En el siglo XIX las caballerías palmeras son objeto de "recuento" oficial. En la estadística de Francisco Escolar y Serrano, entre los años 1793 y 1806, observamos un bajo número de cabezas de ganado caballar, unas 196 e igual de mular y sin embargo la asnal contaba con 2409 cabezas, que evidencia que los caballos que debían estar por esos años en La Palma debía pertenecer a las clases sociales más acomodadas y se dedicaban a fiestas y paseos. En 1833 se celebró en Santa Cruz de La Palma la proclamación de Isabel II, donde vuelven a tener protagonismo los caballos. En una descripción de los festejos se dice: "Calmado en lo posible el común alboroto, los señores Justicia, Consejo y Regimiento, hecha la genuflexión y venia al Real Retrato, y con el Pendón los honores, bajaron del tablado y, cubiertos, montaron en caballos ricamente enjaezados, principiaron su paseo por la calle Real hacia el muelle".
Desde siempre el palmero ha sentido un atractivo especial por los caballos. Muestra de ello es la edificación, en 1864, del Circo de Marte dedicado originalmente a riñas de gallos y a variedades ecuestres y gimnásticas. El amor y expectación ante los caballos lo refleja la crónica del periódico El Time, de 19 de febrero de 1865, diciendo: "M. Lustre, en la función que tuvo lugar el 12, nos ha dado nuevas pruebas de las grandes dotes que posee para los ejercicios ecuestres. Los juegos romanos, ejecutados por aquel sobre tres caballos en pelo, llamaron la atención del público".
Las carreras populares de caballos debieron ser habituales y cotidianas en La Palma para que el alcalde de Los Llanos de Aridane, Juan Gutiérrez Pino, en el año 1872 dictara un bando de buen gobierno prohibiera "toda carrera de caballerías por las calles y caminos públicos, ya sea de día o de noche".
Entre 1885 y 1888 el doctor Víctor Grau-Bassas recorrió el interior de Gran Canaria y redactó, una obra inacabada, que titularon Usos y Costumbres de la población campesina de Gran Canaria. En el capítulo de ganadería, alaba el trabajo de resistencia a la fatiga de los burros y dice que "El caballo de Canarias pertenece a la raza bárbara, que ocupa toda la Berbería, y tiene mezcla de caballo árabe y español…" y continua describiendo con detalle las características anatómicas del animal y su resistencia ante el trabajo.
Grau-Bassas en un apartado de su obra se refiere a la participación de los caballos en las carreras diciendo: "No debiera ocuparme de las corridas de caballos, a las son muy aficionados los canarios pero que se efectúan en las condiciones más desventajosas inimaginables: comenzando porque no hay un sitio aparente para tales carreras, pues es difícil encontrar un sitio bastante extenso llano. No se tiene en cuenta la clase de caballo, su tamaño ni su peso, ni mucho menos su edad, así que muchas veces resulta vencido el vendedor". Aún con esta dura crítica de Grau lo que queda claro es que la afición a las carreras populares de caballos era muy importante y arraigadas en la población campesina grancanaria del siglo XIX.
La arraigada afición a las carreras populares de caballos en Gran Canaria y en La Palma han propiciado históricamente un continuo intercambio de los viejos saberes en los cuidados, doma, alimentos e incluso apuestas entre los aficionados, que aun estando separados por el mar, llegan a conocer y desplazarse de una isla a la otra cuando la carrera emparejada a dos muy buenos caballos y el espectáculo de la puja a priori se estimaba extraordinaria.
Como vimos anteriormente, en la proclamación de Carlos II en el año, 1680 la carrera de sortijas ya era uno de los regocijos populares de los palmeros. En posteriores siglos continúan, sin embargo, conocemos una crónica del 1900 del periódico La Defensa, que pensamos que se debió desaparecer en Santa Cruz de La Palma, al menos en los actos populares de la Bajada de la Virgen, al decir el cronista que los gigantes y los enanos, el Castillo y la Nave eran propios y característicos de las fiestas lustrales y que por el contrario, apunta, que "la modernidad" de estas fiestas habían venido con los paseos, la sortija y la batalla de flores. Sin embargo, aún con este comentario, las carreras de caballos en sortijas continuaron en las posteriores bajadas de la Virgen y otras fiestas de la ciudad capitalina.
La carrera de sortijas continuaba por los festejos populares de La Palma. En 1919 tuvo lugar la entronización de la imagen Sagrado Corazón en El Paso, dentro los actos no religiosos destacó que "en la calle principal de esta población celebróse una bien ordenada sortija, o torneo a caballo. Para entregar las artísticas cintas a los jinetes afortunados, hallábanse en una elegante tribuna levantada al efecto 25 tan bellas como simpáticas señoritas de esta ciudad. A este festejo que tan bien dirigieron Don José Sosa, Don Pablo Pérez y Don Víctor Monterrey, asistieron numerosa concurrencia, amenizando el acto la banda "Pérez Díaz".
En 1925 la Feria de Ganado en San Antonio del Monte, en Garafía, se encontraba plenamente establecida. El periódico La Lucha decía que la comisión organizadora "presentará una serie de espectáculos consistentes en Carrera de Sortijas, Feria de Ganado, Cabalgata, partidos de foot-ball, cucañas, iluminaciones, fuegos artificiales, verbenas, carrera de burros con premio al que llegue por último". Curiosa carrera de burros, con premio al último, que no llegamos a comprender como se desarrollaba o si por el contrario era una broma-cómico en el programa con el fin de atraer público a los festejos.
Las carreras de caballos proliferaban y la prensa palmera iba recogiendo escritos que dan idea del interés y afición. En 1910 el periódico palmero El Pueblo publica una elegante y caballerosa carta-desafió al vecino de Tazacorte Saturnino Pérez, firmada desde Santa Cruz de La Palma por José Alós en la que dice: "De público se dice que se ha recibido en ésta una carta suscrita por usted en la que habla de mi caballo, expresando deseos de correrlo con uno de su pertenencia que se conceptúa superior al mío (…También debo manifestar que estoy dispuesto a efectuar otra carrera en la Banda, con igual apuesta que en la que se haga aquí; pero a condición de se iguale en peso conmigo ó con D. Manuel Álvarez, al jinete que monte la bestia que haya de correr con la mía; en cuyo caso doy momio…"
Las carreras con desafíos y apuestas estaban arraigadas en las fiestas de la isla. En el programa de La Patrona, Nuestra Señora de los Remedios, del año 1927 en Los Llanos de Aridane se dice que el día 29 de junio tendría lugar carrera de caballos desde El Puente de Argual hasta la Placeta, "habiéndose cruzado importantes apuestas". El recorrido era por esos años en casi su mitad por las calles empedradas de esta ciudad.
En la II República continúan, dentro de las fiestas de La Patrona, las carreras de sortijas y caballos en recorridos urbanos. En 1935 para el día 1 de julio, a las 5 de la tarde en la Avenida 14 de abril, hoy Calle Real, que se encontraba "profusamente engalanada", se programa "Corrida de Sortijas a caballo" y a las 7 de la tarde "gran carrera de caballos en la que tomaran parte uno famoso de la Ciudad de El Paso y otro celebre de esta localidad, con premio al vencedor".
En plena guerra civil las carreras de caballo continuaban. En 1938, el 29 de junio estaba previsto que tuviera lugar una gran carrera de caballos anunciada para las 8 de la tarde, como "Extraordinaria carrera de caballos en la que tomará parte el célebre "Almendrero".

