"El modo y la vehemencia con los que el palmero afronta su compromiso con su tierra y con la historia son decisivos a la hora de comprender la personalidad de Manuel González Méndez, un insular en el más puro ejercicio del término: los pies en la isla y los ojos en el espíritu de las ilusiones y los retos de cualquier hombre de cualquier tierra en su tiempo."
Ortega Abraham, 1983
El que llegaría a ser considerado como el pintor más representativo y destacado de Canarias en el siglo XIX nació en la capital de La Palma el 3 de febrero de 1843. Fue hijo de María Méndez Espinosa y del artesano Santiago González. Su padre era un ebanista muy conocido en la ciudad por su seriedad y por su habilidad en el oficio. Con su modesta y numerosa familia vivía en la Calle de la Virgen de La Luz (hoy con el número 14), en el histórico Barrio de San Telmo. Manuel José de Santa Apolonia González Méndez tuvo nueve hermanos: Bernabé, Juan, Fulgencia, Santiago, José, Isidro, Sofía y Vicente.
"Manuel es un niño despierto y agudo. Racional e inspirado, tan pronto sorprende por su facilidad para el dibujo y cualquier tarea manual, como para entonar con afinado estilo una canción de la época o el aria de una ópera famosa, oída desde la calle a su paso ante una casa ilustre o en las sociedades de los más pudientes". Ortega Abraham, 1983
Siendo aún pequeño, estudia en la Escuela Lancasteriana y en la Escuela de Dibujo fundada en 1840 por Blas de Ossabarry. Su padre muere cuando Manuel tiene trece años y tiene que ayudar a su madre y a sus hermanos en diversos trabajos, como carpintero, encuadernador, etc. Aunque su salud era débil desde que se le diagnosticara una bronquitis crónica, su capacidad para aprender no conocía límites. Ortega Abraham escribió que, en su ciudad natal "brilló con luz propia en los ambientes literarios y fue reconocido pronto y bien por todos sus coetáneos".
En su juventud también cultivó otras manifestaciones artísticas, como la música y la escultura. Gracias a su buen oído y buena voz pudo lograr plaza en el prestigioso y selecto coro de la parroquia de El Salvador. El incansable artista liberal se esforzó y consiguió hacer todos y cada uno de los encargos que se le iban acumulando. Así, realizó para los dramaturgos locales una serie de escenografías que alcanzaron buena crítica, o numerosos retratos de amigos y familiares que perpetuarían rostros y momentos. Sin embargo, se comenzaba a sentir algo agobiado porque La Palma no colmaba todas sus expectativas. Para alimentar su infinita ambición y ansia de conocimiento, necesitaba salir a conocer el mundo que existía fuera de su amada Isla. Por este motivo, no quiso desperdiciar la oportunidad de ir a visitar a su hermano Juan que ya residía en La Orotava. En Tenerife conocería a varios músicos, políticos e intelectuales. Una de las grandes amistades conseguidas en aquella etapa y que duraría para siempre fue la del pintor Felipe Machado. Méndez estudia en La Laguna durante el curso 1859-1860 y se inscribe en el coro de la catedral. Son frecuentes sus viajes a La Palma, sobre todo para encontrarse con su familia y amigos y a descansar de su enfermedad crónica mientras se distraía pintando retratos familiares y leyendo.
En palabras del actual cronista de su ciudad natal, Pérez García, Manuel fue "artista de variada producción y fuerte personalidad, rico en matices, de una maestría exquisita, magnífico dibujante y seguidor de los cánones académicos, dominó por igual el óleo y la acuarela y se distinguió tanto por sus retratos y escenas bretonas como por sus paisajes".
Si bien comenzó su trayectoria artística en La Palma, su formación verdadera la realizaría en la Academia Provincial de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife en 1868. En la capital provincial, como ocurriese en su tierra natal, pronto fue reconocido como artista especial y logró gran prestigio. Se matriculó en todas las disciplinas que se impartían a dicha academia: dibujo lineal, figura, adorno, aritmética y geometría básica para "dibujantes, aplicación a las artes, fabricación, modelado y vaciado". Fue un alumno aventajado y sus maestros alaban su buen quehacer. Después de 1869, con la libertad de enseñanza, la institución de Bellas Artes comienza su declive debido al escaso patrocinio municipal. Esta circunstancia, unida a otras, hizo que el polifacético palmero se decidiera por lanzarse a la aventura de Europa.
