Siguiendo la línea de anteriores artículos, hoy vamos a presentar una especie que ha quedado postergada en el nuevo catálogo de Canarias (C.E.A.C.) a un simple Anexo IV que se supone engloba aquellas especies de Protección Especial que al no estar en las dos situaciones de amenaza que nos han dejado (Peligro Extinción o Vulnerable) ni ser merecedoras de atención particular por su importancia ecológica en espacios de la Red Canaria de Espacios Naturales Protegidos o de la Red Natura 2000, sí son merecedoras de "¿Atención Especial?" por su valor científico y ecológico o por su singularidad o rareza. Una especie de limbo para purgar pecados veniales. En esta situación está nuestra Halophiloscia microphthalma (Taiti & López, 2007), descrita recientemente aunque conocida desde hace mucho. Contemos brevemente su particular historia:
Cuando el biólogo Rafael Santana defiende su tesis en 1991, informa de que el taxón Halophiloscia couchi (Kinahan, 1858) estaba presente en La Palma, donde habitaba en las zonas costeras y en el interior de cuevas. No obstante opinaba que estas poblaciones cavernícolas palmeras mostraban diferencias morfológicas constantes y significativas con respecto a las poblaciones de superficie existentes en La Palma y en otras islas, aunque no reunían diferencias apreciables en cuanto a sus caracteres sexuales de alto valor taxonómico. Por esta razón, no se atrevió a describirla, dejando los ejemplares palmeros como una especie cosmopolita que se distribuye por las costas mediterráneas, atlánticas europeas y americanas, toda la Macaronesia y Mar Negro.
Unos años más tarde, en una distendida charla en mi casa, le comenté que debería describirla como especie nueva por las más que evidentes pautas antagónicas de comportamiento que presentaban los especímenes cavernícolas palmeros (sólo aparecen en cavidades donde hay muchísima humedad pero sin influencia marina) ya que las poblaciones tenían adaptaciones troglobias muy marcadas en forma de despigmentación de los tegumentos, hipertrofia de sus apéndices y total anoftalmia (ausencia de ojos), mientras que las poblaciones epigeas son estrictamente halófilas y ocupan los nichos ecológicos de la franja costera inter y supramareal, viviendo debajo de las piedras, troncos y algas muertas arrastradas por la marea. Santana no tomó en consideración estos argumentos, a pesar de que para mí eran motivo suficiente para actuar. Aún así, en más de una ocasión insistí para que realizara la descripción.
Posteriormente, en el catálogo de especies amenazadas de Canarias del 23 de julio de 2001, aparece H. couchi como especie protegida en la Categoría de Sensibles a la Alteración de su Hábitat (S.A.H.), aunque se especifica que sólo para las poblaciones troglobias (lógicamente sólo las poblaciones palmeras).
A finales del año 2005, el biólogo italiano Stefano Taiti se pone en contacto conmigo para pedirme que le cediera el material que tenía de Halophiloscia para un estudio global pues quería revisar este género en nuestro archipiélago. De esta investigación surgieron muchas conclusiones, nuevas distribuciones y dos novedades para la Ciencia. Una de ellas endémica de los tubos volcánicos palmeros y la otra de las zonas costeras de las islas de El Hierro, La Gomera, La Palma y Tenerife.
La que nos preocupa, H. microphthalma (antes H. couchi), hasta ahora sólo se ha encontrado en las cavidades volcánicas de las zonas bajas y medias de nuestra isla y está desapareciendo de muchas de ellas, quizás por la ocupación que el hombre está haciendo de la superficie y la contaminación del subsuelo que ello implica. Estas son pequeñas señales de alarma que nos dicen que no estamos haciendo las cosas bien. Quizás (si aún les queda dinero) desde la Consejería Insular de Medio Ambiente del Cabildo Insular de La Palma se tendría que abordar un estudio mucho más profundo para averiguar cómo están en este momento sus poblaciones y sacar a esta especie de ese cajón de sastre donde la han ubicado y darle el grado de protección que se merece. Nuestro puñetero catálogo ha sido aprobado; ahora toca informar, comentar y denunciar todo lo que se vea que es incoherente o incorrecto en él y que pudiera poner en peligro nuestra rica biodiversidad.

