macho y hembra y dos ganchos con sus huecos de madera embutidos en la mampostería para asegurar las hojas las cuales tienen cada una, dos abrazaderas de hierro empezadas á corroer, y gira sobre quicialeras de bronce".
Allí consta cómo la mencionada puerta da entrada al campanario, emplazamiento que con la explanada es de figura cuadrada de "35 varas de frente y 35 de fondo en los ángulos salientes á su derecha é izquierda y dos cañoneras en cada una y lo demás á barbeta". Entre esas dos explanadas hay tres cañoneras y en la parte norte otras tres. Continúa el inventario detallando cómo era el almacén de pólvora ("de 7 vs. de largo y 4 de ancho", situada al final de un pasadizo de metro y medio de ancho y 4 de largo con el piso de tierra), el cuerpo de guardia (de unas diez varas de largo y cinco de ancho, con buen postigo y que a su izquierda da al pasadizo de entrada), y así una larga relación de elementos. En buen estado también se hallaban la garita, el pozo, la hermosa sillería, la mampostería, si bien se recomienda la pronta reparación de "enrrajonado y encallado á cabeza descubierta interior y exteriormente". En cuanto a los fosos, "exceptuando 8 varas de mampostería que forman la base o estribo del puente, el resto es de piedra viva y está destrozado en la mayor parte, estando todo lleno de piedras y escombros". Firma el estudio el Maestro eventual de Obras de Fortificación, José María Pérez.
Existe un oficio que se custodia en el archivo del Marqués de Guisla, fechado el 1 de agosto de 1805, en el que se prueba que el foso del fuerte fue hecho en ese año para evitar los incendios por el lado de la Calle del Castillo: "para quitar hornos inmediatos ó algun insendio en ello y en esta casita que está tan inmediata al almasen de la polvora".
El 3 de mayo de 1850 -Festividad de la Santa Cruz, Patrona de la ciudad, junto con la Gloriosa Santa Águeda-, ya aparecía construida una pequeña rampa en el baluarte derecho, junto al Cuerpo de Guardia. También dos garitas nuevas de piedra tosca labrada y mampostería.

