En los últimos 20 años ha sido una imagen tan típica como el rodar de las bicicletas de los campeones en Los Campos Elíseos. Un diablo rojo de espesa barba blanca que, tridente en mano y apostado en la cuneta, anima respetuosamente el paso de los ciclistas. Una imagen tan llamativa como inconfundible. Al principio creíamos que era algo esporádico. Belcebú se escapó del rojo anillo concéntrico donde habita para disfrutar de un infernal día de ciclismo. Una casualidad que nunca más volvería a suceder. Pero he aquí que al día siguiente lo volvemos a ver. Y mientras nos restregamos los ojos incrédulos, nos entra una especie de euforia. Con el tiempo Didi se ha convertido en un Wally del ciclismo. Como el personaje de tebeo de camisa a rayas horizontales blancas y rojas que has de distinguir en coloridas láminas populosas, todos quieren reconocer al diablo sobre la carretera y proclamar a los cuatro vientos su avistamiento: ¡lo ví, lo vi, es él, ahí está el diablo! (por lo menos a mi me ocurría cuando lo veía por la tele).
Dieter Senft nació el 7 de febrero de 1952 en Storkow, un pueblo próximo a Berlín. Sus amigos lo conocen como Didi. Y en el ciclismo es conocido como El Diablo. Posiblemente sea el aficionado animador de cunetas más famoso del mundo. Se cree que la aventura comenzó en 1993, en el Tour de Francia, concretamente en la 15ª etapa (una etapa que terminó en Andorra y ganó Oliverio Rincón). En los últimos kilómetros de carrera las cámaras de televisión no pudieron evitar una especial fijación hacia un extraño personaje que en forma de diablo animaba a los ciclistas.
Luego, con el tiempo, se volvió habitual en el Tour de Francia y las cámaras siguieron fijándose en él. Es un animador carismático que no solo es buscado por los televidentes, sino también por los aficionados que a pie de carretera quieren fotos, autógrafos, vídeos o charlar amistosamente. Didi se deja querer y siempre responde con una encantadora sonrisa. Su fama ha llegado a límites estratosféricos. Tiene patrocinadores personales que le permiten cubrir los gastos en sus desplazamientos por Europa. Porque aunque sea en el Tour de Francia donde más se deja ver, no es la única ronda anual a la que acude. También se desplaza al Giro de Francia, a la Vuelta a Alemania, e incluso en alguna ocasión se le ha visto en la Vuelta Ciclista a España.
El Diablo se suele situar en los últimos 30 Km. en las etapas llanas y en los últimos 5-10 Km en las etapas de alta montaña, pero nunca en el último kilómetro porque tiene un respeto reverencial por los ciclistas y dice que ese último kilómetro es el más peligroso. Didi vivió en su juventud en Alemania del Este y fue un ciclista que llegó a competir en algunas carreras al otro lado del telón de acero. Pero no llegó a triunfar y se dedicó a diseñar bicicletas. Tanto modelos raros como convencionales. De hecho, Didi tiene un museo de bicicletas en su localidad natal, Storkow, donde expone más de 120 modelos diferentes. Está inscrito en el Libro Guinnes de los Records: el mayor tándem del mundo (6 metros de longitud) y la bicicleta más grande (8 metros de largo y 4 de alto), corren a su cuenta.
Se disfraza de diablo por la fusión de dos motivos. Uno de sus ídolos era Claudio Chiappucchi, el verdadero Diablo, por quien Didi sentía admiración (le encantaba su forma ofensiva de entender el ciclismo). Su aparición coincidió con el comienzo del declive del ciclista italiano. El otro motivo de su inusual vestimenta es una expresión que utilizaban los periodistas de Alemania del Este para referirse a los últimos kilómetros de rampa de un puerto de alta montaña. Como Didi, en su infancia, nunca vio los diablos de los que hablaban los comentaristas, decidió transfigurarse él mismo.
El Diablo viaja con una inconfundible caravana coronada por una bicicleta gigante. También suele llevar un bote de 50 litros de pintura blanca para pintar los nombres de sus ciclistas favoritos en la carretera o lemas que invocan un ciclismo limpio y deportivo. En alguna ocasión ha llegado a eclipsar a los propios ciclistas. Pero con ellos se lleva muy bien, porque es muy querido por el gran pelotón. Hemos visto estampas tan curiosas como que en plena ascensión un ciclista le arrebate amistosamente el tridente para de broma amenazar a sus oponentes. El Diablo, respetuoso, anima correctamente, sin molestar, dejándolos estar, formando parte del espectáculo pero sin interferir. El mejor aficionado de ciclismo del mundo lo es por derecho propio.