"Palmero recalcitrante y agradecido, González Méndez no dejó nunca de hablar en plural cuando se refirió a Canarias y, en cierta ocasión, le dijo a Estévanez que en sus "dos patrias chicas siempre florecían los almendros""
Ortega Abraham, 1983
Con veintisiete años y ya en Madrid, se relaciona con políticos liberales, artistas consumados, maestros, ingenieros, críticos, etc. Se deleitaba en El Prado, magnífico museo que visitó por primera vez en 1870. En todos los museos que visitaba se preocupaba del tratamiento de la luz y aprendía observando con detalle todas las obras de los grandes maestros. Los amplios salones cuajados de tesoros pictóricos eran recorridos una y otra vez por Méndez y su gran amigo Maffiotte.
"Es el caso que mi amigo Méndez, artista de corazón, encerrado en las peladas rocas afortunadas, sin más protección que su trabajo y su perseverancia, sentía la imperiosa necesidad de tomar aire fuera de los patrios lares, donde los medios de estudio para un arte tan serio son nulos de todo punto; y aferrado en esta idea, con la tenacidad que le es característica, trabajó sin descanso para allegar algunos recursos con los que, atravesando el Atlántico proceloso, vino a dar en este otro océano sin fondo y sin orillas que se llama París".
Maffiotte, 1896
Sentía gran tristeza porque en España no había conseguido la oportunidad que ansiaba. Por ello había viajado a Francia, país que "le da de comer, techo, escuela, trabajo y fama". Sus comienzos en París habían sido muy difíciles. Antes de que llegase el momento de consagración como artista, para subsistir tuvo incluso que pintar abanicos. Pintó también tarjetas postales, álbumes, bocetos… Esculpió figuras en mármol y madera, aderezó muebles, etc. La guerra de Prusia con Francia hizo que la situación económica se volviese desesperada. Pasó verdaderas calamidades y sintió hambre e inseguridad.
Asistió a la Escuela de Artes Decorativas donde fue galardonado por una de sus obras en 1872. Se trataba de un bajorrelieve "con figuras de guerreros y odaliscas orientales" .Tres años más tarde sus primeros y alabados cuadros serían expuestos en la capital francesa, coincidiendo con la Exposición Universal. Gracias a su primer maestro Amado Millet conoció el arte parisino y lo relacionó con sus valiosos contactos.
El crítico Juan Maffiote había dicho que, "en cuanto a su escultura, las mejores disposiciones de Méndez son sin duda para este arte y lo prueba el que gracias a su consejo, aparecerá en uno de los mejores monumentos del mundo, una composición escultural distinta de la que había concebido el artista encargado de ejecutarla, e indiscutiblemente más bella y apropiada". Se refería a la gigantesca estatua de Vereingtowix, realizada por Millet -maestro de Méndez- en 1865.
Tras su paso por esa prestigiosa entidad, continuó en la Escuela de Bellas Artes donde el maestro Juan León Jérôme (aparece escrito también Gérome) le ayudaría a perfeccionar la técnica pictórica. Este prestigioso artista, muerto en 1904, lo había puesto en contacto con el gran maestro Delaroche y lo había convencido para que se inscribiera en la Academia. Poco a poco su economía va mejorando y, gracias a los encargos, puede montar un amplio estudio. Con sus ahorros logra volver a Canarias en 1874. En su tierra estudia los paisajes y hace esbozos de los diversos tipos y personajes, como el pobre pescador de Güimar, conocido como Juan Chichí. En La Palma acude a fiestas y saraos. Quiere recuperar el tiempo perdido fuera del terruño amado. De esta etapa es el magnífico cuadro La romería de Santa Lucía, "su cuadro más representativo del costumbrismo canario". En la actualidad está colgado en el salón noble de las Casas Consistoriales de Santa Cruz de La Palma.
De regreso a Francia, fue premiado en la Exposiciones Universal de París de 1875 (así como también en las de 1889 y 1900). Entre finales de 1875 y principios del siguiente, recorre España desde Madrid a Andalucía, pasando por Toledo. En la Península toma nota en sus omnipresentes cuadernos acerca de todo lo que ve y le gusta, como rasgos de personas, su anatomía, detalles de arquitectura, paisajes, etc.
Vuelve a Francia y en 1878 logra ser admitido como expositor oficial en el célebre Salón de París. Su prestigio va en aumento. Su obra titulada Pescador de Güimar -cuyo modelo era su amigo Juan Chichí– fue incluida -pese a su condición de extranjero- en el catálogo del Salón de Pintores Franceses. "Éste fue el espaldarazo definitivo. La crítica se vuelca en elogios y el palmero siente que ha sonado su hora"
En 1880, el mismo salón es un expositor de gala para su retrato de Juan Real. El año siguiente, tras su regreso de Canarias, expone en la misma sala otra de sus obras, Retrato de Señorita. El crítico más exigente de la época, Charles Dignet, elogia al palmero: "este retrato encantador me ha chocado por la tonalidad general y armónica. Las carnes son transparentes y su color es verdadero…"
En 1881, el periódico nacional El Globo -reproducido más tarde en la Revista de Canarias– publicaba sobre la exposición de Méndez en el Salón de aquel año lo siguiente:
"Entre los pocos cuadros de pintores españoles que este año han escapado a la censura, un tanto parcial del jurado francés, figura nuestro compatriota el pintor Manuel González Méndez".
