Castillo Real de Santa Catalina de Alejandría (I)

– FORTALEZAS HISTÓRICAS DE LA PALMA

 Entre las diversas fortificaciones que defendieron el litoral de La Palma, podemos enumerar las siguientes: en la capital, el Castillo de Santa Catalina (principal); el Castillo de la Santa Cruz del Barrio, en la plaza de San Fernando; el Fuerte de los Guinchos o San Carlos, en la Punta de los Guinchos; la Torre de San Miguel del Puerto, en el muelle;  el Reducto de Juan Grage y el Castillo de San Miguel en Tazacorte. La Torre de San Miguel de la capital fue una de las primeras fortalezas, la primera según Juan Bautista Lorenzo Rodríguez, cronista y alcalde, y una de las más remotas construcciones militares de Canarias. Ya estaba levantada el 13 de junio de 1515. Actualmente todas prácticamente desaparecidas, excepto la que nos ocupa, la fortaleza de la Gloriosa Mártir Santa Catalina de Alejandría.

 El Emperador Carlos I de España había autorizado al Cabildo de la Isla, mediante Real Cédula del 15 de marzo de 1528, a que iniciara las gestiones entre los vecinos para la repartición de las cantidades necesarias para los gastos de fortificación. Para buscar los orígenes de la idea, hay que remontarse a la reunión convocada por el gobernador Juan López de Cepeda, el Magnífico,  en la iglesia de El Salvador. Para este hábil caballero, la mayor preocupación se centraba en aquellos instantes en la infraestructura defensiva. Eran tiempos de escasez de artillería, munición y armas, fruto de una incomprensible  política de desidia que mostraba la Corona ante las constantes solicitudes y pedidos. Finalmente se presupuesta la obra en 6.200 ducados a pagar por los ciudadanos.

 El 26 de mayo de 1554,  se iniciaría la fabricación del "Castillete", como es conocido por los palmeros. También nos informan de ello Castellano, Macías y Suárez (Premio de Investigación Histórica «Juan B. Lorenzo», dado en Santa Cruz de La Palma en 1990), de cómo el Cabildo había acordado su construcción así como la derrama de 6.000 ducados entre los vecinos.

 Santa Cruz de La Palma se sitúa en la cara este de la Isla y, aunque es un punto estratégico para el comercio, necesitaba una infraestructura arquitectónica que la amparara y defendiera de los ataques por mar. La ciudad fue saqueada en multitud de ocasiones y se produjeron grandes incendios que arrasaron importantes y bellos edificios y templos: el Cabildo y su archivo, el Hospital, etc. Este fue el motivo por lo que se llevaron a cabo varias fortificaciones, como la de Santa Catalina. Su construcción, como veremos, se ejecutó en varias etapas. El castillo fue diana de muchos contratiempos y en 1665 corre el Barranco de Las Nieves y se lleva la fortificación, por lo que cambia su ubicación  por la actual. Pero la acción del mar lo deja inservible y se pone en venta; actualmente es de varios propietarios privados. En él estuvo preso Anselmo Pérez de Brito, abogado que llevo el pleito de los regidores perpetuos. Su planta es cuadrada y en su portada presenta un arco rebajado en el que figuran las armas reales. Por decreto, fue declarado Monumento Histórico Artístico el 22 de junio de 1951. La protección del magnífico castillo viene amparada por  la Declaración Genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 y la Ley 19/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

 Existían otras baterías en la isla, como la de San Jacques (1559), en el Barranco de Maldonado; la de San Antonio, inmediata al Astillero; Nuestra Sra. del Carmen (1573), en el mismo Barranco; San Pedro o Los Clérigos, en la Calle de la Marina, cerca del Barranco de Los Dolores; en Puerto Naos, donde dicen La Altura; Santa María de Saboya o La Alameda (1559), en la Calle de La Marina, cerca de la Torre de San Miguel; la batería de San Felipe, también llamada de Méndez (1657); el polvorín de la cuesta de Calcinas (1681); y el Reducto de Bajamar o Paso de Barreto, portada sobre el risco inmediato al camino que conduce a los pueblos del Sur. Como auxiliares de la defensa se usaron las atalayas del Risco de la Concepción y la montaña de Tenagua, en ambos extremos de la ciudad.

 El cónsul británico Francis Coleman Mac-Gregor, amigo de grandes científicos y viajeros -como Berthelot, con quienes compartió recorridos y experiencias en las Canarias del primer tercio del s. XIX-, escribió algunas de las frases más precisas e interesantes que se han escrito sobre la capital palmera. Entre otras cosas, mencionó las baterías que como defensa complementaria a los Castillos de Santa Catalina y San Miguel del Puerto, ofrecían "a la razón un estado ruinoso".

