11 de enero de 2013
Es una verdad mundialmente reconocida, que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa; a su vez, es una verdad mundialmente reconocida, que un hombre como yo, sin más fortuna que una humilde colección de libros y música, necesita ampliarla con un tesoro como las cartas de Jane Austen.
Querida Jane Austen, permíteme que te parafrasee, es mi forma de demostrarte el sentimiento que ahora mismo me embarga. También quiero pedirte perdón por haberme marchado ayer con tan poca cortesía, ya que me fui de improvisto y sin despedirme. Pero no pude evitarlo. Al asomarme a la puerta observé un negro carruaje tirado por esbeltos caballos en cuyo pescante venía el emisario. De su interior se bajaron dos señores con aire distinguido y pobladas barbas y bigotes. Entonces se dirigieron a la puerta contraria, la cual abrieron para ayudar a bajarse a una elegante dama con traje de muselina blanco y un tocado adornado por una llamativa amapola de color. ¡Eras tú Jane! Te di un abrazo tan sincero como emocionado. Reconozco que me quedé un tanto arrobado, mas tú te diste cuenta, ciertamente no podía disimularlo (tampoco traté de evitarlo).
Ya tengo mí preciado botín conmigo: ¡tus deseadas cartas desde la campiña inglesa! Están contenidas en un precioso libro de tapa dura con sobrecubierta, ambas con tu figura pintada en tinta negra. Te encuentras sentada y apoyada sobre una mesa (una mesita de un solo pie, con tablero de madera de castaño que te acompañó toda tu vida); bajo tus rizos ensortijados, tu mirada es una mezcla de ausencia y concentración, como si estuvieras abstraída. Y no me extraña, en tu mano derecha portas una pluma (una fina pluma de marfil), esa que manejabas con tanta destreza, así que seguro que estabas dando rienda suelta a tu imaginación, viajando por tus exuberantes mundos interiores. Dentro venía un marca libros con tú misma imagen y una postal exactamente igual (un regalo dentro de un regalo). Le quité la funda protectora al libro, lo abrí y olí sus páginas: ¡olían a tinta deliciosa! Más deliciosa por saber que están escritas por tu florida mano. Esas letras que vienen sobre el papel son generosas y redondas. Te leería aunque vinieras en una enorme sopa de letras y tuviera que componérmelas armando las palabras una a una, pero así me lo ponen mucho más fácil, cómodo y atractivo. Los de la editorial han realizado una labor encomiable. Se nota que hay mucho cariño detrás.
Les he dado las gracias a los literatos rusos por haberte escoltado tan magníficamente como lo han hecho. Y les he dado alojamiento en mi hotel biblioteca; un lugar de honor para que estén bien cómodos; una atalaya desde donde se divisan los demás lomos (es una de las suites del enjambre librero). Les he dicho que primero procederé con tus cartas, y créeme que lo han comprendido, pero claro, los grandes escritores tienen su vanidad y me han pedido algo a cambio: me han pedido que les prometa que serán los siguientes en ser leídos. Les he contestado que por supuesto, que a veces compagino varios libros pero que ahora solo quiero concentrarme en ti, pero que cuando termine, los siguientes serán ellos porque también me apetecen y no venían por casualidad acompañándote. Fueron elegidos entre la clase alta literata. Me han recordado la futura tertulia. Se ve que les has cautivado y se han quedado con más ganas de ti, de escucharte y de conversar. A mi no me extraña nada.
Prontamente me he puesto a leer tus cartas. Y… Oh my God! Son irresistibles Jane, todo lo que escribes lo es. Y que deliciosa que eres. Como si fueran percebes, iba devorando tus cartas sin apenas esfuerzo, casi sin enterarme. Leí unas cuantas de una tacada. Hasta que me contuve y les anudé el lazo. No por medio a empacharme (contigo es imposible) sino porque como el buen postre cuando eras niño, quiero ir con calma para saborearte y para que me dures.
