Durante estos últimos días me he atiborrado de tele, lo que me ha permitido volver a ver un documental que ya habían emitido hace unos meses por las televisiones de pago titulado "Tiburón, en las garras del hombre", del año 2006, dirigido por un biólogo y cineasta canadiense llamado Rob Stewart.
La historia se basa en que Costa Rica contrata o pide ayuda a unos activistas de "Greenpeace" para proteger la isla de Cocos -un santuario para los tiburones- de los palangreros ilegales de Guatemala que lo están esquilmando. Los ecologistas, a bordo del barco "Ocean Warrior", descubren a unos pesqueros furtivos y los invitan a dejar de pescar, al mismo tiempo que les piden que los acompañen a puerto pues han sido denunciados. Desoyendo sus recomendaciones, siguieron pescando un tiburón tras otro a los que desollaban y aún vivos tiraban al mar, mostrándonos una lastimosa caricatura de un depredador que se contorsiona en las aguas mientras la vida se le escapa a borbotones a través de las heridas causadas por el hombre al cortarle las aletas. Comenzaron así unos escarceos entre el buque ecologista y los piratas del mar que terminaron por acabar con la paciencia de los furtivos. Estos llamaron a sus patrones mafiosos que a su vez llamaron a Singapur, donde viven los compradores exclusivos a nivel mundial de aletas de tiburón. De pronto, Costa Rica y Guatemala se alían y traicionan al capitán del barco de Greenpeace, que es denunciado, apresado, juzgado y condenado junto con el cámara. Según explican, la razón de este cambio radical fue debido a las millonarias subvenciones que prometió y aportó el gobierno de Singapur a las comunidades de Guatemala y Costa Rica, creándose una cadena de favores y corrupción por medio de la cual se contamina la justicia y se manipula la verdad.
Persiste toda una multimillonaria economía sumergida, basada en la ignorancia y prejuicios de la sociedad oriental, que cobra 60 euros por un plato de aleta de tiburón (muchos los pagan, quizá porque implica un cierto estatus social, convencidos además de que este alimento transmite la fortaleza y la salud de la que dispone el tiburón). Todo esto está llevando a que el 90% de la población mundial de tiburones haya desaparecido, lo que a corto o largo plazo se convertirá es una bomba de relojería, ya que son la cúspide de las pirámides tróficas marinas. Por lo tanto, estamos alterando los procesos evolutivos establecidos durante millones de años.
Aquí se ha utilizado una serie de palabras clave que se repiten continuamente en muchos ámbitos de nuestra geografía: esquilmar, activistas, traición, corrupción, millonarias subvenciones, gobierno, cadena de favores, desaparición, ignorancia, etc.
Hace unas semanas el Ayuntamiento de los Llanos de Aridane ha enviado las respuestas de los "técnicos" a las alegaciones presentadas al campo de Golf de Tamanca por la ciudadanía, con afirmaciones como:
"…que el campo de golf no representa amenaza alguna para los valores del espacio: geomorfológicos, botánicos o faunísticos; si bien es de admitir que existirá modificación del paisaje, lo cual no conlleva necesariamente pérdida de calidad visual…"
O, escudándose en los muchos recovecos e intersticios de la ley que la ciudadanía desconoce pero que ellos utilizan para poder llevar a cabo sus arbitrariedades, nos dicen que:
"La alegación formulada NO encaja en el Modelo de desarrollo formulado a través del PGO… No hay argumento de legalidad, ni la alegación funda en derecho sus pretenciones,…
Lo cierto es que van a actuar sobre 144 has del espacio protegido y eso indudablemente es una amenaza para toda la fauna y vegetación del lugar. Además, por algo será un espacio protegido. Asimismo, ocurre, aunque eso ustedes no lo quieren entender, que una especie en Peligro de Extinción vive justamente en esas 144 has.
Ahora apliquemos los conceptos y cambiemos el título "Tamanca, en las garras del hombre".

