Aurelio Carmona López (1826-1901) (IV)

–         SAN BLAS OBISPO. La talla de candelero del patrón de Villa de Mazo está confeccionada en madera policromada y tiene  1,25 cms. de altura. Es la que actualmente se saca en procesión cada 3 de febrero, su onomástica. La talla flamenca del siglo XVI se custodia en la casa parroquial, mientras que la barroca se venera en el retablo mayor. Existen tres imágenes de esta advocación. La primera se encontraba deteriorada y era pequeña. La segunda, barroca, demasiado grande, idónea para presidir el retablo mayor, pero no para los recorridos procesionales. Por ello,  la cofradía de San Blas creyó conveniente encargar a Carmona ésta de vestir, de mediano tamaño y ligera por ser de candelero. La tía del artista, Eugenia Carmona, escribió una carta en 1859 en la que hablaba acerca de la hiperactividad de su afamado sobrino: "Aurelio, si tuviera veinte cuerpos todos los tendría ocupados. En la actualidad está haciendo un San Blas, que todos los que lo ven no creen que es obra de su mano solo. También está haciendo la figura del barco de Bos y los dibujos de la popa, un San Juan y una Magdalena. En fin, trabaja de noche y de día y a pesar deja de cumplir". Al parecer, el escultor se inspiró en su tío, el Venerable Beneficiado de la parroquial de El Salvador, Manuel Díaz, para tallar el rostro del santo.

–         NIÑO JESÚS. La venerada imagen de Nuestra Señora del Rosario llegó sin su Niño Jesús en 1833 a la iglesia de Santo Domingo desde el taller de Estévez de La Orotava. Se piensa que el Infante estaría incluido en un segundo pedido de la Hermandad del Santísimo Rosario que jamás llegó a materializarse. La Virgen -de idéntico parecido a su homónima de Las Palmas ejecutada también por Estévez- estuvo expuesta al culto público desde aquel año hasta mitad de siglo en el retablo sin su Hijo.  Sin embargo, Fernández García, nos decía en la prensa local que, ante lo pequeño del niño que se poseía, determinó encargarle al escultor la hechura de uno nuevo, mayor, que guardara una mejor proporción con la Virgen. Éste lo hizo a semejanza del que lleva en sus brazos la Virgen del Carmen de El Salvador. Fuentes informaba de que "en este Niño Jesús, Aurelio Carmona supo como nadie demostrar cuánto sabía de Fernando Estévez, hasta tal punto que lo podía plagiar sin demasiados esfuerzos". Aquí tenemos una conjunción perfecta entre el arte de Estévez y el de Carmona.

–         NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO. Los expertos coinciden en que es una de las piezas más afortunadas salidas de la gubia de Carmona. Es la Patrona de Breña Alta y se venera en su capilla colateral del Evangelio de la parroquial de San Pedro. Esta delicada imagen -cuya altura es de 1, 57 mts.- está confeccionada en madera policromada y es de estilo clasicista, pues se aleja del arte tradicional. Fue un encargo de la cofradía del Rosario  al artista palmero y realizado hacia 1850. Carmona imitó a la anteriormente mencionada escultura del convento dominico de la ciudad de misma advocación. Se muestra patente así la verdadera admiración de este artista por el maestro orotavense.

–         SAN JUAN EVANGELISTA. Es una magnífica imagen de candelero que acompaña cada Viernes Santo al Crucificado y la Magdalena (ésta de Estévez) en la procesión del Calvario. Tiene 1,53 mts. de altura y fue confeccionada en madera policromada hacia 1858. Su estilo es clasicista con reminiscencias barrocas. Algunos investigadores artísticos, como Fuentes, piensan que "se trata de una obra que llega a superar a muchas de Luján Pérez y Fernando Estévez". Sobre esta pieza, el mismo autor nos informa de que "a pesar de ser una imagen de la segunda mitad del siglo XIX, contiene aún la fuerza del barroco que reverbera en la expresión del rostro, que contiene un dolor profundo, pero a la vez divinizado".  Sus características más valoradas son el excelente acabado de cabeza y manos. También lo es el ladeado de cabeza hacia la derecha que produce un escorzo altivo y valiente, así como el tallado de su larga cabellera que, ondulada cae sobre ambos hombros. "Se sitúa en una actitud de diálogo, produciendo un elegante ritmo con el movimiento de los dedos". Fernández García añadía que Carmona "supo dar en esta talla, en su mirada y escorzo, el momento en el que el discípulo amado, comprendiendo la pronta partida del Maestro, implora con sus ojos fijos en el Divino rostro misericordia para la tierra, a la que señala…" Cabrera Benítez destaca la "solidez técnica y estética" de la pieza, donde "se observa una cabeza de bellas trazas helenísticas-muy del gusto neoclásico- unida a un escorzo de acentuado carácter barroco". Ha sido restaurada en 1999.

