Desde hace muchos milenios, en todas las culturas, la creencia en Dios surge para dar explicación a los fenómenos sobrenaturales y a las muchas dudas científicas que se nos puedan plantear: Dios Sol, Dios Trueno, Dios Viento, etc. En general la mayoría de estas divinidades son el resultado de la ignorancia por no poder dar una respuesta a estos acontecimientos. Esto ha generado que evolutivamente las creencias religiosas se hayan ido alojando en nuestra arquitectura mental y que se recreen en nuestra cultura tribal.
Pero la realidad ha sido que conforme avanzaba la tecnología, avanzaba el conocimiento, y esto a su vez nos ha permitido profundizar en las diferentes ciencias, forzando a que constantemente se esté cuestionando la existencia de Dios mediante el uso de la razón. Por ello, son muchos los científicos que ponen en duda muchos de los credos que proclaman las religiones y obviamente dudan de la existencia de un ser omnipotente. Basta mirar con el rabillo del ojo para comprobar cómo han caído y seguirán cayendo, poco a poco, estos dogmas; casi al mismo ritmo que se desarrollan los métodos científicos y técnicos.
Lo cierto es que todo esto nos lleva a que exista un permanente conflicto entre personas creyentes, ateas, agnósticas… Pero lo que no debería ser es un tema tabú, algo que lamentablemente ocurre en muchos círculos culturales donde mediáticos personajes no se suelen posicionar ni abierta ni públicamente, dando más bien como respuesta un perfil de creencia vaga. Lo que sí parece y se suele aceptar es que no podemos olvidarnos de Él ni social ni cognitivamente a riesgo de volvernos unos salvajes irracionales. Por eso, tanto la Ciencia como la Religión son estilos que usa el ser humano para satisfacer su necesidad por conocer, ya sea a sí mismo, el origen de la vida, el medio ambiente que le rodea, etc. De hecho, en el campo de la investigación somos muchos los que no creemos y no por ello somos amorales, como se ha predicado desde algunos estamentos religiosos, aunque hayamos desplazado a Dios del comienzo del génesis.
Así, en el área de la Biología, la teoría sobre el origen de las especies de Charles Darwin pone en tela de juicio la intervención del Todopoderoso en la creación del hombre al apuntar a un proceso inexorable de selección natural. Igualmente en el área de la bioquímica, Alexander Oparin con sus hipótesis impugna el origen divino de la vida que posteriormente Stanley Miller puso en práctica con un experimento en el que lograba crear los componentes básicos de la vida en forma de materia orgánica a partir de materia inorgánica. Ahora, en el campo de la Física, Stephen Hawking piensa que se puede demostrar que Dios no intervino en la creación de nuestro Universo y que posiblemente éste podría haber surgido de la nada a través de un proceso espontáneo de Mecánica Cuántica. Esta idea ya había sido expuesta por otros muchos investigadores pero sin la repercusión mediática de este personaje. Con estas declaraciones ha surgido la polémica entre la comunidad científica y simultáneamente un feroz rechazo en el seno de las principales doctrinas. A veces pienso que ni a las propias religiones les interesa que se descubra "su verdad". Pero, irremediablemente, con el paso del tiempo y probablemente con el avance tecnológico, todas estas valoraciones adversas serán refutadas.
¿Pero cuál es la verdad? En mi opinión, cada quien tiene derecho a vivir creyendo y haciendo aquello que satisfaga sus necesidades sin perjudicar a los demás, aplicando la máxima de: "no hacer a los otros lo que no nos gustaría que nos hicieran". Hay alumnos que alguna vez me han preguntado si Dios existe, y con mucha prudencia siempre les he contestado que es una cuestión de fe; es uno mismo quien decide si quiere creer en Dios y tenerlo a su lado o no.
Siempre me he planteado que un buen científico no puede creer en Dios porque este hecho le pondría limites, ya que llegaría a un punto en el que su investigación no podría continuar a fuerza de acabar con sus propias creencias, lo cual llegaría a condicionarlo, y es que, por encima de todo, a muchos les reconforta pensar que existe un ser supremo y magnánimo que nos va a recoger en su seno. Por lo tanto es muy humano pensar que es mejor no transgredir ciertas normas.
Aún así, mi cultura científica me impide creer en Dios. Además considero una manifestación egocéntrica plantearnos que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza; más bien pienso que es el hombre quien creó a Dios para proteger al hombre de sus propios actos.
Lo que sí quiero creer es que, si Él existiera y estuviera entre nosotros, sería un disidente que se rebelaría contra todos los disparates que estamos haciendo con toda la Creación, y en ningún momento estaría de acuerdo ni aceptaría que la estuviéramos continuamente humillando y destruyendo. Quizá esta vez no haría falta sacrificarlo ya que Él solito se moriría de pena.

