Los caballos "incontrolados" por las calles de La Palma fue objeto de un espacio especial en la prensa insular. El periódico satírico El Pito (Santa Cruz de La Palma) el 5 de enero de 1867 publica: "Corridas de caballos.- El que guste asistir á estas corridas, que se seguro compiten con las que se celebran en París y Londres, no tienen más que colocarse á eso de las dos á tres de la tarde en cualquier esquina de las calles de esta población, y esperar á que pase la potra de dos años Sin-vergüenza montada por el acreditado ginete (sic) D. Juan de Tal y Cual; el Falta-de-policía, caballo de cinco años; el Yo-hago-lo-que-quiero alazán de la alta escuela &, &, &, dirigidos todos por excelentes jockeys, que llevan en la frente la inscripción de costumbre". En un tono burlesco denuncia las frecuentes decimonónicas y peligrosas carreras de caballos que tenían lugar por las calles de Santa Cruz de La Palma.
Entre los apartados de recaudación municipal en el siglo XIX se encontraba el Impuesto sobre caballerías y carruajes. En el año económico 1867-1868 el padrón por este concepto de la por entonces Villa de Los Llanos la componían 85 individuos, y una recaudación de 352 escudos por un total de total de 114 cabezas. La mayoría de los individuos contaban con una sola caballería, por la que debían abonar tres escudos. Entre los mayores contribuyentes destacan José María Wangüemert (Calle Real) y el Acalde y abogado Jacinto Kábama Wangüemert (calle de la Salud) con cuatro; Juan Gutiérrez Pino (Alcalde, calle Real), Vicente Cuevas Hernández (tatarabuelo de Luis Cobiellas Cuevas, calle Real)); Pablo Lorenzo Kábana (mayordomo de la parroquia), Antonio Abad Lorenzo (Alcalde), Luison Guadalupe y Hermanos con tres y el resto se encontraban entre dos y una caballería. En estos años de 1867-68 no figuran registrados carruajes de lujo ni "tartanas, carros y demás vehículos" dentro la "Matrícula de las personas que contribuyen en este pueblo al citado impuesto por las caballerías y carruajes que tienen destinadas a su recreo y comodidad".
La afición de los adultos a las carreras de caballos llevó a la afición de los niños. Padre e hijos iban llenando el regocijo festivo, además de con las carreras adultas, con las carreras de sortijas infantiles. Las jóvenes y niñas preparan el premio, cintas bordadas o pintadas y los niños, ayudados por los padres, un caballito de caña rueca. Hoy se continúa con la costumbre de carreras de sortijas infantiles en los festejos de la Cruz de las Canales de El Paso.
El 1 de julio de 1911, dentro de los festejos de La Patrona (Los Llanos de Aridane), tuvo lugar una carrera de sortijas y el "concurso de cintas", con las que reconocer a las ganadores de la carrera de sortija a caballo. Con tal fin de formó un jurado compuesto por Vicenta Fernández y Fernández, Josefa Lorenzo Martín, Augusto Cuevas Camacho y secretario J. Benítez, con premio para las concursante de un "delicado centro de metal plateado como objeto artístico destinado a premiar aquella cinta que mereciera la clasificación de primera a juicio del referido Tribunal". El documento que se custodia en el Archivo Municipal de la ciudad aridanense relata una curiosa anécdota e incidente al que tuvo que hacer frente el Jurado. Por lo visto dos de las participantes habían presentado como suyas cintas pintadas por los conocidos pintores López Ruiz y Luis Pereyra Hernández, la primera pintada en Santa Cruz de Tenerife y la segunda en Santa Cruz de La Palma. Recordemos que a principio del siglo XX Manuel López Ruiz se estableció una larga temporada en Los Llanos de Aridane y debió hacer sus "amistades" en esta ciudad. El hecho llegó a oídos del Jurado por "manifestaciones que había sido hechas por la Srta. representante de la misma y por otros individuos de su familia". El jurado reconociendo los meritos artísticos de ambos trabajos estimó, evidente, la desclasificación de ambas. Aún con este desenlace lógico hay que resaltar la importancia que en esos años se debió tener a estos concursos, con destino a premiar a los corredores de sortijas, en las que participaron reconocidos pintores. En referido concurso de cintas de 1911 la ganadora fue la maestra y pintora aridanense Fernanda Pérez Wangüemert
La manifestación festiva de las carreras de caballos es un número indispensable dentro de las fiestas populares palmeras y tanto era así que el pleno del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, el 29 de abril de 1963, acuerda las presidencias para las comisiones de los diferentes actos de La Patrona y entre ellas se designa para las carreras de caballos a Juan C. Barreto González.