 –         CABEZA DE CRUCIFICADO. El Cura Díaz había esculpido en pasta de papel una talla completa de Crucificado para la Cofradía de la Misericordia del extinto convento franciscano de la capital de La Palma. Fue finalizada y puesta al culto en la Semana Santa de 1863, año de su muerte. Si bien fue muy valorado el cuerpo de este Cristo, no lo fue así su cabeza, de deficiente calidad técnica. Es por ello que se le encargó a Carmona una nueva que se ajustara a este cuerpo perfecto. El Crucificado de las Siete Palabras se venera en la parroquia de La Encarnación y su cabeza original en la sacristía de la ermita de San Sebastián. Fue esculpida en torno a 1865, dos años después del fallecimiento del Beneficiado Manuel Díaz. Es de estilo clasicista, ejecutada en madera policromada y de unos 30 cms. de altura que desfiló procesionalmente en el Viernes Santo hasta el año 1969, en el que se puso al culto el Crucificado actual. Fernández García nos indicaba que este encargo fue debido a los caballeros García de Aguilar y Carballo. Según este desaparecido investigador palmero, "Cristo tiene su mirada al infinito, como implorando consuelo a su Padre Omnipotente". Fuentes informaba de que "Aurelio tuvo que tallarla suya guardando el movimiento de la anterior, de ahí que el rostro de Jesús dirija la mirada hacia lo alto, en el momento de expirar, que recuerda a los Cristos sevillanos".

–         NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES. Se trata de una imagen de candelero de unos 1, 10 mts. de altura confeccionada en madera policromada en esta segunda etapa artística del maestro palmero, después de 1853. Arropada por manto de luto y con la mirada puesta en el pañuelo que sostiene levantado su mano derecha, reitera en su acabado la misma solución compositiva aplicada por Estévez en su Dolorosa de Santo Domingo, conocida como "La Magna". Actualmente forma parte del Calvario que se venera en la parroquia de San Antonio Abad de Fuencaliente de La Palma. Es un grupo escultórico más reducido que el de Puntagorda y se aleja del estilo "esteviano" (Cabrera Benítez) " y pasa a ser un conjunto más personal en cuanto a la concepción de las figuras, aunque sin abandonar la mesura en el movimiento y proporciones habituales de la estatuaria religiosa canaria". Esta imagen de vestir, de gran devoción en el pueblo, se salvó del despojo artístico sufrido por la iglesia por parte un anterior párroco, según el unánime comentario popular.

 –         SAN JUAN EVANGELISTA. De idéntica altura y composición que la Virgen Dolorosa anterior, y perteneciente también al grupo escultórico del Calvario de Fuencaliente, destaca en esta pieza una característica especial: "la cabeza, de esmerado trabajo, no se corresponde con la tosquedad de las manos, lo que hace sospechar que fueron incorporadas posteriormente". Esta escultura -confeccionada en madera policromada de 1,10 cms. de altura ha sido retocada varias veces y, quizá algo desvirtuada.

 

–         CRUCIFICADO. Forma conjunto con las dos efigies anteriores. Se trata de una talla completa y tamaño académico. Presenta una forzada articulación a la altura de los hombros para adaptarlo a la posición de yacente.

 –         CRISTO DE LA COLUMNA. Fernández García informaba de que el artista "logró representar a Cristo, en su escorso y rostro, como varón de dolores". Esta imagen en madera policromada de 1,20 mts. de altura se venera en la parroquia de Los Remedios de Los Llanos de Aridane y fue encargada por su mayordomo de fábrica, Pablo Lorenzo Kábana. Existen otros investigadores, como el mencionado Fuentes Pérez, que atribuyen esta talla cristológica, junto con el grupo del Calvario de Puntagorda, al buen quehacer de Nicolás de las Casas Lorenzo (Santa Cruz de La Palma, 1821-1901). Decía que "aunque no aparece documentada, el estudio iconográfico y anatómico aplicado a esta imagen revela el estilo de Nicolás, especialmente detectado en el rostro y en el movimiento de las manos". El mismo investigador informaba de que esta talla del Señor de la Columna, "está inspirada en los Cristos del siglo XVII, pero carente de movimiento y falto de un correcto modelado". Todos ellos coinciden en que destaca la delicadeza de la ejecución de las manos, observándose un mayor cuidado por el detalle.

 

 

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