La primera carta está fechada un 9 de enero de 1796. Tenías 20 añitos recién cumplidos y felicitabas a tu querida y confidente hermana Cassandra, que ese mismo día cumplía 23 años. A partir de aquí tuve un mar de sensaciones que se arremolinaban en torno a mi y que me son difíciles de describir. Aunque si tuviera que buscar una palabra que las condensara, esa palabra sería MAGIA. Me parece mágico poder leerte a través del tiempo de tu mismo puño y letra y sentir que todavía estás viva. Tus novelas también son de tu puño y letra, si, pero esta eres tú en tu vida cotidiana. Eres la persona que deseaba conocer, más allá de la ilustre novelista que tanto adoro. Déjame decirte que no soy nada puntilloso al leerte, no se puede ser así al manipular un diario o unas cartas, hay que ser condescendiente porque no se puede ser más exigente con los demás que con nosotros mismos. Es una ley literaria que hay que saber respetar. Supongo que en la vida ordinaria también. Así que no corro el riesgo de desengañarme contigo. Pero es que justo me está pasando lo contrario. Tu figura crece y crece y no deja de crecer según te voy conociendo. Te cuento algunas cosas que pienso ahora sobre ti aprovechando que las cartas son un buen medio para sincerarse.
Tu ironía Jane, tu ironía me supera. Estoy pensando que es un don innato con el que fuiste bendecida nada más nacer. No digo que no lo hayas perfeccionado y te haya costado tu esfuerzo para tus novelas. Pero en tus cartas es algo tan natural, que no deja de sorprenderme. Es una ironía tan sutil, tan fronteriza, que la considero la ironía perfecta. No corres el riesgo de pasarte por ningún lado: ni volverte surrealista ni socarrona. Tampoco podemos acusarte fehacientemente de nada. Eres la ambigüedad en estado sublime. Nos ofreces variedad de interpretaciones y así me tienes leyéndote y haciendo continuas cábalas. Y es un juego al que siempre me ha gustado jugar contigo Jane.
Otra cualidad tuya que observo y que no me ha sorprendido porque me lo esperaba, es lo divertida que eres. A través de tus novelas siempre pensé que eras divertida y optimista. Mis sospechas han sido confirmadas. En general le añades unas gotas de humor a todo en la vida, a veces más a veces menos, a veces tremendamente, y eso, combinado con tu ingenio, aporta mucha alegría así como un humor excelso e inteligente. Algo que siempre será bien recibido, y por mi parte, admirado.
Una sensación curiosa que tengo es que por momentos me parece que estoy leyendo una de tus novelas, con sus personajes y sus ambientes. Como si no hubiese salido de ellas. Es el mundo que nos mostraste, Jane. Así que es imposible no entablar asociaciones entre personas, hechos y localizaciones. A menudo me pregunto si tal persona no será tal otra de tal novela. No es exactamente así, no es lo mismo la ficción que la realidad, o la literatura que la vida común, pero esas personas y esos lugares eran tu fuente de inspiración. Es una línea difusa que traspaso a ambos lados sobre un saltarín caballo refulgente que juguetón y caprichoso ora me lleva aquí, ora me lleva allá. Aún así ¿como hacías para sondear y extraer las almas interiores con tanta precisión? Se que no puedes contar el secreto porque seguramente no existe o no lo sabes, es un valor inefable y va con tu persona, si lo contaras todos copiaríamos la fórmula, pero hay fórmulas indescifrables que nunca podrán volcarse sobre un papel, y para nada son extrapolables. Fuiste agraciada con varios dones: el de la observación, el de la elocuencia y el del humor están entre ellos. ¿Y en medio? Yo no se lo que hay en medio, es un secreto intangible que a todos nos seduce y que, ni en tus cartas, podemos vislumbrar. Lo único que puedo decir es que estoy encantado de conocerte.
Me despido Jane, te mando esta carta de ida esperando las tuyas de vuelta. Prometo volver a escribirte cuando tú lo hagas.
Siempre tuyo, Miguel


Dear Michael: permíteme unas pequeñas gotas de humor para disipar un mal momento que he pasado recientemente, con motivo de una pequeña intervención quirúrgiga.
Oh my God! Con la llegada de tus cartas, que ya demoraban algo, recordé aquel viejo dicho que pululaba por la Laguna en la época en que "Marcos" (serie de televisión versionada en dibujos animados, que recreaba aquella enorme novela de Edmundo d Amicis, "De los Apeninos a los Andes) no conseguía encontrar a su madre: "Si la madre de Marcos no aparece ya, mañana todos, huelga general". Lo que traspasado a tus cartas de Jane, venía a significar algo parecido.
Estuve incluso tentado de hacerte algún panegírico en inglés, haciéndome pasar por Jane. Pero ya sabes, todo se puede mal interpretar. Y en la comunicación virtual, es más fácil encontrarte con gente que quiere buscarle las "cuatro patas al gato".
Tan sólo se me ocurre una frase que dé colofón a todos tus escritos: "verdaderamente admirable".