 Para cubrir la defensa del extenso literal palmero, se comienza en mayo de 1554 la fortaleza en el norte de la ciudad, en el Barrio de Santa Catalina de donde recibe su nombre. Desde ese mismo año de su construcción se entiende como la "fuerça prinçipal" y el sitio donde está ubicada se considera de importantísimo valor estratégico. Desde allí se defiende el mar impidiendo a los barcos que llegaran hasta el puerto y a los botes que desembarcasen, como la tierra. La elección del lugar tiene mucho que ver con la entrada de los piratas franceses el año anterior. Esta nueva fortaleza cumple un papel clave como defensa del norte de Santa Cruz y "parachoques de pretendidos ataques al puerto".

 Un informe enviado al Rey en mayo de 1583, cuantifica la fuerza defensiva de La Palma en los siguientes efectivos: "1300 personas para la guerra; 345 arcabuces; 650 picas, lanzas y dardos; 61 ballestas; 27 alabardas de malla; 207 rodelas; 1023 espadas y 14 caballos"

 – ATAQUES PIRÁTICOS

 La primera acción pirata contra La Palma se producía el 1 de marzo de 1537, "cuando una flota francesa de 80 naos al mando de Bnabo fue interceptada por la de Miguel Perea". En aquella ocasión, los franceses se batieron en retirada. Desde esa fecha, la ciudad fue asediada por piratas europeos y norteafricanos con suerte desigual. Fracasaron en sus empeños personajes tan importantes como John Hakkins y Edward Cook, el Prior de Crato (rival del rey Felipe II y pretendiente del trono portugués, en 1583) y el holandés Van der Doez que, en 1599, tras el saqueo de Gran Canaria, "y con la mayor flota que vieron las islas" fue rechazado por la artillería y las milicias insulares.

 En julio de 1553, el feroz pirata francés Françoise Le Clerc, apodado Pie de Palo, saqueó e incendió la preciosa ciudad palmera. Un año después, comenzaba la construcción del Castillo Real de Santa Catalina, cercano al punto donde se había producido el desembarco de los hugonotes galos. Las obras defensivas continuaron hasta crear un verdadero cinturón de reductos, murallas y baterías, nombradas anteriormente, a fin de proteger a la ciudad de los peligros provenientes del mar.

 El Príncipe, futuro Rey Felipe II, mediante Real Cédula expedida en Valladolid el 8 de abril de 1554 -conservada en el libro de Reales Cédulas de aquel municipio-, concedió la licencia y la facultad para repartir entre los vecinos nuevamente unos 3.000 ducados. La Real disposición expresaba que "la ciudad había quedado desmantelada después del saqueo y quema por los piratas franceses". Nos informa también Darias Padrón de que el jefe militar de aquellos momentos era Juan de Monteverde y "queyere hazer a su costa una de las dhas fuerzas, ques una del puerto desa ysla ques en la Caldereta".

 Las fortalezas repelieron eficazmente al célebre corsario inglés Francis Drake cuando sus barcos sitiaron a la capital el 13 de noviembre de 1585. Afortunadamente, la artillería de los castillos hundió la nave capitana de la armada inglesa, el Bonaventure. Se considera como el tercer ataque importante sufrido por la isla. Así, hacia las tres de la tarde, desapareció la flota enemiga en dirección sur de la vista de la ciudad, "fuyendo por el mucho daño que se les hizo". De este modo, escribe el profesor Rumeu de Armas, "finalizó el primer ataque inglés a las Canarias, en el que Santa Cruz de La Palma tuvo el alto honor de derrotar al más grande de los piratas ingleses, destrozándole su navío almirante y causándole daños y bajas en las embarcaciones y tripulantes".

 En septiembre de aquel año, las noticias del regreso de Drake de sus incursiones en las Indias de Su Majestad preocupan nuevamente al Cabildo que teme un nuevo ataque. El alguacil y alcaide Sebastián Vallejo y el condestable de la artillería, Matías Cardoso, solicitan urgentemente el envío de pólvora de Gran Canaria y de Tenerife. Se reparte media libra a los arcabuceros de la existente en la fortaleza de Santa Catalina. Se cuenta con 500 esclavos negros y mulatos que hay en la Isla. También se ordena la reconstrucción de la deteriorada casa de la pólvora de dicho castillo aprovechando madera de la máquina del muelle, etc.

