La taxidermia es la habilidad de colocar la piel en su sitio, en pocas palabras, consiste en disecar un animal para conservarlo con apariencia de vivo y facilitar así su exposición, estudio y conservación. Empezó a practicarse en el antiguo Egipto estando muy extendida entre todas las clases sociales pues iba unida a la creencia de la inmortalidad del alma. A partir del siglo XVII adquiere de nuevo un gran auge ya que el estudio de la naturaleza se hace más sistemático e intensivo; aunque hoy en día esta destreza está perdiendo terreno en una sociedad con rasgos amanerados y llena cada vez más de prejuicios.
Los que practican este arte suelen trabajar profesionalmente para museos, o bien realizan este oficio pero con un perfil vocacional y amateur, dando salida a las necesidades de cazadores, pescadores, entusiastas de esta afición, etc. Suelen ser personas que poseen amplios conocimientos técnicos en aspectos tan variados como la anatomía, la escultura, la pintura, la disección o el tratado de pieles para poder practicar esta peculiar labor. Actualmente ha cambiado mucho la técnica. Los materiales y la tecnología han evolucionado facilitando esta labor y permitiendo alcanzar un gran realismo.
Nuestra isla ha tenido buenos taxidermistas como D. Miguel Castañeda (finales del XIX) que tuvo su despacho y expositor detrás de la Parroquia Matriz de El Salvador; Igualmente D. Antonio Magdalena Torres que desarrolló su vocación en la Villa y Puerto de Tazacorte, con un intento de continuidad en su sobrino D Ángel Pablo Rodríguez Martín, sus trabajos se exponen en los bajos de la Casa Massieu Van Dalle Monteverde y Ponte; o bien el polifacético D. José Felipe Hidalgo, un gran modelador que nos legó entre otras obras, la foca fraile que se expone en el Museo Insular y que preparó en un molde-figura de escayola sobre el que luego colocó la piel cosiéndola por su vientre, finalmente hizo los ojos de cera y los pintó. Es considerada por los expertos una gran obra. Aunque en mi humilde opinión, entre todos ellos destacan los hermanos Arrocha (D. Alberto Gerineldo Arrocha Lorenzo y D. Fernando Galaor Arrocha Lorenzo), nacieron en 1931 y desde muy niños se iniciaron en este complejo y fascinante mundo. Sus primeros ensayos los realizaron en el domicilio familiar sito en el Llano la Cruz (La Dehesa) en Santa Cruz de La Palma, preparando pieles de lagartos y ratones que ellos mismos cazaban.
Ya con 16 años (1947) decidieron profundizar en este campo, realizando un curso por correspondencia en el "Instituto Jungla". Desde ese momento, comienzan una larga y fructífera carrera conservando cientos de piezas en unas dependencias habilitadas como laboratorio y expositor en el Teatro Circo de Marte. Su primera obra es una de las grajas que hoy en día se conservan en el Museo Insular de Santa Cruz de La Palma. Durante todos esos años recibieron infinidad de encargos, desde cazadores que querían preservar algunas de sus capturas (principalmente rapaces), ganaderos que querían disecar fenómenos y engendros de la naturaleza (generalmente cabritos con dos cuerpos, dos cabezas, etc.), hasta particulares que pretendían conservar sus mascotas (es el caso, por ejemplo, de un grupo de perritos que fueron retirados porque a alguien, en un exceso de celo proteccionista, se le ocurrió la idea de que podían herir la sensibilidad de los niños, cuando la realidad y los números decían que eran los más visitados por estos). Igualmente trabajaron con instituciones como la Sociedad Cosmológica, para la cual realizaron infinidad de trabajos que engrosaron la colección particular que por aquel entonces poseía el Museo de Historia Natural de dicha Sociedad. También vendieron lotes completos como es el caso de más de 60 palomas y pardelas que fueron compradas por un artista lagunero que iba a realizar un collage-mural o igualmente, una magnífica colección de animales marinos (crustáceos, equinodermos, peces, etc.) adquirida en aquel entonces por el Excmo. Sr. Alcalde del Puerto de La Cruz, D. Isidoro Luz Carpenter, para el Museo de dicho municipio.
Siempre trabajaron conjuntamente, diseccionando los cuerpos que posteriormente rellenaban con virutas y algodón para luego dejar secar durante aproximadamente tres semanas. Así prepararon por aquel entonces piezas tan espectaculares como un enorme tiburón de más de tres metros para un médico de Tazacorte. Asimismo, el espectacular pez luna y la tortuga laúd para la Sociedad Cosmológica, entre muchos otros.
Era tal la consideración y admiración que causaban entre los que observaban sus trabajos que realizaron, en un local que existía donde hoy se encuentran los Juzgados de Santa Cruz de La Palma, una exposición que causó una magnífica sensación entre los vecinos de esta Isla.
Con la cesión en 1983 del Museo de Historia Natural y Etnográfica por parte de la Sociedad Cosmológica al Excmo. Cabildo Insular de La Palma, comienzan a trabajar como conservadores en el Museo Insular de Ciencias Naturales, aunque lamentablemente desde ese momento sólo realizan un trabajo más de taxidermia al preparar una segunda tortuga laúd. Desde entonces nunca volvieron a practicar este interesante oficio; aunque, por su prestigio y buena reputación, no han dejado de recibir ofertas para preparar material desde muchos rincones de nuestro archipiélago que ellos amablemente fueron declinando por su ocupación.
Ciertamente, creo que nuestros octogenarios personajes han sido todo un lujo para nuestra isla ya que como taxidermistas fueron de los mejores que hemos tenido en nuestro archipiélago, pero como suele pasar muchísimas veces por estas tierras, han sido muy poco aprovechados por nuestras instituciones.

