Ya es verano y aún sueño con el mar

Reconozco que siempre he disfrutado del mar, constantemente me he acercado a él con muchísima curiosidad, lo que me ha permitido desenmascarar algunos de sus secretos y encontrar variados tesoros, como aquellos que almacenan en su interior el sonido del mar o bien nos deslumbran en forma de brillos metálicos. Así una vez, hace más años de los que quisiera, me encontré a unos 20 metros de profundidad un anillo de oro con la figura de un cacique. Solía pensar que alguna vez estuvo entre los dedos de algún cordial pirata o quizás entre los de un extravagante aventurero, pero el mar es así, igual que te da, te quita. Años más tarde, mientras limpiaba una ensartada de besugos, otro anillo regalo de mi padre fue reclamado por el mar que lo hundió entre las rocas de la escollera para algarabía de pejeverdes y castañetas. 

A pesar de su inmensidad, nunca lo he despreciado ni le he tenido miedo, aunque siempre he sentido muchísimo respeto por su enorme capacidad para cambiar las cosas y las vidas. Creo que he penetrado tantas veces en él que lo considero como algo familiar al que reconozco con solo olerlo.

Por eso, casi todas mis jornadas de pesca comenzaban siempre igual: la estimulante noche, cerrada con un ligero sueño lleno de asombrosas calas atestadas de esquivos peces que salvaban mis acometidas, y la temprana mañana que se abría con un ligero y nervioso cosquilleo, acompañado por un fuerte desayuno. Luego preparaba el petate con los equipos de submarinismo para finalmente viajar hasta donde mis piernas podían llevarme, recorriendo barrancos y acantilados, mientras la vista miraba al infinito buscando mi particular paraíso donde poder alcanzar un aparente nexo simbiótico con la naturaleza.

Así, horas más tarde, me encontraba sumergido en aguas diáfanas que me empujaban a un indefinido abismo de sensaciones contradictorias donde mis órganos sensoriales se disparaban acribillando mi mente con maravillosos estímulos. A veces solía nadar durante algunos minutos templando mis músculos al mismo tiempo que me dejaba llevar por las corrientes y el oleaje, sintiendo simultáneamente como me calentaban los tangenciales rayos del amanecer con el firme deseo de quien espera fundirse en ese océano de infinitas convergencias, que por unos segundos me mostraba las siluetas de mis sueños.

Entretanto clavaba mi mirada en una esquiva y espectacular sama roquera que, consciente de mi presencia, huye buscando un seguro refugio que localiza en un caño de fuego submarino. Durante unos segundos titubeo en continuar la persecución, pero embriagado por la promesa de capturar ese espectacular pez me acerco lentamente a la boca de entrada; por un momento y para compensar la luminosidad, cierro los ojos penetrando unos pocos metros a ciegas en un críptico mundo de oscuridad, donde las luces y las sombras mimetizan sus destellos iridiscentes, sembrando de dudas mi razón, lo cual hace que se despierten todas las fobias acalladas que acompañadas por explosivos borbotones de adrenalina van liberando miedos que creía olvidados. Simultáneamente todos mis sentidos se agudizan tanto que me envuelve un desconcierto de agotadores mensajes que acaban llevándome a una excitación convulsiva.

Giro con el ceño fruncido, la mordida apretada y los ojos espantados, y con dos aletazos de nuevo estoy en la superficie. Tiempo para el alivio, templo mis nervios, respiro profundamente y comienzo a tararear la cancioncilla de turno que aplaque mis recelos. Unos minutos después enfilo de nuevo la boca del desasosiego, poco a poco me voy deslizando en la profundidad de la penumbra expectante ante cualquier centelleo que delate la presencia de vida; de repente descubro un halo de luz que se filtra por una grieta del techo entre plateadas burbujas de aire…

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