 A lo largo de la historia de la Muy Noble y Leal Ciudad las incursiones piráticas han sido recurrentes. Así, el 20 de junio de 1618, "veintisiete navíos de moros se presentan en la bahía de esta ciudad con intenciones aviesas; pero sus castillos bien artillados y las milicias en pie de guerra que los siguen por la ribera, les infunden temor; dan fondo en Tazacorte de donde también son rechazados y se dirigen a La Gomera". Otra noticia curiosa: "el 26 de junio de 1706 salen las monjas de sus conventos y se toman las medidas de precaución por haber aparecido más de treinta navíos al Norte de esta ciudad…". Y así un largo etcétera.

 – ARQUITECTURA ORIGINAL

 Esta primitiva fortaleza presentaba una planta casi elíptica "en cuyo centro se alzaba un cubelo cubierto con tejado de pizarra. Sus muros exteriores eran de sillería con recios contrafuertes y se hallaba en su totalidad terraplenada y cubierta de losetas para formar la plaza de armas". Fernando Gabriel señala que la fortaleza "consistía en un torreón o cubelo que, en el mes de agosto, ya llega hasta las troneras. La rapidez de los trabajos prevé su terminación en menos de un mes, gracias a la cantidad de operarios que intervienen".

 En el Cabildo celebrado el 2 de marzo de 1554 se había acordado a darle al terraplén un largo de 200 pies a su alrededor en forma de media luna, y que desde el cubelo hacia el mar se elevase 35 pies como se tenía acordado, cuya obra se terminó, como dice la profesora Carmen Fraga, en 1560, siendo Teniente Gobernador de la Isla el Lcdo.  Antonio de Troya Sañudo.

  Los investigadores canarios Castellano, Macías y Suárez en su obra sobre las fortificaciones palmeras, también nos informan de que había una escalera exterior separada del castillo mediante un puente levadizo, por la que se permitía el acceso al fuerte. "Ésta tenía un pretil hacia la parte del mar y una alta muralla almenada hacia el frente de tierra". Así mismo, Rumeu nos describía este antiguo castillo, "el cubelo central, todo él de sillería, con troneras, tenía dos pisos, y servía de alojamiento al alcalde y a los soldados de la guarnición". La plataforma con la torre circular fue  abatida más tarde por el mar.

 Estaba construida la fortaleza en gran parte de cantería labrado con elegante puerta de entrada del mismo material sobre la que colocó el escudo de España tallado en piedra de color gris.

 Juan de Monteverde, Capitán General "que fue desta Ysla y su Castellano de ella, y Alcaide de las demas fortalezas" gastó en el Castillo de Santa Catalina 18.000 doblas con acuerdo del Cabildo, como resultado del celebrado el 20 de octubre de 1561. Sin embargo, Lorenzo Rodríguez, cronista y alcalde, en sus Noticias sobre la Historia de La Palma, aclara que, "pasó el tiempo y habiendo empobrecido y enfermado, no llegó á entregar la suma ofrecida á pesar de habersele ejecutado".

 Buena prueba de la importancia que se le daba a esta estructura defensiva, fue el acto de su bendición tras su finalización. Una multitudinaria procesión salió de la Parroquia Matriz de El Salvador el 4 de octubre de 1560, asistiendo también todas las comunidades religiosas de la capital. Esta solemne ceremonia aunó lo militar y lo religioso en la exaltación de una defensa bendecida. En aquellos momentos de gran preocupación por la seguridad, se cerraban con llave las dos portadas que daban acceso a Santa Cruz al toque de queda, aislando así a la capital palmera de entradas y salidas nocturnas. Según el Acta del Cabildo de 18 de agosto de 1559, se acuerda tañer la campana de queda entre las nueve y diez de la noche en invierno y una hora más tarde durante el verano.

 – AVENIDAS

 Debido a un terrible aluvión del Barranco de Las Nieves en 1665, el castillo fue declarado en estado ruinoso. Al año siguiente, el Conde de Puertollano, Comandante General de Canarias, acompañado del ingeniero militar Lope de Mendoza, visitó el fuerte. Dejó instrucciones para la urgente restauración. El 5 de junio de 1666, el teniente de Corregidor Lcdo. Francisco García propuso la misma ante el Cabildo. Esta corporación pasaba momentos de grave precariedad, por lo que no contaba con los medios económicos necesarios para acometer las obras. Los vecinos apoyaron al Cabildo con una derrama. El coste total ascendió a 16.107 reales y medio. Como apunta el profesor Rumeu, debido a un nuevo temporal de mar y viento, el 14 de enero de 1671, tuvieron que efectuarse nuevas obras. La ruina del castillo era un tema que preocupaba a la vecindad y a su Cabildo. En la reunión de éste, del 9 de julio de 1674, se decía "que se había derrumbado un trozo de plataforma y derribado dos piezas de artillería… y debía retirarse su emplazamiento más adentro…"

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