Dont ever change your mind (nunca cambies tu opinión, tu forma de pensar). Te habría dicho Jane.
My regards to Jane.
Buenas tardes. Saludos cordiales.
Camarada Pevalqui, me ha arrancado una sonrisa que todavía me dura. Estas cartas, por la espera, le han recordado a Marcos, y yo me alegro por ello. No lo viví pero si los rescoldos en que todavía comentaban, recordaban y bromeaban. Sus ecos duraron mucho, diría que todavía duran ya que estamos hablando de él. Una serie mítica vaya. No conocía esa frase de la ULL sobre la huelga general. Es chistosa. Traspasado a mis cartas sería algo así como “si no le llegan se las entregamos en mano”. Se me vuelve a dibujar una sonrisa. Tampoco sabía que estaba inspirada en una novela. Todos los días se aprende algo, gracias.
Es lo que tienen las cartas, dicen que el que espera desespera, pero esperar y que finalmente te llegue una carta deseada, es una alegría especial, inigualable diría. Claro que hay trucos para suavizar la espera y acortarla considerablemente. Y si no vea que comienzo de carta más ingenioso le escribe Jane Austen a su hermana Cassandra.
Carta 14; martes 18 – miércoles 19 de diciembre de 1798.
“Mi querida Cassandra”.
“Tu carta llegó tan pronto como esperaba, y así ocurrirá siempre, porque me he puesto la norma de no esperarlas hasta que lleguen, y de esa forma creo que reflejo la tranquilidad de las dos. (…) ”.
Claro que hay que ser Jane Austen para ello, pero se aprende, con ella se aprende mucho.
Aprovecho para comentar que aquí pongo un punto y aparte pero no final en mi correspondencia con Jane Austen. Más adelante puede que haya más. Realmente no lo se, porque con las cartas nunca se sabe cuando es la última. Pero si Jane me escribe, volveré a escribirle. A Jane es a la única que no puedo dejar de corresponderle.
Espero que esa intervención haya sido satisfactoria. Que el mal trago haya sido leve. Y también le deseo la más pronta y la mejor de las recuperaciones.
Aprovecho, Camarada Pevalqui, para darle las gracias por sus palabras; palabras que mucho me reconfortan.
También aprovecho para darle las gracias a Pedro Luis, Atila, Antonio y Slobo que estos días por aquí han asomado la cabeza a ver si la bandera del viejo buzón estaba levantada. Sus comentarios también los he leído y por supuesto, disfrutado.
Un cordial saludo lleno de cartas, cartas para todos.
Gracias estimado Miguel! Da siempre cierta satisfacción cuando lo recuerdan a uno.
Pero para ser total y verdaderamente franco le diré lo siguiente:
Las lecturas de las cartas a la Srta. Jane las he venido disfrutando pero por lo bien escritas, ese placer que da encontrar cada signo ortográfico en su lugar, y cada párrafo donde en verdad debe ir.
Pero… honestamente, me gustaría que la próxima entrada fuera (y IV)
Ya ves…
Saludos emotivos!
Bien Miguel, pero falta la confesión…..
Por favor, da luz a mi curiosidad y dime, dinos, qué de especial (dentro de que efectivamente fué una escritoria genial) tiene para tí Jane.
Tiene que haber algo más…
Seguro que hay algo más…
Afectuosos saludos,
Antonio.
P.D. Confío Sr. Pevalqui que al igual que D. Pedro Luis, usted también se encuentre en franca recuperación! Vaya racha…
Caramba, olvidé desearle una pronta recuperación al Estimado Pevalqui!
Saludos Cordiales!
Estimado Miguel, me alegra saber que los rumores del carruaje no fueron un sueño ni un deseo frustrado.
Ya tienes tus cartas. Enhorabuena y disfrútalas. Mejor cómodamente sentado en un sillón, frente a una ventana con siluetas de palmeras recortadas sobre el mar de levante…
No dudo que Jane responderá a tu admiración y fidelidad. Una dama de su clase nunca defrauda.
Gracias por transmitirnos pasión y alegrarnos con literatura los "escalones" de la vida. Gracias también a todos los amigos, don Antonio, don Atila…, y Pevalqui, a quien sumo mi solidaria convalecencia y afectuosos deseos de pronta recuperación… No queda otra. Relativamente recuperados del dolor, personalmente me encuentro en esa fase, siempre crítica, de sintonizar la realidad física de la edad con la querencia más joven de las neuronas… y aprender que el alto de los escalones no es anímico sino físico. Y la capacidad de reacción al tropiezo se merma con los años. Asumirlo puede que no resulte fácil, y si bien puede que no ayude a levantarnos, tal vez nos evite un próximo tropiezo… O no.
