¿Quo vadis, Iberoamérica?

  Hoy me paso al terreno político para analizar por qué Ibeoroamérica no evoluciona de manera adecuada y sigue sujeta a golpes de estados, dictadores histriónicos y sin tener visos de una estabilidad política, económica y social.

  Recientemente en Honduras se produjo una nueva involución del ejército en asuntos civiles haciéndose con el poder y relegando al presidente Zelaya del puesto para el que democráticamente había sido elegido. La excusa fue la radicalización de su política y la amenaza de que extendiera al país centroamericano el chavismo. Oigo voces democráticas aquí que justifican el episodio . Creo que las políticas intermedias brillan por su ausencia y hay un exceso de radicalismo. Evidentemente, la solución a los problemas de estos países no pasan por personajes como Chávez. Pero también las democracias corruptas de los mismos y la explotación a que han sido sometidas las clases más marginales han engendrado a estos personajillos. Siempre me recordó el caudillo venezolano al difunto Jesús Gil, imagínense al expresidente del At. Madrid como primer ministro. Venezuela tiene recursos para que sus habitantes puedan poseer una de las rentas per cápita más altas del mundo y, sin embargo, hoy nos encontramos un país desangelado, enfrentado, con miles de súbditos en el exilio y lo que es peor con pocas esperanzas de que la situación cambie porque no se ve un nivel cultural medio que haga que la población se mentalice y revierta las cosas, los cambios hay que iniciarlos desde abajo y para ser efectivos han de ser graduales. Hablo con parientes y amigos que proceden de allí y también apuntan al componente racial como una de las causas de los males, ya que consideran que los nativos con origen indígena son por naturaleza poco dados al trabajo y la disciplina.

  Afortunadamente hay países como Brasil y Chile que pueden servir de referente de cambios positivos a todos los niveles a aquellos que siguen debatiéndose en la inseguridad, la inestabilidad y la pobreza. Otros como Argentina no acaban de remontar el vuelo porque la saga Kirchner parece no estar exenta de la corrupción necesaria que necesita una metamorfosis de esta naturaleza.

  Otra vía más revolucionaria ya parece trasnochada, aunque se sigue idolatrando la figura del Che y hay países que necesitarían de medidas más radicales para que hubiera un mínimo de equidad y justicia social. Así en España se juzga con cierta dureza la figura de Evo Morales, pero desde fuera se ve todo más fácil. Estuve una vez en Cuba y los cubanos me decían que hablar bonito de política estaba bien, pero que ellos preferían tener el estómago lleno y después aceptarían la discusión política, tenían claro su orden de prioridades. Hace ya tiempo de esta visita, pero cualquier mito que yo tuviese sobre la revolución está claro que se desmontó con el viaje, por poner un ejemplo cómo se justifica éticamente que un cubano tenga que pasar una enorme cola para comprar una pizza mientras que a su lado un turista por el hecho de serlo se la sirvan ipso facto en bandeja. También estuve más recientemente en República Dominicana y aunque mi viaje no tuvo un contacto muy intenso con el pueblo, si fue suficiente para comprobar que el capitalismo salvaje tampoco era el maná allí y que eran tan o más pobres que los cubanos con la única salvedad que estos podían hacer las maletas  y salir de allí.

  Nos toca la situación porque tenemos parientes en países como Venezuela y Cuba y no lo están pasando bien o porque la pobreza de muchos países americanos ha traído a Canarias a muchos ecuatorianos, bolivianos, venezolanos, colombianos, cubanos, argentinos. Está claro que los países más poderosos siguen más pendientes de que sus grandes compañías instaladas en esa parte del mundo sigan disfrutando de unos pingües beneficios que de prestar una ayuda económica y una colaboración cultural que les permitiera una transformación con la que de paso tambIén todas estas personas que ahora cohabitan en nuestro archipiélago podrían plantearse abandonar la madre patria y volver a su añorado terruño.

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