El municipio de Los Llanos de Aridane se ha destacado por la organización de interesantes carreras de caballos, especialmente dentro de las fiestas de la Patrona. Del auge y reclamo popular que ello conllevaba lo refleja el Diario de Avisos, en 1967, donde dice que las carreras tuvieron lugar: "…ante cuatro mil espectadores en las gradas naturales, que posee, la única pista de Canarias en Los Llanos de Aridane, donde podemos divisar casi la totalidad de la carrera de caballos". Se refiere, sin lugar a dudas al recorrido por la actual avenida Carlos Francisco Lorenzo Navarro, por esos años sin apenas edificios, y las gradas naturales no puede ser otra que las laderas de la montaña de Tenisca. Pícara crónica que vista en la distancia hace sonreír al lector. Termina la noticia dando los tiempos invertidos: Jerezano, 1,53 y Idafe, 1,54 y la pareja entre Chispita y Estrellita, 1,54 para la primera y 1,55 para la segunda. Del análisis de estos tiempos se observa que la diferencia entre los caballos son de una milésima de segundo, tanto en la primera como en la segunda carrera. Chispita era campeona insular y observamos que Jerezano, en supuesto e igual recorrido, bajó el tiempo del primero.
Otros municipios también organizaban carreras de caballos y de sortijas en las fiestas populares. En 1953 el Diario de Avisos publicaba el programa de las fiestas de San Pedro de Breña Alta, donde se decía que para la "Extraordinaria" carrera de sortijas "Se invita a todos los jinetes de la isla…". Continuando por otros municipios el Diario de Avisos, de 26 de julio de 1953, publica una nota diciendo que "Con motivo de los festejos a la Patrona de la Isla, Ntra. Sra. de las Nieves, se celebrará el día 5 a las ocho de la tarde, una interesante carrera de caballos entre los afamados "HURACÁN" y "HERREÑO"; donándose una copa al vencedor".
El municipio de El Paso cuenta importante tradición de carreras de caballos. Aún hoy la carrera de la fiesta anual o en las trienales de la Virgen de El Pino atrae a miles de espectadores. En estos festejos de la Bajada de la Virgen del año 1955 se programa, una vez retornada la Virgen en su santuario, y como último acto, "A las 7, espectacular carrera de caballos". La carrera tradicionalmente tenía lugar desde "el castañero del médico", en la parte trasera de la vieja iglesia de Nuestra Señora de Bonanza, hasta El Reventón a los pies de la ermita de Nuestra Señora de El Pino. Sobre la montaña Antonio José recordamos ver como se hacían señales con banderas, con los colores de la camisa del cada jinete que iban informando a los espectadores, que no gozaban de la vista panorámica que los que estaban en la montaña, el caballo que iba delante. La emoción iba creciendo y se ajustaban las últimas apuestas.
En esta famosísima carrera conocemos la anécdota, que nos relató Everardo Pages Güelmes, cuando un año se enfrentaban la yegua de Antonio Pino Vergara (él tururú) y el caballo, llamado Matacán, de Manuel Galeno. En la carrera la yegua le llevaba una considerable ventaja al caballo, pero, al llegar al portón del Morro Colorado, que daba entrada a la relva donde pastaba la yegua ésta se paró en su galope y no quiso seguir. El instinto del animal priorizó sus ganas de comer antes que los intereses que tenía su dueño, en ganar la prueba. El duro "cuero" que le dio el jinete a la yegua no le hizo cambiar de opinión y el caballo llegó vencedor, fuera de todo pronóstico, a la raya. Manuel Galeno en agradecimiento a la Virgen fue de inmediato a recoger un crucifijo, que tenía en unas higueras próximas a la ermita, y se lo depositó delante del trono de la imagen en agradecimiento por haber triunfado su caballo.