Un fuerte abrazo para todos.
"Espero que llegue mañana en el carruaje. Es justo lo que necesitamos y tengo muchísimas ganas de ver cómo es. Estoy segura de que Martha ha disfrutado mucho este regalo, y yo no tendré nada que objetar…"
¿Y a quién no le gustará la obra de Austen?
Agradecer las muestras de apoyo por parte de Miguel, Atila, Antonio y Pedro Luis de quienes me honro con su amistad.
Estoy seguro, estimado Pedro Luis, que mientras la mielina de sus neuronas sigan fundamentando los asertivos y acertados juicios que hace, no exentos de buen sentido del humor canario, no habrá impediemento físico por grande que sea, que pueda interponérsele.
Lo mío, como decía Ramón y Cajal, no es más que "una gota de agua en la inmensidad del océano". Producto de una mala elección de desodorantes, concretamente los antitranspirables, que traicionando mi escaso conocimiento sobre este tema, bloquearon las glándulas sudoríparas de mi axila derecha, hasta llegar a producirme un silencioso quiste que al "romperlo" resultó más grande de lo que pintaba, llevándome inevitablemente al quirófano. Mal rato incluído, por lo poco que al parecer se lleva la anestesia conmigo.
Saludos cordiales, caballeros.
Estimado Pevalqui, es sumamente doloroso, por lo menos lo fue en mi caso, esos furúnculos que de pronto brotan en nuestras axilas. Un par de veces padecí de esos malestares, hasta que cambié el desodorante antitranspirante por un simple toquecito de bicarbonato. Santo remedio!
Una vez que nos reencontramos con la sabiduría de nuestros mayores… vaya lo que pienso ahora… pues nada, las cosas se nos van presentando de otras maneras, aunque con nuestra sapiencia ultra-cibernética-recontra-sabelotodo nos sintamos incólumes. No sé (con acento en la É) si me explico.
Es que todo transcurre tan de prisa y con esos irrevocables síntomas hechos realidad de intranscendencias divagantes…
Es que todo se aleja con esa irrevocable inmediatez de lo irrecuperable…
Es que nos vamos… aunque no lo queramos, nos vamos!
donde?
A dónde mi amigo, a dónde!
Excelsas las obras las de la irresoluble Jane!
Estimado Miguel, hace un rato, mi hija Miriam me sugirió ver un video en Youtube, que al parecer está siendo trending topic. Según ella, "para las risas". Sea como sea, y por si aún no lo has visto, bajo el título de "El estilo de Peter el Anguila"; por si le quieres dar promoción. No sé si llegará al actual archi famoso Gagnam Style, pero el chaval promete…
Buenas tardes. Hasta luego
Muchas gracias camarada Pevalqui. Está gracioso el vídeo, la verdad es que el chico parece una anguila de alto y flaco que es. Como vi en un comentario, a partir de ahora a muchos muchachos altos y flacos lo llamarán anguilas, o directamente Peter la anguila, sobre todo en Latinoamérica. Para echarse unas risas, como bien le dijo su hija Miriam, está bien bueno.
Estimado Antonio. Me resulta difícil contestar a tu pregunta. Y me gustaría. Pero hay gustos y sentimientos difícilmente explicables con palabras. Aunque estas cartas son esa confesión y la mejor forma de demostrar mi admiración por Jane Austen.
Aun así, intentaré responderte que le veo de especial. En el plano literario, la considero pura literatura. O sea, para mi Jane Austen es literatura. Su capacidad para hacer que las personas cobren vida en el papel es un don que solo lo tienen los elegidos. Cuando los leo me parece que los puedo tocar de tangibles que son. Si profundizamos en este punto, tiene una característica que la considero única, al menos no conozco a nadie con ese talento: su capacidad para mostrarnos a los personajes, y darlos a conocer, por medio del diálogo. En las novelas de Jane Austen la acción es el diálogo; y el diálogo es la acción. Los escuchas hablar y los vas queriendo o detestando, o tienes sensaciones ambiguas, o les ves sus defectos y virtudes, y claro, de paso los tuyos. Todo perfectamente estructurado, pero una estructura natural. Es el reflejo de lo humano.