Tras una larga estancia en la Península de unos cinco años (entre 1883 y 1888 aproximadamente), regresa a París. Durante su visita española se nutre de muchos modelos de tipos humanos y arquitectónicos. Se cree que el desencanto que sufrió por no ver galardonado su trabajo en su propio país, fue lo que motivó su retorno a Francia. Sus biógrafos lo recuerdan como una persona obstinada y de duro carácter. Su incapacidad de "mendigar la presencia en las exposiciones y su exclusión injusta de los catálogos le afirma en la decisión de no presentarse jamás a un certamen".
Hubo muchos rumores en torno a los amoríos del maestro con algunas doncellas y modelos. Se habló de Charlotte Gérome, hija de su maestro; o con una misteriosa muchacha francesa con la que se había carteado. ¿Tal vez se tratara de la misma persona? Se dice que ésta pudiera ser aquella viuda que, tras la Primera Guerra Mundial, visitó Tenerife tratando de encontrar inútilmente la tumba de González Méndez, su verdadero amor prohibido.
Sus constantes y cortos viajes entre Francia y España fueron motivados, en gran medida, por la búsqueda de mejor clima debido a la precariedad de su salud. Era persistente su idea de asentarse en Tenerife donde quería instalar su casa y su estudio. Sin embargo, no quería desechar su taller parisino. Su economía no era boyante y no podía afrontar con éxito tal aventura. Sí continuó visitando Madrid y Barcelona donde se relacionó con numerosos artistas, sobre todo pintores españoles, algunos de los cuales ya conocían la obra del maestro palmero en París. Méndez trabaja como agente de ventas en manufacturas isleñas, con productos como mantillas, bordados, calados, estambre y algodón. Una época en la que intimaría con su amigo, el orotavense Felipe Machado. En Güimar logra un merecido descanso donde su hermano Santiago era el administrador del notable patrimonio familiar de su esposa.
Uno de sus cuadros más destacados fue El consejo del viejo profesor (1882), un óleo sobre lienzo (66 x 50,8 cms.) vendido en subasta en la prestigiosa casa Sotheby"s de Nueva York el 25 de abril de 2006. Esta magnífica obra fue incluida en el Album de chefs d"oeuvres de l"école moderne , una selecta publicación especializada en obras maestras de la escuela moderna donde sólo aparecían las más prestigiosas piezas de arte avaladas por la crítica. Otras obras premiadas fueron: Un Vieux charron (en la Exposición de 1889); Enrique III (en la de 1900), y Un duel soux Louis XIII.
Tanto en París como en Santa Cruz de Tenerife, ciudades donde transcurrió su vida profesional, expuso sus delicadas obras con gran éxito de crítica y público.
"Manuel González Méndez pasó gran parte de su vida en París; ensayó la pintura costumbrista de temas canarios, el retrato y la pintura decorativa, como el techo del salón de actos del ayuntamiento de Santa Cruz". Castro Borrego, 1980
Ya en Tenerife, obtuvo el codiciado diploma de honor de la Real Sociedad Económica en 1893. En el salón de la actual sede del Parlamento de Canarias se puede admirar dos grandes óleos del maestro. También es autor de la bella decoración de la cubierta del salón noble de las casas consistoriales. En 1902 recibió el encargo de la decoración del Palacio de Justicia y la realización de La Verdad venciendo al Error. Al año siguiente, su admirada obra estuvo presente en la Exposición Económica de Tenerife y en Las Palmas. En 1906 entrega González Méndez los lienzos para el Palacio de la Diputación Provincial. Ese mismo año, tuvo el encargo de la decoración de los arcos triunfales que se levantarían en Tenerife en honor del rey Alfonso XIII.
"Hace y algunos años abandonó estas islas, su país natal, un modesto joven, cuyas excepcionales aficiones al arte pictórico tan sólo acaso eran conocidas de las pocas personas que, entre nosotros, las cultivan. Este joven era Manuel González Méndez. A París dirigió sus pasos y allí ha visto realizadas las aspiraciones de su alma de artista. El desconocido joven de ayer es el distinguido pintor de hoy. El trabajo y el talento han sido los medios de que se ha valido para conquistar un gran nombre en el gran mundo de la pintura". El Eco, 1885
(sigue parte II y última)