Uno de los más famososcaballos fue el célebre Alma de Tacande, propiedad del pasense Marcelino Álvarez Gómez (Joseito). En el Diario de avisos de 30 de abril de 1976 publica Juan Antonio de Cáceres y Barona un artículo bajo el título: "Un par de caballos" en el que relata el conocido "reto" que tuvo lugar en 1959 "en las fiestas mayores de El Paso", entre el "Super Alma de Tacande" y el grancanario "Vencedor", cuando las apuestas estaban en lo más alto a favor del caballo palmero. Cuenta que en el momento de la salida el jinete de "Vencedor" le dijo al palmero: "Salga usted primero y le aconsejo que corra todo lo que pueda", ante el estupor del jinete del Alma de Tacande". El caballo palmero "aprovechó para salir como un rayo!!!. Para ser rebasado por Vencedor, a la mitad de carrera y quedarse atrás unos buenos pocos metros…y ser ganado ampliamente y limpiamente". Cáceres y Barona termina su relato con una moraleja que aún hoy, después de más de 50 años, se recuerda entre el anecdotario de las carreras de caballos de La Palma: "Hay palmeros que aún no se lo creen, y esto sucedió en 1959. Necesario, pues, pagar las apuestas a los de Gran Canaria, vendiendo almendras y alguna que otra cosecha, o llamando al carnicero, que también adelantaba "los cuartos", para después llevarse el cerdo o el ternero, la cabra o cualquier otro animalito doméstico". Llegó la ruina a los vecinos y aficionados de las carreras.
El norte insular no era ajeno a la gran afición popular. En las fiestas de Nuestra Señora de Montserrat en Los Sauces en el año 1964 se programaban carrera de caballos "participando un afamado caballo de Garafía y el vencedor de la fiesta de Nuestra Señora de El Pino en El Paso, diputándose importantes premios en metálico" y además carrera de bestias en la que "tomarán parte el mulo "Chico" campeón de esta isla y un afamado mulo de Los Llanos de Aridane".
Garafía continuaba con las carreras de caballos en sus fiestas. En 1967 se publica en el Diario de Avisos que el día 13 de junio, además de la misa y procesión de San Antonio, se anunciaba como gran acontecimiento la carrera de caballos entre Gallo Tapado del Valle de Aridane propiedad de José Capote Fernández y Dorado de San Andrés y Sauces, propiedad de Salvador Concepción. Terminaba esta reseña periodística diciendo: "Esta carrera será bastante reñida, dada la forma con que la afición del Valle lo comenta". Un año antes, en 1966, para el 12 de junio estaba prevista la carrera de los caballos Pachanga de Garafía, Estrella del Norte de Los Sauces, Ranchera de Garafía y Diamante de Puntagorda, eliminándose entre sí y por parejas, pasando al día siguiente a la final los ganadores del día anterior.
Las carreras de caballos es uno de los números fijos en los programas de fiestas de La Palma, tanto en las fiestas "grandes" como en las "pequeñas". Las gentes siguen estos números festivos por toda la geografía insular, levantando auténticas pasiones. Las apuestas a uno u otro de los dos únicos participantes en cada una de las carreras son importantes. El improvisado "hipódromo" suele ser un camino o carretera, hoy prácticamente todas ellos asfaltadas, en cuyos márgenes se reúnen miles de espectadores para ver a dos caballos y a sus jinetes, la mayoría de éstos últimos montando a "pelo" (sin silla de montar).
En los últimos años se han incorporado a las carreras diferente indumentaria y casco para el jinete y además silla de montar, a semejanza de los hipódromos oficiales. Lejos ha quedado la monta "a pelo" y ver al jinete sin tomar posturas "aerodinámicas". Lamentablemente también han desaparecido de las carreras los llamados "caballos de la tierra o del país", los viejos y recordados Alma de Tacande, Gasoil, Almendrero, Pachanga, Estrella del Norte, Diamante… y se han incorporado los llamados "pura-sangre", introducidos en la isla en los últimos años.


En la Isla de La Palma y por una carretera, entre un mulo y un cabello se celebra una carrera, todos querían creer que perdería el mulo y luego se pudo ver que al carvallo dejó nulo.