*Artículo dedicado a nuestros admirados Pevalqui y Pedro Luis, ambos grandes aficionados al ciclismo que han pasado recientemente por algunos problemas físicos. Para que la fuerza de El Diablo les recupere de la mejor forma posible.


Estimado Miguel, mil gracias por vincularnos a este singular personaje que, como bien nos ilustras, no pasa desapercibido para ningún amante del ciclísmo… En las tardes de Tour, siempre recuerdo a mi hijo, gritando eufórico: ¡Mira, mira, El Diablo, otra vez El Diablo!
Se agradecen tu artículo, más ahora, cuando las declaraciones de Armstrong han empañado una vez más la imagen de este épico deporte, estos entrañables párrafos dedicados a una figura ciertamente popular.
Unas declaraciones que confirman definitivamente muchas sospechas. Que nos entristece y hacen un gran daño, pero que también, justo es reconocerlo, alimentan nuestra comprensión humana hacia un ciclista orgulloso y déspota, humillado por las trampas "suyas y de sus circunstancias".
Un afectuoso abrazo, y gracias de nuevo por el placer de compartir con don Pevalqui el mérito de tu esfuerzo.
P.D.- Seguro que fue "El Diablo" el que te llevó a escribir el "Giro de Francia": el gazapo que nos has colado para comprobar si de verdad te leemos con atención.
Ahora que que estamos viviendo momentos difíciles y de gran decepción en el el mundo del ciclismo, como en otras esferas de la vida; nos pones nuevamente una sonrisa en la cara, contemplando al Diablo: imagen usual en tantas grandes carreras, especialmente las que has mencionado, incluida el Tour de Italia. Siempre con ese prisma diferente, ese toque anecdótico, variopinto, que también forma parte de la vida.
Muchas gracias por la dedicatoria. No me la esperaba. Y aún más ex aequo, con nuestro estimado D. Pedro Luis, quien además, lo ha vivido in situ.
Ya lo decía el difunto presidente Kennedy: "No hay mayor placer que darte una buena vuelta encima de tu bicicleta". El mismo que uno experimenta leyendo cosas tan singulares como las que escribe nuestro amigo Miguel.
Y yo pensando en "Il Diavolo", Claudio Chiapucci… ¡Aquellas tardes de gloria frente al televisor!
Buenas noches. Saludos cordiales.
¡Muy bueno!.
A ver; cuando era muchachón me encantaba montarme en una bicicleta; el roce del sillín en mis nacientes pelotitas futuras reproductoras me hacía sentir un cosquilleo que vamos. Estos calambrazos electrizantes se multiplicaban cuando recordaba a Vilma, la vecina portadora de unos piernones que vamos! contarlo sería algo desfachatado.
Al cabo de un tiempo dejé la bicicleta, pero en una ocasión, teniendo los automóviles fuera de circulación por uno u otro motivo, me ví en la necesidad imperiosa de salir a comprar alguna cosa, y no me quedó más remedio que volver a montarme en el condenado aparato, y así lo hice.
Eso fue una verdadera tortura coñooo… Los roces que un tiempo fueron impulsores de sensaciones voluptuosas, en esta ocasión se volvieron productores de escozores inaguantables en la entrepierna. Por más que tratara de engañar la cosa, los picores que se iban convirtiendo en ardores insoportables hacían de las suyas, sin ningún tipo de contemplación.
Así que el diablito ese, lo tengo más que visto.
Hombre, amigo Atila, como ciclista estático aficionado le recomendaría que la próxima vez que lo intente, quizá le vendría mejor bajar un poquitico el sillín, al que convendría que forrara con un material más flexible, adaptable. Al no estirar tanto sus piernas, sufrirán menos sus tendones rotulianos y por supuesto sus pe…..
Imaginese que al lado del cristal ese pequeñito redondito del retrovisor, pone un palitroque metálico soldado con la foto de los piernones de Vilma. Entonces pedaleará usted como Ubeto y además se lo pasará tan chevere como Pepe, harto de "la vitamina" como le llaman en la República Dominicana al ron, y de la "mamá Juana", -licor al que se le atribuyen cualidades afrodisíacas-; nuestro entrañable hombre de Higuey, pueblito próximo a San Pedro de Vacorix, ciudad natal de Juan Luis Guerra, quien decididamente ha optado por pasar a la "acción".
En verdad que es usted un ser peculiar. Valga si cabe por una sonrisa. Lejos de las risas que usted me ha proporcionado con su post.
Buenas tardes. Saludos cordiales.