23º 26’

Constantemente al hombre le ha fascinado poder predecir el tiempo atmosférico, pasando así muchas horas escudriñando el cielo, en un intento de conseguir respuestas y soluciones. Es algo lógico cuando tu vida y la de tus seres queridos dependen de acertar las condiciones meteorológicas. Si llovía poco, malo; si llovía mucho, peor, y del viento ni hablemos. Realmente comprendo lo mal que lo han de pasar pescadores y agricultores cuando sus "garbanzos" están en manos de ese caprichoso garante. Es normal que, durante cientos de años de reconocimiento, muchos estuviesen interesados en estudiar las fases de La Luna puesto que nuestra vecina planetaria tiene un efecto físico muy real sobre la propia Tierra, y esto, claro, se traducía en importantes ventajas para algunos trabajadores locales del campo y la mar. 

Por mi condición de entusiasta de la pesca, y ahora por mi gran afición a la agricultura, ha sido inevitable que me haya interesado todo lo concerniente al conocimiento y la predicción del tiempo. Por eso hoy vamos a hablar de él, aunque siempre se ha dicho que "hablar del tiempo es perder el tiempo", pero es fascinante intentar descifrar los mensajes enigmáticos que nos envía la naturaleza. Así pues, intentaremos aclarar, si es que eso se puede hacer, la forma ancestral de predecir el tiempo a largo plazo.

 ¿Por qué lo hacemos? Simplemente porque  la gente que ha vivido y vive del campo lo corrobora año tras año. Parece ser que la mayoría de los pronósticos hechos de esta manera tienen una correlación de entre el 60% y 70% (para los buenos observadores), y es que además, por que la realidad que se nos presenta últimamente, el Servicio Meteorológico "no da una": a pesar de que cuenta con los satélites más avanzados, falla más que una escopeta de feria a corto, medio y largo plazo, y a veces sólo acierta cuando el fenómeno es inminente o está pasando…

Pero siguiendo la sabiduría popular entiendo que hay dos procesos que debemos tener en cuenta. Por un lado están las cabañuelas, que predecirán cómo va a ser el año en líneas generales. Se estima que hay que comenzar a observarlas en el amanecer del 29 de septiembre y luego seguir la evolución de una serie de indicadores como la forma de las nubes, la dirección del viento, las características del Sol y de La Luna. Llegado a este punto, hemos de aclarar que en la Península se miran los primeros 24 días de agosto de cada año con el fin de pronosticar qué tiempo será el que se disfrutará en los siguientes doce meses, distribuyéndose del 1 al 12 de manera ascendente y del 13 al 24 descendente.

Por otro, la primera luna de octubre predice el tiempo en los próximos siete meses cada vez que cambie, es decir hasta abril, repitiéndose el mismo tiempo de la primera. En este punto hay que explicar que he comprobado en muchos artículos que unos hablan de luna nueva, otros de luna llena y otros de primera luna ¿Alguien lo sabe con seguridad?

Los meteorólogos no quieren hacerle mucho caso a la Luna, pero lo cierto es que su efecto gravitacional mantiene constante el grado de inclinación del eje de rotación de la Tierra con el plano de la eclíptica, que hoy en día es de 23º 26"con el plano definido por el Ecuador terrestre. Esta inclinación es lo que favorece el ciclo repetible de las estaciones -y por lo tanto de nuestro clima y de nuestras vidas- mientras la Tierra gira alrededor del Sol. Asimismo, tiene influencia sobre los fluidos terrestres y está claro que las mareas vivas o muertas dependen exclusivamente de la acción gravitatoria combinada del Sol y la Luna. Aunque no está demostrado -tampoco está descartado-, podría existir una combinación entre el movimiento de las mareas y las condiciones climáticas. Si no tuviéramos la Luna, o si fuera mucho más pequeña, la inclinación de nuestro polo norte variaría muchísimo, pasando, digamos, de 0 a 90 grados, toda una anarquía.

En el refranero popular y en los antiguos tratados de Agricultura se recomienda que en las labores y faenas "no se lleve la contraria a la Luna" aunque hay que tener claro que "la Luna es mentirosa". Así, todo lo que implique aumentar (siembra, plantación de árboles, etc.) debe hacerse en el creciente (es cuando la Luna tiene forma de D) y todo lo que signifique menguar (arrancado, corta, recolección, etc.) debe hacerse en fase menguante (cuando la Luna tiene forma de C). Incluso hay quien piensa que las posibilidades de buen tiempo están unidas a la luna creciente y del malo a la luna menguante.

La realidad es que el clima está cambiando (dónde están las inacabables bonanzas de septiembre y el agradable veranillo de San Martín) y puede que los parámetros que hemos utilizado para vaticinarlo se hayan desajustado. Nuestra atmósfera es un sistema dinámico pero caótico, sometido al efecto mariposa, ya que es muy dependiente de las condiciones iniciales pero no tiene memoria. Por lo tanto, la más mínima variación de éstas puede provocar que el sistema evolucione hacia formas completamente distintas, pudiendo ocurrir que una pequeña perturbación inicial en el Trópico genere un efecto considerablemente grande en el Ártico. Es posible que con el cambio climático tengamos que volver a mirar a la Luna, si es que la Tierra no nos echa antes.

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