Otra grandeza que tenía, como bien ha preguntado retóricamente Pevalqui: ¿Y a quien no le gustará la obra de Jane Austen? Su obra tiene más de 200 años y sigue siendo leída masivamente. Como puse en un artículo, está más de moda que nunca. ¿Casualidad? Nada que ver, su literatura es universal, y es vigente ayer, hoy y siempre. Su sensibilidad y su psicología de la naturaleza humana es extrapolable a cualquier época. Y su forma de plasmarlo es deliciosa.
Además, tiene el don de gustar a todo el mundo por igual sin importar su edad ni condición. Desde los más eruditos a los más aficionados o noveles; y desde los más mayores a los más jóvenes. Hay escritores que en un momento dado pueden decir que su obra es para un público especializado y que así lo prefieren. Yo creo que mienten, o al menos no dicen toda la verdad. El verdadero sueño de un artista es ampliar el abanico para aumentar el espectro de seguidores. Eso no está al alcance de cualquiera.
Te pongo un ejemplo. Una vez iba en un tren por Andalucía. Delante de mí tenía un matrimonio de cierta edad. Estaban manipulando documentos e información. Eran profesores. O sea, era gente con conocimientos y preparación. Tenía ganas de charlar con ellos pero no sabía cómo. Yo venía de Sevilla, donde había comprado un par de libros. A la mujer le pude reconocer un libro que conocía porque lo poseo (soy un curioso impenitente para los libros y siempre afino la vista): Una Suite Francesa, de Iréne Némirovski (escritora francesa de origen judío ucraniano), donde en forma de novela relata la invasión francesa por parte de los nazis (el manuscrito lo rescató su hija en 2004). Pero esta profesora lo estaba leyendo en versión original: en francés; ¡toma ya! Encontré la oportunidad y se lo comenté. Comenzamos a charlar y todo muy bien. Le enseñé los libros que había adquirido… De pronto nombré a Jane Austen y para que fue aquello. No solo le gustaba a ella, sino también a su marido, el cual dejó lo que estaba haciendo para unirse a la charla. Entonces se nos dibujaron sonrisas complacientes en nuestras caras, y mientras, no dejábamos de cantar las alabanzas de Jane Austen. Cuando llegó el tren a su destino nos dio pena por no poder seguir con la charla. Pero nos procuró una alegría especial sentir que compartíamos una misma veneración.
Lo pongo como ejemplo de la cantidad de seguidores que tiene Jane Austen. Me los he encontrado en todos lados y de toda condición. A todos nos pone de acuerdo. Sin saberlo, puede que delante de ti tengas dos fervorosos admiradores con ganas de compartir su pasión.
Eso en el plano literario, que podría seguir, porque podría hablar de Jane Austen horas y horas, nunca me canso de ella, y creo que todavía tiene más méritos. Pero también creo que ya he dicho lo que considero algunas de sus líneas maestras.
Pero ¿y en el plano personal? Pues la misma palabra lo indica, es más personal. Pero digamos que algo conozco a Jane Austen por su obra, la cual me he leído toda. Y no solo me cae bien, sino la considero una gran persona. Estas cartas son la oportunidad de conocerla personalmente. Tengo que decir, que su figura no deja de crecer, ella es lo que esperaba y mucho más. Jane era totalmente adorable: bondadosa, generosa, humilde, ingeniosa, divertida, irónica… Hace poco entablé comunicación con una persona importante en la edición de las cartas en español de Jane Austen, también de forma epistolar (por Internet). Me dijo que dan ganas de retroceder en el tiempo para darle un abrazo a Jane de lo buena que era. Lo suscribo plenamente. También me dijo que si antes quería a Jane, cuando terminara las cartas, todavía la iba a querer más. También lo ratifico y le doy la razón. Pero antes de tiempo, porque comprendo lo que dice y todavía no he leído un tercio de la correspondencia suya que se conserva.
Un cálido saludo austeniano para todos.
Estimado Miguel; muchas gracias por "La Confesión".
Apunta en tu lista de admiradores "austenianos" a mi mujer, profesora de fililogía inglesa, para la cual, también está entre sus preferidas.
Yo sin embargo, aún compartiendo parte de los valores que la situan como una gran escritora, no termino de situarla como un referente excepcional de la literatura.
Esto, ya lo sé, máxime escribiéndotelo a tí, supondría, seguro, un magnífico debate que nos llevaría cierto tiempo aproximar.
Confío en poder hacerlo algún día en persona. Por si acaso, voy a ir eligiendo un buen Oporto para degustarlo en la charla.
Un abrazo fuerte,
Antonio.